#robercontraelcancer. Reto solidario de Grado a Santiago

0
430
Rober González, Rober contra el Cáncer
Rober González / Foto cedida por Rober González
[Total: 5   Promedio: 4.6/5]

Su primer reto fue el año pasado: en bicicleta de Grado a Covadonga. El objetivo: recaudar fondos para la investigación contra el cáncer. Viendo lo bien que le fue la recaudación, este año, Roberto González quiere asumir otro reto, pero más ambicioso: Grado-Santiago de Compostela.

¿Para qué tenemos la vida? Para vivirla. Obvio, pero no siempre verdad. Roberto González tenía una vida más o menos normal: su trabajo, su familia, sus amigos… Dos hernias discales llegaron para poner patas arriba su rutina y acabar llevándolo a quirófano, donde le realizaron una artrodesis lumbar. Tras mucho tiempo de dolor, rehabilitación y esfuerzo llegó de nuevo la calma. Pero no por mucho tiempo. Siete meses después volvió el cansancio, el dolor y tras él el diagnóstico: adenocarcinoma gástrico en cardias. Traducido, un cáncer maligno que además había afectado al hígado en un 75%. Frente a esto solo hay dos opciones: o te hundes o te vuelves fuerte. Rober decidió aceptar la situación y apostar por la VIDA. Dadas las características de su cáncer, lo que le recomendaron era entrar en un ensayo clínico con el cual era compatible. La recomendación médica de hacer ejercicio aeróbico fue lo que activó la necesidad de implicarse en la lucha contra el cáncer y que tuviese repercusión para el resto de la gente.

Diseño de la camiseta de la campaña Rober contra el cáncer
Diseño de la camiseta de la campaña Rober contra el cáncer / Foto cedida por Rober González

Tras días de hacer rutas de varios kilómetros, uno de sus amigos lanzó la orda: “¿a qué no hay narices de ir hasta Covadonga?”. A esto se sumó la posibilidad de convertirlo en un reto solidario y conseguir dinero para la Fundación Seom, Sociedad Española de Oncología Médica, que investiga contra el cáncer. Así surgió en 2020, el primer reto de #robercontraelcancer gracias al cual recaudó más de catorce mil euros. Para el verano de este año está ya preparado el segundo: Grado-Santiago de Compostela, más de trecientos kilómetros en tres etapas. El objetivo: concienciar a la gente de la importancia de la investigación y decirles que estar enfermo no impide vivir, tener fortaleza, estar motivado, pelear y luchar contra la adversidad y, sobre todo, ser RESILIENTE.

-¿Podrías resumir cómo fue la evolución física tanto de tus lesiones como del cáncer?
-Me operaron de dos hernias discales en las que me hicieron una artrodesis lumbar y me fijaron tres vértebras. Durante un año lo pasé muy, muy mal porque una de las hernias se extruyó y me pinzaba de continuo el nervio ciático. Hasta que me operaron fue horrible. Todo salió muy bien, me hablaban de entre seis y ocho meses de recuperación. Yo quería abrir la tienda cuanto antes y pregunté qué podía hacer para acelerar el proceso. Me dijeron que tenía que caminar mucho y me puse a ello como un loco. A los cuatro meses, el traumatólogo me concedió el alta porque vio todo el esfuerzo que estaba haciendo para recuperarme. En agosto empecé a trabajar, estaba muy débil y poco a poco fui cogiendo fuerza. En ese momento piensas que no te puede pasar nada peor que lo que has vivido, pero me equivocaba. En marzo empecé a tener problemas de disfagia, me encontraba mal y fui al médico de cabecera porque además estaba muy cansado y un poco apático. Me dijo que eso era de los fines de semana, de salir de fiesta y excederme con las comidas y la bebida. Tuvimos un intercambio de palabras no muy grato porque, después de lo que había pasado, yo no entendía como un médico podía pensar que iba a estar haciendo el canelo los fines de semana. Entonces me derivó a digestivo y me daban la cita dos meses más tarde. Llamé a La Lila, les dije lo que me pasaba y les pedí que si me podían ver antes porque si no iba a tener que ir por urgencias. La chica que me atendió consiguió una cita para la semana siguiente y cuando me vio el de digestivo, me volvió a decir lo mismo: que era de los fines de semana.

