Enamórate de Asturias con Asturadictos

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Arenal de Morís. Caravia
Arenal de Morís. Caravia / Fotos: Ana Paz Paredes
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Ana Paz Paredes, periodista asturiana y escritora en La Nueva España, ha publicado recientemente Asturadictos, un libro-guía para recorrer Asturias. También es un sincero homenaje a toda la gente que habita esta tierra y que, como ella misma dice, le han ayudado a conocerla, respetarla, compartirla y comprenderla.

Es una enamorada de Asturias. Habla con pasión de su trabajo y reconoce que recorrerla día a día, conocer a sus gentes, profundizar en sus tradiciones y disfrutar de la gastronomía en cualquier rincón es un lujo que la convierte en la persona más feliz del mundo. El libro está estructurado en nueve secciones (Balcones al paraíso, Agua en vertical, Árboles como destino, Rastros de molienda, Pueblos que enganchan, Playas que son arte, Paisajes líquidos, Palabras de piedra y Donde cantan los cencerros) y como punto final posee una pequeña recopilación de palabras en asturiano que pueden ser de utilidad para el viajero. Se puso a la venta en marzo y está siendo todo un éxito. Tal vez el secreto está en que no es una guía al uso, sino algo que va un poco más allá. Es el trabajo hecho desde el respeto, desde el conocimiento profundo de cada rincón y desde el amor por la tierra que te lo ha dado todo.

Ana Paz Paredes, periodista asturiana y escritora
Ana Paz Paredes

“Fundamentalmente Asturias es la gente que la habita”

-¿A qué se dedica una periodista de caleya?
-Me encanta esa palabra. Las caleyas son esos caminos de los pueblos que pasaban al lado de la cuadra de tu abuelo, que estaban embarrados y por los que iban las vacas o se subía a los praos. Son sus calles. Cuando digo que Asturias es una gran caleya, es porque todos esos caminos te llevan a muchos sitios que merece la pena conocer y disfrutar. Este periodista es el que va a la zona rural y escribe, sobre todo, de la etnografía, de los problemas de la gente de esos lugares, de los emprendedores rurales, de los bares que salen adelante con lo que pueden y que tienen su clientela. Y, por supuesto, sobre las historias de las personas, porque fundamentalmente Asturias es la gente que la habita. Nosotros no podemos ver un paisaje y decir simplemente “qué bonito”, porque lo que estás viendo está conformado y tratado por la gente que vive en los pueblos. Por eso, muchas veces, cuando van quedando deshabitados y ya nadie los trabaja, se dice que el bosque avanza.

Siempre escuché que los grandes naturalistas y ecologistas han sido las personas del rural que han sabido mantener el bosque a raya. Es muy interesante hablar con la gente porque te transmiten su historia, su cultura, las leyendas, las tradiciones, te hablan de lo que es un pan de escanda, de cómo se hace una madreña, de lo que es un ferreiro, un pegoyo… Ellos son los grandes guías porque te lo dicen con conocimiento de causa y también muy entregados, porque sienten auténtico cariño hacia lo que están hablando y porque es donde están viviendo. Eso es lo que quiero reflejar en este libro y por eso no es solo una guía, sino que es algo más. Está pensada para gente que viaja con sentimiento. A los que les gusta hacer veinte fotos de un sitio y mandarlas por Instagram y parar en quince sitios en dos horas, puede que también les sirva, pero fundamentalmente es para la gente que lo disfruta todo con calma.

“Este libro no es solo una guía, sino que es algo más. Está pensada para gente que viaja con sentimiento”

-¿Cuánto de todo ese aparente distanciamiento entre ciudad y pueblo es por desconocimiento?
-Me siento muy orgullosa de ser periodista de caleya y tengo la suerte de alimentarme de todo ese conocimiento popular que la gente desconoce, pero que empiezan a valorar cuando se les cuenta. Muchas veces existe una mirada un poco distante hacia la gente del pueblo, pero creo que es porque muchos no lo conocen. Hay que transmitírsela y una buena forma es a través de una guía de rutas. Yo creo que lo agradecen y sienten mucho más cercano el lugar que están visitando y a la gente que vive en él. Cuando más a gusto me siento es cuando llego a Oviedo cargada con tanta buena energía de toda esa gente que, aunque lo esté pasando mal en el medio rural, son muy atentos, cariñosos y se molestan en ofrecerte lo que estás buscando. Ir por Asturias no solo es ir a ver cosas, sino sentirlas y conocerlas mejor. Y luego a comer, porque en el libro hay 104 bares… Siempre digo que no se puede pasar fame en la caleya.

Cuando enristrar panoyes se convierte en una obra de arte
Cuando enristrar panoyes se convierte en una obra de arte.

