Un agitador folclórico llamado Rodrigo Cuevas

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Rodrigo Cuevas
Rodrigo Cuevas / Foto: @lacostastudio
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Habíamos quedado con él para que nos hablase de La Benéfica, un proyecto cultural innovador que quiere poner en marcha -junto a dos socios más- en el concejo donde vive, Piloña, pero se cuela en nuestra agenda otro tema con más prioridad: acaban de concederle el Premio Ojo Crítico 2021 de RNE en la categoría de música moderna. La ceremonia de entrega tendrá lugar en primavera. Con sus sentimientos a flor de piel y el corazón en la mano, nos comparte sus primeras sensaciones.

-¡Enhorabuena, Rodrigo!
-¡Qué bien, gracias!

-Premio Ojo Crítico a “un artista carismático, multidisciplinar que ha apostado por traer al siglo XXI la tradición y el folclore asturiano”. ¿Cómo se queda uno después de un reconocimiento así?
-Estaba loco, me temblaba todo, fue una sorpresa total. No hay nominaciones ni nada que te vaya preparando para algo así. Estaba con otra llamada y me deja un mensaje Laura Barrachina, jefa del Área de Cultura de los Servicios Informativos de RNE, diciendo que la llame cuanto antes. Y cuando lo hago, me dice que me pone en altavoz, y oigo a todo el jurado emocionado darme la enhorabuena. ¡No me lo creía, pensé que estaban de coña!

“No tengo como objetivo los premios por eso creo que cuando llegan los disfrutas más porque no los esperas”

-Reconocen tu trabajo realizado “desde la provocación y el riesgo estético”. Supongo que por esto mismo habrás recibido un sinfín de críticas a lo largo de tu carrera. ¿Cómo lo has llevado? ¿Crees que ha merecido la pena?
-Fíjate, no lo había pensado así, pero tienes razón. He recibido tantas críticas, insultos…, me han echado tanta basura encima que precisamente el hecho de que este premio destaque eso en concreto, me llena de alegría, ¡qué quieres que te diga! Y sí, creo que merece la pena.

-¿Estás en el lugar que quieres estar?
-No suelo pensar en concreto dónde me va a llevar una canción, o una actuación. Mi objetivo más inmediato ahora es terminar esta gira, hacerlo bien, y lo siguiente será sacar un disco bueno, si es mejor que Manual del Cortejo, pues genial. Me gusta investigar continuamente, sorprenderme a mí mismo, y por supuesto al público. Pero no tengo como objetivo los premios, nunca me han llamado esas cosas, por eso creo que cuando llegan los disfrutas más porque no los esperas.

“He recibido tantas críticas, insultos…, que precisamente el hecho de que este premio destaque ‘un trabajo realizado desde la provocación y el riesgo estético’, me llena de alegría, ¡qué quieres que te diga!”

-¿Cómo consigues sorprenderte a ti mismo?
-Lo decía el otro día Marina Abramovic en un encuentro con el público que tuvo lugar en el Jovellanos organizado por la Fundación Princesa de Asturias. Decía que un artista tiene que estar siempre sorprendiendo, a sí mismo y al público. Porque si te repites, estás medio muerto el resto de tu vida y en eso estoy de acuerdo. Tienes que sorprender porque si no te conviertes en un rollo patatero para ti -que es algo muy desmoralizante- y también para los demás. Sorprendes cuando das rienda suelta a tu creatividad, sin temor a romper fronteras, a dejar de aprender continuamente, sin complejos y siendo fiel a tus raíces. Creo que el riesgo en la música es necesario para seguir creciendo. Cuando te sorprendes a ti mismo es cuando más motivación encuentras para seguir hacia adelante.

-¿Crees que el lenguaje artístico tiene capacidad de crear conciencia?
-Sí, y al mismo nivel que otras cosas que consideramos que tienen más capacidad de crear conciencia. El lenguaje artístico surge, provoca una reacción y no es algo que venga impuesto de arriba. Es complementario a la educación de la sociedad, no está atado a la corrección y por eso puede llegar mucho más al fondo de las cosas y mostrarlas a modo de espejo.