Uno nunca piensa que le va a tocar a él, pero la realidad es que una de cada tres personas va a tener que pasar por un cáncer con tratamiento y esto es un porcentaje muy alto”

-Supongo que tu mala leche iría en aumento.
-Sí, me cabreé, le acabé diciendo que yo tenía una tienda y que además de deberme a mis clientes, tenía que trabajar para poder vivir. Que yo no iba allí por capricho y que si veía mi historial médico podría comprobar que todas las veces que había ido al centro de salud era para que me pincharan corticoides y poder seguir trabajando mientras tuve las hernias discales. Entonces me pidió una gastroscopia y tuve la suerte de que me llamaron a la semana siguiente para hacerla. Cuando vieron los resultados ya me dijeron que ahí había algo y que tendría que pasar por cirugía o radio terapia. Lo que menos te esperas es que vaya a ser un cáncer. A los diez días me llamaron de cirugía, me dijeron lo que era y que me tenían que hacer más pruebas. Ahí ya me saltaron todas las alarmas, más cuando ves las caras que ponen los médicos. Poco a poco te vas dando cuenta de que el alcance es mayor. Ese mismo día fui a oncología para informarme porque yo ya había caído en picado. Desde que me diagnosticaron el cáncer hasta que me hicieron las pruebas, pasó casi un mes. Yo seguí trabajando porque no me servía de nada quedarme en casa dándole vueltas a la cabeza, pero llegó un momento en que mi rendimiento físico bajó tanto que tuve que coger la baja.

Rober González, Rober contra el Cáncer
Foto cedida por Rober González

-¿Cuál fue el resultado de las pruebas oncológicas?
-El diagnóstico fue un cáncer gástrico muy agresivo estadio IV con metástasis hepática. Al estar tan avanzado era complicado abordarlo con un tratamiento normal y mi calidad de vida se iba a ver muy reducida, con lo cual me dijeron que, en mi caso, lo mejor era intentar entrar en un ensayo clínico. Esto implicaba hacer más pruebas y esperar un mes para saberlo. La oncóloga que me tocó, Paula J. Fonseca, había estudiado conmigo en el colegio y como tenía confianza con ella, me dejé asesorar. Con las muestras de la gastroscopia hicieron un test de ADN y fui positivo en el gen Her2+, así que era un paciente modelo para ese ensayo clínico. Primero empecé con el ensayo clínico combinado con quimio, después me ampliaron más las sesiones y ahora estoy con el mantenimiento del ensayo hasta el verano que terminará y me vuelve a tocar otro ciclo de quimio. Sé que soy enfermo crónico para toda la vida, cada tres semanas tengo que ir al HUCA a enchufarme a una máquina que me mete una serie de medicamentos para mantener o intentar cronificar los tumores. Todo se inició porque conocía a la oncóloga, si no creo que no me habrían dado ni tratamiento porque estaba en una situación muy jodida.

“Yo me dije que tenía que aceptarlo, trazar una línea recta y tener siempre una mentalidad positiva,
de lucha”

-¿Cómo se transformó todo esto en un reto solidario?
-Uno de los medicamentos afecta a nivel cardiaco y cuando acabé la quimio me dijeron que tenía que empezar a hacer actividad física para mejorar. Les comenté la posibilidad de hacer algo de bici eléctrica y así fue cómo empecé. Las primeras salidas las hice con un cliente que se acabó convirtiendo en amigo. Eran rutas cortas que poco a poco fueron subiendo hasta que un día hicimos una de casi setenta kilómetros. Empezamos a decir de broma que la siguiente íbamos a Covadonga y fue lo típico de decir “a que no hay…” Mi respuesta fue: si me da permiso la oncóloga, ya verás si vamos o no. Ese fue el punto de partida y ahí mi cabeza ya se puso a pensar en que, si había entrado en un ensayo clínico que alguien había financiado, podía ir a Covadonga haciendo un reto personal y solidario a través del cual podría recaudar dinero con el que crear una beca de investigación. De esta manera surgió el primer reto que fue Grado-Covadonga. Marco Rodríguez, el reportero de TPA, me había hecho una entrevista en 2012 cuando abrí la tienda y le escribí para comentarle lo que quería hacer. Le pareció interesante y el 25 de septiembre hizo un programa de Conexión Asturias sobre el reto. Muchas empresas quisieron colaborar, hice un mega sorteo, intenté moverlo lo máximo posible para recaudar más dinero para la Sociedad Española de Oncología Médica (Fundación Seom www.seom.org) y la verdad es que salió todo muy bien. El reto se cerró en diciembre y la recaudación fue de 14.239,50 euros. Con esto ya se crea una beca de investigación esta primavera.

