Elsi Rider: “Cada viaje te refuerza de una manera diferente”

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Elsi Rider con su moto en el desierto de Namibia
Elsi con su moto en el desierto de Namibia / Fotos: Elsi Rider
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Elsi Rider es bien conocida por sus viajes a diferentes partes del mundo. No son muchas las mujeres que se lanzan a hacerlo en solitario y a lomos de una moto, y todavía es más difícil que lleguen hasta lugares como la India o atraviesen países como Arabia Saudita, Irak o Rusia. La última parada de esta aventurera ha sido el continente africano.

La motera es de cuna leonesa pero confiesa su arraigo por Asturias, donde reside desde hace ya varios años. Cuando era algo más joven, una negligencia médica que a punto estuvo de acabar con su vida, reorientó su rumbo. Elsi salió de la UCI y se hizo a sí misma una promesa de vida: aprovecharía esa segunda oportunidad para hacer todo aquello que realmente quería hacer.

-Cuéntanos de tu último viaje, ¿cuántos kilómetros llegaste a realizar?
-Fueron alrededor de 33.000 kilómetros. Empecé el viaje recorriendo todo Sudáfrica, luego pasé por Mozambique, Botsuana, Namibia, Zambia, Zimbabwe, Kenia, Zanzíbar, Tanzania, Etiopía y regresé por Sudán, Arabia Saudita, Irak y finalmente Turquía hasta llegar a España.
De los 33.000 más de 5.000 los recorrí off road, es decir fuera de carreteras, por tierra. Y 1000 por el desierto para atravesar Namibia, fue un viaje duro. En total fueron cuatro meses, empecé el día 11 de mayo y a finales de septiembre ya estaba de regreso. En la primera parte del viaje, durante el primer mes, vino conmigo un chico que nunca había hecho un viaje de estas características, luego él regresó y yo continué en solitario.

Carretera en Kenia, muy cerca de la frontera con Etiopía
Carretera en Kenia, muy cerca de la frontera con Etiopía.

-¿Te encontraste una tierra de contrastes?
-Sí, cada país es una realidad diferente. Hay algunos muy complejos, como fue en esta ocasión Etiopía que tiene una situación política social muy complicada. Un día está bien y al día siguiente están en guerra, y a mí me tocó pasar en un momento muy convulso; tuve mis problemas, aunque al final lo superamos.

-Creo que también tuviste problemas para conseguir tu moto Lusi.
-Sí, este ha sido el viaje de las piedras en el camino, primero porque yo quería entrar en África por Marruecos pero por aquel entonces había problemas diplomáticos y las fronteras estaban cerradas. Llevaba unos años esperando para poder viajar, como todos, por el tema del Covid y me dije: “este es el momento, lo voy a hacer como sea”. Pensé entonces en mandar la moto por barco y yo ir en avión, pero con tan mala suerte que la moto no llegó el primer mes, ni el segundo, ni el tercero y una vez que estaba en África la moto no aparecía por ningún lado. Tuve que patearme todo Cape Town (Ciudad del Cabo), recorrer las oficinas aduaneras y pedir que me dejasen entrar para localizarla. Cuando la encontré en un contenedor empecé todo el papeleo para sacarla de allí. Hubo muchísimos contratiempos.

“Como momento malo el que sufrí en Etiopía porque me tiraron de la moto, me vi rodeada de una treintena de personas que llevaban los típicos machetes y me tiraban piedras, al final tuvo que venir a sacarme el ejército”

