Mitos en torno al sapo

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Mitos en torno al sapo
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Los sapos son anfibios altamente beneficiosos para la agricultura por su alimentación a base de insectos y babosas. Son totalmente inofensivos y para defenderse segregan un líquido tóxico a través de unas glándulas situadas a los lados de la cabeza.
Dicho líquido produce irritación en ojos y mucosas, pero en caso de manipular un sapo basta con lavar las manos para que desaparezca la toxicidad. En la tradición oral asturiana los sapos originan graves enfermedades, se dice que “mexan”. El líquido que segregan provoca verrugas y el lugar por donde pasa un sapo o una sacarera (salamandra) queda infectado. Si alguien pasa su mano o pisa descalzo en ese lugar cogerá una infección conocida como “cuxíu o cuxillu”. Para curarse había que frotarse con ceniza del llar.
En Beisapía (Tinéu) había que recitar, ademas, el siguiente conjuro:
“Si ias de llargatón veite al balsón (matorral).
Si ias de sapaguera veite a la llera.
Si ias de sapu veite al furacu.
Si ias de culuebra veite a la cueva”.

Uno de los nombres que se le dan al sapo es el de “mexacán” en alusión al veneno que sueltan. En Teberga, cuando a alguien se le tenía especial inquina, se decía “A esi hai que coce-y un sapu”. Se creía que así se le perjudicaba. En los libros llamados de San Ciprián, donde venían fórmulas y conjuros mágicos se aconsejaba coger un sapo negro y amarrar a su barriga alguna cosa de la persona que se quiere encantar para conseguir su amor. Debe hacerse con dos lazos, uno rojo y otro negro, y mantener al sapo encerrado en una olla de barro hasta el día de la boda. Después hay que liberarlo sin ningún daño.
La creencia de que los sapos eran perjudiciales llevaba a que las mujeres y los niños fuesen a los campos al amanecer el día de Pascua provistos de ramos de laurel y agua bendita para asperjar los terrenos del cultivo diciendo:
«Fuera sapos,
fuera ratos,
fuera toda maldición,
qu’equi ta l’agua bendita,
y el ramu de la pasión”.

Por otra parte, el sapo siempre fue vinculado a magias y brujerías lo que supuso para este inocente anfibio una verdadera persecución, siempre apedreado o ensartado. “Les manzanes del sapu” son las que cayeron del árbol, se dice que no sirven para comer y reciben ese nombre porque el sapo anduvo por encima de ellas.

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