Caminar: ni peajes ni fielatos

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El Rincón de Teobaldo
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Vuelvo a León después de un año y tres meses sin cruzar el Payares; echo cuentas y veo que el precio de la autopista hace que se doble, exactamente, el coste del viaje, un precio alto. Dicen ahora que vamos a pagar peajes por doquier, es como si volviéramos a la Edad Media. ¿Vendrán luego los portazgos? ¿Tendremos una tasa por pasar el Puente la Perra? ¿Resucitaremos los fielatos?

Retrasar, encarecer, obstaculizar y alimentar la picaresca, son las consecuencias inmediatas de esta regresión fiscal. Seguramente ya las nuevas generaciones lo desconocerán, pero durante mucho tiempo, tanto que llegó a ser un popular monólogo, se contaba en Asturies el cuento de los pillos locales que engañaron al fielateru.

El fielato, que aún hoy se mantiene en muchos sitios como topónimo, incluso en algunos hasta la caseta, era una frontera fiscal entre municipios, una tasa para las exiguas arcas del ayuntamiento; de modo que cuando los de Santana iban los lunes al mercado de Sama, el autobús de regreso era detenido durante unos minutos mientras el probo funcionario, talonario en mano, iba repasando cestas, sacas, bolsos de señora, y cualesquiera otros artefactos con capacidad de almacenamiento, para descubrir y grabar las mercaderías en transporte. Así que dos amigos, en su coche, decidieron disfrazar el cerdo que habían comprado. Lo equiparon con un traje, corbata y boina incluidas, para pasar la aduana municipal; lo sentaron en medio de ellos y consiguieron salvar el control sin coste. Uno de los agentes municipales se reía cuando comentaba con el otro: “Ah, tú, ¿fijástete nel del medio, la cara gochu que tien?”.

Me viene a la cabeza la imagen de Don Francisco Álvarez Cascos. Era vicepresidente del gobierno de Josemari cuando, minutos antes de abandonar los sillones por final de legislatura, tuvieron a bien sus excelencias prorrogar el peaje del Huerna. Era entonces su partido el PP, que ahora considera una injusticia que otros jueguen la misma baza. Había llegado a tan alto nivel partiendo de su estancia en el Ayuntamiento de Gijón, como único y resistente concejal de Alianza Popular; y eso que en los trabajos de la preautonomía astur un periódico lo había tildado de “abobado”

https://fusionasturias.com/opinion/firmas/el-rincon-de-teobaldo/caminar-ni-peajes-ni-fielatos.htm Caminar: ni peajes ni fielatos

¡Les vueltes que da la vida, hermanu! Llegó FAC a todopoderoso ministro de Fomento, y con tanta mano en la disciplina militante que lo llamaban el general secretario. Tuvo la idea de decorar con estatuas los márgenes de las autopistas, luego nos enteramos de que se casaba con una marchante de arte, después de haberse separado por segunda vez, el que años atrás se manifestaba contra la ley del divorcio. Destruía la familia, decía; él amaba tanto la tradicional institución que llegó a constituir tres. Coherencia.

Foro Asturias DisponibleLuego vinieron tiempos menos brillantes. Fundó un partido tan parecido a sí mismo que llevaba hasta sus mismas siglas, Foro Asturias Ciudadano (FAC), y en el colmo de la originalidad consiguió que lo expulsaran de su propia organización, récord del que sólo conozco un caso, el de Tarsicio, fundador y despedido del Partido del Bierzo.

No reconoció que otra abreviatura FAC fuera él, la que aparecía en los papeles de Bárcenas, antiguo financiador de los populares, ahora “ese señor al que usted se refiere”. El problema de Cascos con las cuentas es histórico, y eso que decían de él que era un buen calculista (es ingeniero, recuerden). Llevado de su conocida sencillez no se había preocupado de si la compra de unas entradas de cine era gasto particular o profesional, que un político lo es full time (To’l rato, vaya, y perdón por citar a otro su compañero ministro con problemas penales. Como Matas, Cospedal, Díaz, Zaplana y otros miembros de aquel impetuoso gabinete). Parece que esto de que ciertos políticos metan la mano en el cajón es otro de nuestros peajes.

Como el del Huerna, de irreparable. Con el coste de la autopista muchos profesionales del transporte volvieron a las rampas del Payares, y se repitieron momentos complicados por las nieblas, lluvias, nieves y argayos, como en los siglos pasados. Recientemente el amigo Ernesto Burgos recordaba en su columna habitual, “Historias heterodoxas”, los miedos de Clarín al volver de la capital del Reino: “El que baja el puerto por primera vez cree inverosímil que se llegue con vida al final de la jornada”. Al peligro del mal camino de carros se unía la insalubridad de los alojamientos; dice Ernesto que Jovellanos fue a pedir colchones al cura para salvarse de chinches y otros malos acompañantes.

Marchas de la Dignidad 2014Lo compara uno con la situación actual, con tanta prevención higienista. Hace, por otra parte, un paralelismo con los tiempos de la ruta, “El viaje a la capital de España en aquellas condiciones podía durar 20 días”. O sea, como ir a pie. En el año 2014, marzo, la Columna Asturiana de las Marchas de la Dignidad en la que tuve el honor de caminar, echó 22 días andando hasta Madrid, para decirle al gabinete Rajoy que estábamos hartos.

De ministros de otro color esperamos mejor trato, aunque hay dudas, que Zapatero dejó por cumplir la palabra de eliminar el peaje del Huerna; otras promesas del actual Gobierno están por concretar en el BOE o a medio desarrollar. “…Pero habrá que empujarla, para que pueda ser”, dejó cantado Labordeta.

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