-Y ahora vas a por el segundo reto: Grado-Santiago de Compostela. Más de trescientos kilómetros en tres etapas.
-Si sigo encontrándome más o menos bien, voy a intentar hacer este reto que es un poco más difícil para seguir recaudando dinero y que ellos evalúen si lo suman a esta beca y que tenga más cuantía, o se reserva para crear otra diferente. Ya me empecé a mover, tengo ahí a una gente que me hizo camisetas, el diseño del cartel, tengo el dossier de prensa para poder enviar… Toda la publicidad que pueda hacer es buena, más cuando entiendes que con estas cosas no hay un beneficiario único, sino que es para la sociedad como conjunto. Yo me beneficio en el mismo grado en el que lo hacen los demás. E incluso menos porque yo tengo un cáncer con metástasis y probablemente los resultados de estas investigaciones ya no me vayan a tocar, pero ojalá. Uno nunca piensa que le va a tocar a él, pero la realidad es que una de cada tres personas va a tener que pasar por un cáncer con tratamiento y esto es un porcentaje muy alto. Esto no discrimina ni contagia, pero te toca y lo único que te queda es pelear. El 100% de lo recaudado es para la Fundación, que a su vez lo destina íntegramente a la creación de becas de estudio contra el cáncer.

“El 100% de lo recaudado es para la Fundación Seom, que a su vez lo destina íntegramente a la creación de becas de estudio contra el cáncer”

Reto solidario Grado- Santiago de Compostela de Rober, Rober contra el Cáncer
Reto solidario / Foto cedida por Rober González

-¿En qué dirías que te ha cambiado el hecho de tener este cáncer?
-Al principio es muy difícil de asimilar. Cuando pasa un tiempo empiezas a pensar que eso que te afecta a ti va a hacer mucho daño a la gente que tienes alrededor e intentas que lo pasen lo mejor posible, pero es complicado. Yo me dije que tenía que aceptarlo, trazar una línea recta y tener siempre una mentalidad positiva, de lucha. Siempre digo que todos tenemos una fecha de caducidad, pensamos que nos vamos a morir de viejos y la verdad es que nunca sabes dónde la tienes; pero una cosa es vivir sabiendo esto y otra es vivir marcado porque sabes que lo tienes detrás de ti. ¿Voy a perder el tiempo en un enfado estúpido o en algo que no merece la pena? Empiezas a valorar las cosas desde otra perspectiva y ves el mundo con un enfoque diferente. Disfrutas más de todo, incluso las cosas a las que antes no les dabas valor porque pensabas que siempre las ibas a poder hacer. Vivimos con miedo continuo a la muerte y cuando llega ese momento todo el mundo dice: “¿qué tendría que haber hecho para vivir plenamente?” Cuando te estás muriendo ya quemaste el tiempo y no es momento de plantearse nada. La vida hay que aprovecharla desde el principio, día a día. No vale ir con miedo. Hay gente que piensa que disfrutarla es ir de vacaciones al Caribe y no tiene nada que ver. Una sonrisa, tomar algo con los amigos, un chiste con el que te ríes mucho… Estamos acostumbrados a la vida.

“Cuando te estás muriendo ya quemaste el tiempo y no es momento de plantearse nada. La vida hay que aprovecharla desde el principio, día a día.
No vale ir con miedo”

-¿Le tienes miedo a algo?
-Todo el mundo tiene miedo, pero hay que ser muy realista. ¿Quién puede tocar el miedo? Nadie. Es algo que tenemos en nuestra cabeza con lo cual ¿miedo a qué? Hay que tener respeto. Siempre le digo a la gente que hay que vivir dentro de las posibilidades de cada uno. Yo sé que no me voy a poner a hacer parapente porque sería absurdo, pero cuando estaba con la quimio pensaba que nunca más iba a poder andar en bici y en este mes de enero llevo más kilómetros que en los últimos ocho años. Y claro que te puede pasar algo andando en bici, pero también te puede pasar caminando por la calle. Hay que hacer las cosas disfrutándolas y nada de dejar algo pendiente. El mañana es incierto, si ahora estoy aquí, pues es el momento. Por supuesto que hay días en los que no apetece nada hacer una cosa, pero tienes que hacerla igualmente. Esto no solo debería hacerlo yo, sino todo el mundo porque la realidad es que no sabes lo que va a pasar mañana. Yo vivo el día a día y con más razón que nadie porque sé que “estoy marcado” por decirlo de alguna manera. Todo lo que puedas hazlo.

