Igor Paskual. Un equilibrista de la vida

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Igor Paskual. Músico y compositor
Foto: Panci Calvo
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Recientemente ha publicado “La Pasión según Igor Paskual”, su tercer trabajo en solitario. Un recorrido emocional que pone sobre la mesa las dualidades que asaltan la vida de este músico asturiano que todavía no ha llegado a un lugar en el que se sienta en paz.

El currículo de Igor Paskual es el de un alma inquieta. Músico y compositor, guitarrista de Loquillo, arqueólogo en Jordania, escritor, historiador de arte, apasionado del fútbol, padre de tres niños… Es difícil encasillarlo, pero da la impresión de que ha aprendido a convivir con todas sus caras, manteniendo un equilibrio estable unas veces e inestable otras.

-Detrás de este disco hay tres años de trabajo para buscar los recovecos que todavía tiene el rock. ¿Cuánto le queda por decir al rock?
-Le queda mucho recorrido. Creo que está en un periodo de crecimiento. Durante mucho tiempo ha sido una música vinculada a la forma de ser adolescente, muy de blanco y negro, de sí o no, de conmigo o contra mí. El rock and roll ha funcionado con ese tipo de premisas y creo que en España, el pasito que le queda por dar es acompañar en el crecimiento de la persona, cómo puede ir respondiendo las dudas que tenemos cuando cumplimos cuarenta o cincuenta. Cómo puede responder a ese crecimiento sin dejar de ser rock y que te sirva a nivel de textos, temáticas, imagen y también sonoramente. Es un recorrido que tiene que hacer y está en ello. Bastante es que sigue vivo y dando la lata. La gente de diecisiete tiene un cierto poder porque es joven y siempre nos fijamos en lo que está pensando para ver qué es tendencia. Pero también es tendencia la plaza de toros que puede llenar Marea. Nací en el 75 que es el último gran pico demográfico, somos mucha gente escuchando rock y a esto se suma gente joven y gente mayor que también lo escucha, así que hay un peso demográfico que importa. El rock sigue estando presente.

«Hay gente que te dice que ponerte nervioso es buena señal, que indica que lo que haces te sigue emocionando. Yo no estoy tan seguro porque también conozco gente que no se pone nerviosa y lo hace muy bien»

-Después de tantos años de discos y conciertos, ¿todavía te pones nervioso?
-Sí. Todavía me sigue pasando, pero creo que nací así. La cuestión es que no sé por qué. En algunos casos es puro nervio y en otros es preocupación o inquietud porque todo salga bien. Si por ejemplo tengo un directo con Loquillo en Las Ventas con veinte mil personas y se va a grabar, los nervios son de responsabilidad, casi de carácter técnico. Pero si toco ante cien o docientas personas los nervios son otros, pero los tengo igualmente. Proceden de un sitio diferente. Son nervios e inquietudes y los dos los sufro, pero no están ubicados en el mismo espacio mental o incluso físico. Me duelen pero los padezco de otra manera. Hay gente que te dice, supongo que por consolarte, que es buena señal, que indica que lo que haces te sigue emocionando. Yo no estoy tan seguro porque también conozco gente que no se pone nerviosa y lo hace muy bien.

-¿Se puede entender el rock como un sinónimo de valentía, como un posicionamiento personal?
-El rock en sí mismo es un sonido y nosotros lo podemos convertir en algo muy valiente o en algo muy cobarde, sometido a ciertos convencionalismos, incluso de carácter conservador y retrógrado. Al rock muchas veces le ha costado ser permeable a los movimientos, ha sido como muy reacio a estar atento a lo que pasa, a veces distanciado de la calle. Entonces depende de cómo lo usemos. Hay quien lo hace de una manera maravillosa y hay quien lo utiliza como una herramienta casi inmovilista. En mi caso el rock y la música me ayudan tanto que tengo una especie de obligación moral que otros no tienen porque han vivido una situación privilegiada dentro de la industria de la música. A mí me ha permitido viajar, estar en buenos estudios y aprender mucho, con lo cual tengo una especie de deber moral de devolver algo de todo eso. Era hora de pasar todo ese aprendizaje por el filtro personal y contarlo, pero intento que sea de una forma valiente, que tenga un significado, que no esté vacío y que se sustente a lo largo del tiempo. Procuro que haya una carga estética y ética dentro del rock.

