Una deuda con nuestros mayores

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Un colaborador y amigo de esta revista desde hace muchos años nos decía que una de las claves de la felicidad cuando uno llega a la edad madura es saberse querido, aceptado y ver que cuentan con él. Comentaba que en esta sociedad donde prima la juventud, los mayores habían perdido la voz y lo decía con tristeza. No se trataba solo de que les hubieran silenciado, sino que se había conseguido que fuesen los propios mayores los que pensasen que ya no tenían nada que decir. ¿Se pueden imaginar un proyecto de la índole que sea, donde las personas con más experiencia no aportasen su punto de vista?

Entrevistamos hace unas semanas a Ricardo Anadón, catedrático emérito de Ecología de la Universidad de Oviedo, uno de los pioneros en la ecología en España y una referencia a tener en cuenta si se quiere hablar del tema en Asturias. Hace diez años hizo, junto a otros expertos, una previsión sobre los efectos del cambio climático en la región que han resultado no solo acertadas a día de hoy, sino que se han quedado cortas a pesar de las críticas que recibió en su momento. Su mirada y su curiosidad sigue intacta en este momento en el que sigue estudiando posibles escenarios con propuestas para intentar poner freno a uno de los problemas ambientales más graves a los que se enfrenta el planeta en este momento: el cambio climático.

Posteriormente tuvimos ocasión de dialogar con Jesús Arango, (entrevista que publicaremos próximamente), economista y exconsejero de Agricultura del Principado a raíz del informe que acababa de publicar: Asturias 2050. Hay vida después del Covid-19. Lo había escrito durante las semanas de confinamiento con la intención de que pudiera servir de reflexión sobre cuestiones que estaban afectando directamente a nuestra economía y condujese a un debate para repensar una nueva Asturias. Con lucidez iba desgranando problemas al tiempo que proponía soluciones, incidiendo sobre nuestras fortalezas. Al terminar la conversación no pudimos por menos que comentarle que si de verdad se quería repensar Asturias deberían de contar con mentes como la suya.

Un 23% de personas en la región son mayores de 65 años, la mayor densidad de toda España. ¿Podemos permitirnos el lujo de no contar con todos ellos, con las experiencias profesionales y personales que este colectivo atesora? No hablamos solo del reconocimiento que se merecen sino de su puesta en valor, de contar con sus capacidades y movilizar todo ese potencial en pro del bien común. Médicos/as, profesores/as, expertos/as en atención comunitaria, investigadores/as, activistas, cocineros/as, ganaderos/as, agricultores/as, tenemos un colectivo de mayores con tal grado de experiencia y sabiduría como para diseñar no un plan sino varios para salir de esta crisis en la que estamos inmersos.

Además, cuentan con otra ventaja: su resilencia, esa capacidad que han desarrollado para sobreponerse a la adversidad. Superaron una guerra, sacaron adelante a sus familias y con ellas a todo un país. Libraron batallas para conquistar la libertad y los derechos más elementales que hoy disfrutamos. Se hicieron fuertes a nivel físico y mental.

Hoy, una vez más, han hecho honor a sus galones y nos han dado toda una lección a pesar de que han sido los protagonistas involuntarios (y principales víctimas) de esta pandemia. Unas muertes que no se pueden minimizar ni justificar, y nos deberían de servir de reflexión para volver la vista sobre la situación de nuestros mayores y el significado del envejecimiento en la sociedad en la que vivimos donde todo se mide por la productividad y ellos han pasado a ser una carga.

Esta crisis puede ser una oportunidad para revalorizar su experiencia, su aportación a la vida social y económica como lo hacen otras culturas o se hacía en el pasado. Pero tenemos la obligación de garantizarles que lo hagan en las mejores condiciones para que se sientan queridos, aceptados y útiles. Como sociedad tenemos una deuda con ellos.

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