-¿Qué has aprendido de la gente de los pueblos?
-Aprendo muchísimo. Me dan mucha fuerza, cariño, ofrecen su cultura y me transmiten su orgullo por las raíces a las que pertenecen, me enseñan rutas y paisajes que no conoce nadie pero que están ahí… Son catedráticos de Asturias porque los auténticos conocedores de las caleyas son los que viven en las aldeas, ellos son los auténticos guías. Son muy buena gente y el turismo que venga tiene que respetar todo esto sobremanera. Muchos lo hacen, pero ahora que vienen tantas personas, creo que hay una parte que desconoce cierta normativa, por ejemplo, en el tema de Parques Naturales. A los sitios hay que llegar con respeto.

-Tras tantos años haciendo este trabajo, ¿te sigues sorprendiendo?
-Sí, por supuesto. Siempre. Cuando escribes sobre una cosa que conoces bastante, aunque no del todo, es como cuando te vas haciendo mayor. A medida que pasa el tiempo, eres más consciente de que sabes menos y esto no es un tópico, es verdad. El tiempo corre en tu contra, y entonces tienes ganas de saber más. Como soy una enamorada de mi tierra, incluso los cambios de estación, cuando paso por una misma carretera, siempre me sorprenden. Por ejemplo, este año entre que empezó el tema del desconfinamiento y que la primavera explotó a lo bestia, esta estación en Asturias está siendo la de mi madre, está todo mucho más guapo y lo valoras todo mucho más.

Ese camino por el bosque, esa playa al atardecer que te enamora cuando vas por la carretera, sentir los pájaros en los árboles, ver las copas de los árboles cómo van floreciendo y sacando la fueya, todas de diferentes verdes brillando al sol… Sientes que vuelve de nuevo la vida y te alegras de seguir aquí y de estar vivo, porque es verdad que somos unos pecadores que vivimos en el Paraíso. Como me enamoro de todas las sensaciones que me produce mi tierra, soy muy agradecida. Con cualquier cosina sencilla soy feliz y me gusta transmitírselo a la gente. Con este libro me he dado cuenta de que hay muchos como yo, que buscamos las mismas cosas. Además fíjate que mucha gente comenzó a conocer a Asturias el año pasado gracias a la pandemia.

Braña de Campel. Pola de Allande
Braña de Campel. Pola de Allande

-¿Qué significa para ti ser asturiana?
-No soy a decirte… Es que lo soy. Me llamo Ana, Astur-ana. Creo que mi madre ya lo hizo a propósito. Estoy muy orgullosa de ser asturiana, sé que tenemos nuestros defectos y nuestras virtudes y nunca diré que somos el mejor pueblo del mundo porque no lo somos. No soy chovinista y opino que lo mío es lo mejor, pero sí sé vivo en una tierra preciosa y con muy buena gente. No puedo decir mejor ni peor porque estoy segura de que en otras partes de España, que me encantaría conocer, hay sitios maravillosos y la realidad es que siempre encuentro belleza en todos los lugares que visito.

No sé lo que significa ser asturiana, pero sé que es un honor, un título, una seña de identidad. No podría ser otra cosa y además ejerzo de tal allá donde voy. Asturianizo a todo el mundo, te lo puedo asegurar. Mi marido es de la Rioja y menos a una de mis cuñadas, a todos les he enseñado a echar sidra. Yo no quiero vender Asturias como un parque temático porque no podemos caer en eso y dar una falsa imagen de la tierra que luego conlleva a que el turismo que viene esté un poco despistado. Tenemos que mostrar Asturias como es, una tierra guapa, con mucho que ofrecer, con buena cocina, con buena gente, y que merece todo el respeto. Cuando te vayas del monte, llévate tu basura, si es un paso para ganaderos no metas el coche, las manzanas que hay en una pomará son de un paisano y no están ahí para que te las comas tú como si fuese un Supercor.

“No sé lo que significa ser asturiana, pero sé que es un honor, un título, una seña de identidad”

-¿Gracias a todo lo que viviste cuando eras pequeña y a lo que te enseñaron tus padres eres hoy quién eres?
-Sí, por supuesto. Mi padre era de Oviedo y periodista, fue subdirector de La Voz de Asturias. Mi madre de Llanera y trabajaba en Telefónica, y los dos me enseñaron muchísimo. Por la parte de mi madre aprendí el amor por las raíces, por mis abuelos, a la tierra, a disfrutar enormemente del pueblo. No quería marcharme de allí e irme a Oviedo era un disgusto infantil tremendo. Nunca me aburría y se llevaban unos sustos tremendos conmigo porque me perdía por todos los sitios. Aprendí el folclore, la pasión por lo que soy que para mí es la parte rural, la cultura popular. Todo lo que viví y experimenté, es todo lo que me hace sentir orgullosa de mi tierra. Mi padre me enseñó el amor por la lectura, por la palabra escrita y por los libros. Siempre digo que tengo dos grandes maestros que fueron mi padre y Antonio Machado. Uno de los primeros libros que me regaló siendo niña fue Campos de Castilla y me enamoró de tal manera que hasta fui a su tumba en Colliure para rendirle homenaje. A partir de ahí empecé a leer poemas maravillosos y a pensar que yo quería ser como él, pero escribiendo como periodista. A través de mi padre, de Antonio Machado, de mi madre, mis abuelos, mis tíos, mis vecinos y de toda la gente con la que fui creciendo, soy hoy quien soy. También es verdad que he aprendido mucho en mi profesión porque soy una persona que aprende de los demás y que trata de coger siempre lo bueno. Les estoy muy agradecida a todos.