-¿Dirías que la vida te regala situaciones o te pone zancadillas?
-Depende de cómo seas. Quizá antes era más pesimista, pero ahora soy muy optimista. Tuve la mala suerte de que me tocara un cáncer, pero tuve la buena suerte de poder entrar en un ensayo clínico que me está regalando unos momentos de vida con una calidad muy buena. ¿Cómo decido tomármelo? Pues prefiero verlo por el lado bueno porque hubo mucha gente que, en una situación como la mía, no tenía ese gen y no pudieron optar al ensayo. De ti depende con lo que te quieras quedar. De algo que puede ser aparentemente malo, siempre puedes sacar un aprendizaje positivo y esto nos cuesta mucho porque estamos educados para buscar lo negativo y en este sentido la sociedad en general deberíamos cambiar.

“De algo que puede ser aparentemente malo, siempre puedes sacar un aprendizaje positivo y esto nos cuesta mucho porque estamos educados para buscar lo negativo”

-¿Qué propósito le has otorgado a tu vida?
-Se lo dije todavía el otro día a la oncóloga: mientras pueda, voy a seguir haciendo cosas para concienciar a la gente de la importancia que tiene la investigación, no solo contra el cáncer, sino contra un gran número de enfermedades de las que ahora no se conoce mucho. Con el Covid hemos visto que se destinó un montón de dinero y de recursos para investigar y, en menos de un año, tenemos una vacuna. Si con el cáncer hicieran lo mismo, muchos tendrían solución. Por ejemplo, el de mama, en los años 80 salían de él un 40% de las mujeres afectadas. A día de hoy, se recuperan el 85% porque se investiga y gracias a eso hay tratamientos nuevos. Hay que concienciarse porque esto es algo que hoy me toca a mí, pero que también te puede tocar a ti. Cada uno tiene que aportar lo que pueda y siempre digo que esto es una inversión porque con el pequeño donativo que hagas, el día de mañana, tanto tú como alguien cercano puede salir beneficiado de lo que se consiguió. Mientras pueda y mi salud me lo permita, voy a intentar llevar el mensaje de que hay que investigar y también hay que vivir, pero no solo cuando te veas mal sino todos los días.

 

Bicicleta Conor WRC E-Kalima con motor eléctrico Shimano e8000

“Esta bicicleta es una Conor WRC E-Kalima. Cuenta con motor eléctrico Shimano e8000, porque ya sabéis que no me puedo pasar de pulsaciones por el tratamiento que me ponen, ya que me baja el rendimiento ventricular y si hago demasiado esfuerzo puedo quedarme sin aire” / Foto cedida por Rober González

 

-¿Te motiva pensar en lo que dejas para los demás?
-Me gusta remarcar que yo, a título personal, no gano nada. El beneficio que tengo es a nivel de motivación porque sé que con esto que estoy haciendo, en el futuro, se van a salvar vidas. La investigación es como una pared llena de interruptores. Tú vas buscando cuál es el que enciende la luz y todos los días trabajas hasta que llega un día que lo encuentras y das con la clave. Con el primer reto jamás pensé que iba a llegar a una cuantía como la que conseguí. Por ejemplo, la Farmacia Corredoria colaboró de manera intensa conmigo y vendieron mascarillas de cuyo importe donaban un euro a la iniciativa, en total fueron cinco mil euros lo que aportaron. La mentalidad es que, si yo con mis medios pude llegar ahí, vamos a intentar dar un paso más y que se implique más gente. Estoy hablando con empresas para hacer colaboraciones conjuntas, hacer campañas solidarias, poner a la venta cosas y que la gente pueda donar una cantidad… Son pequeños proyectos que van sumando. En Llamero, que es el pueblo de mi abuela, entre todos los vecinos hicieron una colecta y donaron cuatrocientos euros para la Fundación. Hubo vecinos que dieron sesenta céntimos y otros sesenta euros, pero al final lo que cuenta es el conjunto. Sé que estamos en una situación complicada porque todo el mundo en su familia tiene a alguien en ERTE o en el paro y no son las mismas condiciones que hace unos años, pero hay que seguir luchando.

