El arte como lenguaje universal

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Sandra Paula Fernández, artista
Sandra Paula Fernández, artista / Foto: Rosa Muñoz
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A la artista ovetense Sandra Paula Fernández le gusta un arte para las personas que genere nuevas experiencias y transforme el imaginario colectivo. Sus obras desprenden compromiso, pero no con una única causa sino con la vida y con todo lo que está vivo.

Dice que de pequeña no quería ser artista. Le gustaba dibujar, prueba de ello son las numerosas obras pictóricas que decoraban las paredes del desván de su casa donde jugaba con su hermana. Ella quería ser bióloga para salvar ballenas y osos polares. Sus obras reflejan a las princesas Disney al margen del estereotipo de mujer perfecta y sumisa. Sus cuadros, realizados a punto de cruz con anuncios de contactos extraídos de los periódicos o con situaciones reales vividas por mujeres, ponen voz a una realidad que muchas viven a diario. Sandra Paula Fernández no puede desligar lo que hace de lo que es, por eso sus obras hablan por sí mismas.

-¿Cómo fueron tus inicios en el arte?
-Me formé en la universidad de BBAA de Salamanca a la vez que recibía clases de dibujo en la Escuela de Arte de San Eloy con el pintor Joaquín Secall. También recuerdo todo el verano previo al examen de ingreso preparándome en el taller de José Manuel Legazpi, del que guardo muy buenos recuerdos. Mi trayectoria comprende varias líneas de investigación que van desde la aplicación de nuevas tecnologías y el uso que puede derivar de ellas, hasta trabajos donde prima lo manual y lo artesano. He participado en numerosas exposiciones y diversas ferias nacionales e internacionales tales como Estampa, JustMad, Context Art Miami o CIRCA Puerto Rico Internacional Art Fair de la mano de varias galerías como Espacio Líquido y Gema Llamazares en Gijón, Galería Liebre en Madrid y Galería Punto en Valencia.

“En los orígenes de la industria textil, se puede rastrear el trabajo de muchas mujeres con condiciones laborales muy duras y abusivas. Con el nacimiento del feminismo, es donde la voz de todas ellas se hace pública y se deja oír en la calle a través de las protestas y las manifestaciones”

-El confinamiento ¿fue un tiempo que fomentó o dificultó tu creatividad?
-Seguí trabajando durante el confinamiento desde casa, pero además tuve mucho tiempo libre para descansar, leer y ver películas.

-¿Ha influido en tus obras?
-Puede que no tanto en mis obras como en planificar la forma y los tiempos para llevarlas a cabo, pero todavía es pronto para saberlo. Ahora sé que quiero trabajar desde otros parámetros.

-¿Cómo se consigue la revolución con algo tan asociado a la condición femenina como las agujas y el bordado?
-Las mujeres siempre han cosido. Nuestras abuelas y aún nuestras madres siempre han empuñado la aguja para remendar un calcetín, elaborar un ajuar o para confeccionar un vestido. En nuestra sociedad patriarcal, coser ha sido una actividad reservada a las mujeres, hasta el punto de que existía una asignatura de costura para las niñas en los colegios destinada a prepararlas para ser futuras buenas amas de casa. Esta labor contribuía a la economía doméstica y proporcionaba cierta independencia económica a la mujer. Cuántas mujeres han sacado a sus familias adelante cosiendo en casa o para otros, costureras a domicilio que cobraban por labor terminada. Luego estaban los talleres de costura. Me gusta pensar que se estaba gestando una revolución silenciosa en este ámbito privado y doméstico, que luego saltó del hogar a la industria y de ahí a la calle a través de las manifestaciones. En los orígenes de la industria textil, se puede rastrear el trabajo de muchas mujeres con condiciones laborales muy duras y abusivas. Con el nacimiento del feminismo, es donde la voz de todas ellas se hace pública y se deja oír en la calle a través de las protestas y las manifestaciones.

El 8 de marzo de 2019, el tapiz #todxsauna recorrió las calles de Madrid sobre un andamio
El 8 de marzo de 2019, el tapiz #todxsauna recorrió las calles de Madrid sobre un andamio / Foto cedida por Sandra Paula Fernández

-¿Qué supuso para ti la creación del tapiz #Todxsauna, la revolución a golpe de aguja?
-Todo fue por cómo se gestó la pieza. La idea surge en la manifestación del 8M del 2018 en Madrid. Quise recoger de algún modo la energía que electrizaba la calle durante la protesta y empecé a fotografiar todos los lemas feministas de las pancartas. Se me ocurrió la idea de bordarlos en un gran tapiz, para hacer un homenaje a todas esas mujeres que recogían el testigo de aquellas que las habían precedido, muchas de ellas, olvidadas o silenciadas. El 8 de marzo de 2019, recorrió las calles de Madrid sobre un andamio gracias a la generosa ayuda de varias amigas que se implicaron en el proyecto. También se colgó en la fachada de La Ingobernable, un espacio social auto gestionado, para protestar por su desalojo. En estos momentos, “Todxasauna” forma parte de la Colección del CA2M de la Comunidad de Madrid.

