Un otoño cuesta arriba

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Un otoño cuesta arriba
Composición: Fusión Asturias
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Después de este verano donde parecía que las cosas iban mejorando poco a poco, la actividad económica se reactivaba, el paro descendía, nos acercábamos a la inmunidad de grupo gracias al alto nivel de vacunación… llega el otoño y ¡zas! es como si alguien hubiera pinchado la burbuja y aterrizáramos de repente en otra realidad.

Nos incorporamos a nuestras rutinas diarias en medio de una escalada de precios en los sectores más esenciales y eso, no va acompañado de una subida proporcional de los ingresos en los hogares. Tampoco en las empresas y los autónomos que además van a tener que hacer frente a una subida del Salario Mínimo Interprofesional, un incremento de costes que llega en un mal momento donde muchas de ellas se encuentran en situación vulnerable aún bajo los efectos de la crisis.

El IPC de agosto se incrementó un 3,3% respecto al mismo mes del pasado año. En paralelo, la subida del precio de la luz ha pulverizado todos los récords históricos disparándose un 188% en este último año. Esto ha provocado un gran daño en las economías familiares ya que además de repercutir directamente en el consumo eléctrico del hogar, -todos pendientes del reloj para encender la lavadora o el horno-, esta subida del precio de la luz ha provocado el encarecimiento de otros productos más esenciales como por ejemplo los de la cesta de la compra, incidiendo más negativamente en las familias más vulnerables.

Es más caro producir, almacenar y transportar así que lógicamente los proveedores también se han visto obligados a subir el coste de sus productos para mitigar las pérdidas.

Un efecto dominó al que también hay que sumar el aumento del precio de los carburantes. La gasolina se ha encarecido un 18% mientras que el gasoil lo ha hecho un 16%. En Asturias, llenar un depósito estándar de 55 litros cuesta más o menos 16€ más que hace un año. Ambos combustibles no han parado de subir sus precios desde que empezó 2021. Una partida más que justifica la subida de los precios de los productos más esenciales. El aceite, por ejemplo, subió un 37% al igual que el azúcar mientras que el café lo hacía en un 40% y el jamón, un 60%.

También este verano subió el precio medio del alquiler en el Principado cuando en el resto del país descendía un 3% respecto al mismo período del año anterior. En concreto en Avilés han subido un 12.3%, en Oviedo un 4.8% y un 4.4% en Gijón.
Y si esto ocurría en época estival, el otoño se estrena con la subida de la bombona de butano que pasa de 16,12€ a 17,50€, el precio más alto de los últimos seis años.

Todas estas subidas de precios están haciendo crujir los cimientos de millones de familias que van justas de euros. Por mucho que quieran ahorrar no pueden dejar de pagar la luz, ni de comer, o coger el coche si lo necesitan para ir a trabajar. Nos enfrentamos a un otoño bastante cuesta arriba a juzgar por los hechos y eso, siendo prácticos, lo podemos vivir desde la negatividad, que no nos ayudará precisamente a adaptarnos a la situación, o desde la positividad, actitud que nos servirá para ver las cosas desde otra perspectiva, para mantenernos optimistas pese a todo.

Creo que será mucho mejor la segunda, aunque sea por supervivencia, ¿no creen? He leído que a esta habilidad se la denomina ‘optimismo trágico’, y se refiere a la capacidad que desarrolla una persona para transformar creativamente los aspectos negativos de la vida en algo constructivo y positivo. Una tarea nada fácil pero muy necesaria para poder lidiar con estas nuevas incertidumbres a la que no estamos acostumbrados y, además, poder salir de ello fortalecidos. Como dice Benedetti “aprovechemos el otoño antes de que el futuro se congele y no haya sitio para la belleza porque el futuro se nos vuelve escarcha”. Nada que añadir.

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