Un 8M diferente

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Un 8M diferente
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“Pies, ¿para qué os quiero si tengo alas para volar?”, escribía Frida Kahlo en su diario personal. Y sabía de lo que hablaba ya que con solo seis años contrajo una poliomielitis que la obligó a pasar nueve meses en cama. Luego sufrió un accidente que le dejó múltiples fracturas y la obligó a someterse a numerosas operaciones e incluso, a la amputación de una pierna. Pero ni el dolor que la acompañó toda su vida, ni sus continuas depresiones o sus variados problemas de salud fueron un obstáculo para que siguiera expresando todo el arte que llevaba dentro. Decía que no necesitaba sus piernas para sentirse viva porque con su imaginación podía llegar donde quisiera.

Se aproxima el 8M y son muchas las voces que anuncian que “las calles se volverán a tomar” pero que lo harán con cuidado para garantizar la seguridad de las participantes. Ocupar el espacio público lo consideran clave para seguir avanzando en materia de igualdad sobre todo después de que esta pandemia mostrara, aún más si cabe, las brechas y desigualdades que existen en lo relativo a los cuidados y en el tema de la violencia hacia las mujeres.

Este año el 8M está bajo los focos más que nunca. Hay un cambio de escenario que obliga a adaptarse y son muchas las voces que suenan. Los inmunólogos recuerdan que el Covid-19 no está vencido y un empeoramiento de la situación se traduce en un coste de vidas; por esta razón la ministra de Sanidad ha expresado con rotundidad un “no ha lugar” cuando se le preguntó por la conveniencia de celebrar esas concentraciones: la salud está por encima de las causas que llevan a cientos de miles de mujeres a manifestarse. También el presidente Barbón se ha mostrado tajante al respecto: “No estamos ni para manifestaciones ni para aglomeraciones”. La ocupación hospitalaria continúa en niveles elevados y el escenario epidemiológico sigue en alto riesgo como demuestran las cifras que no acaban de doblegarse.

A ello se suman las discrepancias entre los partidos. El PP rechaza que se promuevan y autoricen las manifestaciones porque ya el año pasado fue “una irresponsabilidad permitirlas”. A lo que responden los colectivos convocantes que es llamativo que los mismos sectores políticos que escrutan ahora lo que sucederá el 8M no hayan puesto la misma lupa en las concentraciones y manifestaciones que se han producido en los últimos meses. Denuncian que lo que se intenta es desplazar el foco del debate de la igualdad o la violencia machista a la crítica política.

¿Puede ser esto una limitación para que las reivindicaciones cesen? Creemos que no, pero exige tirar de imaginación para que sean compatibles con la situación sanitaria como han hecho muchos consistorios asturianos a la hora de programar los actos para conmemorar este atípico Día Internacional de la Mujer. Exposiciones, documentales, mesas redondas, debates, píldoras artísticas, talleres, performance, música… todo ello se desarrollará de manera telemática y a través de redes sociales. Habrá espacios para el debate, la participación, la denuncia… La red ese día puede ser de las mujeres más que nunca de la misma manera que lo fueron las calles estos últimos años.

Porque lo que sí está claro es que seguimos afectadas por el síndrome de la invisibilidad y más en este contexto que estamos viviendo. El coronavirus ha matado a más hombres, pero las mujeres hemos quedado más expuestas a problemas crónicos como la violencia machista o la precariedad laboral. Tenemos mayores posibilidades de ocupar el 70% de los trabajos en el sector sanitario, de limpieza o estar a cargo de enfermos y ancianos. En definitiva, labores invisibles y no retribuidas. Y resulta que las invisibles durante años son ahora indispensables para enfrentar esta crisis sanitaria y piedra angular de las medidas que se están adoptando.

Después de esta crisis sanitaria, laboral, social y económica tan brutal que ha afectado a todo el planeta no podemos volver a mirar al sistema que teníamos antes entre otras cosas porque se ha desmoronado, era insostenible. Tenemos en nuestras manos la oportunidad de crear un nuevo modelo económico y social con otra escala de valores en la que prime el bien común, el consumo responsable, donde se revaloricen todos estos trabajos y otros que generan riqueza. Un modelo más sostenible, justo e igualitario. Es un momento clave, por eso no hay que dar ni un solo paso atrás.

Este 8M puede ser más participativo gracias a las pantallas, las redes sociales; puede convertirse en un lugar de encuentro desde el que impulsar la lucha por los derechos e igualdad de las mujeres y la condena de la violencia. Es importante que las voces suenen, hombres y mujeres, cuantos más, mejor; reclamando otro mundo posible.

En el 8M puede teñirse todo de violeta. Puede ser un encuentro positivo, creativo y desde la unidad. Porque como mujeres, cuidamos y valoramos la vida por eso la ponemos en el centro. Y no nos hacen falta las calles para expresarnos porque tenemos alas para volar como diría Frida Kahlo. Y mucha imaginación. Vendrán tiempos mejores.

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