Padre Ángel. Otro mundo es posible

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Padre Ángel
Foto: Mensajeros de la Paz
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Recientemente ha publicado Un mundo mejor es posible (Alienta. Editorial Planeta) en el que confiesa que se considera un privilegiado por ver cumplido su sueño tras años de una vida totalmente entregada a los demás, y también que siente que tiene el corazón roto, muy desgastado, por haber amado mucho sino por el sufrimiento de tantas causas y personas.

La iglesia de San Antón está abierta las 24 horas del día. Aquí son bienvenidos creyentes, ateos, blancos, negros, homosexuales, pobres, ricos… Es la persona a la que reciben, no a su condición. El Padre Ángel soñó un día con la Iglesia de la que hablaba Jesús y hoy, en una de las ciudades más grandes de España, existe un espacio gestionado por Mensajeros de la Paz en el que su mensaje es verdad.

-¿Es posible un mundo mejor?
-Sin duda alguna. El mundo de ahora es mucho mejor que el de hace cien años, incluso diez o cinco años y no es buenismo sino datos y estadísticas. Tenemos más cultura, más bienestar social, más sanidad y nuestros niños tendrán un mundo mejor del que hemos tenido nosotros. El mundo ha cambiado: los derechos humanos se respetan más, nunca en la historia hubo constancia de que se reunieran 170 jefes de estado para intentar eliminar la hambruna o la esclavitud, en los últimos 50 o 70 años las mujeres han conseguido los mismos derechos que los hombres y no ser discriminadas. Soy consciente de que todavía queda mucho, pero es mejor. Hay que hacer un llamamiento a los gobernantes, sean de los colores que sean, porque prometen cosas y después son cobardes.

-¿San Antón es la iglesia con la que usted soñó?
-Sí. Yo siempre tuve un sueño que era poder tener una iglesia abierta las 24 horas del día en medio de una gran ciudad como Madrid. He tenido que esperar 78 años para poder cumplirlo, pero es un sueño realizado.

“Estoy seguro de que Jesús entraría antes en la iglesia de San Antón que en otra en la que hay más luces y oropeles. Lo haría porque es el Jesús en el que creo, el que estaba con los pecadores, con los que pasaban hambre, frío, con los que estaban en la cárcel…”

-Si Jesús mirase hacia su iglesia, ¿se sentiría reflejado?
-Estoy seguro que entraría antes en la de San Antón que en otra en la que hay más luces y oropeles. Lo haría porque es el Jesús de Nazaret en el que creo, el que estaba con los pecadores y con los que pasaban hambre, frío, con los que estaban en la cárcel. El que dice “Bienaventurados aquellos que den de comer, den abrigo, o electricidad a los que no la tienen”. Sin ninguna duda entraría y se quedaría. No sé si a dormir, pero piensa que él no encontró posada y tuvo que nacer en una cueva. En aquella época no había cartones, pero si los hubiese hubiera nacido entre ellos, igual que duermen muchos de los que vienen a San Antón.

-¿Cómo me explica la diferencia tan grande que hay entre lo que se predica y lo que se hace?
-Nadie puede negar que muchas veces tenemos demasiados brillos y demasiadas cosas en las catedrales, pero en honor a la verdad he de decir que la Iglesia que uno conoce, la que quiere y defiende es pionera en obras sociales. Es verdad que encontramos esos defectos horrorosos que últimamente denuncia el papa, pero también encontramos virtudes. Hay miles de Cáritas por todo el mundo donde trabajan por los demás y eso es Iglesia aunque no esté el Santísimo. El Santísimo muchas veces está en medio de los pobres que duermen en la calle o de las mujeres prostitutas a las que esclavizan. El Papa Francisco a los dos días de ser elegido dijo: “Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”. Esta es Ia Iglesia en la que creo. Tenemos que ser auténtica Iglesia, la de los pobres y de una manera especial, la de los desfavorecidos. Lo otro son estructuras que irán cayendo igual que han caído otras cosas. Llegará ese tiempo y seguro que mi generación no lo verá, pero la siguiente seguro que sí.

-Cuando Jesús entró en el templo se enfrentó a los mercaderes. ¿Cree que haría lo mismo ahora?
-Sin duda alguna, y también lo crucificarían por decir lo que no gusta. Por decir que hay que ser más distributivo y que no puede haber gente con tanta riqueza. También escandalizaría a muchos de los suyos, al igual que este papa al que muchos no entienden cuando dice que hay que tener olor a oveja y a vaca y no a tanta colonia. Los que dicen la verdad son incómodos y muchas veces estorban.

