“Picos de Europa, las montañas de la luz”, exposición de Alberto Lastra

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Alberto Lastra
Alberto Lastra / Fotos: A. Lastra
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Le gusta considerarse un ‘amateur’, un amante de la fotografía y de la montaña. Cuando Alberto Lastra las descubrió siendo un adolescente surgió el idilio. La montaña le cautivó. La fotografía, dentro de aquel entorno cambiante, lleno de sorpresas y desafíos, le enamoró.
Ahora, con la exposición Picos de Europa, las montañas de la luz, muestra en veintiséis imágenes una pequeña parte de su “romance” con estas míticas montañas asturianas.

-¿Cómo es tu relación con la montaña? ¿Cuándo surgió ese idilio?
-Empezó en la adolescencia hace unos treinta años y vino de la mano de un hermano mayor. Fue él quien empezó a meterme un gusanillo que me caló hondo. Empecé por la montaña y la fotografía surge un poco después por aquello de recoger recuerdos de una salida. Luego me lo fui tomando más en serio y en torno al 2000 me compré mi primera cámara réflex. Estuve haciendo diapositivas varios años -hasta 2007- que fue cuando me pasé a la fotografía digital. De guardar aquellos recuerdos fui evolucionando a una forma más consciente de compartir con los demás unos espacios que a mí me engancharon.

-¿Qué te inspira de la montaña?
-Su entorno me parece fascinante. Junto con el mar creo que son entornos naturales preciosos. El entorno me tiene que decir algo… si no la fotografía no sale. Creo que es ella la que te encuentra a ti.

“La exposición recoge catorce años de trabajo. Son 26 imágenes articuladas en base a una serie de elementos que para mí definen visualmente lo que son los Picos de Europa.”

-¿Cómo es la relación fotógrafo-montañero? ¿Se llevan bien o viven conflicto?
-En algunos momentos es una relación bipolar. Para hacer fotografías de montaña has de tener algo de montañero. Tienes que saber desenvolverte en ese medio con una cierta soltura y seguridad. Esa es la base. Pero también es cierto que en ocasiones hay un cierto conflicto entre el montañero y el fotógrafo porque son actividades incompatibles. Cuando vas a hacer montaña vas buscando una actividad en concreto, bien subir a una cumbre, realizar una travesía… Pero cuando haces fotografía buscas otras cosas: un enclave concreto, un momento determinado, una luz… Así que cuando quiero hacer montaña dejo la cámara en casa y cuando quiero hacer fotos voy solo, abierto a todo lo que la naturaleza me quiera ofrecer y yo pueda captar.

-Comentas que estas fotos son más bien retratos de una montaña donde se pueden apreciar gestos, instantes, guiños… ¿Crees que la montaña está habitada?
-No sabría qué contestarte. Para mí la montaña tiene un espíritu que siento. Son lugares que tienen una emotividad muy grande, al menos para mí. Cuando ves una fotografía no solo ves una imagen, hay toda una historia detrás, unas vivencias y emociones que en ocasiones son difíciles de transmitir.

-¿Dialogas con cada una de ellas?
-No te diría que dialogo con ellas, pero sí que en muchas ocasiones siento que son viejas conocidas. Que evolucionan a lo largo de las estaciones y que es un entorno en el que me siento muy a gusto.

Los Urrieles desde el Cornión al atardecer. Las imponentes paredes del Torrecerredo y del Pico de los Cabrones brillan con los últimos rayos del sol poniente.
Los Urrieles desde el Cornión al atardecer. Las imponentes paredes del Torrecerredo y del Pico de los Cabrones brillan con los últimos rayos del sol poniente.

-¿Por qué Picos de Europa, las montañas de la luz? ¿Cuántos años de trabajo reflejan las instantáneas que ofreces en esta exposición?
-Montañas de la luz viene por la característica tan peculiar que tiene la caliza gris neutra de los Picos de Europa. Es un tono que se empapa del color de la luz que incide sobre ella. Hay montañas que al mediodía parecen planas, sin un relieve que destaque especialmente pero cerca de la salida del sol o del ocaso, cambian por completo. De ahí viene lo de montañas de la luz.
Esta exposición recoge catorce años de trabajo. Son 26 imágenes articuladas en base a una serie de elementos que para mí definen visualmente lo que son los Picos de Europa. La caliza, la nieve, las nubes -como elementos dinámicos del paisaje-, el pastoreo -no como protagonista sino como hacedor del paisaje-; el agua, algo importantísimo, porque a pesar de ser una zona que recoge precipitaciones muy importantes, debido a la permeabilidad del suelo, las corrientes de agua son prácticamente subterráneas y eso también ha contribuido a crear paisaje.

