ANAC. Asociación Nacional de Avalistas y Concursados. Creando una segunda vida

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Ángel González, presidente de la Asociación ANAC
Ángel González / Foto: Fusión Asturias
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Hace ya casi cuatro años que se aprobó la Ley de la Segunda Oportunidad, la cual permite que empresarios y particulares estrangulados por las deudas, puedan liberarse de ellas y reiniciar su vida. Esta desconocida y poco publicitada norma, ha encontrado un alidado en el empresario Ángel González, presidente de la Asociación. Junto al abogado Jorge Álvarez de Linera, secretario y asesor jurídico, dan vida a ANAC para ayudar a los deudores en el proceso legal.

Ángel González, presidente de la Asociación, ha vivido en carne propia lo que es ser un empresario de éxito y también ha experimentado cómo empresas colaboradoras empezaron a cerrar, a dejar de pagarle y le arrastraron hasta un concurso de acreedores que se extendió durante cuatro duros años. Salió de ese círculo gracias a un juez y a la Ley de la Segunda Oportunidad. Apoyado en su experiencia y junto a un grupo de empresarios en la misma situación, soñó con fundar la Asociación Nacional de Avalistas y Concursados (ANAC) para defender los intereses de los concursados y apoyarles anímicamente para salir del proceso. Con la asesoría jurídica del despacho de Jorge Álvarez de Linera, en unos meses estos empresarios convirtieron la utopía de crear una asociación en una realidad que ya está ayudando a otros compañeros.
La avalancha de llamadas -no solo de Asturias sino de otros puntos del país- corroboró que hay miles de personas en esa situación, que están desinformadas y desamparadas. El futuro contempla que la base de la Asociación esté en Asturias y se creen todas las filiales que sean necesarias en otras ciudades españolas.
-Hábleme de la Ley de la Segunda Oportunidad. Existe hace tiempo, pero es una gran desconocida.
-Ángel González: No lo sé muy bien por qué, pero es muy desconocida. Casi todos tenemos una mochila grande de deudas y si no tienes un asesoramiento correcto, lo primero que piensas es que no quieres meterte en más gastos, y no es la mejor opción. La Ley de la Segunda Oportunidad es una fórmula interesante, barata para la recompensa final que obtienes, sobre todo en términos psicológicos. Cuando uno está inmerso en un concurso de acreedores y empiezan con las tasaciones, las valoraciones, el activo, el pasivo, los millones… ves tantas cosas que te afecta anímicamente. Y cuando ves una salida, te la explican y entiendes que no es tan complicado poder acceder, la respuesta es inmediata.
-Jorge Álvarez de Linera: No sé qué interés hay en que esto no se publicite, porque el coste lo paga el afectado, no la Administración. Es absurdo, y llevamos camino ya de cuatro años. Es una tramitación bastante sencilla, y la publicidad que hacemos los abogados es de aquella manera, porque para empezar como colectivo no tenemos la mejor fama del mundo. La Asociación en ese sentido viene muy bien porque es gente que ya pasó por ello y puede asegurar que funciona. El problema es que hay muy pocos como Ángel, que luego lo cuentan.

“Esta asociación no solo busca canalizar y solucionar problemas, sino que intenta animar y aconsejar. Pero sobre todo que comprueben cómo alguien que pasó por su misma situación -incluso con una deuda grande- es capaz de reaccionar, sobreponerse y empezar de nuevo” (Ángel González)

-¿Qué requisitos se necesitan para poder acceder a esa ley?
-A. G.: Muy básicos. Que te hayan quitado todo el patrimonio que tenías, no haber estado declarado en ningún concurso de acreedores en un plazo de cinco años y no tener antecedentes penales que tengan que ver con delitos económicos.
J. A. L.: Otra cuestión es que si estuviste en concurso de acreedores hace más de cinco años no fueras declarado culpable, y en cuanto a no tener nada, no es un requisito imprescindible. Se puede acercar a la Asociación alguien que quiera tramitar su segunda oportunidad teniendo cosas pero como las vas a perder, nosotros recomendamos que vayas acortando los tiempos del procedimiento. Si tienes un piso hipotecado, vale la pena entregarlo antes de empezar el procedimiento que una vez dentro, para acortarlo.
-¿Este empezar de nuevo, implica que uno desaparece de las listas de morosos?
-A.G.: Cuesta mucho trabajo desaparecer de ahí, incluso con la sentencia en firme en la que te exoneran de todo. Los bancos no hacen caso ni a la primera ni a la segunda, les cuesta hacer caso a la tercera y suelen atenderte a la cuarta o la quinta vez de requerirles judicialmente. Primero se les notifica, no te hacen ni caso, y después se les demanda. Con las demandas no se pretende en ningún caso sacar nada, sino que simplemente siente un precedente y que el juez le obligue a sacar de una vez del registro de morosos a esa persona. Perjudica mucho la vida normal porque no puedes tener una tarjeta de crédito, ni puedes comprar una nevera a plazos, ni puedes tener una vida social desde el punto de vista económico normal.
-Esta ley supone entonces también un portazo a los bancos…
-A.G.: Depende. Los bancos tienen la deuda con una empresa de unos millones de euros y tratan de cobrarla por todos los medios. Pero también ocurre que a veces hay gente que no tiene suficiente patrimonio como para satisfacer a los bancos. Por eso cada cierto tiempo reúnen todas las deudas que tiene el banco en general -el chaval que no pudo pagar el coche, la familia que no pudo pagar la hipoteca, un préstamo que alguien sacó para reformar la casa y que no pudo pagar, los dos millones que tenía una empresa y que tampoco pudieron cobrar-, hacen un lote y provisionan esas pérdidas con lo cual pierden relativamente y venden el lote. La proporción de venta es vergonzante, un lote de veinte millones de deuda de un banco lo pueden vender a una tercera empresa por cien mil o ciento cincuenta mil euros. Después esa tercera empresa empieza a llamarte, sin respetar ni horarios ni festivos. Llaman amablemente, pero termina siendo extorsión pura y dura. Además la empresa reclama la deuda completa que compró por mucho menos, y eso en mi pueblo se llama estafa, robo.