-¿Realmente “Las mujeres malas lo hacen todo por las buenas”?
-Este es un verso precioso, que forma parte del poema, Las mujeres buenas no tienen agujeros, escrito por dos queridos amigos, el poeta Abraham Grajera y el artista Toño Fernández (MitoTomi), para una exposición que hice en el año 2005 en la sala Borrón. Dice así:

Las mujeres buenas no tienen agujeros
Porque son para uso tópico,
Las mujeres malas como bárbara por detrás
Las mujeres buenas van al cielo, o a París
Gingko biloba be my baby!
¿me está hablando de ud.?
¿se trata de courtney?
Sí, se trata de courtney love.

Las mujeres
malas lo hacen
todo por las
buenas.

Pintar es un verbo a veces transitivo, a veces no.
La moda es participio. Los hombres son fonema.
¿Es contradictorio decir “ropa interior”?
¿Hasta qué punto están en todas partes?

Y si encontramos el camino de baldosas amarillas…
adiós hombre de hojalata
Y si acabamos con mantequilla…

“Quise mostrar a Blancanieves en todo tipo de situaciones y vivencias para borrar esa aureola de santurrona y de niña buena que la asfixiaba como un corsé. Romper con lo femenino hizo crecer al personaje”

Obra I am sexy! de Sandra Paula Fernández
Obra I am sexy! / sandrapaula.es

-¿Por qué las princesas Disney son las protagonistas de tus obras?
-Nunca me he sentido identificada con los estereotipos de género que ha reproducido la factoría Disney a través de sus princesas. Hasta hace pocos años se las presentaba como mujeres inmaduras, que necesitan tener un príncipe azul a su lado para realizarse y ser felices. Su papel siempre era secundario. Las princesas de mi infancia tenían los ojos grandes y la cintura demasiado estrecha, siempre bien peinadas, bien maquilladas… y muy blancas. Blancanieves, fue la primera y es la más anodina de todas. Cumple con todos estos estereotipos de mujer-niña, dulce, sumisa y apocada que hará todo tipo de tareas domésticas para que los enanitos le permitan quedarse en la casita del bosque. Yo no respondía a estas expectativas y nunca quise ser una princesa. Decidí desquitarme, romper este molde y mostrarla en todo tipo de situaciones y vivencias para borrar esa aureola de santurrona y de niña buena que la asfixiaba como un corsé. Romper con lo femenino hizo crecer al personaje. Ahora, no se le pone nada por delante y hace lo que le da la gana.

-¿En tus obras apuestas más por la estética o por cuestionarte cosas y plantear reflexiones?
-Me interesan las dos, no tienen por qué ser excluyentes, pero siempre parto de la idea de que “Sin ética no hay estética”. Estoy pensando en el Accionismo Vienés de la década de los 60 o en el sobrevalorado tiburón de Damien Hirst, que ya ha tenido que ser reemplazado varias veces porque se está pudriendo.

-Ecologismo y feminismo son dos pilares fundamentales en tus obras. ¿En qué punto se dan la mano?
-Dos proclamas que bordé en #Todxsauna: “Ni la tierra ni las mujeres somos terrritorio de conquista”, porque sintetiza el llamado ecofeminismo de la supervivencia de América latina al plantear debates acuciantes sobre tierras, cuerpos y representaciones. La segunda, con la que también me identifico y que para mí enlaza con el movimiento Queer: “La tierra no es vuestra, nuestros cuerpos tampoco”, porque atraviesa como punta de lanza la división dual sexo/género auspiciada por el capitalismo y la dinamita.

Tapiz #todxsauna, de la artista Sandra Paula Fernández
Tapiz #todxsauna / Foto cedida por Sandra Paula

-¿De cuál de todas tus obras te sientes más orgullosa?
-#vivasnosqueremos#cuéntalo, supuso una implicación muy grande a nivel emocional. Formó parte de la exposición “Equivocada no es mi nombre. Arte contra la violencia machista”, comisariada por Semíramis González para Laboral en Gijón. Son sesenta cuadros bordados a mano entre flores y textos extraídos de la red social Twitter, donde se pueden leer experiencias reales de violencia sobre la mujer agrupadas bajo el hashtag #cuéntalo impulsado por la periodista Cristina Fallarás. Algunos testimonios eran muy duros e impactantes.

-¿Tus obras te definen?
-Para mí es imposible desligar lo que hago de lo que soy.