-¿Cuál fue el momento más emocionante de tu viaje?
-Como emoción muchísimas cosas. Si vas con un viaje organizado en el que te llevan a los famosos lots, conoces una cara muy turística de África, pero la que yo viví, viajando encima de la moto y con mi tienda de campaña y comunicándome mucho con la gente para conocer culturas, es complicada. Tiene momentos buenos y tiene momentos malos. Me emocioné mucho la primera vez que vi jirafas delante de mí en un camino. Iba con la moto y no podré ni publicar el vídeo de ese momento porque de los nervios que tenía ni se ven. También fue un momento muy bonito cuando un elefante se me puso delante de la tienda de campaña y no podía entrar. Luego están las puestas de sol que me sorprendían cada día, me ilusionaban los colores de África.
Como momento malo, el que sufrí en Etiopía porque me tiraron de la moto, me vi rodeada de una treintena de personas que llevaban los típicos machetes y me tiraban piedras. Al final tuvo que venir a sacarme el ejército. Fue un momento realmente angustioso en el que llegué a temer por mi vida, pero me gustaría poner el acento en que fueron cinco días malos para atravesar Etiopía de cuatro meses maravillosos.

-¿Cómo se sobrelleva un momento así?
-Mucha gente se queda con lo malo, pero al final los viajes son como nuestra vida, en la que te pasan cosas buenas, cosas malas y cosas desastrosas, y esto fue igual. Lo importante no es cómo te caes, o en este caso cómo te tiren de la moto, sino cómo te levantas y cómo consigues salir adelante ya que la situación era muy complicada. Fue muy difícil de gestionar porque tenía un estado de nerviosismo grande, estaba allí rodeada por gente que me apedreaba y no sabía muy bien cómo iba a salir de allí. Yo llevaba un dispositivo de emergencia y en tantos años que llevo viajando sola es la primera vez que lo tengo que tocar. El dispositivo avisa a policías y militares que haya alrededor y en menos de un cuarto de hora se presentaron y me sacaron de allí. Hay un vídeo que he publicado que pone los pelos de punta pero también quería que la gente fuera consciente de que estas cosas pasan. Cuando compartes un viaje hay que compartir todo, lo bueno y lo malo.

“El miedo es libre pero a veces nos hace reaccionar de forma que no es acorde con un ser humano. En el camino de la vida, como en el de los viajes, ocurren estas cosas”

-¿Sabes por qué te atacaron?
-Etiopía es complicada, en Adis Abeba conocí a gente que me contó por lo que estaba pasando el país en esas fechas, pero no sé decirte una razón. En la frontera ya nos habían advertido de esto, así que cuando me encontré con una ONG italiana decidí atravesar Etiopía en un convoy con ellos. Yo me muevo por zonas muy seguras, pero esta gente decidió atajar por un camino para ahorrarse ochenta kilómetros y el caso es que nos metimos en un camino que estaba lleno de gente y en él había que ir despacio y se produjo un momento muy convulso.

-Imagino que en esos momentos de tensión será cuando hay que tirar de experiencia para afrontar algo así.
-Pues no lo sé, porque siendo honesta fue un momento muy complicado y yo me levanté gritando y muy enfadada porque no entendía porque me habían tirado de la moto, aunque sí que es cierto que luego intentas hacer un poco de control de emociones. De pronto te ves rodeada de personas con machetes que te están empujando y tirando piedras y a pesar de que intentes controlar mucho, es difícil.
También me decepcionó mucho la asociación italiana. El miedo es libre, pero a veces nos hace reaccionar de forma que no es acorde con un ser humano. En el camino de la vida, como en el de los viajes, ocurren estas cosas.

“Sudán me pareció el país de la gente buena. El viaje allí dio un giro de 360 grados, veían que tenía dificultades para subirme a la moto y siempre salían a echarme una mano”