-La montaña ha pasado -en muy poco tiempo- de ser un espacio de disfrute de unos pocos a ser casi un artículo de consumo. ¿Crees que esto tiene marcha atrás? ¿Se puede recuperar ese espíritu?
-Yo creo que todo fotógrafo de naturaleza tiene dentro a un conservacionista, en mi caso es así. Si amas lo que fotografías te gustaría que tus hijos y tus nietos pudieran disfrutar también de ello. No sé si el uso que ahora se hace de la montaña en algún caso se podría considerar un abuso… Pero lo que sí me gustaría es contribuir -aunque sea un poco- a que ese uso sea un poco más consciente de los valores que tiene la montaña. Siempre digo que es muy difícil conservar aquello que no conoces, esa es una de las principales motivaciones de sacar esta exposición a la calle y llevarla por diferentes salas. Quiero ir más allá de la estética y contribuir en la medida de lo posible a la conservación de estos espacios.

“Todo fotógrafo de naturaleza tiene dentro a un conservacionista. Si amas lo que fotografías te gustaría que tus hijos y tus nietos pudieran disfrutar también de ello”

-“Lamentablemente, un alto porcentaje de los que visitan los Picos de Europa se van sin conocer sus esencias, sin profundizar en su idiosincrasia”, has comentado. ¿Qué se están perdiendo?
-En estos últimos años se ha producido una gran masificación. Antes ibas entre semana a Los Lagos y no te encontrabas a nadie. Ahora en verano es algo tremendo. Creo que a ello han contribuido una serie de factores. Por un lado, Internet permite conseguir información para acceder casi a cualquier parte del mundo y facilita imágenes sugerentes y llamativas que te atraen a estos lugares. Por otro, los accesos y medios de transporte que hay hoy en día te facilitan llegar casi a cualquier sitio. Esto hace que a la montaña llegue mucha gente y no todas comprenden, valoran y respetan el medio al que acceden, hay mucho urbanita. Soy de los que piensa que es difícil conservar aquello que no se ama y es imposible amar aquello que no se conoce.
Una cosa que me da pena es que la gente suba a Los Lagos, se haga selfis y baje exactamente igual que subió. Nos debemos de hacer dignos de llegar a sitios de ese valor estético y ambiental y la mejor forma de hacerse digno de un sitio es conocerlo, dedicarle un tiempo, sentarte allí, observar, reflexionar, pensar, y eso por desgracia cada vez es menos frecuente.

Primeras nieves en los Picos de Europa.
Primeras nieves en los Picos de Europa.

-Te fascina especialmente el gran paisaje de montaña, las panorámicas de gran formato. ¿Por qué concretamente estas?
-Porque creo que es una de las mejores formas de aproximarse a un paisaje tan grandioso como el de Picos de Europa. Fundamentalmente por dos motivos: puedes hacer ampliaciones muy grandes y detalladas donde el espectador puede bucear prácticamente dentro de la fotografía, puede dirigirse a unas zonas u otras; y por otra parte, porque la panorámica horizontal se ajusta a la forma que tiene el ser humano de ver su entorno. Tenemos dos ojos colocados en horizontal y nuestra visión es panorámica. Centramos nuestra mirada en una banda horizontal y esa es la fotografía panorámica. Además, desde un punto de vista técnico te permite fusionar varias fotografías para conseguir la composición final.

-¿Cuántos kilos llegas a subir en una de tus sesiones fotográficas en la montaña? Supongo que te exigirá un gran esfuerzo físico…
-Intento subir lo menos posible y en la medida en que vas cumpliendo años menos todavía. 3 o 4 kilos de material fotográfico, nadie me lo quita. Normalmente suelo llevar un cuerpo de la cámara, un par de objetivos, y un trípode que para mí es imprescindible. También con los años los fabricantes han ido aligerando el peso de los materiales.

-A ello habría que sumar la ropa de abrigo o de vivac si tienes que hacer noche…
-Claro, entonces aumentas bastante más el peso. Eso se traduce en 10 o 12 kilos en la espalda que te obliga a caminar más despacio, pero te aseguro que lo haces a gusto.

“Me da pena que la gente suba a Los Lagos, se haga selfis y baje exactamente igual que subió. Nos debemos de hacer dignos de llegar a sitios de ese valor estético y ambiental”

-La búsqueda de una determinada luz o de un encuadre específico pueden requerir prolongadas esperas… De todas las fotos que forman parte de la exposición, ¿cuál ha sido la más complicada, la que más te ha exigido?
-Cuando hice la selección para esta exposición consulté con amigos, con hermanos, con mi mujer… y había una que tenía muy claro que quería poner -independientemente de las opiniones- y es una del macizo central de los Picos de Europa. Aunque era principios de agosto, hacía muy mal tiempo, había 8 grados y estaba orbayando. Llegué a la Horcada de Don Carlos, a unos 2400 metros de altitud, después de varios días de travesía y me encontré con un paisaje prácticamente lunar -rocas, nubes, niebla y nieve- que define muy bien lo que es la alta montaña. Todo lo que rodeó a aquella foto fue mágico por eso la tengo un cariño especial por toda la vivencia que tiene detrás.