“Creo en el Dios del Nuevo Testamento, es el que a mí me atrae. Es un Dios con imaginación, romántico, atraído por el perdón y el amor. Ese es el que me inspira, es muy poético”

-En el disco se mezcla la rabia por la pérdida de alguien muy cercano a ti con la gratitud por estar vivos. ¿En qué punto se dan la mano estos sentimientos?
-Se dan la mano en la propia pasión por la vida, en lo que nos enamora de estar vivos. Nace de ese dolor de cuando una persona joven y brillante se va pronto y de las preguntas que te haces luego, como por ejemplo: ¿Por qué otros que son auténticos capullos duran ochenta o noventa años? ¿Por qué al bien le cuesta tanto imponerse? ¿Por qué el mal tiene tanto éxito? Desde pequeños te enseñan que el bien se impone al mal, pero cuando vas creciendo te das cuenta de que no es así, de que la vida es muy injusta. El descubrimiento del mal siempre me aterra un poco, es una faceta de crecer que nunca me gustó. El resultado final es que la vida merece la pena ser vivida con sus dolores y con sus cosas. El tiempo pasa rápido y tenemos que aprender a celebrar más, sentir pasión por vivir, por el deleite de estar vivos, que creo que es una gozada. Poner un disco y que suene me parece un momento mágico que deberíamos apreciar más de lo que lo hacemos. En Asturias entrar en el Bellas Artes y ver un Zurbarán es un lujo y no nos damos cuenta de lo que tenemos porque puedes entrar sin que te cueste nada, igual que admirar la aguja de la catedral en Oviedo, o ver las olas del mar en Gijón. Tenemos muchas más cosas a las que no damos importancia, pero hay que encontrar la propia pasión por vivir.

-¿Qué es la pasión para Igor Paskual?
-Aunque en este caso tiene un concepto de sufrimiento porque son los últimos días de Jesucristo, lo definiría como vida de más, intensidad de más. Que todo sepa un poco más, que los olores sean más fuertes, los sabores también, las alegrías… Lo definiría como una vida reconcentrada, más intensificada.

-¿Y la vida?
-Si consiguiese responder a esta pregunta sería un súper filósofo. Yo creo que aquí entra otra pregunta que es si merece la pena estar vivo o no. La respuesta es sí. Una vez respondido esto, ya todas las demás preguntas son secundarias. Lo siguiente es cómo vivirla y eso ya es otra. Hablo mucho sobre la vida porque me doy cuenta de que es breve, de que el tiempo pasa. Supongo que también porque me hago mayor y los hijos están ahí. No todo el mundo tiene la oportunidad de vivir la vida o de tenerla tal y como la tenemos nosotros en Europa Occidental donde no pasa nada excesivamente y si te pasa algo te mueres en la calle. Donde tienes más o cierta confianza en la justicia y en las instituciones aunque esto lo digo bastante entre comillas, pero por lo menos existen cosas que en otros lugares ni tan siquiera existen. Cuando has estado de gira por países de Latinoamérica te das cuenta de que son muy vibrantes y ahí sí que se puede utilizar la palabra vida, pero yo creo que es porque saben que la pueden perder en cualquier momento. Puedes perder todo lo que tienes de un día para otro y nadie te va a defender.

“A veces el camino paralelo con el que no contabas es mucho más atractivo que el que tenías trazado”

-¿Por qué crees que el rock es una versión mejorada de la religión?
-Lo digo porque el cristianismo, y cuando digo esta palabra me refiero a Cristo, lo que promete es una vida mejor. Pero la promete después de muerto, en otra vida, promete una serie de cosas que no siempre van a ser en el mundo tangible y la promesa del rock and roll, más o menos, es aquí y ahora, vas a disfrutarla en vida. El rock es más mundano, más terrenal y creo que eso ayuda mucho a la gente que no tiene fe a poder creer en algo. Por eso digo que es una versión mejorada, porque ofrece una especie de paraíso, tiene muchos puntos de refugio, a mí es una de las partes que más me gusta. El cristianismo lo promete para luego y está muy bien, pero no a todo el mundo le sirve. Hace dos mil años no quedaban más narices que agarrarte a eso, pero la actualidad es otra.

