Cristina Secades, KiwinBio. Minikiwis con corazón

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Minikiwis producidos en la granja de Cristina Secades, de KiwinBio
Minikiwis producidos en la granja de Cristina Secades / Foto: KiwinBio
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Cristina Secades es una agricultora que trabaja la tierra que le dejó su bisabuela, esa que pisó tantas veces de pequeña cuando venía a pasar aquí los veranos. Quién le iba a decir a esta ingeniera forestal que, en un momento dado, daría un giro a su vida y cambiaría su trabajo en un despacho de Oviedo por la vida en el campo.

Cristina Secades, KiwinBio
Cristina Secades / Foto: KiwinBio

Hoy esta empresaria asturiana siembra y recoge minikiwis (Actinidia arguta) en una granja diseñada por ella totalmente sostenible, siguiendo el ciclo de fecundidad que desde la antigüedad marca la naturaleza. Y es feliz comprobando que los esfuerzos que hace la tierra se los devuelve con creces a través de los frutos. KiwinBio, nos dice, “es la historia de un sueño”.

En su pequeña finca de algo más de dos hectáreas, situada entre los concejos de Llanera y Gijón a orillas del río Aboño, Secades produce minikiwis ecológicos, una variedad de kiwi poco conocida aquí pero muy abundante en países como Japón o China del Norte. La fruta posee un sabor único, está “llena de propiedades”, tiene el tamaño de una uva aproximadamente y se come con piel. Además de minikiwis y para aprovechar lo máximo este terreno, tiene árboles frutales, una pequeña huerta y también ovejas xaldas, gallinas de raza Pinta Asturiana y ocas, que se encargan de ‘segar’ la finca.

Cristina comercializa el producto solo en Asturias, centrada en la venta directa, bien desde su finca, en mercados o a domicilio. También colabora con pequeñas tiendas locales para potenciar el comercio de proximidad y la ecología. Y la verdad es que no se puede quejar porque vende a momento de ahora toda la producción. Su objetivo no es conseguir grandes cifras, sino ofrecer un producto con valor ambiental y también social “que contribuya a mejorar un poco más nuestra tierra y nuestro sistema alimentario”.

Cristina produce minikiwis ecológicos, una variedad de kiwi llena de propiedades y del tamaño de una uva aproximadamente; poco conocida aquí pero muy abundante en países como Japón o China del Norte.

-¿Qué valor tiene para ti este trozo de terreno que ahora trabajas con tus manos?
-Primero, un gran valor sentimental porque es un terreno heredado de mi abuela que antes fue de mi bisabuela, y luego, el valor que tiene la tierra en sí misma para los que hacemos agricultura ecológica u orgánica. Cuidamos de su fertilidad, de la vida, valoramos sus frutos, algo que la agricultura convencional se encargó de eliminar y dilapidar dando prioridad a los valores económicos y a otros intereses dejando de lado el valor humano y el equilibrio ambiental.

-¿Qué te hizo dejar tu trabajo de ingeniera en una oficina de la capital y venir al campo?
-Fue apostar definitivamente por aquello que de verdad me gustaba. También el poder sentir la libertad de hacer las cosas a mi manera, cuando quiero y como quiero, dentro de unos límites, claro. Quise dar vida a esa tierra heredada, y para ello antes me fui interesando por el origen de lo que como, cómo se cultiva y con todo ese conocimiento me puse manos a la obra. Pensé que con mi pequeña finca podía contribuir a reactivar el campo asturiano, era mi granito de arena. Todo eso junto me llevó a dar el salto.

-Como dices, lo importante no es la cantidad de terreno sino de la filosofía que hay detrás. Eso es algo que puede servir de ‘efecto contagio’…
-Sí, a veces no es cantidad sino calidad. El aprovechamiento al máximo de un terreno, el diversificar es tanto o más importante que tener una hectárea de monocultivo sin darle ningún tipo de vida. Tengo también animales… todo en la finca forma un círculo y es sostenible.

