José Manuel Garrido, hospitalero en Casa Xica. Una casa abierta para peregrinos a trueque

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José Manuel Garrido en el interior de Casa Xica / Foto: Fusión Asturias
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Nació en Murcia y durante ocho años trabajó en Madrid como operador de cámara. Con la llegada de la crisis perdió su trabajo lo que le condujo a un replanteamiento de vida y a una decisión vital: convertirse en hospitalero en A Trapa en el municipio lucense de Trabada.

Prácticamente lo primero que dice nada más empezar la entrevista es que no quiere que a su casa la llamen albergue. “Es una casa abierta para peregrinos -afirma-. Un sistema tradicional de acogida”. La historia de José Manuel Garrido es la de un joven que encontró en esta parte de Galicia la manera de hacer lo que realmente le proporciona la felicidad. La crisis lo dejó sin trabajo y también sin una casa que se estaba comprando a través de una cooperativa. Para poder superar el mal momento que estaba viviendo tanto a nivel personal como laboral, unos amigos le propusieron hacer el Camino de Santiago por la ruta norte. Esta ruta fue obrando su magia y consiguió que el murciano se enamorase de Galicia y de Asturias. Tras una lesión que se produjo justo en Trabada, primer pueblo por donde pasa el Camino original, tuvo que volver a Madrid para recuperarse pero en su cabeza ya empezaron a bullir algunas ideas. Se recuperó, acabó el Camino retomándolo justo donde lo había dejado y al cabo de un año le devolvieron el dinero de la compra de la casa lo que le hizo tomar una decisión vital en su vida: comprarse una pequeña casa en Madrid o comprar una con huerta en A Trapa para montar una casa de peregrinos a donativo. De esta manera, en 2014 comenzó la aventura de Casa Xica. “En 2015 la Unesco nombró la ruta originaria del Camino del Norte Patrimonio de la Humanidad y en 2017 se señalizó, que es justo cuando yo acabé de reformar el tejado y el interior de la casa -comenta José Manuel-.

Son muchos los extranjeros que han parado a reponer fuerzas en Casa Xica y a los que José Manuel ha atendido como si fuesen de la familia

Grupo de peregrinos en el exterior de Casa Xica / Foto: Casa Xica

El primer año tuve cerca de 300 peregrinos y desde siempre mi experiencia con ellos ha sido fantástica. Vienen personas de todo el mundo y ese intercambio socio cultural es el que me hace seguir adelante. La verdad es que ellos están muy contentos y yo todavía más de verlos salir así de mi casa. El segundo año llegamos casi a los 500 y a ver este año qué pasa”.
José Manuel insiste en que su casa no está pensada como un negocio creado por un empresario para obtener rentabilidad. Comenzó abriendo las puertas de Casa Xica pidiendo la voluntad pero como el sistema no funcionó ahora ha instaurado un nuevo sistema: el trueque. “Pido responsabilidad, porque durante la época estival empezó a venir gente hasta aquí expresamente porque sabía que no les cobraría nada, y claro, yo no vivo de esto, tengo mi propio trabajo. Esto es una filosofía porque hay que ayudarnos unos a otros, nunca echo a nadie porque este es un sistema tradicional de acogida. Si no pueden aportar nada se quedan igualmente y a cambio trabajan en casa. Ellos son mis invitados y siempre les digo que les voy a dar de comer o cenar lo mismo que yo haga para mí y que ellos tienen que colaborar para que se pueda sostener el proyecto porque es algo sin ánimo de lucro. Lo hago porque me gusta, es un modo de vida y sé que he venido a un sitio difícil pero estoy muy contento”. Continuando con esta filosofía asegura que los hospitaleros no son simples empresarios sino que son personas que han hecho el Camino, que saben las necesidades mínimas de un peregrino y que se preocupan por ellos dándoles lo mejor de sí mismos.
Australia, Japón, Corea, Polonia, Eslovaquia… son muchos los extranjeros que han parado a reponer fuerzas en su casa y a los que José Manuel ha atendido como si fuesen de la familia. “A nivel interior compensa mucho y cada vez que para aquí un peregrino me brillan los ojos -asegura-. Es por lo que vine y es lo que me da energía para seguir adelante. Conseguir un pedacito de felicidad para ti y sentirte orgulloso de lo que haces no tiene precio, creo que no hay otra forma mejor de conseguir lo que quieres: tu felicidad”.

Auer padre y Auer hijo, 77 y 50 años, con el saludo habitual entre peregrinos “¡Ultreia!”, similar al de “¡Buen Camino”, utilizado también para darse ánimos entre ellos / Foto: Casa Xica

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