Navelgas. El paraíso encontrado

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Valle de Muñalén
Valle de Muñalén. FOTO: Juanjo Arrojo
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Verde y dorado son los colores que definen a Navelgas, porque su historia está irremediablemente unida a su desbordante paisaje y a la abundancia de oro. Su riqueza hoy son sus gentes, que cuidan con esmero una etnografía singular y sus múltiples tradiciones.

En 2003 Navelgas fue elegido “Pueblo Ejemplar de Asturias”. Todos los motivos tenían que ver con la labor de sus vecinos: la recuperación de sus tradiciones, conseguir proyección internacional gracias al bateo, su lucha por conservar el entorno natural y su patrimonio histórico y cultural, y el fomento de la solidaridad. Se tenían bien merecido el galardón, aunque para ellos el mejor premio es esa rica tierra en la que viven, con ríos en los que pescar buenas piezas, valles en los que pasta el ganado, bosques que ofrecen madera, caza y múltiples especies que se emplean para fines medicinales, y fértiles huertas que producen abundancia de frutas y hortalizas. A partir de ahí, respetando, agradeciendo y cuidando lo que se tiene, la vida puede ser un paraíso. De los romanos que vinieron antaño a sus tierras a extraer el oro, hoy queda el Campeonato de Bateo que se celebra todos los veranos. El Festival del Esfoyón y el Amagosto que tiene lugar en noviembre es buen ejemplo de cómo todavía se enristran las panoyas de maíz en cuadras y paneras, mientras se cuentan anécdotas e historias del pueblo al son del trabajo. Si hablamos de pasado, a través de sus casonas se entiende la riqueza del lugar; en Navelgas hay varias que pertenecieron a la familia del general Capalleja, en Nera hay una atípica casona con influencias indianas, en el pueblo de Muñalén nos espera la Casona del Escribano del siglo XVIII, y en Calleras hay otras dos, de gran interés.
Los museos nos muestran historia de la zona. En el Museo del Oro (MOA) de Navelgas conoceremos antiguos relatos asociados a este metal, inventos de ingeniería para extraerlo o avances médicos posibles gracias a su uso. El mejor punto final a la visita es el taller de bateo. En Muñalén se encuentra el Museo del Bosque y en Naraval el Museo Vaqueiro nos habla sobre las costumbres y la historia de los vaqueiros de alzada. Si nos gusta caminar, pondremos rumbo hacia las verdes brañas que fueron el paraíso de este pueblo, que venía aquí con su ganado en cuanto desaparecía el invierno. Los únicos vestigios que quedan de ellos son algunas viviendas vaqueiras, pero si dejamos vagar la vista hasta el mar que se ve en el horizonte seguramente podamos sentir parte de la libertad que tanto amaban. Pinche aquí para ver más reportajes de este concejo

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