Mujeres que miran… a través de un objetivo

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Integrantes del grupo Mujeres que miran en el Niemeyer
Integrantes del grupo Mujeres que miran en el Niemeyer / Foto: Gema Sánchez
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Hace ya siete años que, a través de la Asociación Dulce Chacón, un grupo de mujeres decidió formarse en la fotografía sin más pretensiones que el aprendizaje en una materia habitualmente copada por hombres. Bajo la dirección de la fotógrafa avilesina Gema Sánchez, se gestó el grupo ‘Mujeres que miran’. La mejor tarjeta de presentación son las imágenes que han ido mostrando al público.

Gema Sánchez, fotógrafa de Avilés
Gema Sánchez

La última vez que vimos sus fotografías en una exposición fue en el Museo de Historia Urbana de Avilés, en julio de 2020. En esta ocasión, el protagonismo de la muestra recayó en el paisaje industrial que ha acompañado a estas mujeres a lo largo de su vida y las sensaciones que este suscita. Porque como explica Sánchez, “nuestra mirada del mundo plasma lo que vemos, lo que sentimos. Y no siente igual un hombre que una mujer, eso es mentira, tenemos emociones diferentes porque tenemos vivencias distintas. La mujer busca reflejar más la parte emocional que una faceta técnica”.

El grupo ya tiene en mente un nuevo proyecto que espera sacar a la luz a finales de mayo, coincidiendo con el final de la presente edición del curso de fotografía. La profesora avilesina es quien nos cuenta los detalles de lo que ya es una aventura ilusionante.

-Lo primero, ¿cómo se formó el grupo Mujeres que miran?
-Todo empezó en la Casa de Encuentros de la Mujer, en Piedras Blancas, porque la Asociación de Mujeres Dulce Chacón quiso empezar a promover actividades para mujeres. Tenían ya en marcha varios cursos de idiomas y querían hacer algo que no fuera lo convencional, salir de la línea habitual de cocina, costura, etc. Me propusieron dar un curso de fotografía, y así empezamos a trabajar.
Muchas de las participantes llegaban con la cámara del marido o del hijo, y decían ‘esto no es para mí’. Tenían que ver que aunque en la fotografía hay una parte técnica, esto se aprende, porque para ellas era un tabú. El objetivo era enseñarles a manejar algo que era tradicionalmente masculino y, por otro lado, acercar la fotografía como arte a las mujeres para que también fuese un instrumento de expresión para ellas.

“Al principio, las participantes del curso empezaban con pequeñas cámaras compactas pero enseguida se entusiasmaron, empezaron a usar las reflex, los objetivos, y empezaron a pedir más”

-Cuéntanos cómo ha sido vuestra evolución.
-Al principio, empezaban con pequeñas cámaras compactas pero enseguida se entusiasmaron, empezaron a usar las réflex, los objetivos, y empezaron a pedir más. Inicialmente, yo me conformaba con que entendieran la técnica y supieran utilizarla como herramienta pero, pasada esa barrera, conseguimos que muchas se expresaran a través de la fotografía e hicimos varias exposiciones. Una de ellas tuvo como tema el maltrato. La hicimos en el Valey Centro Cultural de Castrillón y fue genial; ellas se involucraron mucho y fue muy emocionante. También hicimos otra sobre la industria, estuvo expuesta en el Museo de Historia Urbana de Avilés y tuvo muy buena acogida porque tampoco era algo convencional que fuesen mujeres las que fotografiasen el paisaje industrial que tenemos en nuestro entorno.

Exposición de fotografías Mujeres que miran. Julio 2020
Exposición de fotografías Mujeres que miran. Julio 2020

-¿Qué se pudo ver a través de esta mirada diferente?
-En las fotos de industria se vio que no nos interesaba mucho la parafernalia mecánica, en cambio sí mostraban la sensación que nos daba el paisaje, como la tristeza o la añoranza. Son fotos más emocionales. A lo mejor una la sacó porque allí trabajó su padre y otras porque reflejan la contaminación del lugar, el abandono o la suciedad. Es un tipo de fotografía que no es tanto un documento histórico técnico sino más bien un reflejo de lo que emocionalmente nos produce.

