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martes 23, abril 2024

Navidad, no para todos

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Es Navidad. La tierra que hace dos mil años recogía la semilla del Amor, regada y alimentada por la sangre de su Mensajero, hoy se empapa de la sangre de las víctimas del odio y del egoísmo, los opuestos al Amor, los seguidores de un “dios” que se proclama “el único”, “el eterno”.

Esta Navidad no habrá alegría en la “tierra santa”, solo dolor. No habrá niños pendientes de los Reyes Magos, aunque tampoco habrá Reyes Magos, porque los sicarios del “dios” son zombis asesinos, como los que crucificaron al Mensajero del Amor.

Pero eso no significa que el Amor haya perdido la batalla y que aquella semilla no haya crecido hasta convertirse en un árbol fuerte, no, significa simplemente que un círculo se cierra y que los mismos que hace dos mil años agredieron, escupieron y pidieron la muerte de Jesús, hoy se enfrentan de nuevo al mismo destino, y en su ceguera no comprenden que la Ley Superior, la Ley del Padre, a quien Jesús invocaba, es inexorable y no depende del tiempo, porque funciona fuera de él. Y esa Ley no permitirá que los “zombis”, los sicarios de la oscuridad, estén invitados a la “fiesta” final.

Esta Navidad no habrá alegría en la “tierra santa”, solo dolor.

Es Navidad. Las promesas de un paraíso basado en la más moderna tecnología, en una inteligencia artificial que pensará y tomará decisiones por nosotros, invaden los sueños de los futuristas. Nadie dice nada sobre el destino de la naturaleza humana. Además, los nubarrones de una catástrofe planetaria sin precedentes planean sobre las mentes más realistas y sobre los cálculos científicos más pesimistas. El hombre vaga sin rumbo fijo olvidándose de lo más elemental de la existencia, el Amor, aferrándose al poder, a la posesión y a los valores del pasado, caducos e inservibles.

Es Navidad. Miles, millones de personas en todo el mundo sobreviven a duras penas olvidados por los poderosos gobiernos del planeta que derrochan millones de dólares en armamento, en lujos innecesarios, en levantar palacios con los cimientos de arena que se derrumbarán ante el poder de los Elementos.
Mientras, las religiones, cómplices prostituidas de los gobiernos, luchan por no perder su oscuro poder y su hegemonía en el concierto mundial, como vampiros que se disputan las almas de los ciudadanos en nombre de un “dios” que, una vez más, nos muestra su lado oscuro, su sed de sangre, la antítesis del Padre a quien Jesús se refería y a quien obedecía.

El hombre vaga sin rumbo fijo olvidándose de lo más elemental de la existencia, el Amor.

Es Navidad. En el primer mundo las mesas se llenarán de turrones, de suculentos platos y de guirnaldas. Se cantarán los villancicos que hablan de un niño-Dios nacido en Belén y las familias se reunirán porque así se debe hacer, porque es la tradición, pero nadie hablará del significado de ese niño y de su mensaje, nadie se atreverá a preguntarse si sigue vivo y dónde está, nadie abrirá su corazón a los demás porque la relación se convirtió en pura hipocresía, porque nadie dice en realidad lo que piensa, lo que siente, y porque es más fácil esconderse tras una careta festiva que mirarse a los ojos y darse de verdad la mano.

Es Navidad. Y la humanidad sigue prisionera del pasado, y además de un pasado distorsionado por los intereses de las Iglesias. Porque en estos dos mil años han ocurrido muchas cosas, porque ahora un ciclo de tiempo se cierra y se abre otro muy diferente, porque el Amor ha germinado en la sangre derramada y el tiempo ha sido cumplido, porque el Hijo y el Padre se han unido para el nuevo tiempo, porque el examen ha comenzado, porque los Elementos colaboran ya para restablecer el equilibrio original, porque los últimos serán los primeros, porque la Justicia Superior dará a cada uno lo que en verdad merezca, porque nadie puede decir ya que no lo sabía.

Es más fácil esconderse tras una careta festiva que mirarse a los ojos y darse de verdad la mano.

Es Navidad. Y una vez más la Navidad duele dentro, porque una especial sensibilidad flota en el ambiente, como si el Maestro del Amor sobrevolara nuestros corazones y dejara una gota del dolor que Él vive al contemplar lo mucho que el hombre va a sufrir por olvidar sus palabras.

Navidad, no para todos. La Espada, por MAK
Ilustración: @Arabesko3

Es Navidad. Y en algún lugar un niño nace, protegido de los peligros por una blanca paloma que simboliza la eterna paz que existe más allá, en esos otros mundos donde la vida es Verdad, donde el dolor no existe, donde la Luz no tiene oscuridad.

Todo ello y más le fue prometido al hombre. Todo ello y más forma parte del Reino del Padre que ya ha abierto sus puertas para que comiencen a entrar los que lo deseen por encima de cualquier otra cosa, más que nada en sus vidas. Pero sólo pasarán si en sus vidas fueron respetando a los demás, ayudándoles en todo lo posible, sintiéndolos como hermanos.

Es un buen momento para reflexionar sobre lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Es Navidad. Es un buen momento para reflexionar sobre lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, porque el tiempo continúa su marcha hacia todo lo anunciado, porque la humanidad va a vivir, ya está viviendo, su examen final, y la asignatura básica es el Amor, la fraternidad universal, y ya está perdiendo por goleada.

Es Navidad y duele dentro. Duele escuchar, duele ver, duele sentir. Muchos eligen escapar del dolor, tapándolo con fiestas, con una fingida alegría. Pero este dolor vino para quedarse, y lo único que lo puede aminorar es no olvidarse del Niño, del Niño que vino a enseñar al hombre el Amor del Padre, del Niño que se hizo hombre y dio su Vida por los hombres, por toda la humanidad.

Es Navidad. ¿Dejarán de asesinar niños en tierra santa los que se consideran el pueblo elegido? Sería bueno que aprovecharan estas fiestas para reflexionar sobre sus actos y sobre su “dios”. Sería muy importante para ellos.

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