No se entiende bien, en ocasiones

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No se entienden bien, en ocasiones, algunos resultados del diario caminar. Por ejemplo, en este largo proceso electoral que hemos sufrido/gozado (según el color del cristal) fue necesario explicar por qué en una localidad asturiana gana para las europeas el PNV y en otra Puigdemont. Ciertamente, la población astur tiene un fino sentido del humor, pero en esta ocasión no fueron bromas colectivas de ciudadanos ociosos, sino chapuzas, para más inri, de una empresa privada contratada con dinero público para hacer una tarea pública; no se nos olvide.

No pudieron justificarlo como errores de recuento determinadas amistades de esta columna, sobrecogidas por los descalabros de ciertas candidaturas de izquierda; los menos finos enseguida dijeron que la gente es tonta, que vota a lo loco. ¡Bendita locura, que podamos seguir equivocándonos! Cuando menos en este sistema nos permiten aplicar un ERE a los ineptos, aunque sea cada cuatro años.

Una de las derrotas que sorprendieron a estos finos analistas fue la de IU/Podemos en Langreo. El indudable tirón del cabeza de lista fue insuficiente para tapar la mala imagen de algunos de sus miembros de su equipo; de los que antes de asaltar el cielo, asaltaron los sillones. En las anteriores municipales les pronostiqué “os han votado porque no os conocen, en cuanto os conozcan poneros en lo peor”.

La foto que se adjunta no fue la culpable, pero da idea de cómo se descuidan los detalles. Verá Usted, hace exactamente cuatro años, el portavoz de IU en la corporación langreana recibió una amenaza de expediente por tener una bandera republicana en la ventana de su despacho; pues bien, en un acto público de esta campaña apareció el que hoy manda en el partido con la bandera rojigualda en la camisa. Por si fuera poco sorprendente que hicieran la campaña en azul pepero, el adjetivo “española” subraya la chapa publicitaria. Difícil de explicar.

Tan difícil como la noticia de la TPA (29 de marzo) que habla de una de esas famosas donaciones de indianos. Según la persona que redacta la nota, la escuela de Figueras se debe a la generosidad del emigrante López Villamil, “que dejó una cantidad importante de dinero en su testamento para verla hecha realidad”. Yo no sé si habrá otros usos tradicionales en el occidente de Asturies, pero en general los testamentos se ejecutan al fallecimiento del testador, por lo que el pobre hombre, verla, lo que se dice verla…

El maestro Francisco García Pérez, regularmente leído y a veces hasta citado, habría quizá hecho una broma acerca de una redacción digna de tener en cuenta; o sea, en las exageraciones periodísticas actuales, antológica. Unos días antes, escribía en su columna semanal acerca de un gol cuyo autor consideraba genial, “odontológico”, decía el futbolero, orgulloso. Es preciso hablar de fútbol porque el mes ha traído noticias de finales de campeonato y ahora saldrán datos de fichajes; con las transacciones internacionales a veces surgen problemas de adaptación, como las del fallecido Reyes al clima inglés. O aquella que en el mismo artículo citaba García, en sentido inverso, un galés que aseguraba: “No pude acostumbrarme a vivir en Italia; era como estar en el extranjero”.

No nos quedamos a vivir, pero sí nos gusta visitar el extranjero de vez en cuando. Antes de las trivotaciones del 26 de mayo tuvimos ocasión de hacer un periplo Valencia-Barcelona-Londres-Castrillón; tuvo que ver con la Orwell Society, la Fundación Andreu Nin, la Marea Básica y la Basque Childrens of 37’ Association. Iremos, en publicaciones sucesivas, desgranando informaciones de la parte seria y algunas anécdotas de la parte lúdica. Ejemplo, el vuelo de Vueling (no es redundancia, creo yo) salió con retraso camino de Gatwich; una chica al lado preguntaba con nerviosismo a qué hora aterrizaríamos, “¡Es que tengo un tren comprado!”

Llegamos bien de tiempo, aunque la mujer salió a toda pastilla; me temo que realmente no hubiera adquirido todo el tren, sino solamente un billete. Las traducciones nos pueden hacer cambiar radicalmente el sentido de las frases, por eso es conveniente ponerlas en manos de profesionales, y no de un cuñado enteradillo.

Domingo, mercado en Candem Town; van llegando los buses y a media mañana ya se tropieza con los curiosos deambulantes. Es necesario un cierto orden; un pub orienta al público: “Por favor, no lleve sus bebidas más allá de este punto”. Cuando lo traduce al francés la expresión resulta incorrecta, y se han olvidado el educado “s’il vous plait”, tan querido de los pequeños bretones; aunque sirve para aclarar el sentido real de la instrucción: se trata de evitar que se saquen los vasos de vidrio a la calle, preocupación habitual en Londres.

No aciertan a verter la frase al italiano, y esperan que quien use ese idioma llegue a comprender la mezcla de su lengua con ingleses “drinks”. La versión en alemán y en español debió de tener la misma mano redactora, aparece como que “no hay bebida aquí”, situación más que curiosa en la terraza de un bar. Sencillamente, como en tantas ocasiones, no se entiende.

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