“Los que viven en las aldeas son catedráticos de Asturias. Ellos son los auténticos guías”

-Me da la impresión de que tu oficina es toda Asturias…
-Yo puedo hablar y contar cosas de mi tierra con conocimiento de causa porque, desde hace muchos años, me alimento de lo que me cuentan en los pueblos. Es mi energía. Cuando llego a Oviedo y le cuento a la gente lo que estuve haciendo, me parece un día tan guapo… Me da la sensación de que no estuve trabajando. A lo mejor hice 255 kilómetros, pero tengo la fortuna de escribir y trabajar en lo que más me gusta. No fue así desde el principio, pero al final me pusieron en la caleya y, desde ese momento, ya no volví a entrar. Es lo que más me gusta por eso pretendo transmitirla con toda la fidelidad posible y sobre todo con cariño. Poder hacer esto es un lujo. Entablar una conversación con alguien a quien no conoces de nada y que sea tan amable como para transmitirte ese saber que luego forma parte de ti y de tu cultura, hace que te sientas todavía más asturiana.

Tito, del valle de Paredes (Valdés). Uno de los últimos cesteiros en activo que quedan en Asturias.
Tito, del valle de Paredes (Valdés). Uno de los últimos cesteiros en activo que quedan en Asturias.

-A través de los libros puedes aprender muchas cosas, pero ¿no es la gente mayor la que más puede enseñar?
-Está bien que tengamos los libros, pero no podemos perder a la gente mayor de los pueblos. La realidad es que están muy olvidados y eso lo matizo siempre porque me parece importante. Hablamos mucho del emprendimiento rural de la gente joven, pero los que después se quedan en los pueblos son los mayorinos que no dejan su casa. A esta gente hay que cuidarla, darle servicios, actividades culturales, asistencia sanitaria, una buena carretera y atenderla para que no se vaya. Que puedan ver los atardeceres desde el patio de su casa y no desde un hospital o una residencia. Ellos pertenecen al pueblo y son los últimos guardianes de la Asturias rural y de su cultura. Si esto no se hace, habremos perdido un eslabón que son los hijos de después de la posguerra, que a su vez tuvieron hijos y que les decían: “no queremos una vida tan dura para ti. No queremos que te dediques a trabajar la tierra. Tú estudia para marchar”. Y así pasó. Ahora está llegando de nuevo gente para emprender en los pueblos, pero no sabemos hasta cuándo se van a quedar. La gente llega, emprende y si les va bien siguen y si no se van.

-Aquí te puedes encontrar un restaurante con Estrella Michelín, una guisandera con un negocio familiar, un chigre, una casa de comidas… ¿Asturias es todo y cabe todo?
-La gente cree que Asturias es pequeña y no lo es. Cuando alguien me pregunta si me quedaría con algún sitio concreto siempre digo que no, que es imposible. Es verdad que cuando hablé con la editora, le dije que quería que el libro comenzase por el occidente y el suroccidente porque son zonas mucho menos conocidas, pero no podría escoger una porque somos una tierra muy diversa. Si nos centramos en la gastronomía, cada lugar tiene sus platos propios y su cocina singular, comparten ingredientes, pero tienen toques personales. No podemos hablar solo de los bares del pueblo porque la gastronomía está abierta a muchos tipos de clientes y a muchas formas de ofrecerla, con lo cual, por supuesto que cabe una Estrella Michelín en una zona rural, que de hecho es muy necesaria, pero también cabe un chigre, un mesón o una parrilla. Últimamente se están abriendo un montón de chiringuitos mucho más bonitos que antes. Ya no son aquella cosa hortera y cutre, sino que están muy bien preparados y con un servicio muy cuidado. Todo es necesario y no puede estar lo uno sin lo otro, porque todo es Asturias. La única forma de luchar por nuestros productos y por nuestra cocina es hacerlo unidos, y en la diversidad está el gusto.

Bar restaurante El Uncal (Arriondas)
Bar restaurante El Uncal (Arriondas)

-Por lo que veo, no entenderías tu vida alejada de Asturias.
-No. Yo tengo la fortuna de vivir en un trocín del Paraíso y, como soy muy pecadora, cuando la palme, ya habré satisfecho mi tiempo de paraíso porque desde el día que nací hasta que me vaya de aquí, habré vivido en Asturias. Yo puedo marchar, pero tengo que volver. Hay mucha humedad, pero eso nos conserva la piel muy guapa… Soy una tía muy feliz viviendo en mi tierra y todavía lo soy más cuando la comparto. Me siento muy satisfecha cuando vienen amigos y están muy a gusto aquí, me encuentro bien porque he logrado lo que quería.

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