“Con el Covid hemos visto que se destinó un montón de dinero y de recursos para investigar y, en menos de un año, tenemos una vacuna. Si con el cáncer hicieran lo mismo, muchos tendrían solución”

-¿Hubieras preferido vivir otra vida?
-¿Por qué? A cada uno le toca lo que le toca. Si hubiera tenido otra vida, a lo mejor no la hubiera gestionado igual y no hubiera sido como soy ahora. Sería otra persona. En esta vida, una de las cosas más importantes es aceptar lo que tienes y cuando lo haces, al final, te acostumbras. Además, ¿qué quiere decir tener otra vida? ¿Ser rico, ganar mucho dinero, tener coches de lujo? Lo que deberíamos hacer es ir creando cada vez una versión nueva y mejor de nosotros mismos, como hacen con los programas informáticos. Vas aprendiendo de los errores que cometes y te vas mejorando. La gente, en lugar de centrarse en aprender de esos errores solo se queda con ellos y eso no se debería hacer. Sácale lo positivo al error para no volver a cometerlo y vete mejorando. Deberíamos buscar el equilibrio y ser conscientes de ello.

También es cierto que el concepto de sociedad que había hace cincuenta años es muy diferente al que hay ahora, nos volvimos entes unipersonales. Me acuerdo de las historias que me contaba mi abuela, que vivió la guerra y la posguerra, y cuando nadie tenía nada todo el mundo arrimaba el hombro. A día de hoy, como se suele decir aquí, estamos refalfiados, tenemos de todo, no valoramos las cosas de la misma manera que lo hacían en aquella época. Al final todo se queda en que quiero ser y tener más que tú, y te puedo asegurar que vale más una sonrisa que tener un IPhone 12. Poder tener un hombro en el que llorar en un momento determinado o que alguien te dé una palabra de aliento significa mucho más que tener cosas. Hoy en día la gente se centró en tener y, al final, están solos. En la casa donde vivía mi abuela, había que limpiar un riachuelo después de todas las riadas. Cuando llegaba el momento mi abuela hacía una pota de fabes, boroñas preñadas, llevaba bebida y hacía una sexta feira a la que venían todos los vecinos porque era como una fiesta. A día de hoy, cuando te pones a hacer algo así, a los dos minutos tienes allí a la Guardia Civil porque te denunció el vecino de más arriba. Yo me quedo con todo lo que me inculcó mi abuela.

“La falta de confianza en uno mismo o el miedo que nos imponemos es la mayor barrera para poder vivir”

-¿Qué significó para ti tu abuela? Me has hablado varias veces de ella.
-Muchas veces me gustaría que estuviera a mi lado. Mi madre se preocupa mucho y sé que lo pasa peor que yo. Siempre me dice que le tenía que haber tocado a ella y yo siempre respondo lo mismo: ¿por qué a ti? Me tocó a mí y el que lo tiene que pasar soy yo. Mi abuela, creo que era de otra manera porque le tocó vivir la guerra y fue muy duro. Además, era muy joven. Echo de menos tenerla para que me contara cómo vivía ella cuando había bombardeos y tenía que escapar con una de sus hijas de dos años, y se iban a refugiar a Las Caldas, en los túneles del tren. Esto sí que eran épocas duras en las que no tenían ni para comer, no como ahora. Creo que no somos conscientes de que tenemos mucho más de lo que realmente necesitamos. Nos acostumbramos a eso y cada vez queremos más.

-¿La mayor discapacidad es la falta de confianza en uno mismo?
-Yo no lo definiría así. Diría que la falta de confianza en uno mismo o el miedo que nos imponemos es la mayor barrera para poder vivir. Está demostrado que hay gente que tiene discapacidades y hace cosas que son increíbles y luego hay otras personas que se ven incapaces de hacerlas porque les tienen miedo a esas barreras. Hay un chico americano que tiene una enfermedad que le obliga a estar en silla de ruedas y me parece que ha llegado a trabajar con Red Bull. Son de estos que se están tirando por rampas y hacen saltos con la silla. Tú ves las imágenes y dices: si este tío lo puede hacer, ¿qué no puedo hacer yo? Lógicamente, no puedes pretender hacer un triple mortal el primer día, para eso hay que tener paciencia, insistencia y una motivación y fuerza diaria. Se necesita resistir.


Si quieres contactar o colaborar puedes hacerlo a través de:
f-facebook: Rober contra el cáncer
logo-instagram: biciracing
T-twitter: Rober contra el cáncer


Para donaciones:
Fundación SEOM www.seom.org
Nº cta: ES53 0049 2865 1527 9406 7121
Banco Santander.
Concepto: Rober contra el cáncer.

DEJA UNA RESPUESTA

¡Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí