No dejar espacio

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Dentro de la conversación que mantuvimos con Sara Combarros, del Movimiento Asturies Feminista 8M, para el reportaje del tema del mes, nos comentaba haciendo referencia al partido de Vox, que la estrategia comunicativa que estaban utilizando era agitar lo políticamente incorrecto para hacerse virales y que se hable de ellos. ‘Ven que estamos ganando la batalla’, nos decía, ‘somos más, por eso intentan hacerse con un espacio donde no lo tienen’.

Son el ejemplo de una regresión intelectual, un discurso que involuciona a valores y épocas que parecían superadas, pero ahí están con doce escaños en el Parlamento de Andalucía y con la vista puesta en las generales.
Dice la científica Katheleen Taylor que «cuando algo provoca una reacción emocional, el cerebro se moviliza para lidiar con ella, dedicando muy pocos recursos a la reflexión».
Las arengas de Vox, llenas de bulos y falsedades, son escuetas, utilizan un lenguaje directo, sin grandes argumentaciones, juegan con las emociones, la crispación y el cabreo… en una palabra, utilizan el mejor combustible para propagar su mensaje. Así que la respuesta de la gente que les sigue, como antes explicaba la científica Taylor, es casi automática, sin reflexión.
Entendemos por qué Vox con sus continuos ataques hacia la mujer, intenta hacerse, como decía Sara Combarros, con un espacio que ve que no tiene. Porque las cosas han cambiado desde el pasado 8M y no solo en España. La mujer ahora es protagonista. Ha tejido red y espacio para aglutinar. Lo femenino es la referencia para luchar contra esta hegemonía ideológica que ha hecho de la desigualdad el mayor valor. Y aquí Vox no tiene espacio.

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