“Todo lo que me interesa artísticamente está en el pueblo: la música tradicional, el baile, las historias. Esa mezcla la hay en los pueblos y me parece la ideal para criarse”

Rodrigo Cuevas
Foto: @lacostastudio

-Tus actuaciones son una fusión de lo rural, con la tradición, el folclore, lo intergeneracional… todo es cultura.
-Sí, es nuestra cultura. Todo lo que me interesa artísticamente está en el pueblo: la música tradicional, el baile, las historias. Esa mezcla la hay en los pueblos y me parece la ideal para criarse. Un maravilloso entorno natural, alimentado por el concepto de aldea, de comunidad; un espacio en el que hay muchos referentes de todas las edades, donde cada uno tiene su sitio; donde todos se conocen por el nombre y comparten la cultura por encima de cualquier ideología. Todo ello produce una amalgama muy interesante y necesaria para la sociedad. Eso me gusta reflejarlo en los conciertos y creo que hasta cierto punto lo consigo porque veo a una variedad tremenda de público y eso me flipa. Me gusta trabajar desde ahí.

-Con frecuencia dices que te gusta crear comunidad desde el arte. ¿Es La Benéfica un ejemplo?
-Tiene muchos ingredientes: comunidad, es intergeneracional, un ejemplo de la autoestima colectiva de esta comarca despoblada, la demostración de que se pueden hacer muchas cosas en el medio rural y así poder ponerlo en valor. En cierta forma, esta experiencia ya la había experimentado. Vivo en el entorno rural desde hace catorce años y aquí me realizo socialmente, hago lo que quiero. Los que vivimos en el pueblo lo hacemos porque nos da la gana. Lo más fácil hubiera sido coger la maleta, marchar para la ciudad y trabajar para otra persona. Y no lo hicimos, pero no porque no tuviéramos otra cosa si no por decisión propia, así que ¡disfrutemos del trayecto! En el huerto al lado de la casa plantamos unas lechugas, unos tomates; viene el confinamiento y tenemos aire libre; hace frío y cogemos leña… tenemos de todo. Hay menos regulación de las cosas, de los espacios comunes, todo aquí está más vivo. La Benéfica viene a habitar este lugar.

“Queremos que La Benéfica sea algo más amplio que un teatro, un espacio para exposiciones, performances, talleres, cosas que incidan en el pueblo y ayuden a construir una Piloña más rica en todos los aspectos”

-Seguro que pasaste delante de este edificio un montón de veces y te pasó desapercibido… ¿Qué te hizo centrar la mirada?
-Pues te sorprenderá… pero nunca lo había visto. Regresé de un viaje de Menorca con una idea que no me podía quitar de la cabeza y sé que cuando me pasa eso tengo que darle salida: había que abrir un espacio cultural en Piloña. No tenemos teatro ni un lugar donde poder organizar cosas bajo techo. Me puse a mirar naves en venta, pero eran horribles. Así que me fui de paseo con Nacho Somovilla -otro de los socios de La Benéfica junto a Sergi Martí- a ver edificios abandonados. Hasta que al final vi un tejado a lo lejos y cuando llegamos, fue un flechazo a primera vista. No sabíamos ni que había sido antes un teatro, cosa que nos facilitó mucho el papeleo. Además, está en una zona céntrica de Infiesto, la capital del concejo, para que pueda ganar vida y también la genere a su alrededor. Queremos que sea algo más amplio que un teatro, un espacio para exposiciones, performances, talleres, cosas que incidan en el pueblo y ayuden a construir una Piloña más rica en todos los aspectos.

-Y además nace con altas expectativas: convertirse en un centro cultural de categoría como podría ser el Niemeyer de Avilés o La Laboral de Gijón.
-(Risas) Eso fue una broma que dijo Marta, una de las vecinas que sale en el vídeo promocional que hicimos y era un poco de coña. Queremos tomar el camino contrario de estas grandes apuestas. No queríamos tener una superficie tan grande que luego no fuésemos capaces de darle contenido. Nuestra intención es ir poco a poco arreglando lo necesario, sin proyectos grandilocuentes a nivel económico, ni estructural, ni arquitectónico. Queremos convertir a este edificio de 1926 que fue sede de la antigua Sociedad La Benéfica y que da nombre a nuestra asociación, en un espacio escénico y expositivo de referencia. Tenemos entre manos un proyecto muy chulo, pero en la justa medida de lo que necesitamos.

Teatro La Benéfica
Teatro La Benéfica / Foto: José Ramón Cuesta

-Y para llevar a cabo esas primeras obras de restauración pusisteis en marcha una campaña de crowdfunding (micromecenazgo) para buscar financiación que justo acaba de terminar.
-Sí, quisimos hacer una llamada general y abierta a la participación para todo el que quisiera contribuir. Necesitábamos 94.000€ y hemos conseguido 100.000€. Este dinero nos servirá para financiar una primera fase de arreglos, que queremos que sea el tejado porque tiene muchas goteras, para así poder empezar a hacer alguna cosa. Después iremos a una segunda fase para continuar con la reconstrucción. Este era un sueño y gracias al apoyo de muchos puede hacerse realidad. La Benéfica no solo tendrá un importante impacto en Piloña sino también en el resto del territorio, será un lugar donde intercambiar experiencias.