-¿Tiene importancia la religión en tu trabajo?
-Sí. La tiene en mi trabajo y en mi vida. Sobre todo en este último trabajo se refleja por todas las preguntas que me hago sobre el perdón, el castigo y también por la forma de contarlo. En nuestra cultura la religión católica tal y como nos la enseñaron es tangible, tiene imágenes, iconos que por ejemplo los judíos o los musulmanes no tienen. La nuestra se puede tocar, es una religión súper carnal, muy visual, en algún momento casi cinematográfica con lo cual a la hora de hacer las letras esas imágenes ayudan mucho porque, seas creyente o no, son muy dramáticas. Las hemos visto mil veces en arte, dibujos, en las propias iglesias, en las procesiones… También hay un punto erótico, que es una cosa muy rara, pero lo tiene. Mezcla muchas cosas y es muy plástica.

Si un cristiano ve el vídeo de la canción “Dios es colombiano” ¿se puede sentir reflejado?
-No lo sé porque se puede leer de muchas maneras. Creo que hay gente que se podría escandalizar, al mismo tiempo otra lo puede ver como un homenaje. Me cuesta mucho saber cómo piensa un cristiano tradicional, así que no sé qué pasaría por su cabeza.

«Facebook censuró el video de la canción «Dios es colombiano» porque aparece el torso desnudo y no lo permiten. Es una empresa norteamericana y son completamente puritanos, tienen un problema muy serio en relación con el cuerpo. Sin embargo no tienen ese problema con la violencia»

-¿Por qué Dios es colombiano?
-Porque uno de los grandes productos de Colombia aparte del café, de su gran literatura y su fútbol, es la droga. Yo creo que occidente se sostiene sobre cafeína y cocaína. Si dejase de existir, Wall Street se derrumbaría, la City de Londres también y el sistema se vendría abajo. Es una droga muy narcisista, es la droga del ego y no es ninguna broma. Te convierte en un pequeño dios, por eso es tan atractiva y tan peligrosa. Aun así Colombia nos ha traído a García Márquez y a Maturana, que es uno de mis entrenadores de fútbol favoritos y solo por eso ya tienen el paraíso ganado. Él tuvo siempre una visión de juego que me enamoraba pero nunca consiguió resultados, así que es una figura un poco trágica dentro del mundo del fútbol. No es un Guardiola que tuvo una imagen y la transformó, la hizo real e instauró su propia política. Lo plasmó. Maturana tenía una idea muy chula pero no se le dio. Como el fútbol es muy resultarista, es complicado que te guste esa figura. A mí me enamoró bastante.

-Facebook censuró el vídeo de esta canción…
-Lo censuró porque aparece el torso desnudo y no lo permiten. Es una empresa norteamericana y son completamente puritanos, tienen un problema muy serio en relación con el cuerpo. Sin embargo no tienen ese problema con la violencia. Ellos nacen de los puritanos ingleses que llegan allí y se fundan en torno a eso. Es un país que nace enfermo, lo tengo clarísimo. Ya no entremos en su política de armas porque es una locura pero estuvimos hablando con ellos y no había manera, aluciné.

-¿En qué Dios crees tú?
-Creo en el Dios del Nuevo Testamento, es el que a mí me atrae. Es un Dios con imaginación, romántico, atraído por el perdón y el amor. Ese es el que me inspira, es muy poético. El del Antiguo Testamento no me interesa en absoluto. Es de una gran barbaridad, me parece vil, cruel y no me gusta nada. Sé que es otro punto de vista, pero la mitología griega también me atrae muchísimo, esa necesidad del ser humano de que lo divino tenga una parte humana. Cuando se mezclan esas dos cosas me parece muy interesante.

“Poner un disco y que suene me parece un momento mágico que deberíamos apreciar más de lo que lo hacemos”

-¿Cuál crees que es el mayor pecado que podemos cometer los humanos?
-No sé si es un pecado pero diría que no ser todo lo que puedes ser. No cumplir tu propia promesa, tu propio potencial a todos los niveles, no me refiero solo al profesional. Me refiero más al personal, a ti mismo. La automutilación, el maltratarte como persona y como ser humano. Me parece duro, cruel y puede llegar a envilecerte. De no cumplir tus propias metas surgen el resto de los pecados. Si puedes hacer esto, ¿por qué haces otra cosa?

-¿Sabes hacia dónde te diriges o te vas sorprendiendo a medida que caminas?
-Pues las dos cosas. Me ha ido pasando a lo largo de la vida que tienes una serie de planes y caminas hacia ellos y luego, obviamente, se van modificando. Algunos los cumples, a otros llegas a través de otro recorrido distinto que a veces es más enriquecedor que la propia meta. Hay de todo y creo que se mezclan bastante las dos cosas. A veces el camino paralelo con el que no contabas es mucho más atractivo que el que tenías trazado. Voy jugando y me dejo sorprender porque hay que ser maleable. La vida te ofrece unas cartas que están ahí por algo, o eso queremos creer para darle un poco de sentido. Tengo bastante claro el camino, pero la vida me ha enseñado y demostrado que no te puedes aferrar a nada porque no siempre es el mejor.

