Valdés. Un concejo a tres bandas

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Braña de Aristébano (Valdés)
Braña de Aristébano / Foto: Turismo Asturias - Alejandro Badía
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Mar, río y montaña determinan la geografía del concejo valdesano, una tarjeta de presentación que no defrauda a quien busca disfrutar de su tiempo libre en el occidente asturiano. Naturaleza virgen, espacios no masificados, hospitalidad y una atractiva gastronomía esperan al visitante con los brazos abiertos.

La costa occidental asturiana reserva paisajes y escenarios excepcionales, y Valdés, el municipio cuna del Nobel Severo Ochoa es uno de los afortunados. Es el cuarto concejo de la región en superficie con 353 km² y son varios los municipios con los que establece vecindad: Cudillero, Salas, Tineo, Villayón y Navia. El concejo se asoma al Cantábrico en su cara norte, perfilando una línea costera escarpada, de impresionantes acantilados, bellos arenales y calas de grava, un litoral que no solo ofrece belleza sino que surte de afamados pescados y mariscos. Se adentra en el territorio en busca de los paisajes de media montaña que albergan brañas vaqueiras, algunas famosas como la de Aristébano por el festival que acoge cada mes de julio, y descubre nuevos caminos y rutas para disfrutar de una naturaleza exuberante. Mientras, caudales de aguas cristalinas propician la visita de pescadores a la vez que configuran espacios de recreo en los numerosos y pequeños valles que crean a su paso. Son tres mundos en uno, de ahí que durante varios años el concejo utilizase con acierto el eslogan El mar, el río y la montaña para transmitir en pocas palabras gran parte de su esencia. No hay duda que la gran diversidad natural que ofrece es un aliciente para el turismo que busca lugares auténticos y en los que el visitante es siempre bienvenido.

Luarca sabe a mar

Para entender la relación de este concejo con el mar, lo mejor es acercarse a Luarca y pasear por el puerto pesquero de la capital del concejo. La Villa Blanca, como es conocida habitualmente, tiene un importante pasado ballenero y ha sido lugar de comercio para los que atracaban en su puerto. Hoy día, su bagaje pesquero ha decrecido en favor del comercio y los servicios pero sigue siendo una parte fundamental de su identidad. El puerto, además de ser un importante enclave turístico, mantiene una destacada actividad pesquera y esta es especialmente frenética cuando coincide con campañas como la de la caballa. César Rodríguez, patrón de la embarcación Luarca Mundaka explica que “esta costera empieza en marzo y suele durar entre dos semanas y un mes. Luego empezamos con la de la anchoa que comienza en abril y que se suele hacer en aguas cántabras y vascas, en el golfo de Vizcaya. La del bonito viene después y su duración varía en función de dónde se meta el pescado, a veces está cerca y otras hay que ir hasta el golfo de Vizcaya, las Azores y en ocasiones hasta aguas irlandesas”.

César Rodríguez, patrón del Luarca Mundaka
César Rodríguez, patrón del Luarca Mundaka

César tiene detrás de sí a varias generaciones de marineros que le precedieron en esta tarea, “a mi familia -añade- nos llamaban en Luarca ‘los de Mundaka’ porque mi bisabuelo se fue durante un tiempo a trabajar a esta localidad vasca”. A pesar de su juventud, tiene ya una larga trayectoria en la mar: más de dieciséis años trabajando de continuo en el sector aunque, anteriormente, aprovechaba tiempos vacacionales para embarcar. Ahora tiene a su cargo una tripulación de seis personas de orígenes senegalés y sudamericano.
Gracias a la actividad de barcos como el suyo la calidad de los pescados y mariscos que llegan al concejo es excelente y eso se traduce en una reputada gastronomía de costa que caracteriza a la red de restauración valdesana. La rula del pescado, la subasta que se realiza diariamente, permite a los empresarios obtener el producto con apenas unas horas de captura. Precisamente esta es una de las actividades que llaman la atención al visitante que puede contemplar cómo llegan los barcos al puerto, la descarga del pescado y posteriormente asistir en calidad de espectador al proceso de la rula. Cuando el Mundaka viene con un cargamento inferior a los 6000 kilos de pescado recala en el puerto y de ahí va directo a la rula valdesana, “pero cuando traemos más cantidad, hasta 20 toneladas, necesitamos una plaza mayor -comenta el patrón- y lo llevamos a Avilés porque aquí no tenemos tantos compradores”.

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