Cultura funeraria: ¿Mármol o granito?

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Cementerio de Oviedo
Cementerio de Oviedo / Foto: Fusión Asturias
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El fallecimiento de un ser querido conduce a tener que tomar decisiones en diferentes cuestiones con las que a menudo no estamos familiarizados. Una de ellas puede ser la elección de la lápida con la que recordar al difunto.

La opción de guardar los restos mortales del fallecido en un espacio habilitado para ello como es un cementerio ofrece la posibilidad de rendirle homenaje a través de un elemento fúnebre muy común: la lápida. Dado que esta tendrá un significado especial a la hora de recordar a un ser querido y será el lugar a donde acudiremos en fechas señaladas para honrarle y depositar flores, es importante que esta sea de nuestro gusto. Para fabricarla se utilizan dos materiales: el mármol y el granito. Decantarse por uno de ellos será más fácil teniendo en cuenta sus diferentes características. El mármol es el material con más tradición, un material elegante de hermosa apariencia que solo se trabaja con materia prima de primera calidad y que registra una amplia paleta de colores.

España es un gran productor de mármol a nivel mundial, destacando la localidad de Novelda en Alicante. Otro núcleo relevante es Macael, en Almería. De las canteras de la sierra de los Filabres se extrae el llamado ‘oro blanco’ como se conoce a la variedad de mármol ‘blanco Macael’ por la pureza de su color.

El uso de granito en arte funerario está imponiéndose en la fabricación de lápidas que permanecen a la intemperie porque además de tener una gran capacidad de pulido presenta mayor capacidad de resistencia a la lluvia ácida y al desgaste del sol, soportando un elevado intervalo de temperaturas entre -30 ºC y 60 ºC. Este dato puede tener importancia en la vigencia de los grabados que pueda incorporar la lápida.

A la belleza que de por sí tienen ambos materiales hay que añadir la gran variedad de posibilidades que enriquecen las lápidas, con grabaciones en relieve, símbolos religiosos que la acompañen, y con muchos otros complementos en materiales tan diversos como el bronce, el acero o la porcelana.


Las flores, eternas compañeras

Entre las decisiones habituales que hay que tomar se encuentra la de escoger las flores adecuadas para enviar al funeral o al tanatorio. En realidad todas serán acertadas pues son la forma de presentar nuestro apoyo y cariño a los familiares del fallecido, pero ahora es posible elegir entre muchas opciones. Además del clásico ramo, centro floral o corona se abren nuevas posibilidades como arreglos florales en forma de cruz, de corazón u otros motivos que tal vez puedan relacionarse con el difunto.

Las flores elegidas para ello también abren un amplio espectro respecto al tipo de plantas y al color de las mismas, pero hay una serie de ellas que sobresalen por encima del resto. Las rosas, los crisantemos, el lillium y los claveles son los cuatro protagonistas indiscutibles, por separado o juntos, crean bonitos adornos que aportan un punto de belleza en días de dolor y pérdida.

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