Ribadesella. La costa con sorpresas

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Playa de Vega. Ribadesella
Playa de Vega. Ribadesella. /Foto: Fusión Asturias
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Una jornada de toalla y sombrilla o una excursión por los pedreros. Un paseo por el borde de los acantilados o un recorrido por las grutas naturales que forma el mar. Esta costa está sembrada de pequeños tesoros esperando ser encontrados. No importa lo que se cuenta, sino lo que se ve y se siente. Lo más sorprendente es que en Ribadesella, hasta los tópicos son originales.
Una de las primeras cosas que se buscan al poner el pie en Ribadesella es la playa. Pero conviene matizar, porque si bien en otros lugares sólo hay una variedad para elegir, que suele ser arena y tumbona, aquí hay diferentes posibilidades, en función de lo que uno quiera darse o de lo que pida el día. Si lo que se busca es una jornada de paseo, baño, niños con cubo y pala, y cercanía al centro urbano, sin duda la opción más evidente es la de Santa Marina, un espectacular arenal urbano de kilómetro y medio de longitud, el más visitado de la villa por la comodidad de acceso y por los servicios. También es la playa con más solera del concejo, la de las instantáneas antiguas y la que forma parte de la historia urbana, sirviendo de lugar de esparcimiento durante generaciones. Y eso a pesar de que antaño era una playa aislada, vigilada por los montes que la flanquean. Fue a finales del siglo XIX, tras tender el puente sobre la ría, cuando se integró definitivamente en la Villa. La huella histórica es perceptible hoy, mayormente en la arquitectura de las construcciones que cercan la playa, villas con encanto y edificaciones de estilo modernista que constituyen un sello inconfundible de la personalidad de la zona y que forman parte del cuadro.
Ya poniendo el pie en la arena, encontramos que Santa Marina cambia con las mareas y parece varias playas en una: la bajamar permite disfrutar de un arenal amplio, cómodo, ribeteado por olas suaves. La pleamar en cambio transforma el paisaje, dejando un cintillo estrecho para paseantes, pegado al muro, o engullendo totalmente el arenal si la marea es viva.
El río Sella tiene su desembocadura en la misma playa, lo que le confiere una personalidad particular. Se dice que su estuario, con una amplia curva que llega en transición amable hasta el mar, es uno de los más bellos de Asturias. La presencia del río añade alicientes, ya que aumenta la posibilidad de prácticas deportivas acuáticas. También se puede acceder al cercano Parque Natural del Malecón para disfrutar de la observación de aves silvestres.
El otro arenal que hay que conocer es la Playa de Vega, la más extensa del concejo y ubicada en la desembocadura del río Acebo. Aunque está en el pueblo de Vega no hay muchas edificaciones a la vista, más allá de algunos bares con terraza. Se accede por pasarelas de madera que atraviesan unas dunas con vegetación y se llega a la arena, que se alterna con alguna zona algo más pedregosa. Es abierta y venteada, lo saben los numerosos surfistas que la tienen como destino preferente dentro del concejo, junto a Santa Marina.

Pedral en Tereñes. Ribadesella
Tereñes. /Foto: Fusión Asturias
De camino hay una ocasión que merece la pena aprovechar: pararse un momento en el desfiladero de Entrepeñas, Monumento Natural. Y también vale la pena visitar la playa de Llames o Cuerres. El río Guadamía dibuja la frontera natural entre Llanes y Ribadesella, y crea una playa semi-fluvial, en un canal estrecho entre acantilados. Su peculiar orografía hace que esté protegida de las olas marinas y no hay riesgo de corrientes, lo que hace de esta playa un lugar perfecto para el baño de los niños, que pueden disfrutar del agua con toda seguridad.

Entre rocas

Si se quiere conocer más, hay que calzarse. Porque lo que queda por ver, que no es poca cosa, está algo más escondido y para alcanzarlo se debe caminar un rato. Entre arenal y arenal, la costa de Ribadesella está salpicada de rincones que están esperando para ser descubiertos y en los que no encontraremos ningún tipo de aglomeración. Son los pedreros, o pedrales. El nombre más conocido es quizá Tereñes, porque ahí van quienes buscan el rastro de los dinosaurios. El acceso no tiene dificultad, más allá de transitar un rato por senderos. Una vez cerca del agua se encuentran las huellas de estos animales grabadas en las rocas, testimonio de su paso por estas costas hace millones de años, convertido hoy en recurso turístico para el asombro de visitantes. Otro lugar que sorprende es la Playa de Arra frente al pueblo de Collera, un arenal de reducidas dimensiones, salpicado de cantos rodados y roquedales. Es además una playa de interés geológico, porque parece que en ella se encuentra la explicación de la evolución de la falla de Ribadesella, de 33 millones de años de antigüedad, considerada origen de la peculiar orografía de Asturias. Está completamente aislado, así que hay que conocer el camino o dejarse guiar por alguien que haya estado. Se insiste en el buen calzado porque algunos de estos accesos son angostos, y porque el paseo posterior por las rocas recorriendo tramos de costa requiere una suela a prueba de resbalones.
En cualquier caso éste es un lugar para perderse unas horas disfrutando de un entorno espectacular. En concreto hay dos piscinas naturales, conocidas como Pozu del Cura y Pozu del Maestro, en las que el baño es un lujo. Con marea alta se pierden de vista, pero a medida que va bajando se van haciendo evidentes, así como los canales de roca que conducen a ellas. La profundidad, por tanto, depende de la altura de la marea, pero pueden alcanzar metros suficientes como para permitir el salto desde algunos lugares, usados como trampolines naturales, siempre con precaución.
Otro lujo son los fondos marinos. Precisamente la escasa profundidad de algunas zonas permite contemplarlos con comodidad, tapizados de vegetación que en cuanto sale un rayo de sol se ilumina con colores vivísimos y desvela un festival de anémonas ondulantes, oricios, salmonetes, góbidos, pequeños sargos; también llámpares, bígaros, cangrejos temerosos. Aventurarse por las pozas es apasionante. Es buena idea llevar guantes y escarpines. Para los más frioleros, un neopreno ligero ayuda.
Estos consejos son válidos para cualquier otro pedrero, o lugares que son base de acantilado. Hay zonas accesibles en Borines, Socampo, Canales, Xico o el conocido como la Cetárea. L’Atalaya o monte Corberu, donde se encuentra la Ermita de la Virgen de la Guía, también tiene una pequeña cala situada al oriente de la villa. Es una zona de baño preferida por los locales, que aprovechan también para tomar el sol. Mucho más cerca del casco urbano, esta proximidad ayuda a la ocupación de esta pequeña cala de arena y rocas.
En semejante entorno es fácil adivinar que la pesca es una de las actividades estrella, tanto con caña como submarina. Son muchos los pescadores que comienzan su jornada deportiva en una playa y van bordeando la costa y acercándose progresivamente a la villa, para salir por alguna cala cercana.
Otra forma de conocer la costa es hacerlo desde el mar. Recorrer el litoral en algún tipo de embarcación o alquilar una moto de agua, y dedicarse a conocer lugares inaccesibles de cualquier otra manera. Es un privilegio contemplar la rasa costera desde este ángulo, y más si uno puede adentrarse por formaciones caprichosas, grandes bóvedas, cavidades catedralicias, puentes, columnas, chimeneas, canales. Un despliegue de arquitectura de roca natural que permanece oculta a quienes observan desde tierra.
Otra opción más sencilla pero nada desdeñable es el tradicional paseo por los llamados Acantilados del Infierno, una ruta paralela al mar, caminando por pistas, que permiten contemplar las espectaculares caídas hasta el mar sin necesidad de ponerse en riesgo.

Destino Dog FriendlyY si voy a la playa ¿qué hago con mi perro? El sello TravelGuau ha calificado a Ribadesella como el primer destino Dog Friendly de Asturias. TravelGuau se propone otorgar su particular reconocimiento Dog Friendly a aquellos lugares donde los viajeros pueden llevarse a sus perros (educados, matiz importante) y ser bien recibidos, o al menos disponer de recursos para poder disfrutar del tiempo de ocio sin tener que dejar a sus mascotas en casa. Tal como explican, este sello califica la oferta global, esto es, alojamiento, restauración y otros conceptos, así como parques, playas y rutas de senderismo.

De buen dienteCuando se es capaz de combinar lo mejor de los ingredientes de costa -pescados y mariscos- con los de interior -carne, legumbres y hortalizas…- se crea una gastronomía de contrastes, que en Ribadesella está definida por la excelencia.

Como buen puerto pesquero, la materia prima de la lonja llena de sabor y variedad las mesas locales. Una buena forma de garantizar la calidad de la materia prima es buscar la marca de la Lonja de Ribadesella, creada por la Cofradía de Pescadores Virgen de La Guía. El establecimiento que ostenta este sello certifica que sus productos son adquiridos en la lonja horas después de ser capturados, fomentando de este modo la actividad pesquera artesanal, basada en técnicas tradicionales y poco invasivas con los ecosistemas marinos de la zona. Otra marca de calidad muy reconocible es el Compromiso de Calidad Turística SICTED, que reconoce el compromiso con la calidad y la mejora continua, con el objetivo último de mejorar la experiencia y satisfacción del turista.
Aunque los productos del mar son uno de los rasgos más reconocibles de la gastronomía riosellana, también es de destacar la importancia los productos de huerta en los platos. Desde la inevitable -y deliciosa- fabada hasta las fabes con almejas, las legumbres son especialmente apreciadas; vale la pena probar las fabes de mayo y los arbeyos, deliciosos en temporada. Los más carnívoros tampoco se irán decepcionados gracias a la calidad de la carne roxa de vacuno, el pitu de caleya o la curiosidad de probar el pantruco, embutido de fabricación local con cierto parecido a la morcilla.
Por último, los dulces. Los escaparates de las pastelerías riosellanas son un despliegue de colores y formas, y no es raro encontrarse a visitantes parados delante, intentando decidir qué probar, ante la imposibilidad de llevárselo todo. Los chocolates son de alto nivel, pero la repostería local tampoco desmerece, con las letizias como producto de moda.
Tanto en el casco urbano como en la zona rural, el alto nivel gastronómico del concejo es la norma. Desde la tapería más sencilla hasta la estrella Michelín, los turistas valoran especialmente la profesionalidad en el servicio y la esmerada preparación, según el estilo de cada uno. Esto es así durante todo el año, pero se puede comprobar especialmente en citas destacadas como las Jornadas Gastronómicas del Arcín (erizo de mar) y la Sidra, en febrero, las del Mar en junio y el Concurso de Pinchos en octubre.

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