Nava. Naturaleza espectacular

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Vista desde Pico Trigueiro, techo de Nava
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¿A quién no le gustaría perderse en la naturaleza, admirar el paisaje, respirar aire puro y desconectar del mundanal ruido? Una de las grandes apuestas del Ayuntamiento de Nava es convertir su entorno en espacios preservados donde todo el mundo pueda disfrutar de manera sostenible. Aquí van algunas propuestas.

La última edición de La Vuelta Ciclista contó con un final inédito hasta el momento: el final de la décimocuarta etapa en Les Praeres (Nava) coincidiendo con el 8 de septiembre, Día de Asturies. El serpenteo de curvas en esa carretera estrecha que miraba al cielo, con rampas de hasta del 17% que lo exigían todo a lo largo de casi cinco kilómetros, mantuvo a los espectadores en vilo aquel día. Aquello proyectó una vez más la imagen del Paraíso Natural al mundo pero además, puso en valor esta admirable majada de Les Praeres en la sierra de Peñamayor que bien merece una visita.
Se accede a este maravilloso lugar por la carretera de Nava a Piloñeta y en este pueblo se toma una estrecha carretera de montaña que nos llevará directamente hasta este impresionante mirador del centro y oriente asturiano. Las vistas son espectaculares.
Desde aquí parten numerosos senderos que invitan a realizar distintas excursiones con diferentes grados de dificultad en las que vamos a disfrutar de impresionantes panorámicas.

Senderismo por el corazón de Asturias
Denominada por muchos “la pequeña Ruta del Cares”, las Foces del Río Pendón son un espacio perfecto para disfrutar de la naturaleza en estado puro. Geología, bosques, paisajes e historia se dan la mano a lo largo de una ruta circular en la que se recorren algo más de diez kilómetros con 350 metros de desnivel.
El itinerario parte de Fuensanta, pasa por el Colláu de La Canal, Mayao Pastor y regresa de nuevo a Fuensanta tras cuatro horas de camino por un territorio de esencia puramente asturiana. Existe la opción de poder recorrerla en bici salvo el tramo de la subida al Mayáu Pastor en el que seguramente habrá que echar pie a tierra.
La ruta, que es circular, comienza en el antiguo balneario de Fuensanta hoy convertido en planta embotelladora. En esta ocasión tomaremos el camino de la derecha. Poco después cogemos la bifurcación en la misma dirección para acceder a la pista que asciende hacia Tabléu. Tras caminar dos kilómetros llegamos al Mayáu Pastor donde disfrutaremos de un paisaje donde el verde se funde con las cabañas que utilizan los pastores de la zona en los meses de primavera y verano cuando suben el ganado. Ahí también encontramos una pequeña fuente donde se puede coger agua. Un poco más adelante alcanzamos la parte más alta de la ruta desde la que podremos divisar las Foces del Río Pendón hacia las que nos dirigimos recorriendo el camino de Les Vueltes. El siguiente tramo discurre paralelo al río. Después de atravesar varios puentes, uno de ellos el puente Pendón, vamos a caminar por un sendero labrado en la roca mientras escuchamos el sonido del agua.

Río Pendón / Foto: Fusión Asturias

Esta es la parte más bonita de la ruta que nos adentra de lleno en las Foces, donde vamos a estar rodeados de bosques de robles y hayas centenarias que podremos acariciar y también nos servirán de excusa para hacer un alto en el camino y disfrutar de un buen tentempié. Este lugar está considerado como uno de los parajes más bellos de Asturias por su salvaje virginidad y por haberse mantenido intacto a lo largo de los siglos.
Poco después llegamos a Les Meceures, allí se puede disfrutar de una cascada que cae contra el camino. Nuestra ruta continúa hacia el Colláu Los Fornos donde concluye la senda.
Un camino descendente nos conduce de nuevo a la embotelladora de Fuensanta, inicio de la ruta.
La naturaleza ha regalado a este concejo estas foces, consideradas por muchos como el pequeño Cares: todo un obsequio de la madre naturaleza.

Caminando entre agua
Ideal para hacer con niños, la Ruta de la Ribera del Río Peña, de escasa dificultad, tiene cinco kilómetros de recorrido, un desnivel de 150 metros y se puede realizar con tranquilidad en dos horas y media aproximadamente. Esta ruta circular parte de un punto próximo al pueblo de Piloñeta, concretamente de un aparcamiento situado en las cercanías del río Pra donde dejaremos el coche y comenzaremos la aventura.
Casi al inicio de la senda nos encontramos con el molino de Pra, hoy rehabilitado como vivienda y que podremos visitar. Es el que se encuentra en mejor estado de conservación de los que vamos a ver en esta ruta. Un poco más adelante veremos el segundo que todavía conserva en su interior una antigua piedra perfectamente tallada con la que se molía el cereal. Atravesamos sus ruinas y subimos unas escaleras de piedra para continuar el trayecto por la canalización que llevaba antiguamente el agua a este molino. Pocos metros más allá encontramos otro, también en ruinas, donde aún se pueden observar sus canalizaciones y su cubo de carga. Tras un leve ascenso que deja a un lado la orilla del río se coge un camino en el que se suceden diferentes especies de las riberas asturianas, bosques de robles y hayas, así como el cuarto molino de agua.
Continuamos por esta senda y un poco más adelante tomamos dirección hacia el alto de la Cipresta, próxima al pueblo de Campanal.
Seguimos unos metros, abandonamos la pista de tierra y tomamos un camino hormigonado que inicia un descenso que nos lleva al pueblo de Gradátila pudiendo hacer un alto en el camino para visitar sus típicos hórreos y casas de aldea.
La ruta continúa entre tierras de labranza y caminos vecinales hasta volver al pueblo de Piloñeta. Debido a su escasa dificultad y los bellos lugares que atraviesa, esta ruta es ideal para hacerla tranquilamente en familia.

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