“La Ley de la Segunda Oportunidad es una fórmula interesante, barata para la recompensa final que obtienes, sobre todo en términos psicológicos” (Ángel González)

-De todo ese calvario -en el que le tratan como si fuese prácticamente un delincuente- el gran componente es el psicológico, con las consecuentes depresiones o suicidios, y esta Ley de la Segunda Oportunidad es un cielo abierto…
-A.G.: Por supuesto que sí, es una parte importante. No hay datos oficiales, pero recuerdo a un empresario conocido que murió estrellando su coche contra un camión y ya se lo había dicho tres días antes al dueño del bar donde solía ir. Era una persona que estaba en concurso de acreedores; no encontró la fuerza mental suficiente para aguantar y se quitó del medio. Por eso esta Asociación no solo busca canalizar y solucionar problemas, sino que también vamos a intentar animar, aconsejar. Y que sobre todo comprueben cómo alguien que pasó por su misma situación -incluso con una deuda grande- es capaz de reaccionar, sobreponerse, empezar de nuevo y en mi caso sacar tiempo de donde no lo tengo para crear una asociación en defensa de sus intereses por la cantidad de injusticias y contrasentidos que fui encontrando en todo este proceso.
Y por abundar en la cuestión anímica del tema, también surge otra sorpresa con la que no contabas y te decepciona, como son las amistades y algunos miembros de la familia, que se desentienden. Ni una llamada, por supuesto ni una ayuda. Por contra también hay que decir que hay otros casos que nadie contaba con ellos y que respondieron muy por encima de lo que uno pensaba. Ese es probablemente el palo más duro de todos.
-¿Qué apoyo recibió por parte de la Administración durante los cuatro años que duró su proceso?
-A.G.: Yo hice cálculos y vi que durante los veinticinco años que tuve negocios, contribuí al Estado en forma de impuestos de IVA, Seguridad Social e Impuesto de Sociedades, el equivalente a lo que hubiesen contribuido 2.500 personas con un salario medio en el mismo periodo. Y no me quejo, era la ley y la cumplí. Ahora bien, cuando yo me encontré en dificultades fui al INEM y pregunté por alguna ayuda hasta que yo arrancase, y al ser autónomo no tengo ayudas de ningún tipo, ni los míseros 430,00 € que se dan a todo el mundo. Eso es una contradicción y algo incomprensible. No termino de entender por qué el Estado devuelve tan mal y tan injustamente. Estamos hablando de un colectivo de muchos miles de personas que el Gobierno no atiende.
-J.A.L.: En la Asociación, de entre los asociados que hay, en 2012 empleaban a cerca de tres mil personas. Esto es como si tú tienes un equipo de fútbol, se te lesiona un jugador bueno y en vez de rehabilitarlo ya no cuentas con él y traes a otro. ¿Todos estos empresarios eran malos? Si aguantaron más de veinte años con empresa y creciendo, malos, malos no serían. En EEUU a los empresarios no los valoran si no han tenido una o dos crisis, porque consideran que les falta una parte de la formación empresarial muy importante. Aquí se penaliza y al que tiene una crisis empresarial se le considera un inútil. No se ayuda a rehabilitar al que puede seguir creando riqueza y además tampoco le enseñas cómo defenderse de una crisis. Y en cuanto al resto de particulares, no puedes tenerlos metidos en casa sin darles ninguna solución. Ayer estuve a punto de llorar tres veces de la situación de la gente con la que hablé.

“En EEUU a los empresarios no los valoran si no han tenido una o dos crisis, porque consideran que les falta una parte de la formación empresarial muy importante. Aquí se penaliza y al que tiene una crisis empresarial se le considera un inútil”
(Jorge Álvarez de Linera)

-Aunque hasta el momento se han referido solo a empresarios, ¿a esta Ley pueden acogerse también los particulares?
-J.A.L.: Es que esta Ley es solo para particulares que puedan haber sido o no empresarios. Vienen dos tipos de casos: uno es como el que vivió Ángel en primera persona, y luego otros casos de particulares no empresarios con problemas de salud que vivían en base a dos sueldos y falló uno. A la Asociación todavía no ha venido ninguno, pero a mi despacho sí, incluso con problemas de ludopatía y juego on line, que eso es capítulo aparte. El requisito no es estar en el paro, de hecho hay a quienes les estamos tramitando desde la asociación la Segunda Oportunidad y siguen trabajando, pero el problema es que con lo que ganan no alcanzan para pagarlo todo de ninguna manera.
-Uno sale reforzado de una experiencia como esa.
-A.G.: Evidentemente que sí. No solo sales reforzado, sino que aprendes a ir más despacio y con paso más firme. Uno reflexiona y retoma viejas aficiones. En mi caso, escribí cuatro novelas en los cuatro años que duró el proceso. Una ya la publiqué, otra sobre la Segunda Guerra Mundial lo haré antes de terminar el año y me quedan otras dos para la próxima primavera. Eso me evade y me parece importante. Es una de las cosas buenas que me trajo esta experiencia, porque también hay que intentar sacar lo positivo, sino terminas contra un camión, como el ejemplo que comenté.

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