Osos, Lobos y Santos protectores

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La leyenda de los Alas y el castillo de Gauzón
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Ya comentamos, en alguna ocasión, desde estas páginas la leyenda de la Colegiata de Sta. María d’Arbás, pasando el Puertu Payares. En ella se cuenta que los canónigos llevaban la piedra para su construcción desde el Picu Tres Conceyos, cargada en un carro tirado por dos bueyes, hasta que un oso mató a uno de los animales.

El canónigo Pedro hizo un milagro y unció al oso al carro para terminar la obra. Y así aparecen talladas las cabezas del buey y el oso a la entrada. Similar leyenda se encuentra en la vida de San Froilán construyendo la ermita de Valdorria, cargando la piedra a lomos de un burro. Un lobo devorará al animal y San Froilán le obligará a cargar la piedra para terminar la capilla. En Asturies era costumbre invocarle contra los lobos diciendo: «San Froilán prende al llobu y ceba’l can».
En Europa aparecen muchos santos con esta iconografía domando osos o lobos. En Normandía encontramos a San Austreberte, que hacía la capilla del bosque de Jumièges cuando un lobo devoró su asno. La misma historia se narra en la construcción de la iglesia del Mont Saint-Michel. También con un lobo tiene que vérselas San Opportune y San Remado de Stavelot (Bélgica), así como San Gens y San Hervé (Bretaña). En Alemania, el primer arzobispo de Freising debe aparejar la carga que llevaba su burro, a lomos de un enorme oso, al igual que San Amand (Francia). Korbinian es representado junto al oso que lleva su equipaje. San Viance en Corréze aparece con un carro tirado por un buey y un oso. En la vida de San Gall, un oso le ayuda a construir la ermita de forma milagrosa, en la Suiza oriental. Y un oso y un buey tiran de un carro funerario en San Ariege (Alpes Marítimos).

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Oso llevando el equipaje de San Amand (Maastricht 647-675) en una miniatura medieval.

En realidad todas estas historias pretenden ser una metáfora de la nueva religión, el cristianismo, doblegando a la vieja religión pagana de Europa, donde osos y lobos aparecen como verdaderos genios y señores del bosque, del espacio no humanizado ni controlado por el hombre, lugar donde en tiempos pretéritos se rendía culto y que el cristianismo asumió con la construcción de capillas y santuarios en los antiguos lugares de culto. Así pues la historia asturiana de la Colegiata de Santa María d’Arbás comparte una misma iconografía europea que obtuvo su máxima difusión en los siglos XII y XIII, aunque la mayor parte de los «santos» referidos sean del siglo VIII-IX. §

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