-¿Cuál será vuestra próxima exposición?
-Ahora estamos con otro proyecto que trata de reivindicar a mujeres fotógrafas que siempre estuvieron discriminadas en este sector. Está el ejemplo el de Joana Biarnés, que cuando iba a los campos de fútbol a hacer sus fotos, como su padre también había hecho, no la dejaban entrar porque decían que aquello estaba reservado para los fotógrafos. Tuvo sus más y sus menos porque la echaban y se reían de ella.
Vamos a hacer fotografías, emulando, recreando con un poco de sentido del humor imágenes icónicas de mujeres que, aunque están reconocidas, no llegaron a tener el auge que tendrían si hubieran sido hombres. Llamaremos la atención recreando fotos de Cristina García Rodero, de Gerda Taro, de Biarnés y de otras muchas mujeres. Lo haremos con un toque de humor y poniendo también la foto original.

-¿Cómo va a sorprendernos este trabajo?
-Muchas de estas fotos icónicas la gente las conoce, pero nadie sabe que son de una mujer. Por ejemplo, en los años 70 y 80 Biarnés publicó un montón de imágenes que aparecieron en prensa. Era ella quien retrataba a Dalí, y también a Carmen Sevilla o a Raphael, pero todo el mundo pensaba que detrás de la cámara había un hombre. La autoría femenina es lo que queremos reivindicar con el proyecto.

Mujeres que miran
 Foto: Gema Sánchez

“Hay muchas fotos icónicas que la gente conoce, pero nadie sabe que la autora es una mujer”

-¿Cuántas mujeres están ahora mismo participando en el curso?
-Alrededor de treinta divididas en tres grupos porque, por motivos de Covid, tampoco podemos juntarnos mucha gente. Hay quien lleva ya varios años y hay quien acaba de empezar, pero entre todas les ayudamos y se integran perfectamente. El otro día, la más mayor de mis alumnas, de 76 años, y que lleva ya siete en el curso, estaba con una chica de 25 que acababa de empezar. Resulta una imagen curiosa que una mujer mayor ayude en algo digital a alguien mucho más joven. Se ha creado una familia, y es bonito ver cómo se apoyan.

-¿Habéis participado en otras iniciativas?
-Sí, este año el calendario oficial del Ayuntamiento de Castrillón se hará con fotos nuestras del concejo, enfocadas al medio rural. A las mujeres que han empezado este año y que ya van a tener una foto en el calendario les va a dar mucho ánimo.

“Hicimos una exposición sobre industria urbana que tuvo muy buena acogida porque tampoco era algo convencional que fuesen mujeres las que fotografiasen el paisaje industrial que tenemos en nuestro entorno”

-¿Cómo es la mirada femenina a través de una cámara?, ¿qué aspectos se resaltan?
-Yo creo que el hombre -algunos me van a matar- cuando hace fotos busca más el ego, mientras que la mujer tiende a plasmar más lo que le emociona, lo que le toca la fibra. No tiene interés, por ejemplo, en sacar a los futbolistas metiendo un gol. La mujer tiene una faceta más fuerte en lo relativo a la fotografía artística, trabaja más con esa parte.

-De todo el tiempo que llevas como profesora, ¿qué anécdotas te han llamado la atención?
-Como mujeres nos han pasado muchas anécdotas, sobre todo de hombres que se acercan a aleccionarnos porque claro, la fotografía debe ser solo cosa de hombres. Como la vez que fuimos a Luarca, a un lugar muy pintoresco y muy guapo a hacer fotos. Éramos alrededor de doce mujeres, todas con la cámara, y había un hombre allí sentado con su mujer. En un momento dado, una chica me preguntó algo técnico y entonces el hombre se levanta y dice: ‘mira, ven acá que yo os lo explico. Esto se hace así’. Yo le dije, ‘perdona que te haga callar, pero no sé quién te dio vela en este entierro. ¿No te has parado a pensar que somos muchas mujeres para responder, que esto es un curso y hay una profesora?’ Y él contestó: ‘bueno es que al profesor no lo veo por ningún lado’.
Otra ocurrió un día que yo estaba trabajando en exteriores y estaba utilizando el flash. Se me acercó un hombre y me dice ‘a ver oh, ¿para qué quieres un flash con el sol que hace?’ Lo que no sabía es que se utiliza el flash para rellenar las sombras.

