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domingo 3, marzo 2024

Silvia Joyanes. La Mary Poppins de la formación

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Al igual que Mary Poppins, Silvia Joyanes (psicopedagoga, educadora social y cantautora en sus ratos libres) encuentra en su bolso lo inimaginable para hacer de todo un juego y demostrarnos la cantidad de cosas que podemos aprender y transformar a través de la ‘gamificación’. ¿En qué momento dejamos de ser niños?

Pese a las apariencias, esta profesional asegura que seguimos siendo los niños que fuimos, aunque la mayoría de las veces lo olvidemos. Lo prodigioso sigue estando al alcance de todos y el juego es una buena herramienta para descubrirlo.

-Te llaman “la Mary Poppins de la formación”, pero ¿quién es en realidad Silvia González Joyanes?
-Mi nombre profesional es Silvia Joyanes. Elegí el segundo apellido, el de mi madre, porque quise hacerle con esto un guiño a ella. Además, me parece que Joyanes suena con más fuerza. Y lo de Mary Poppins de la formación ha sido algo que no me he puesto yo si no varias personas en diferentes contextos profesionales, sin tener nada que ver entre sí.

-¿Cuáles son tus ‘poderes’?
-Soy de las personas que piensa que todos tenemos un objetivo en la vida y el mío es intentar que la gente saque lo mejor de sí misma, que disfrute de la vida y que sea más feliz. Intento potenciar este objetivo al máximo en mis diferentes facetas, tanto profesional como artística. Cuando trabajo con la gente en orientación profesional, por ejemplo, intento hacer ver a la persona todas las fortalezas que tiene, lo que puede exprimir de sí misma según el talento que tenga, para desde ahí ver qué cosas tiene que pulir, en qué se puede apoyar, aunque la clave de todo está en el reconocimiento: reconocerte a ti mismo las cosas que haces bien y sobre las que puedes apoyarte. En muchas ocasiones parece que solo destacamos lo que nos sale mal, llegamos a automachacarnos y parece que está mal visto o es muy ególatra decir “mis cualidades positivas son estas”. Yo ayudo a la gente a reconocer precisamente eso, lo que más le cuesta ver para que lo ponga en valor. También te digo que una cosa es ver y otra reconocer lo que uno es, y para ello utilizo diferentes herramientas: talleres, ponencias, charlas, Team Building para trabajar competencias, así como mi faceta musical donde también transformo a través de la música.

“La clave de todo está en el reconocimiento: reconocer las cosas que haces bien y sobre las que puedes apoyarte”

-Eres experta en formación, en creación de metodologías didácticas, educadora… y utilizas el juego como herramienta. ¿La mejor manera de aprender es jugando?
-Si así aprendemos cuando somos pequeños, ¿por qué cuando somos adultos no puede seguir siendo una forma divertida de aprender? Cuando entro a un curso, bien sea como formadora o alumna, mi objetivo es el mismo: salir por la puerta con algo que me haga pensar, replantearme algo que antes de entrar no estaba en mi cabeza. No voy a recibir una información sino a realizar una transformación de mí misma. La gamificación (el juego) va muy dirigida a estos objetivos. Es ver de forma divertida, amena, sencilla y creativa cosas que de otra manera te costaría más pulir o trabajar. En el juego sale lo mejor y lo peor de cada uno, y si entras de lleno, en solo cinco minutos, puedes ver muchas cosas de ti que si no te paras no ves. Desde mi experiencia el juego es una herramienta muy funcional.

-¿Cómo influye el juego en nuestro cerebro?, y ¿en qué momento de nuestra vida perdimos la capacidad de aprender jugando?
-Fíjate, yo no creo que se pierda esa capacidad, sino que dejamos de entrenarla. El juego lo asociamos a una etapa infantil de la vida y parece que si luego jugamos ya no somos tan profesionales o tan adultos. Hay un sesgo negativo hacia el juego y cuando descubres que precisamente es una valiosa herramienta para asimilar conocimientos de forma más ágil, interactiva y diferente, ya no quieres otra cosa. Yo es algo que utilizo tanto en mi vida personal como profesional, las empresas apuestan cada vez más por este formato y lo demandan. No quieren las típicas charlas sino cosas que calen en la gente y que además de aprender salgan con una sonrisa, interactúen en equipo y desarrollen una serie de competencias que en otro formato está demostrado que no lo consiguen.

“Hay un sesgo negativo hacia el juego y cuando descubres que es una valiosa herramienta para asimilar conocimientos de forma más ágil, interactiva y diferente, ya no quieres otra cosa”

-Precisamente leí el otro día que una gran empresa a la hora de seleccionar personal daba más importancia a este tipo de acciones que al currículum que presentaba el candidato porque aseguraban que les aportaba más información.
-Sí, las dinámicas de grupo se han convertido en una herramienta más para evaluar a los candidatos. Como las cosas parecen ir a un ritmo frenético a lo mejor te dicen que necesitan un candidato para dentro de dos días y resulta que tienen a doscientos aspirantes. Hacer entrevistas individuales sería algo inviable. En una dinámica grupal, en cambio, puedes trabajar con veinticinco personas a la vez, te permite hacer un filtro donde puedes comprobar y observar competencias concretas de un candidato como si vale para ser un líder, si escucha activamente, si interrumpe a otros participantes, si sabe gestionar el tiempo de forma eficiente, si propone alternativas o ideas para resolver una cuestión… Depende del rol que busques en un juego de este tipo se ven perfectamente las cualidades de una persona.

-¿Qué te ha enseñado el juego que no olvidas en tu día a día?
-Que siempre se puede aprender, reaprender y que, además, lo puedes hacer disfrutando. Que nunca te acabas de conocer a ti mismo porque siempre descubres algo nuevo. Y que la vida es una continua aventura.

Silvia Joyanes (tercera por la izda.) junto a otros ponentes en el I Jornada de Educadores del Futuro organizada por Educadores 5.0
Silvia Joyanes (tercera por la izda.) junto a otros ponentes en el I Jornada de Educadores del Futuro organizada por Educadores 5.0

-Dicen de ti que “tienes la capacidad de convertir todo en energía, pasión y magia”. ¿Cuál es tu secreto?
-No sé… ¿dónde has leído eso? (risas). Tengo mucha energía positiva y creo que sin querer debo de proyectarla a la gente. También te digo que en ocasiones me han dicho que llego a agobiar: ¡me cansas sólo con verte! Creo que es algo que he entrenado a lo largo de mi vida. He descubierto cuáles son mis talentos, los cultivo y me gusta proyectarlos hacia los demás. Es igual que con las canciones, hay unos cantantes que te llegan más que otros y eso no tiene que ver con cómo cantan si no con cómo proyectan.
Luego está mi forma de trabajar que es dinámica, interactiva y grupal. En ocasiones me llaman la ‘antiponente’ porque no llego y doy un monólogo si no que pongo a la gente en pie, todos formamos parte de la dinámica, nos ponemos cara a cara, eliminamos barreras y nos tratamos de tú a tú. Para tener el depósito lleno de energía he de confesar que trabajo mucho. Busco lo que me recarga, momentos de desconexión como la música, el caminar por la naturaleza, comer tranquilamente pipas en un parque dejando mi mente relajada. Eso es lo que me recarga a mí, cada uno tiene que ver qué es lo que le recarga para encontrar su equilibrio interior.

“Cuando entro a un curso, bien como formadora o alumna, mi objetivo es el mismo: salir por la puerta con algo que me haga pensar, replantearme algo que antes de entrar no estaba en mi cabeza”

-Me hablabas antes del talento, una palabra de la que todo el mundo habla pero que pocos conocen su significado. ¿Qué es y cómo podemos descubrir el nuestro?
-Soy una persona enérgica pero también paro mucho porque es lo que me hace avanzar. Paro, pienso, reflexiono y actúo. Si no paras no ves. Vamos corriendo a todos los sitios, miramos, pero no vemos; oímos, pero no escuchamos. Mi primer consejo para encontrar tu talento es parar, luego ver con mucha perspectiva, eso te lleva a hacerte preguntas como ¿estoy donde quiero estar?, ¿hago lo que quiero hacer?, ¿hago lo que siempre se me ha impuesto?… luego vienen las respuestas y a partir de ahí reconoces, identificas no sólo lo que haces mal sino, sobre todo, lo que haces bien. Hago cursos y talleres donde a la gente le pongo la tarea de buscar diez cosas que hayan conseguido en su vida tanto a nivel personal, como profesional. La gente lo cuantifica, y cuando lo ve, es cuando lo reconoce, le da valor y a partir de ahí se empieza a hacer un trabajo. Hay que escribir, identificar, parar, y eso se entrena. A partir de ahí está el querer cambiar las cosas.