-¿Ya estás dónde quieres estar, estás llegando o no has llegado?
-Estoy contento con lo que tengo pero todavía no estoy donde quiero estar y todavía me queda. Estoy abriendo muchas puertas pero estoy en el camino. Si me preguntases eso hace unos años te hubiese dicho que estaba encantado con lo que tenía, pero no me duró demasiado. No era tan buen sitio como yo creía. Ni me imaginaba que a estas edades estaría dando golpes de timón, pero esto no se acaba nunca.

Igor Paskual. Músico y compositor
Foto: Panci Calvo

-La portada del disco es una foto de tu hijo. Contrasta la inocencia de un niño con la dosis de realidad que hay en el trabajo. ¿Cómo combinas todas estas dualidades?
-Como puedo. A veces las llevo con facilidad porque soy bastante optimista, pero no existe un manual. Los seres humanos tenemos una gran capacidad de improvisación para combinar todo y creo que la riqueza está ahí. La parte malvada y la parte inocente que tenemos se van juntando en uno y me gustaría tener un campo teórico desarrollado en ese aspecto, pero las veces que lo he tenido no me ha sido de gran ayuda. Nadie te explica cómo vivir y además no hay boceto, ya pintas el cuadro definitivo, por eso creo que es tan difícil y a la vez tan atractivo e interesante. Con los hijos me parece que tú pasas a otro plano, te reubica todo de nuevo y los niveles de importancia varían. Te planteas el sitio que ocupan ellos, el que quieres ocupar tú, te preguntas cómo tratar de dejar tu impronta y ayudarlos sin marcar demasiado… Si vivir uno me parece complicado, que vivan también los demás me parece más difícil. Estoy aprendiendo bastante más de lo que esperaba. La idea de la portada fue de la coordinadora artística del disco y cuando me la planteó me pareció bonita para jugar con la dualidad, representar la inocencia y ver cómo pasa el tiempo y malea las almas y los cuerpos. Estoy enamorado de esta portada.

-En este disco hay una canción “Cristo de los mineros” en la que te despachas a gusto acerca de todo lo que ha pasado con este sector. Una de las estrofas dice: “El patrón del sindicato mayor ha cometido alta traición. Hubo silencio y nadie acusó. Todos callaron por su puta comisión”. ¿Sabes en qué harinas te metes?
-Varias personas me han dicho que en Asturias todavía es un tema bastante tabú. Hace un tiempo escribí un artículo que se llamaba “Santa Bárbara maldita” que hablaba de lo poderosa que es la simbología, y de cómo todo lo corrupto que puede haber debajo no hay manera de tocarlo porque los propios símbolos, la lucha, la ética, el himno, la idea del combate a veces pervertida y otras no, lo tapa todo. Es imposible luchar contra ese tipo de símbolos porque son poderosísimos, es como cuando nombras la palabra patria. Son palabras que se usan mucho porque cada uno las puede llenar con lo que le dé la gana. En sí mismas no significan nada y cuando se dicen de manera global son muy atractivas para la gente y es muy fácil hacer que se conecte con ellas porque cada uno las llena con la simbología que quiere, con lo cual son peligrosísimas. Tenemos otro caso muy similar en Cataluña con todo lo que ha pasado con Puyol. Él simbolizaba otra ética y creo que es como aquí Villa, es un tema absolutamente tabú porque toca cosas que a la gente le parecen muy importantes y da la sensación de que al romperse la idea del paraíso nacional se traicionan los sueños de una vida. Se quiebra todo. Es como si a un creyente le dices que nada es real, que Dios no existe. Tú crees que todas estas cosas forman parte de ti, por eso cuando se meten con nuestro grupo de música favorito nos duele tanto, es como si estuviesen insultando a tu familia porque los consideras como tales. Pasa lo mismo con los equipos de fútbol, ya pueden tener un nivel de corrupción impresionante, jugar mal, lo que sea, que tú vas a ser fiel a eso también. No tiene ningún sentido pero también es cierto que intentamos aferrarnos a algo que sea un poco eterno, que dure. Así que cuando fallan esas cosas a la gente le resulta durísimo porque lo consideran real y significa mucho.

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