Molino de viendo construido con material reciclado para sacar agua del pozo en la granja de KiwinBio
Molino de viendo construido con material reciclado para sacar agua del pozo / Foto: KiwinBio

-La plantación se mantiene con recursos propios. Se nota que detrás de este proyecto hay mucho estudio, mucha logística… ¿Cómo organizaste todo eso?
-Sí, es cierto, detrás de todo hay mucho estudio, investigación y experimentación. El minikiwi es un cultivo muy desconocido. Visité varias plantaciones aquí y fuera de España y me interesé por saber lo máximo posible para luego aplicarlo a mi terreno. Luego vienes aquí y te encuentras con la realidad, porque una cosa es la teoría y otra la práctica. Hubo mucho ensayo-error, muchas equivocaciones hasta que las cosas empezaron a salir. Comencé en la plantación en 2016 y la primera cosecha la obtuve en 2020.
Utilizamos la energía del sol para el sistema de riego por goteo y un molino de viento, construido de forma artesanal -entre mi padre y yo- para extraer el agua del pozo. Así no solo ahorramos en costes, sino que conseguimos que el sistema sea lo más autónomo posible. Tengo también ocas y gallinas que además de darme huevos, se encargan de ‘segar’ y abonar la finca, así podemos reducir el uso de maquinaria.

-¿Cómo se te ocurrió la aventura de plantar minikiwis?
-Fue un poco por azar. No tenía claro qué iba a cultivar. Al principio pensé en frutos rojos, pero cuando analicé el terreno, vi que aquí se iba a dar mejor el kiwi: es una zona de vega al lado de un río, con mucha humedad y una alta disponibilidad de agua. Descubrí esta variedad y los probé en Galicia hace más de seis años. Allí lo llamaban kiwiño pero no se extendió el cultivo porque es bastante particular, más dificultoso que el kiwi tradicional, así como su conservación.
El riesgo de heladas en la plantación es también un factor limitante. El primer año, una helada tardía me quemó todas las plantas, fue algo excepcional, pero pasó. A raíz de eso, después de mucho investigar, decidí tomar medidas e instalé un sistema de microaspersión que me ha funcionado hasta ahora.

Minikiwis de KiwinBio
Minikiwis / Foto: KiwinBio

-Esta variedad, tiene más propiedades que el kiwi tradicional, ¿cuáles?
-Estudios realizados en las universidades de Varsovia o Bélgica donde la producción es mucho mayor que aquí, dicen que tiene cinco veces más vitamina C que las naranjas, dos o tres veces más que el kiwi convencional, gran cantidad de antioxidantes, luteína que es muy beneficiosa para la vista, de hecho, la llaman la ‘vitamina de los ojos’; y tiene también minerales y abundante fibra.

-¿Qué acogida ha tenido el producto entre los asturianos?
-Buena. La gente que lo prueba le gusta. Les llama la atención que se coma con la piel, la variedad de colores que tienen, de sabores mezcla de dulce y ácido con intensidades que oscilan según la variedad, es algo muy atractivo. A ello hay que sumar sus propiedades y que se trata de un cultivo ecológico.
Uno de mis objetivos es ofrecer la fruta en su mejor punto de maduración. Es algo que no se hace normalmente por lo que supone. En las grandes plantaciones donde se maneja gran cantidad de fruta lo que se hace es recolectar en el momento que la fruta tiene el grado de azúcar legal, luego la dejan madurar fuera de la planta o en cámaras. Lo ideal es que lo hiciera en la propia planta porque así garantizas que la fruta llega al consumidor con el mayor número de propiedades y mejor calidad. Yo las separo de la planta a partir del doble de contenido en azúcares respecto a la práctica habitual.

“Hubo mucho ensayo-error, muchas equivocaciones hasta que las cosas empezaron a salir. Comencé en la plantación en 2016 y la primera cosecha la obtuve en 2020”

-A juzgar por tu experiencia, ¿es duro emprender en el medio rural siendo mujer?
-En mi caso no me he sentido discriminada por razón de género. Creo que es difícil emprender en el campo en general porque es duro. Hay muchas incertidumbres, estas supeditada a las condiciones climatológicas y eso quieras o no, te obliga a asumir riesgos altos. Un año puedes quedarte sin cosecha -como a mí me ocurrió- y otro puede que sea menor de lo esperado… A ello debes añadirle los impedimentos y trabas legales que te obligan a retrasar todo y te hacen luchar más de lo que sería necesario. Como te decía, no he vivido ningún tipo de discriminación de género, pero me consta que otras compañeras en el sector de la ganadería si lo están padeciendo. Se las discrimina porque no se las considera capaces para desarrollar su trabajo cuando están demostrando que lo pueden hacer perfectamente.