 


Una instantánea de la profe

En su web personal, Gema rememora momentos de su infancia en los que veía a su padre utilizar una vieja cámara Agfa, con más decisión que acierto, en cumpleaños o excursiones familiares. El que fue un objeto prohibido para ella se ha convertido ahora en un compañero fiel e inseparable.

-¿Por qué te inclinaste por la fotografía?
-Yo lo hice desde siempre. Mis padres no eran ni artistas ni fotógrafos, pero era algo que ya venía conmigo, igual de otra vida. Cuando era pequeña, como no tenía cámara, imaginaba que la tenía, hacía que sacaba fotos y luego dibujaba en servilletas de papel lo que veía, después iba enseñando la servilleta y diciendo: ‘mira qué foto’.
Con doce años ya conseguí un laboratorio de fotografía muy básico, lo tenía en una despensa. El paso a profesional lo di en 2010, aunque al principio estás en paralelo con otro tipo de trabajos porque si no no podías ganarte la vida; siempre estuve haciendo cosas.

-¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
-Hago bodas, bautizos, comuniones y también fotografía de viajes y turismo, pero mi especialidad es la de animales, aunque también me gusta mucho retratar personas. En mi web apenas tengo ese tipo de imágenes porque la gente no quiere salir, y eso hay que respetarlo, pero tengo reportajes preciosos de gente que prefiere que no se publiquen.

“Lo primero para fotografiar a un perro es hacerte amiga de él, que te conozca, jugar y meterlo en tu rollo. A veces el problema surge porque entra tanto en tu juego que no puedes hacerle fotos porque no se despega de ti”

-¿Resulta difícil fotografiar animales?
-Para mí no, porque los entiendo y sé cómo sacar lo que quiero de ellos; a veces los dueños de los animales son más difíciles que ellos. Lo primero es hacerte amiga de él, que te conozca, jugar y meterlo en tu rollo. Yo me baso mucho en energía y vibración, se trata de buscar no solo la técnica si no de conocer al animal y que esté a gusto contigo. Es lo mismo que ocurre entre fotógrafos y modelos porque es muy frío llegar a un sitio y decirle a una mujer, ‘señora, póngase ahí, quítese la ropa o haga este gesto con el cabello’, primero habrá que entablar una conversación, establecer un mínimo de vínculo, y con el animal lo mismo. A veces el problema surge porque el perro entra tanto en tu juego que no puedes hacerle fotos porque no se despega de ti. Piensa que tú vienes a jugar, te trae la pelota cuarenta veces y no hay forma de tener una distancia. Tienes que tener paciencia, conocerlos un poco, saber qué es lo que quieren y provocar la foto.

Perros en la playa, imagen de la fotógrafa Gema Sánchez
Telva, Maggie y Arena (Labrador Golden y Pastor australiano) jugando en la playa. Foto: Gema Sánchez

-¿Es un tipo de fotografía que está en auge?
-Sí, yo, por ejemplo, trabajo mucho con animales que participan en concursos de belleza y shows. Tengo una amiga que compra un champú para su perro que cuesta cuarenta euros, sin embargo el que compra para ella es de Mercadona y no llega a dos euros. En el mundo de la belleza los perros son muy importantes.
Además, las mascotas forman parte de la familia, la gente quiere tener fotos bonitas para ponerlas en un póster, pegarlas en una taza, etc., y esto hay que hacerlo con fotos guapas.

-Cada artista tiene un sello propio que trasluce en sus imágenes. ¿Cuál crees que sería el tuyo?
-Quizá tenga que ver con los colores, pero no sé cuál es, nunca me lo había preguntado. También puede ser que en la mayor parte de mis fotos aparece un animal; cuando voy a fotografiar a una persona o a una familia siempre les pregunto si tienen perro. En mis imágenes casi siempre hay animales o algo de naturaleza porque también trabajo mucho en fotografía de Asturias, de paisajes y ubicaciones interesantes.

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