El Franco. Paleta de colores

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Playa de Porcía en El Franco.
Playa de Porcía / Foto: Fusión Asturias
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Púrpuras, blancos y malvas en las hortensias que jalonan las entradas de las fincas. Turquesas y zafiros serenos que se tornan bravos grises en el mar. Verdes, rojos y naranjas en las productivas huertas. Dorados en la arena de la playa y el cielo que atardece. El Franco nos anima con su particular colorterapia.

Los habitantes del concejo saben dónde las características del entorno se conjugan para formar un lugar mágico, ése en el que no cuesta esfuerzo sentirse fuera del tiempo. Allí, las luces y las sombras dan lugar a diversas tonalidades de color, combinadas con una belleza única del paisaje. Eso sucede por ejemplo en el Valle Feliz, ubicado en las Cuevas de la Andina. El visitante que conoce el camino encuentra en este lugar cuevas horadadas por los romanos en busca de oro y ruinas de una antigua fortificación. Entre las maravillas del concejo, otra de las zonas preferidas es Porcía. También aquí es tenue el velo entre la realidad y el paraíso. Lo más emblemático es su playa con forma de concha: brillantes azules, verdes y grises de diversos tonos nos invitan a bañarnos en las tranquilas aguas que descansan sobre la arena blanquecina. Este parque-playa cuenta con nuevos servicios, como 190 aparcamientos, sendas peatonales y un área recreativa. Pero el entorno de Porcía se completa con una alameda y un río sobre el que los árboles de la ribera descuelgan sus ramas, permitiendo que sus hojas acaricien la superficie del agua. Pesca, natación, playa, música y romerías se suceden aquí a lo largo del verano.
El pueblo de Viavélez, por su parte, nos muestra un pasado marinero que se desarrolló al son del Cantábrico y los elementos. El tipismo de sus casas, que se descuelgan por las paredes de roca, acompañado del sonido insistente del mar, nos transmite fácilmente la magia del Cantábrico a fuerza de pinceladas blancas que contrastan con intensos colores marinos.
Hacia el interior, los grises y ocres de los molinos, cabazos y casas típicas de piedra, se pierden entre los intensos verdes del prado, salpicados por flores multicolores y sobre todo productivas huertas.
Cansados de fijar la vista en lo concreto, quien desea relajarla en el horizonte dispone de los acantilados de Cabo Blanco y el Mirador de la Atalaya, para sentirse en otro lugar fuera de esta tierra. Pinche aquí para ver más reportajes de este concejo

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