-¿Por qué dices esto?
-La gente de la Asociación se portó muy bien conmigo cuando me tiraron de la moto, porque cuando yo quise volver a subirme a ella no podía, no tenía fuerza en la pierna y uno de ellos me llevó la moto hasta el siguiente punto mientras yo iba en su todoterreno. Después tuve que ir alquilando varios camiones para llevar la moto y atravesar el país porque por aquel entonces no podía apoyar la pierna. Todos atravesamos Etiopía con mucho miedo, pero luego en la frontera de Sudán mi moto todavía no había llegado así que me dejaron allí sola, literalmente tirada con las maletas en la frontera y se marcharon. Entiendo que había mucha tensión, pero los seres humanos tenemos que estar por encima de esto y hay que dar el do de pecho cuando hay que darlo. La única chica que viajaba en esta Asociación, al venir a despedirse, me dio un abrazo y me dijo: “siento mucho lo que te estamos haciendo, esto no se le hace a nadie”. Y yo le respondí: pues sí, efectivamente, yo esto no lo haría ni por ti, ni por nadie porque ahora mismo soy una persona vulnerable, y en estos casos lo que hay que hacer es ayudar.

En un poblado de Zambia donde Elsi Rider acampó para pasar la noche
En un poblado de Zambia donde Elsi acampó para pasar la noche.

-¿Es tal vez el momento en el que más miedo has pasado de todos tus viajes?
-Sí, he pasado miedo. Todos lo pasamos porque veíamos militares y gente no militar armada que bebían mucho. Luego en Adis Abeba me comentaron que no sabían cómo había podido llegar hasta allí. El problema es que a veces las informaciones no nos llegan del todo hasta que estás allí sobre el terreno; desde aquí pensamos que todo está bien, pero luego resulta que ese día no es así, sin embargo si vas al día siguiente, a lo mejor está todo estupendamente.

-¿Cómo afectó al viaje este incidente?
-Con la caída me golpeé la pierna y tuve un desgarro de ligamentos y ahí me planteé si volver a casa y traer la moto en avión, pero soy una tía con mucho coraje y no quise hacerlo. Además, hacer esto era muy caro y tendría que quedarme unos 10 o 15 días en Etiopía, y en ese momento tan convulso lo que quería era irme. Así que una vez que vi que la pierna no estaba rota y que podía moverla pensé en salir de allí como fuera, y lo hice por la zona de Sudán, que me pareció el país de la gente buena. El viaje allí dio un giro de 360 grados; yo creo mucho en el karma y la gente de Sudán me ayudó muchísimo. Veían que tenía dificultades para subirme a la moto y siempre salían a echarme una mano, al igual que en Arabia Saudita, que fue algo espectacular.

“En Arabia Saudita un grupo de motoristas me ayudó de forma alucinante. Sabían que tenía la pierna mal, que no la podía apoyar bien y me iban escoltando por las ciudades, cortando rotondas y calles para mí. Fue una experiencia brutal”

-¿Qué pasó en Arabia Saudita?
-En el año 2019 no me dejaron entrar por ser una mujer y viajar sola, pero esta vez sí me dejaron y hubo un grupo de motoristas que me ayudó de forma alucinante. Sabían que tenía la pierna mal y que no la podía apoyar bien y me iban escoltando por las ciudades, cortando rotondas y calles para mí, fue una experiencia brutal. Yo hacía rutas de 200 o 300 kilómetros al día y ellos me esperaban a la entrada de las ciudades para evitar que tuviera que apoyar la pierna. Me organizaron visitas por toda Arabia Saudita, me llevaban a los hoteles, etc., fue mi gran descubrimiento de este viaje.

-¿Cómo se enteraron los saudíes de tu llegada y tus circunstancias?
-Estaba en Sudán cuando decidí que iba a tirar para adelante con mi moto, pensé en seguir viaje por Irak y como donde estaba tenía wifi me puse en contacto con un grupo de motoristas irakíes que localicé en las redes sociales. Les dije quién era, lo que estaba haciendo, lo que me había pasado y los problemas que tenía. También que había hablado con la Embajada y que me habían dicho que ni se me ocurriese pasar por Irak o por sitios como ese. Ellos se pusieron en contacto con el grupo de Arabia Saudí, aunque luego los irakíes también contactaron conmigo para acompañarme.

