La Fundación El Pájaro Azul contra el Covid en la República Democrática del Congo

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Inmaculada González-Carbajal, de la Fundación El Pájaro Azul, con un grupo de niños en el poblado de Kanzenze
Inmaculada González-Carbajal con un grupo de niños en el poblado de Kanzenze / Fotos: Fundación El Pájaro Azul
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La ONG asturiana El Pájaro Azul responde a una llamada de emergencia frente al Covid en la República Democrática del Congo (RDC), país donde colabora con varios proyectos.

Sala de pediatría en el Hospital de Kanzenze (República Democrática del Congo).
Sala de pediatría en el Hospital de Kanzenze.

Inmaculada González-Carbajal García, presidenta de la Fundación El Pájaro Azul, se desplaza periódicamente al África subsahariana para conocer de primera mano los avances que tienen lugar en la comunidad a la que están apoyando. Un proyecto educativo con niños de la calle, un centro de atención a enfermos mentales y proyectos de formación y desarrollo para mujeres habían sido hasta ahora prioritarios para esta organización asturiana, pero la irrupción del Covid en remotas aldeas rurales del Congo ha disparado todas las alarmas. De ahí que este colectivo esté recaudando fondos para ayudar a crear una unidad anti-covid en Kanzenze, en la RDC. Con la ayuda del Principado de Asturias, el Ayuntamiento de Gijón y del empresario Paco Arango, impulsor de la Fundación Aladina, ya han conseguido 49.000 euros.

-¿Cómo está afectando el Covid en el Congo y otros países africanos?
-Por lo que sabemos, en el Congo, y por lo visto ocurre algo parecido en otros países del África subsahariana, el Covid no está afectando como aquí. Al menos no de una forma tan devastadora, de hecho, allí la gente anda sin mascarillas, ni distancias de seguridad… pero no quiere decir que no haya habido muertos.
También es verdad que el año pasado, en marzo, cuando la República Democrática del Congo tuvo 12 casos cerraron el país, aislaron la capital del resto del territorio y también el barrio donde estaban los casos, que eran personas que habían regresado de Europa. Se confinaron, tomaron unas medidas de forma muy rápida y con mucha claridad.

“El año pasado, en marzo, cuando la República Democrática del Congo tuvo 12 casos cerraron el país, aislaron la capital del resto del territorio y también el barrio donde estaban los casos, que eran personas que habían regresado de Europa”

-¿Y por qué ahora se da esta situación de crisis?
-La zona para la que hemos tenido que pedir la emergencia es para Kanzenze, una zona rural, donde la gente vive en chozas de barro que pueden tener unos 30 metros y en las que conviven varias personas, porque duermen todos dentro. En estos asentamientos la gente vive un poco hacinada y no hay medios de ningún tipo, ni mascarilla, ni posibilidad de aislarse.
El problema es que esta zona está muy cerca de unas minas de cobre que están controladas por chinos y a través de la gente de las minas les llegó el Covid. En este lugar nosotros estamos apoyando varios proyectos, tenemos un internado de niñas en el que varias de ellas están afectadas y no puedes aislarlas… es un desastre.

-¿Con qué medios cuentan para combatir el virus?
-En esta zona hay un hospital ‘a lo africano’, pero es un centro en el que no tienen medios para hacer pruebas PCRs, ni EPIs, ni zonas donde cuidar a enfermos de Covid. Es el único que hay y es el centro de referencia para 100.000 personas, está preparado para atender un parto, para hacer revisiones o atender casos de malaria, pero no deja de ser muy básico. Así que empezamos a pedir dinero para poder cubrir la compra de estos materiales, también de algunas camas para crear una zona de aislamiento para gente con Covid y para empezar a trabajar con la gente los temas de higiene y la necesidad de llevar mascarillas.

La Agencia Asturiana de Cooperación nos dio 15.000 euros, el Ayuntamiento de Gijón nos acaba de dar 20.000 y Paco Arango de la Fundación Aladina, que colabora con nosotros, 14.000 euros.
Nosotros ya hemos adelantando parte del dinero para empezar a comprar material y poder hacer una zona Covid.

“En esta zona hay un hospital ‘a lo africano’, pero es un centro en el que no tienen medios hacer pruebas PCR, ni EPIs, ni zonas donde cuidar a enfermos de Covid”

Entorno del Hospital General de Kanzenze (República Democrática del Congo).
Entorno del Hospital General de Kanzenze.

-¿A quién tenéis en Kanzenze para gestionar la ayuda?
-Allí la contraparte nuestra es una orden religiosa formada por religiosas españolas y nicaragüenses: Hermanas Pureza de María. Trabajar con religiosas es una garantía de aplicación de los recursos, sabes que llega todo a donde tiene que llegar. Nuestro contacto es Victoria Braquehais, una misionera joven que vive allí y a la que ya le han hecho varias entrevistas en medios nacionales, ella es la que organiza el proyecto.  La directora del hospital también es una religiosa nicaragüense de esta congregación que además es médico. Yo voy cada cierto tiempo a visitar la zona, a conocer los proyectos in situ.

-¿Esto que pasa aquí es lo que puede estar ocurriendo en otras partes de África?
-Esto se puede replicar a otros sitios, porque lo que hace que el virus se extienda es la movilidad. Aquí la movilidad es pequeña, la gente que vive allí como mucho viaja diez kilómetros para vender carbón vegetal, el makala, no va más allá. En estas zonas aisladas hay una especie de endogamia que hasta ahora les protegió, pero claro, alguien que llegó con el virus lo metió. Y en el momento en que entra puede ser devastador.

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