En estos entrañables días de gastar dinero sin cuento

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La primera vez que este aldeano viajó a Londres se sorprendía de que, a mediados del mes de septiembre, se vieran en la ruta, desde el aeropuerto a la ciudad, anuncios de comidas navideñas o de la juerga de Nochevieja. No caía en la cuenta de que para un británico seguramente sería igual de sorprendente que ya en junio se anuncie la lotería de Navidad en Benalmádena, por eso de “y si cae aquí”. Una historia que nos lleva a gastar centenares de euros que no tenemos en una vana ilusión.

Ahora, ya como los gringos, el pistoletazo de salida para el navideño desenfreno es el Black Friday, viernes inmediatamente posterior al Thanksgiving. O sea, el Día de Acción de Gracias, que debería servir para rebajarles los humos a los que quieren alzar el muro del Sur. Les vendría bien recordar cuando “fueron forasteros en tierra extraña”, débiles seres de piel pálida, en el lejano exilio por sus ideas religiosas, a quienes los verdaderos nativos americanos recibieron y regalaron, -compartieron-, sus propios víveres.

Contradicciones de los humanos. Ahora no se acuerdan de aquello. Lo mismo que nosotros nos ponemos a encender luces como locos, a mayor gloria de las superficies comerciales, cuando apenas tres días antes decíamos que el exceso de gasto energético estaba acabando con la capa de ozono. O sea, que necesitamos rebajarnos los humos consumidores. Salen entrevistas a pie de tienda y todo el mundo reconoce que compra porque lo ve rebajado, no porque realmente lo necesite; es común la frase “darme un caprichito”. ¿Hay realmente vida inteligente en este planeta?

Las tácticas comerciales son diversas, aviesas en ocasiones, que ya la Asociación de Consumidores avisa cada año de que no compres a lo loco. Escucho por la radio un mensaje a todo volumen, los locutores anuncian, de manera reiterativa, el no va más de los descuentos: ¡¡¡ Y te rebajamos el 50% del 50%!!! O sea, tanto ruido para quitar el 25% del precio anterior. Si lo hacen así es porque piensan que nos pueden engañar. ¿Hay realmente vida inteligente en este planeta?

Tienda de ropa La Cara

Todos deberíamos poner en el frontis la imagen de esta tienda que fotografiamos en la ciudad polaca de Poznan, “La cara”, porque gastar el dinero que no nos sobra en cosas que no precisamos es el gasto más absurdo, más caro, que podamos abordar.

El otoño es tiempo adecuado para las ferias gastronómicas. No hay villa que no aproveche para exhibiciones, certámenes, concursos y fiestas de callos, pote, pimientos, fabada… En San Martín del Rey Aurelio por San Andrés cebolles rellenes, por el propio San Martín, los nabos. Días de saludar amistades, recibir a parientes que regresan; ahora bien, es menester tener cuidado cómo se redactan estos homenajes, vean un poco afortunado ejemplo, TPA: “…engalanado el monumento al gochu, un homenaje a los vecinos de Sotrondio que ya no están”. ¡Hombre…!

A continuación, la Navidad; tiemblan gallineros, conejeras, piaras y bancos de besugos; habrá hecatombes. Tiemblan los médicos de medicina interna, se irán al cuerno los esfuerzos de todo un año por mantener las analíticas. Tiemblan, en las carteras, las tarjetas de plástico, que acabarán extenuadas. Y las otras carteras, las funcionarias de Correos, que, si antes maldecían por el exceso de postalitas navideñas, ahora las añoran, sobrecargadas con la distribución de las dichosas cajitas de venta on-line.

En esta página estamos tranquilos, aunque la Real Academia de la Lengua nos sobresalte al final de cada ejercicio añadiendo y quitando palabras, usos y costumbres. No gustan a muchos filólogos estas puestas al día, aunque, en definitiva, los de a pie debemos atender a quien pone orden en las letras. Si no lo hiciéramos andaríamos ciegos entre las líneas. O despistados, como un corresponsal de La Nueva España en Avilés que informa de un asunto judicial y habla en estos términos de la pareja afectada: “Según los residentes, llevaban varios años de relación sentimental, convivían juntos y hasta tenían planes de boda”.

No me extraña que el redactor se equivoque; voy a comprobar a la RAE en mi ordenador y durante varios días me sale “la página de consultas no está disponible, vuelva a intentarlo en unos minutos”. Menos mal que funciona la aplicación para el teléfono móvil con el que convivo, es decir, que anda junto a mí permanentemente. He dejado la convivencia con el diccionario de papel, ¡es tan pesado!

Ha sido el noviembre asturiano pródigo en aguas, incluso hemos tenido madrugadoras precipitaciones de nieve, lo que ha puesto en primera plana las noticias sobre meteoros. Hoy en día, las personas que hacen las previsiones suelen acertar, los modelos matemáticos se han ido afinando, nos dicen con precisión a qué hora es conveniente llevar paraguas. Sin embargo, en ocasiones, falla el equipo de redacción. TVE, 28 de noviembre, aviso para las gentes de la mar: “Alerta por lluvia y olas de 8 metros en Coruña, Madrid y Cádiz”. ¡Menuda borrasca! Las barcas del Retiro puestas al pairo.

Días entrañables del paguitu. O sea, la paga extra con que aprovechan para asustar a los pensionistas, ¡esto se acaba, llega el apocalipsis! Entre tanto pesimismo dan una noticia positiva en otra cadena televisiva, de la que me informa rápidamente, vía Facebook, Rufino Ordóñez: “Dice A3 que el salario mínimo subió a 1.990 euros”. Menos mal que la errónea nueva fue emitida después de votar, sino ya tenemos denuncia ante la Junta electoral.

Días entrañables de ensamblar belenes. Los que montan los cuñados en las comidas copiosas y alcohólicas, y los de verdad, aquellos que han quedado guardados en cajas del año anterior. Eloísa Morales (gracias, cariño) me envía la foto, tomada en una tienda de chinos, donde se destaca el espíritu observador de los orientales. María y José de Nazaret han intentado adecentar la cuadra que les sirve de casa, y le han dado un entrañable toque. ¿Cómo puede haber un hogar cristiano sin un cristo colgado en la alcoba matrimonial? ¡Pues eso!

El entrañable belén

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