Ponga. Mucha vida

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Vista del Macizo del Tiatordos. Foto: Juanjo Arrojo
Vista del Macizo del Tiatordos. Foto: Juanjo Arrojo
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Todo el territorio de Ponga está incluido dentro del Parque Natural del mismo nombre, lo que da una idea de los paisajes y la riqueza natural que se puede encontrar aquí. Éste es un pequeño concejo de unos 700 habitantes, donde escapar de las prisas diarias y disfrutar de la vida al estilo tradicional.

El topónimo de Ponga está relacionado con “fuente” o “arroyo”, y es el agua uno de los elementos que configuran el paisaje pongueto. El río Sella entra en Asturias por este punto, creando en su camino el impresionante Desfiladero de Los Beyos. Es una garganta abrupta, donde la roca deja pasar a duras penas una sinuosa carretera que discurre paralela al río. El agua toma formas caprichosas, transformándose en torrentes y cascadas, y su sonido acompaña permanentemente el trayecto.
Es esa abundancia de agua la que llena el paisaje de innumerables tonos de verde, de una naturaleza exuberante que hace que, si hemos olvidado la cámara de fotos, tengamos que guardar las imágenes en la memoria.

Foto: Juanjo Arrojo
Foto: Juanjo Arrojo

Visita organizada

En Beleño, la capital, se encuentra la Oficina de Turismo. Abre sus puertas en verano y allí nos darán buena cuenta de las diferentes opciones disponibles para visitar el concejo, que está dando un fuerte impulso al turismo rural. De este modo, las plazas hoteleras se han multiplicado en los últimos tiempos: hoteles, casas de aldea y apartamentos ofrecen distintos tipos de alojamiento para los visitantes que, aún estando cerca de los grandes centros turísticos de Asturias, buscan una estancia tranquila y sin aglomeraciones. Para que puedan organizar la visita, el Ayuntamiento de Ponga posee una página web: www.ponga.es con información útil del concejo.
También para los visitantes la gastronomía pongueta es un atractivo añadido. Caza y pesca son ingredientes básicos de sus principales platos, y no puede faltar el potaje asturiano. Sin embargo, el producto estrella es el queso de Los Beyos: un queso artesano, tierno y sabroso que cada día es más valorado, tanto en crudo como en la cocina. Los quesos y otros productos ecológicos están tomando valor en la economía pongueta. Tras varios años en los que la tendencia ha sido el despoblamiento, en Ponga empiezan a cambiar las tornas; por eso buscan modernizarse, relanzar su economía en una explotación inteligente, y todo ello sin renunciar a su estilo y calidad de vida. Por eso se quieren potenciar las empresas respetuosas con el medio ambiente, valorando especialmente la gastronomía y las iniciativas turísticas.
De este modo, en Ponga se juntan pasado y futuro. Formas de vida tradicionales, antiguas costumbres aún vivas, con modernas propuestas de empresa y nuevas formas de hacer las cosas. Pero sobre todo lo que encontramos aquí es mucha vida: vida natural, con fauna y flora que hacen único cada rincón del concejo. Y vida en la sociedad, ya que los ponguetos quieren mirar hacia el futuro con la tranquilidad del que no pierde nada por el camino. De esa combinación surge Ponga con más fuerza que nunca, despuntando como destino turístico de primer orden. Uno de los últimos que quedan, casi virgen. §

Corzos. Foto: Carrio
Corzos. Foto: Carrio
Reducto de diversidad natural
En Ponga se encuentra la mayor masa forestal del Oriente asturiano: el Bosque de Peloño. Quince kilómetros cuadrados con doscientas mil hayas, en donde viven diferentes especies de fauna autóctona. Un reducto de vida natural, pulmón de la zona, por el que no se puede dejar de dar un paseo.
Osos pardos, urogallos, rebecos, ciervos, jabalíes, lobos… es lo que nos podemos encontrar no sólo en Peloño, sino también en las montañas de la zona, que se pueden recorrer siguiendo distintas rutas señalizadas: al Pico Tiatordos, al Pico Pierzu, a Vallemoro, a Ventaniella, a Arcenorio, etc.

El Guirria. Foto: Juanjo Arrojo

Costumbres vivas

La peculiar orografía de la zona ha hecho que aquí se conserven tradiciones ancestrales. La Fiesta del Aguinaldo, probablemente de origen prerromano, es una de las más vistosas: en ella los jóvenes recorren el pueblo a caballo y piden el aguinaldo por el vecindario. Junto a ellos suele aparecer el guirria, personaje mitológico que, con la cara oculta tras una máscara, se dedica a abrazar a todas las mujeres y marcar con ceniza a los varones. En Beleño esta fiesta se celebra el primer día de enero. En Sellaño, en cambio, se engalana a los caballos y se pide el aguinaldo en Carnaval.
El Guirria. Foto: Juanjo Arrojo

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