-¿Cómo está siendo la implicación de los vecinos?
-Están a tope. Hay muchas expectativas puestas y sobre todo ilusión. Nos lo dice el alcalde, la gente de los comercios, está todo el mundo esperando a que pase algo. Será algo muy importante para el concejo. Desde que compramos la nave, el apoyo y el entusiasmo de los vecinos ha sido impresionante. La reconstrucción de este edificio supone también recuperar una parte de la historia de Infiesto y, por tanto, de Piloña. Será un centro de cultura y arte que aúne vanguardia y tradición.

“La reconstrucción de este edificio supone también recuperar una parte de la historia de Infiesto y, por tanto, de Piloña. Será un centro de cultura y arte que aúne vanguardia y tradición”

-¿Por qué crear una asociación para llevar a cabo este ambicioso proyecto?
-Fue sobre todo para tener una entidad jurídica desde la que poder trabajar. Esto no es el modus vivendi de ninguno de los tres socios fundadores, ni tampoco lo será. No nace con vocación de empresa con la que ganar dinero. Crearemos algún puesto de trabajo y si genera algún beneficio se reinvertiría en programación, en seguir restaurando este espacio, poner calefacción o lo que necesite. Pensar en una fundación nos parecía que nos quedaba grande, así que al final nos decidimos por una asociación. Los tres habíamos tenido otras experiencias muy positivas, nos gusta el tejido asociativo y pensamos que desde aquí se pueden trabajar muchas cosas, es un complemento perfecto con las instituciones públicas. Las asociaciones son como las venas del cuerpo, son finas, son muchas, contribuyen a que la sangre circule, pero llegan a todos los rincones.

-¿Cómo te encuentras más cómodo, encima de un escenario o participando en este otro tipo de acciones?
-En el escenario me lo paso superbién, siento que domino mucho la escena, disfruto y no tengo nada de nervios: es un ejercicio de complicidad con el público, les doy lo que quieren. El teatro me da mucho subidón. Ahora, lo de trabajar hasta la extenuación me sale haciendo cosas por el pueblo. Como el festival musical “Una señora fiesta” que hacemos en Vegarrionda (Piloña), donde se mezcla romería al más puro estilo tradicional con un festival que incluye conciertos, barras, puestos de comida… Eso me motiva tanto que no siento ni cansancio.

“Con La Benéfica quiero devolver todo lo que me ha aportado el folclore y la tradición a mi vida artística y personal”

-Comentas que la singularidad está en los pueblos. ¿Por qué crees que la siguen conservando?
-El haber estado en Rodiezmo (León) de pequeño con mi güelu pasando los veranos fue definitivo en mi forma de pensar y en mi vida. Me encantaba estar allí. Sé que hay cosas que están en los pueblos que si estuvieran también en las ciudades la gente pensaría de otra forma. Ese entorno hace a la gente más amable, hace al espacio mucho más fácil de habitar. Todo lo que hoy muestro encima de un escenario es gracias a lo que me han enseñado toda la gente que he conocido en los pueblos. Sobre todo, las señoras, cantándome las canciones… Todo ese patrimonio está sin pagar. ¿Quién paga a esta señora que ha guardado esta canción que cantaban sus antepasados? Nadie ha pagado por este acervo cultural y en cambio nos beneficiamos de ello.
Yo, por ejemplo, hago una versión de El día en que nací yo y tengo que pagar derechos de autor cada vez que la canto. Y en cambio con estas otras canciones no tengo forma de devolverlo. Creo que los que hacemos folclore debemos de devolverle al pueblo de alguna forma todo esto. Cada uno tiene que buscar cómo.

-Es una forma de mantener viva la memoria…
-Hay que alimentar esa rueda para que siga funcionando. Las nuevas generaciones han de escuchar a sus abuelas y velar porque esas canciones se sigan cantando. Con La Benéfica quiero devolver todo lo que me ha aportado el folclore y la tradición a mi vida artística y personal. Quiero generar cosas para que esta maravillosa rueda siga funcionando. La idea es que toda la riqueza conseguida vuelva a reinvertirse en el proyecto para que todo revierta en el pueblo.

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