“En Irak me encontré un país de gente muy generosa (…). La anécdota fue que abrieron Babilonia para mí sola, me organizaron una visita, me dieron las llaves de esta ciudad de 3000 años de historia, yo no me lo creía”

-¿Te sorprendió lo que encontraste en este país?
-Sí, porque la percepción que tuve es que a las mujeres en Arabia Saudita se las ha dotado de libertad, pueden trabajar, pueden conducir, si quieren pueden llevar el velo y si no no pasa nada. Luego conocía a Manal, una chica con la que me quedé en su casa y que me contó que además habían decretado una especie de ley para que si una mujer quería trabajar no fuera ni insultada ni acosada por ningún hombre. El país está en un momento de apertura y a mí me gustó mucho, me sorprendió gratamente para bien. La gente conmigo se portó muy bien, se enteraron por Manal que mi cumpleaños había sido muy amargo por todo lo que me había pasado en Etiopía y me organizaron una pequeña fiesta en Yeda para cantarme el cumpleaños feliz en español. Fue muy bonito, muy emocionante.

-Poco después llegaste a Irak. ¿Qué has encontrado en un país que no se conoce precisamente por su seguridad?
-Pasé primero por Kuwait donde estuve dos días con muchísimo calor, porque si en la zona las temperaturas tenían una media de 50 ºC, allí todavía eran superiores. Luego ya me fui a Irak donde me encontré un país de gente muy generosa. Siempre tenemos una idea de este país asociada al terrorismo, a la guerra y a todas estas cosas, y lo que pude ver es que los primeros que están cansados con estos temas son los irakíes. Aquí una ruta que te puede llevar cuatro horas te lleva ocho porque tienes muchísimos controles, hay checkpoints continuamente por el tema del Daesh. Pero la experiencia fue maravillosa porque los motoristas irakíes me esperaban en cada ciudad e incluso me llevaban a dormir a sus casas. Estuve visitando ciudades como Basora, Bagdad y Mosul y pude conocer muy de cerca su cultura. La anécdota fue que abrieron Babilonia para mí sola, me organizaron una visita, me dieron las llaves de esta ciudad de 3000 años de historia, yo no me lo creía. También tuve la gran suerte de poder visitar Samarra, que para los musulmanes es como el Vaticano para los católicos. Se desvivieron porque yo pudiera hacerlo, responsabilizándose de mí, entregando su propia documentación y pude visitar un lugar impresionante, hecho todo de oro y diamantes.

“A veces la gente viene diciendo: ‘qué romántica es África’, pero será gente que ha estado en un lodge o que ha ido a un resort porque cuando la pateas África es dura”

-¿Fue un claro ejemplo de que la comunidad motera está por encima de las diferentes nacionalidades?
-La comunidad motera, sobre todo la de Irak, está muy comprometida con que su país vuelva a tener una cierta apertura y que la gente vuelva a visitarlo. Es gente joven que estuvo en la famosa revolución, gente con una responsabilidad social de que su país vuelva a estar en el mapa, pero no como terroristas, si no como una nación a la que la gente pueda ir tranquilamente.

-¿Hay que estar pie a tierra para conocer un territorio?
-Sí, porque las informaciones que llegan o son sesgadas o nos llega lo que nos llega, pero luego la realidad es totalmente diferente. A veces la gente viene diciendo: “qué romántica es África”, pero será gente que ha estado en un lodge o que ha ido a un resort porque cuando la pateas África es dura.
En Nairobi, por ejemplo, está el hotel famoso donde la gente da de comer a las jirafas pero eso no es Kenia, ni tampoco lo son los resorts que aparecen en las revistas de viajes.

Momento previo al montaje del campamento en el desierto de Namibia. Elsi Rider
Momento previo al montaje del campamento en el desierto de Namibia.

-¿Qué te llevas a tu casa de este viaje?
-África. Para bien o para mal es un continente que no deja a nadie indiferente. Me llamaron mucho la atención las distintas realidades dependiendo del país en el que estés, los contrastes abismales que hay, sobre todo en lugares donde hay mayoritariamente población blanca, como en el caso de Sudáfrica o incluso Kenia. También la tremenda globalización que hay. En Zambia, que acampé en un poblado de chabolas, veía que la gente estaba con sus móviles, pero luego en la Franja de Caprivi iban caminando con los cubos a buscar agua a los pozos.

-Conocemos tu paso por Etiopía pero el desierto de Namibia tampoco fue tarea fácil con una moto que se hundía en la arena y tú cayéndote en más de una ocasión. ¿Te sentiste en algún momento impotente?
-No, yo soy muy cabezota. Nacida en León y por lo tanto cazurra y cabezona, sé que todo se consigue, hay que darse tiempo. La primera vez que caí levanté bien la moto, pero claro luego iba arrastrando cansancio y no podía, entonces cuando me ocurre algo así, respiro, descanso y busco soluciones. No soy de tirar la toalla fácilmente.

“Como mujer siempre tienes que llevar más medidas de precaución que cualquier hombre, pero yo tomé las mismas que llevo en cualquier viaje”

-Tuviste ocasión de visitar la cárcel donde estuvo prisionero Nelson Mandela, ¿qué se siente al pisar un lugar con una historia tan poderosa?
-Yo me emocioné muchísimo porque pienso que es un referente, aunque también he de decir que hablando con gente de color allí no opinaban lo mismo, porque pensaban que realmente no había hecho todo lo que dicen, pero para mí es un referente. Me imaginaba a Mandela en aquella cárcel tan pequeña y en la que estuvo tantos años y era increíble. Luego también visité el barrio y el museo que hay en Soweto con una persona de allí que hizo de guía para mí, y son cosas que recomendaría hacer para entender muchas cosas. El museo era la antigua comisaría desde donde mataron a tanta gente joven cuando las manifestaciones contra el Apartheid y en ese sitio, si tienes la sensibilidad que hay que tener cuando viajas con el alma abierta, empiezas a escuchar el murmullo de toda esa gente manifestándose, empiezas a imaginar todo lo que pasó allí y de verdad comprendes cómo hemos derivado a situaciones de ahora.

-Visto lo visto, ¿es posible viajar por África con seguridad?
-Sí, absoluta y rotundamente sí el sitio es seguro, el único problema es Etiopía. Por lo demás me encontré una tierra en la que te puedes mover, yo paraba a comprar en los mercadillos y aunque sí es verdad que a veces intentaban sacarte algo, luego no hay ningún tipo de problema. Como mujer siempre tienes que llevar más medidas de precaución que cualquier hombre, pero yo tomé las mismas que llevo en cualquier viaje, como por ejemplo, cuando cae la noche tener un sitio para acampar o dormir y ver dónde acampas, con los animales no puedes hacerlo en cualquier lugar porque si viene un elefante, te puede pisar la tienda.

Campamento en Kenia al que venía cada tarde una manada de elefantes
Campamento en Kenia al que venía cada tarde una manada de elefantes

“No cambio el sentarme con una tribu y poder convivir con ellos por ninguna foto, así que me sentaba junto a la hoguera y disfrutaba del momento que era increíble”

-¿El encuentro con la fauna salvaje fue lo más bonito de este viaje?
-Me gustó mucho este encuentro pero también el contacto con la gente. Es el viaje en el que menos fotos y vídeos hice porque notaba que cuando grababa generaba cierta incomodidad y no quería forzar la situación, así que simplemente la vivía. No cambio el sentarme con una tribu y poder convivir con ellos por ninguna foto, así que me sentaba junto a la hoguera y disfrutaba del momento que era increíble. Y que nadie se imagine tribus en tanga porque África ya no es así, es todo muy diferente.

-A pesar de los cambios ¿las tribus africanas siguen conservándose su arraigo con la tierra?
-Sí y no. Hay gente que sí, como un masai que conocí que iba vestido como nosotros, con americana y vaquero, pero mantenía esa ligazón con la tierra y la naturaleza, pero luego conocí a otra gente que no, que les daba igual todo esto. También estuve en un poblado de himbas en el que pude ver que seguían haciendo sus cosas, sus rituales, pero luego, en el Parque Nacional de Etosha, había himbas que se habían convertido en un reclamo turístico, algo lamentable. Me dio mucha porque también me contaron que muchos de ellos bebían y que habían perdido el arraigo con la tierra. El mundo está tan globalizado, que al final todo llega, lo bueno y lo malo.

“El momento en que llega una moto grande siempre llama la atención, pero cuando ven que eres una mujer ya es la bomba”

-¿Qué pensaban los africanos y africanas cuando veían llegar a una mujer sola con esa pedazo de moto?
-El primer mes, como iba con este compañero era algo indiferente, pero cuando fui yo sola sí que se armaba la marimorena. Cuando había un control policial en mitad de un camino se me se acercaban, me rodeaba un montón de gente y tocaban, porque son muy de tocar todas las cosas. Y ellos sí que se llevaron fotos mías porque todo el mundo se hacía fotos conmigo y subí a mucha gente encima de la moto, como hago siempre. El momento en que llega una moto grande siempre llama la atención, pero cuando ven que eres una mujer ya es la bomba. Cuando llegué a la frontera de Tanzania se me hizo de noche por las horas que tuve que esperar con los trámites, así que busqué un hotel y me acuerdo que cuando descargaba mis cosas una mujer vino a saludarme, me hizo una señal con la mano como de afirmación y me decía “woman power, woman power”, fue muy bonito.

Expectación en un taller de Tanzania ante la llegada de Elsi Rider para una reparación de su moto
Expectación en un taller de Tanzania ante la llegada de la viajera para una reparación de su moto.

-¿Ya estás recuperada del todo?
-Sí, ya estoy cien por cien operativa, lo de la pierna fue un desgarro en el ligamento que me dolía muchísimo. Cuando llegó la moto a la frontera de Etiopía tuve que atravesar apenas 300 metros para entrar en Sudán, y solo en ese tramo me caí dos veces porque no podía con ella, los gritos de dolor para subirme a aquella moto se oían en la otra punta del continente, pero ahora está todo bien.

“Quiero llegar a ser una viejecita con historias que contar porque eso significará que he hecho cosas como esta”

-A pesar de la dureza ¿tu balance final es positivo?
-Para mí siempre es positivo porque esto es como la vida misma y de todo se aprende. Cuando viajas corres riesgos, pero no es un motivo para frenarme; desde el sofá de casa nunca te va a pasar nada. De los viajes uno siempre vuelve mucho más humilde y un poquito más sabio.

-Veo que tu espíritu viajero no se resiente tras ninguna experiencia
-Como en todo, cada viaje te refuerza de una manera diferente. Es lo bueno de viajar, es la mejor inversión que hay, porque siempre traes cosas que vas añadiendo a tu mochila de la vida. Mi lema es que quiero llegar a ser una viejecita con historias que contar porque eso significará que he hecho cosas como esta. Ahora mismo estamos en un momento social muy complejo en el que todo el mundo está criticando por criticar, un momento de crispación. Y hay que dar un paso al frente, pensar que tenemos un regalo que es la vida y que tenemos que disfrutarla. En mi caso viajando, pero cualquier otra pasión te aporta cosas positivas que puedes compartir, y si con ello puedes inspirar o motivar a otras personas, pues qué bonito. Por eso hay que huir de la crítica fácil, porque al final es un vacío que no te va a aportar nada.

1 COMENTARIO

  1. Pocas veces una entrevista te hace emocionar, pero las preguntas y las respuestas aquí tienen un poder sensacional y una motivación extraordinaria!! Elsi es un referente y una ídolo para la comunidad motera!! Gracias por esta publicación!! Felicidades!!

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