Belmonte de Miranda. Territorio activo

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Camín Real de la Mesa
Camín Real de la Mesa. /Foto: Ayto. de Belmonte
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Es un pequeño concejo rural, a unos bien comunicados sesenta kilómetros de Oviedo, y en la ruta al vecino Parque Natural de Somiedo. Un municipio tranquilo y verde, famoso por su gastronomía, y con un inagotable patrimonio histórico y cultural por descubrir. La gran novedad de este año es la apertura de la Casa del Lobo, que sirve como puerta de entrada para descubrir las muchas posibilidades turísticas de un territorio que lo tiene todo para destacar.
Por tradición, es lugar de paso. El Camín Real de la Mesa es sólo el itinerario más visible de una interesante red de caminería, compuesta por pequeñas y grandes rutas de senderismo. Turísticamente, Belmonte de Miranda ha aprovechado siempre su condición de alto en el camino a Somiedo, que con su Parque Natural atrae a un importante número de visitantes. Y gran parte de ellos paran a comer en Belmonte, que para eso se ha creado una merecida fama de combinar calidad y precio.
Sin embargo, en el concejo hay ganas de más. Una intención clara de pasar de ser una parada en el camino a ser destino final. Motivos existen, y en los últimos años se está haciendo un interesante esfuerzo por hacerlos notar, organizando una oferta turística coherente y atractiva, que ahora se estructura en torno a la nueva Casa del Lobo. Falta pues que despunten las propuestas de turismo activo, en una zona que tiene todo lo necesario.

A pie de cumbre

El paisaje montañoso de la zona alberga una considerable ganadería de vacuno, elemento fundamental en la economía del concejo y fuente además de tradiciones y costumbres cuyas raíces se remontan muy atrás. La trashumancia de los pueblos de invierno a los de verano es el origen de una cultura vaqueira que aquí se ha conservado con orgullo. La Alzada Vaqueira, mercado tradicional que se celebra todos los agostos, reúne a cientos de personas que buscan rememorar o conocer los modos tradicionales de este mundo propio y diferenciado.
En Belmonte se mantienen tradiciones perdidas en muchas partes de Asturias; mientras en otros lugares hacen esfuerzos por recuperarlas, aquí se han conservado sin estridencias. No es sólo el mundo vaqueiro, sino prácticas como el cultivo de la escanda, que ha hecho famoso el pan y la repostería de la zona, y por supuesto la minería del oro, fundamental para comprender la historia y el paisaje, que ha sido modelado por la mano del hombre durante milenios. Actualmente existe una explotación abierta, que da empleo a los belmontinos y continuidad a unos trabajos que se remontan hasta la prehistoria, y que vivieron su gran auge en la época romana. Para conocer todo este patrimonio, en la villa de Belmonte se puede visitar el Aula del Oro.

Bajando al valle

En Belmonte no hay cota cero, pero casi. Desde las cumbres más altas se puede descender hasta los valles de los ríos Narcea y Pigüeña, conocidos por su caudal pesquero y por la riqueza de sus vegas y huertas: es la zona de la ría Miranda. El caudal del agua acompaña el paisaje y marca las costumbres, especialmente para los aficionados a la pesca, que vienen buscando truchas y salmones en los diferentes cotos disponibles. Además, la Real Asociación Asturiana de Pesca Fluvial imparte clases de pesca en Selviella todos los fines de semana de la temporada.
El sonido del agua acompaña también el descanso en las dos áreas recreativas del concejo: las Llavanderas, en Selviella, punto de descanso de la ruta Salmones Arriba, junto al lugar de desove de los salmones; y Vigonzález, donde se puede disfrutar de la sombra de castaños milenarios.

Caminos de siempre

El Camín Real de la Mesa fue, hasta el siglo XIX, una de las vías de comunicación más transitadas entre Asturias y la Meseta. El Camín original, de cerca de sesenta kilómetros, nace en Grado y atraviesa Belmonte de Miranda, Teverga y Somiedo hasta entrar en León. El único poblado que se encuentra en todo el recorrido es Dolia, punto tradicional de “posada, lumbre y agua” para los caminantes. El Camín se utiliza al menos desde tiempos de los romanos, y su uso ha quedado hoy restringido a deportistas que buscan revivir los pasos de la caminería tradicional.
Por eso, Belmonte es un filón para el caminante, con rutas de senderismo de diferentes niveles de dificultad: La Escrita, La Castañal, Salmones Arriba, la Ruta Vaqueira, la del Alto la Brueba, la Ruta Arqueológica… De todas ellas informan en la Oficina de Turismo, situada en la capital del concejo, ofreciendo una buena manera de conocer todo el patrimonio belmontino: bosques, miradores, pueblos, iglesias, casonas solariegas, brañas, huellas arqueológicas, y mucho más. Pinche aquí para ver más reportajes de este concejo

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