-¿Ha afectado de alguna manera la crisis del coronavirus a tu negocio?
-Me afectó en un principio en cuanto al tema de proveedores, compras, suministros de material; fue una época difícil. Era una plantación pequeña y hubo proveedores que me pusieron trabas o directamente no me sirvieron, eso me exigió un trabajo extra para poder solventar la situación. En cuanto a las ventas no noté ningún cambio a pesar de la crisis. La recolección empieza en septiembre y dura hasta noviembre, así que el confinamiento no afectó. A pesar de no poder acudir a los mercados pude hacer envíos a domicilio, fue mi primer año de venta, tuve poca producción y afortunadamente conseguí sacarla adelante.

“Los que hacemos agricultura ecológica cuidamos de la fertilidad de la tierra, valoramos sus frutos, algo que la agricultura convencional se encargó de eliminar dando prioridad a los valores económicos y dejando de lado el valor humano y el equilibrio ambiental”

-La recolección comentas que es de septiembre a noviembre, ¿qué haces el resto del año?
-Una poda en invierno, abonado, trabajos de preparación del terreno, y luego como tengo también un poco de huerta le dedico más tiempo; realizo todo lo que es mantenimiento y preparación de los terrenos para la campaña siguiente. Cuido de los animales, y en primavera hago un abonado extra, al que le sigue una nueva poda o dos en verano, según la recolección. A eso hay que añadir el tiempo que inviertes en mover las redes sociales, las ventas directas, la comercialización… todo lo hago yo sola y eso exige dedicación.

-¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos?
-Hacer elaborados a partir del minikiwi. Ahí tengo problemas burocráticos porque necesito un registro sanitario para poder hacer un pequeño obrador artesanal, que sería lo suyo. Me temo que no voy a poder construirlo por el tema legal de la recalificación del suelo en este lugar que es de especial protección, así que tendré que hacerlo a través de terceros que será más complicado.

-¿Qué te ha supuesto a nivel personal poder hacer realidad este sueño?
-Una satisfacción enorme al ver que todo este esfuerzo y dedicación tienen resultados. Voy recolectando y mientras lo hago como el fruto y pienso que se trata de un milagro. Comprobar que la fruta está en su punto, ver en los minikiwis el esfuerzo realizado, me llena de alegría. Pienso muchas veces que sin este proyecto la tierra que heredé de mi abuela habría quedado olvidada y sin aprovechar. Siento que formo parte de una red de personas que ofrecen los mejores alimentos poniendo todo su corazón en ello. Si eso, además le gusta a la gente, lo valoran con independencia de si te felicitan o no, es algo que me llena enormemente.

“La gente que prueba los minikiwis le gusta. Llama la atención que se coman con piel, la variedad de colores, la mezcla del sabor dulce y ácido… A ello hay que sumar sus muchas propiedades”

-En 2020 ganaste el primer premio Green Weekend, también el Premio a la Mujer Rural como emprendedora, fuiste seleccionada para participar en el programa europeo EWA (Empoderamiento Femenino en Agroalimentación) y conseguiste el premio especial en el evento Innova… A pesar de que llevas muy poquito tiempo con este proyecto, has recibido varios galardones. ¿Qué han supuesto para ti?
-Satisfacción personal y agradecimiento por el reconocimiento a mi trabajo. Ninguno ha tenido ningún tipo de dotación económica, pero son muy gratificantes porque me demuestran que lo que estoy haciendo va por buen camino.
Es un importante apoyo no solo para mi sino para la agricultura ecológica en general, y para Asturias. Somos muchos los que trabajamos en ello y ahí estamos poniendo en valor lo que es y lo que debería ser la agricultura ecológica. No se trata solo de una etiqueta o un sello. Hay que cumplir una serie de requisitos, pasar unos controles y, sobre todo, detrás de cada producto hay unos valores humanos muy importantes.

-¿Cómo llevas lo de las redes sociales?
-¡Uff! Es algo que requiere tiempo y dedicación. Vas dejándolo de lado porque tienes otras prioridades, pero qué duda cabe de que tienen mucha importancia en un negocio en cuanto a comunicación. Te dan la oportunidad de conocer a otras personas, otros proyectos, aunque no pertenezcamos al mismo sector. He conocido a gente a través de las redes que de otra manera no sería posible. A veces podemos ser casi casi vecinos y no saber de la existencia unos de otros. Además de facilitar la comunicación también facilitan ventas directas, algo muy importante para productores pequeños como nosotros porque te permiten no estar dependiendo de los intermediarios. Y por qué no… también es un medio de publicidad gratuito que viene muy bien cuando estás empezando.

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