¡Dejad en paz a Hamlet!

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Esta anécdota la he contado varias veces, y seguramente lo volveré a hacer, porque hay gentes que citan sin saber; o, como mucho, porque han oído campanas. Trabajaba yo entonces en una multinacional de la alimentación cuando llegó a nuestra división un nuevo director de marketing, entre cuyas muchas virtudes no estaba la modestia. «Me han llamado para salvar este negocio», fue, aproximadamente, su carta de presentación. Un buen comienzo para ganar amistades.

Vino la convención nacional y montó una espectacular puesta en escena. Con todas las tablas para él, despachó una intervención de estrella; apareció con un cráneo en la mano y empezó a recitar, con gran sentimiento, «vender o no vender». En la despedida del evento, las jóvenes colaboradoras de su departamento vinieron a pedirme opinión sobre tan original forma de presentarse. «¡Patética!» les respondí; ante su asombro tuve que explicarles: este señor no se ha leído a Shakespeare en su vida. La escena del cráneo no tiene nada que ver con la del monólogo más famoso de la historia del teatro; corresponde al acto quinto, cuando Hamlet y Horacio observan el trabajo de dos sepultureros, uno le enseña una calavera de «un hijo de puta loco…» Yorick, el bufón del rey, a quien el príncipe estimaba; toma el cráneo en la mano y exclama «aquí estaban aquellos labios que tantas veces me besaron». Había sido un par de actos antes cuando Polonio, que propuso un encuentro «fortuito» con su hija para ver la causa de los aparentes desarreglos mentales de Hamlet, le dice al rey «I hear him coming. Let’s withdraw, my lord». (Todos los de marketing dicen saber inglés; entre nosotros: «Le oigo llegar, retirémonos Señor») Aparece entonces Hamlet, puede que apoyado el gesto en un libro, pero jamás de los jamases en una calavera, y recita: «To be or not to be: that is the question…»

No sé si llevaron mis comentarios al improvisado actor, aunque tampoco tuvo tiempo para rectificar, apenas duró un curso en la sección que había venido a salvar; que, por cierto, siguió dando buenos resultados, pese a ególatras tales. El caso es que necesitamos en general más humildad; un buen ejemplo nos lo dan los profesionales de la Cadena SER, que mantiene una Unidad de vigilancia, cazadora de gazapos, y periódicamente los hace públicos, para ejemplo general; se parten el alma riéndose de sí mismos. Ejemplos: «… el partido de Riazor, donde el equipo que pierda va a salir perdedor». O aquel otro más musical: «Resultados de segunda B: Baracaldo, 1- Oviedo Vetusta Morla, 2».

En estos días de cambio de año caeremos sin duda en el error de datar mal los escritos, citando 8 por 9; a mí me suele pasar hasta febrero, más o menos. Anticipándose a ello, El País publicaba el error que se puede ver en la foto; el 23 (que no el 28) de diciembre de 2018, publicaba la noticia de una importante inversión de carreteras en Canarias ¡para 2015! Error mecanográfico, -se refería realmente a 2025-, tan inocente que cuando lo hago llegar a mis amigos isleños uno me responde «¡Era hora, que estaban muy mal!» O sea, ni se fijó en las fechas, llevado por el ansia de que por fin mejoren las comunicaciones. Quien haya sufrido los atascos en hora punta de la autopista norte de Tenerife sabe de qué hablo; allí puede quedar sepultada la más extensa de las paciencias.

«Sepultureros», titulaba en ABC una crónica que pretendía ser sarcástica. Habla Don Luis Ventoso de que en el municipio de Fene (A Coruña) exigían a los aspirantes a enterrador no solamente saber lo suficiente de albañilería como para tapiar un nicho, sino conocer la Constitución, y, a mayor abundamiento, acreditar el nivel de «galego». Hace bromas al respecto («pues también podían pedir francés, por si el difunto se expresa en esa lengua») y cita a Shakespeare. En vano, como muchos. En la primera parte explica con exactitud la escena del acto quinto, la preparación de la inhumación de la desventurada Ofelia, la muestra del cráneo de Yorick y continúa: «Shakespeare muestra entonces su maestría. En un instante el tono zumbón cambia por completo y llega al monólogo más célebre jamás escrito, el ser o no ser…»

¡Ay, Señor; qué paciencia hay que tener! ¡Que no, que la escena del to be fue mucho antes, hombre; que haga el favor de leerlo todo de nuevo! En fin, Señoras, Señores, Damen und Herren, Ladies and Gentlemen, amistades todas: Que 2019 nos permita seguir equivocándonos, señal de que seguimos viviendo y actuando.

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