-¿Crees que eso se llega a transmitir en una fotografía?
-No lo sé… a veces lo intento, aunque no tengo claro que siempre lo consiga. Es una de las cosas que persigo. Busco emocionar al espectador, no quiero que me digan si les gusta o no, quiero que me digan si les emocionó, si sintieron algo cuando vieron esa foto. Eso es muy fácil con la gente que conoce el entorno, los que son montañeros que disfrutan viendo mis fotos. El tema está con la gente que no la conoce. Ese es uno de los principales objetivos que me llevan -junto con el que hablamos antes del conservacionismo- a exponer mis fotos: despertar emociones.

La Cordillera Cantábrica, vista desde los Picos de Europa, se muestra como una interminable sucesión de valles y cordales, como un verdadero mar sólido de montañas. Al fondo, aparece perfectamente identificable la silueta de las cumbres del Macizo de las Ubiñas.
La Cordillera Cantábrica, vista desde los Picos de Europa, se muestra como una interminable sucesión de valles y cordales, como un verdadero mar sólido de montañas. Al fondo, aparece perfectamente identificable la silueta de las cumbres del Macizo de las Ubiñas.

-¿Cuáles son esas horas mágicas que ayudan a conseguir una buena fotografía?
-Si hablamos de fotografía en color la situación en la que es más fácil tener éxito es la hora posterior al amanecer y anterior a la puesta del sol. Lo llaman la hora dorada. Es cuando hay un contraste cromático más importante entre las zonas que están iluminadas (color cálido, anaranjado), y las zonas que están en sombra (tonos fríos, azulados, reflejo de la luz de cielo).
Si se trata de una fotografía en blanco y negro hay otros parámetros diferentes, puedes hacer fotos a cualquier hora del día. No obstante, para llegar a esos lugares nadie te quita cuatro o cinco horas de caminata, si juntas a eso el tiempo que tienes que esperar -salida o puesta del sol-, eso te obliga a hacer noche allí. Si tienes suerte y hay un refugio cerca, vas, pero si no tienes que montarte un vivac. Dormir bajo las estrellas creo que es una experiencia que todo el mundo debería de vivir, por lo menos, una vez en la vida.

-¿Qué se siente allá arriba?
-Es una experiencia que te pone en tu sitio. Te hace darte cuenta de lo pequeñito que eres y lo grande que es el universo. Es una cura de humildad. Sobre todo, si te toca una noche toledana de estas de tiritar dentro del saco. En cualquier caso, es una experiencia que no olvidas. También te digo que es algo que no cambio por nada.

“Una fotografía no solo es una imagen, hay toda una historia detrás, vivencias y emociones que en ocasiones son difíciles de transmitir”

-¿La fotografía sale al encuentro o hay que ir a buscarla?
-Me gusta planificar las fotos, dónde voy a ir y qué voy a fotografiar, pero eso no quiere decir que tengas que cerrarte a otras cosas que te pueden surgir en el camino. Hay que tener flexibilidad para adaptarse a todo aquello que no estaba planificado y ser sensible a otros elementos que se pueden presentar. La fotografía muchas veces viene a ti. Tengo algunas que soy consciente de que vinieron a mi descaradamente y de las que estoy muy satisfecho.

-¿La montaña te ha ayudado a descubrir más cosas de ti?
-La montaña es una escuela de honestidad en la que no puedes hacer trampas. Es una enseñanza fantástica. Eres tú, tus fuerzas y el medio. Si te fallan las fuerzas no puedes engañar a nadie.

-¿Qué retos tienes en mente?
-Continuar con esta exposición itinerante que en marzo estará en Gijón, en la Fundación Alvargonzález, e intentar contactar con más salas de Asturias y Cantabria para exponer allí. Tengo pequeños proyectos de ir a algún bosque, zonas de ríos, porque el conocimiento de un territorio, de una zona en concreto, facilita muchísimo la fotografía, y una de las cosas que estoy practicando últimamente es centrarme en ir de forma repetitiva a algunos sitios concretos. A medida que repites el sitio empiezas a sentir aquello de una forma diferente. Eso me ayuda a encontrar la motivación, y también a las escenas que luego recojo en las fotos que digan algo a la gente.

-¿Tienes algún sueño?
-Muchos, no me caben. Mi sueño principal es tener más tiempo para poder hacerlos.

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