Padre Ángel
Foto: Mensajeros de la Paz

-Dice que muchas de las críticas que más le han dolido han sido las que venían de su propia casa.
-Sí, es así. Conocí a una política que se llamaba Amalia Gómez que era Secretaria de Bienestar Social que siempre decía: “al suelo que vienen los míos”. Yo muchas veces digo lo mismo y me pregunto si hago alguna cosa rara, pero la verdad es que no la encuentro. Nosotros no hacemos cosas sacrílegas, ni espiritismo ni cosas de esas, pero damos de comer, abrigo, damos dignidad, bendigo a quien me lo pide aunque no sea de mi ideología. Esto no puede ser malo, sin embargo ven como un escándalo que pueda bendecir a dos personas del mismo sexo que se quieren, cuando estoy bendiciendo a perros. En la iglesia de San Antón bendecimos a todos los que entran y a los que muchas veces no se atreven a entrar.

“Ya está bien de creer que solo merecen ser salvados los que estamos bautizados porque solo lo está un 10%. ¿Y qué pasa con el otro 90%? ¿Se van al infierno para siempre?
Eso no puede ser verdad”

-Al final lo que bendice es el Amor, ¿no?
-Sí, y lo que uno recibe de las personas que bendice también es Amor. Hay que bendecir y pedir ser bendecido. Hace poco estaba con Pablo Ibar en el corredor de la muerte y me preguntó si le daba la bendición y yo le dije que sí, si también me la daba él. La recibí de sus manos esposadas con el mismo recogimiento y el mismo respeto que si me la diese el papa. Al final el amor es la mejor medicina para los males del alma y si nos descuidamos también para los físicos.

-Dígame la diferencia que hay entre cristianos, musulmanes, judíos…
-No la hay. El otro día en una charla tuve un pequeño enfrentamiento con alguien que creía que solo se pueden salvar aquellos que creen en Dios, aquellos que reciben los sacramentos. Yo le dije que todos somos hijos de Dios, los que están en la iglesia católica y los que no. Ya está bien de creer que solo merecen ser salvados los que estamos bautizados porque solo lo está un 10%. ¿Y qué pasa con el otro 90%? ¿Se van al infierno para siempre? Eso no puede ser verdad. Todos debemos respetarnos y querernos, independientemente de la ideología y creamos en el Dios que sea, porque al final creemos todos en algo que hay más allá. Lo importante en la vida es hacer el bien y no rezar mucho. Aunque el rezar tampoco estorba, pero lo importante es hacer.

-¿Cómo se imagina a Jesús si hoy estuviese entre nosotros?
-Desde que soy seminarista me lo imagino con aquella melena que nos dicen que tenía, guapo, joven, alegre, encandilando a las masas. Me lo imagino como algún político o algún obispo joven que cuando aparece arrastra y la gente acude a escucharle o a estar con él. Necesitamos obispos y políticos más alegres porque los que tenemos son demasiado tristes. Necesitamos que sean líderes, que atraigan, necesitamos a personas como el papa Francisco que allá donde va lidera a las masas porque da testimonio. Yo he visto varias veces que el discurso que lleva lo tira y habla de corazón, y que en vez de hablar de los enfermos va a besarlos y a visitarlos. Este es el Cristo que yo creo que vendría y también creo que viviría todas las dificultades y tendría que aguantar a muchas personas que creen que saben cómo debería ser la Iglesia.

“Cuando hay un accidente o un terremoto no son por el demonio ni tampoco por Dios. Muchas de esas cosas son por causas naturales y otras por culpa del hombre. Varias guerras han sido provocadas por presidentes de gobiernos que están medio locos y se enfrentan a otro país”

-¿Se ha encontrado a Dios en todos estos años?
-Sí, muchas veces lo he encontrado pero en algunos momentos también lo he echado de menos. Sobre todo en las guerras, en los terremotos, en los hospitales de los niños con cáncer o terminales. Muchas veces uno no encuentra a Dios cuando más lo necesita para incluso poder tocarle físicamente y decirle que esto no puede ser, pero después te das cuenta de que los males que tiene este mundo no son culpa de Dios aunque a veces le preguntamos ¿por qué permites esto? Él no se mete en esas cosas. Dios es Dios.

-¿Y al demonio?
-No. Nunca me lo he encontrado, ni le he tocado, ni he visto que las cosas sean por su culpa. Sé que decir esto no es políticamente correcto porque dicen que anda suelto y que está en muchos sitios, pero no le he visto. He visto a personas no sanas que matan, critican, se enfadan, pero eso no tiene nada que ver. Cuando hay un accidente o un terremoto esas cosas no son por el demonio ni tampoco por Dios. Muchas son por causas naturales y otras por culpa del hombre. Muchas guerras han sido provocadas por presidentes de gobiernos que están medio locos y se enfrentan a otro país. Pero igual que eso es así, también mucha de la felicidad que vivimos es gracias al hombre.