-¿El arte debe transcender los museos y los espacios cerrados para conquistar la calle?
-El arte nace y respira fuera de las instituciones, aunque su sombra sea alargada, a través de las acciones sociales y las plataformas digitales. Existe vida más allá de museos y galerías. Si hablamos de la capacidad que tiene el arte como herramienta para transformar la sociedad, por qué no revitalizar y enriquecer el espacio urbano a través del arte. Posibilitar un arte para las personas que genere nuevas experiencias y transforme el imaginario colectivo.

“Estamos tan volcados en el mundo exterior que nos hemos olvidado por completo de nuestro mundo interior”

-El arte ¿tiene que ser una herramienta para interpretar la realidad? ¿Debería ser un elemento que nos obligue a la reflexión?
-Sí, el arte es una herramienta más que nos puede aportar una serie de claves para cuestionar, valorar o acercarnos si quieres a esa realidad construida entre todos, pero no me gusta pensar que el arte pueda obligar a nada, porque parece que jugar es menos serio que reflexionar y las dos posibilidades pueden generar respuestas igualmente válidas.

-Para aprender a ver, ¿hay que pararse y parar el ritmo de vida que llevamos?
-Estamos tan volcados en el mundo exterior que nos hemos olvidado por completo de nuestro mundo interior. Detenernos, darnos tiempo para cerrar los ojos y volcar nuestra mirada hacia adentro, hacia lo esencial. Tal vez descubramos cosas sorprendentes.

-El ser humano, por naturaleza ¿es constructor o destructor?
-El ser humano es sobre todo creador y constructor de lo humano y en su egomanía se cree realmente el centro y origen de todo olvidándose del resto de los individuos sintientes que habitan el planeta. Esa construcción que lleva aparejada tamaña destrucción de recursos naturales y de vidas, no la comparto.

“Creemos que somos libres, lo damos por hecho sin embargo son pocos quienes practican realmente esa libertad. Las decisiones que tomamos muchas veces no se corresponden con la expresión de nuestros propios valores, que por otra parte también tenemos que ponerlos en tela de juicio porque son valores heredados”

-Artista-Obra-Espectador, ¿debe haber un vínculo que conecte a estos tres elementos?
-Si lo hay, lo interesante es que ese vínculo sea fluido y no rígido. Ninguna interpretación de la obra puede darse por definitiva.

-¿Alguna vez hemos sido más o menos libres que ahora?
-Esa pregunta tiene trampa. La libertad interior no depende de nada ni de nadie más que nosotros mismos y tiene que conquistarse todos los días. Por otro lado, creemos que somos libres, lo damos por hecho sin embargo son pocos quienes practican realmente esa libertad. Las decisiones que tomamos muchas veces no se corresponden con la expresión de nuestros propios valores, que por otra parte también tenemos que ponerlos en tela de juicio porque son valores heredados que parten de un entorno y de unas circunstancias previas que no hemos creado nosotros.

-Para entender una obra ¿hay que sentirse libre?
-Esta pregunta hace referencia a cómo vemos una obra de arte y como nos acercamos a ella. Hay tantas miradas y modos de ver como obras de arte y periodos artísticos. No es lo mismo contemplar una obra impresionista que se posiciona contra el academicismo y fragmenta la pincelada como respuesta a la luz cambiante que una obra surrealista que orienta la mirada hacia la subjetividad del individuo hacia lo que no se ve. Pero creo que no es necesario tener todo eso en cuenta cuando vamos a una sala de exposición. Esto forma parte del bagaje cultural de cada espectador. Para mí, la mejor manera de acercarse al arte, es a través de la emoción estética y no del intelecto. Acercarnos a la obra con la mirada de un niño y dejarnos seducir por ella.

“La idea del artista como un ser iluminado, segregado de la sociedad, es una idea romántica que no tiene cabida en un mundo interconectado y cada vez más pequeño”

-Tu mundo exterior y el interior ¿se unen en el arte?
-En cierta forma sí. Podría decirse que el arte es un destilado que nace de la confrontación de ambos mundos.

-¿Cuál es la responsabilidad de un artista respecto a la sociedad?
-La responsabilidad social nos incumbe a todos como personas, no tiene que ver con la profesión que desempeñes. La idea del artista como un ser iluminado, segregado de la sociedad, es una idea romántica que no tiene cabida en un mundo interconectado y cada vez más pequeño. Desde la práctica artística se puede abordar este tema aportando soluciones creativas, iluminando grietas engañosas, descubriendo caminos alternativos o menos transitados. Las posibilidades son múltiples, pero no se pueden limitar únicamente al mundo del arte. Todos somos copartícipes en esta responsabilidad, no sólo los artistas.

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