-¿Hay algo que le haya hecho dudar de su fe?
-Sí. El mismo Cristo en el Monte de Sinaí llegó a decir “Dios mío…”. No entendía lo que le estaba pasando con lo cual, los que somos más humanos que él, imagínate cómo te sientes ante una guerra o una familia a la que desahucian. Uno se pregunta muchas veces: “Dios mío, ¿por qué no me echas una mano? ¿Dónde estás?” En esos momentos recurro a llorar. Una niña en Filipinas le preguntó al papa por qué Dios permitía que los niños muriesen y él con lágrimas en los ojos le dijo que no había respuesta. Muchas veces la respuesta es que no hay respuesta, otras se te rompe el corazón y es lo que digo en el libro, que muchas veces uno tiene el corazón roto de ver tanto sufrimiento.

“Si hay comisarías, farmacias, puticlubs abiertos 24 h, ¿por qué no va a poder abrir una iglesia?”

-¿Cuáles son los auténticos milagros?
-Muchos. Los milagros son conseguir que un hijo deje la droga, que alguien que no tiene dinero llegue a fin de mes, consolar y dar esperanza a alguien que llora, conseguir que los que se van a separar vean que la vida no termina y que pueden encontrar a otra persona a la que querer. Desde que te levantas hasta que te acuestas, el día está lleno de milagros pero son con minúscula.

-Para muchos será un milagro encontrar una iglesia abierta de madrugada cuando aprieta el frío o no tiene que comer…
-Para mí eso es sentido común, pero muchas veces este sentido falla. Mira que hay comisarías, farmacias, puticlubs abiertos las 24 horas. ¿Por qué no va a poder abrir una iglesia?

-¿Cómo se recupera la dignidad de esa gente que cruza la puerta de su iglesia?
-Luchando, poniéndose valiente y diciéndoles que ellos son tan hijos de Dios como nosotros, tan ciudadanos de la ciudad en la que viven como cualquiera. Hay que respetarlos, no se les puede tener fobia y despreciarlos por ser de un color o un país distinto. Es tremendo pensar que unos se pueden sentar en sillones y comer con cuchillos y tenedores de plata y otros tienen que estar toda su vida comiendo en platos de plástico. De ahí que hayamos montado los Restaurantes Robin Hood, para que coman en una mesa con manteles, cucharas, cuchillos y que les sirvan como a señores y no de pie como pidiendo una limosna.

-Dijo que todo lo que nos ilumina es una manera de rezar. ¿Cómo reza usted?
-Estoy rezando ahora, mientras hablo contigo. Mientras viajo en el AVE y estoy sentado junto a la gente, cuando coges el coche, mientras te afeitas o comes con alguien. Rezar no es recitar padres nuestros, que también, pero uno reza más cuando está en contacto con la gente, en comunicación con los demás. En este tiempo que tú y yo hablamos hemos estado rezando, porque hemos estado unidos, contándonos cosas.

Padre Ángel
Foto: Mensajeros de la Paz

-¿Sigue pensando que es mejor pedir perdón que permiso?
-Sin duda alguna. Si no fuese así yo no hubiese hecho muchas cosas. Prefiero hacerlas y luego tener que pedir perdón si es que es necesario. Yo no tengo que pedir perdón por bendecir a un homosexual, a una lesbiana o a un animal de compañía, que lo hagan los que los maldicen, los que apedrean o los que insultan.

-¿Y ha tenido que pedir perdón muchas veces?
-He pedido perdón muchas veces porque he pedido pocas veces permiso.

«Yo no tengo que pedir perdón por bendecir a un homosexual, a una lesbiana o a un animal de compañía, que lo hagan los que los maldicen, los que apedrean o los que insultan»

-¿En quién cree más: en Dios, en los hombres o a partes iguales?
-Creer en Dios es muy fácil porque no te hace faenas. Creer en los hombres a veces te complica un poco más la vida, pero hay que creer, y cuando digo hombres digo políticos, obispos, periodistas, médicos porque sino uno estaría perdido. No me es difícil creer en los hombres porque a mí no me fallan casi nunca, y cuando lo hacen me doy cuenta que es porque están enfermos o porque no son buenas personas. Nadie somos capaces de salir a la calle y empezar a dar navajazos a los demás salvo que nos dé un ataque de locura, pero ojalá nos dieran ataques de locura y saliésemos a la calle a besar y a abrazar. Creo en la bondad, no es verdad que el hombre para el hombre sea un lobo.

-¿Con qué sueña el Padre Ángel?
-Sueño con que la gente se quiera, con que llegue un día en que no haya nadie durmiendo en la calle y que todos tengan un colchón donde poder dormir. Sueño con ello y un día se cumplirá.

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