-¿Crees que a raíz de la pandemia hay escasez de talento o por el contrario es algo que se ha incrementado?
-Creo que hubo gente que llevaba un ritmo frenético en su vida, la pandemia le hizo parar y hacerse preguntas que nunca se había hecho y eso le llevó a descubrir cosas o a aventurarse en espacios donde nunca se había metido. A los que estaban entrenados, este hecho no les produjo un gran cambio. Tiene que haber un clic que te haga parar. A mí, por ejemplo, cuando me separé me cambió la vida, cambiaron mis reflexiones, mis objetivos. No tiene por qué pasarte algo negativo o grave, lo ideal es que te dieras cuenta sin que te pasara nada de eso, pero lo cierto es que ese tipo de cosas son las que te hacen dar la vuelta a todo. Tiene que haber un momento de inflexión que te haga parar. En este sentido la pandemia sirvió a mucha gente para hacer una introspección. Unos lo aprovecharon y descubrieron cosas nuevas de sí mismos y otros lo olvidaron y regresaron a su rutina. Yo utilizo mucho una frase -que no es mía- que dice: no llega antes quien va más rápido sino quien sabe dónde va.

“Soy una persona enérgica pero también paro mucho porque es lo que me hace avanzar. Paro, pienso, reflexiono y actúo. Si no paras no ves”

-Uno de los problemas que estamos viviendo en Asturias es que tenemos a jóvenes sobradamente preparados, pero se marchan a trabajar fuera. ¿Cómo retener ese talento? ¿Qué nos está fallando?
-En Asturias tenemos mucho talento y lo estamos dejando escapar, eso es algo lamentable. Antes se iba la gente como resignada pero ahora no, forma parte de sus planteamientos, es algo que ya dan por hecho: saben que aquí no se van a quedar. Es un problema económico y de planteamiento muy grande porque estamos invirtiendo en educación, en formación, y los frutos los están recogiendo otros países. Estamos cediendo el talento a otros países y eso no tiene ningún sentido. Fallan muchas cosas, pero una de ellas es que una vez que los jóvenes terminan sus estudios deberíamos de darles esa primera oportunidad laboral, como no lo hacemos porque se exige experiencia y demás, pues marchan a otros sitios donde sí se la dan.

-Te defines también como ‘agitadora social’…
-Cuando llego a un taller u otra actividad profesional procuro no ser yo el centro de atención, sino que intento crear ‘hacedores’. Si es un curso de motivación, lo llamo motivacción; si es de comunicación, lo denomino comunicacción, porque hasta que ellos no ‘hacen’ para mí el curso no funciona. Yo no puedo dar consejos hasta ver cómo se desenvuelve la persona. Es en la práctica donde yo puedo luego proporcionar las herramientas. No hago monólogos, intento agitar a la gente. Soy generadora de diálogo compartido allí donde esté. Provoco que la gente haga.

“Soy de las que piensa que todos tenemos un objetivo en la vida y el mío es intentar que la gente saque lo mejor de sí misma”

-Háblanos de tu proyecto “Regala canciones”.
-Este proyecto forma parte de mi faceta musical. Tú me cuentas tu historia, yo le pongo música y la convierto en canción. Son canciones personalizadas. Las he hecho para bodas donde con cosas que me comentan los invitados construyo una historia; para empresas, para despedir a alguna persona, para hacer un homenaje, para eventos o sorpresas. Me parece el mejor de los regalos.

-La música es otra de tus herramientas que utilizas para llegar a los demás.
-Por supuesto. Trabajo con personas con discapacidad, o que no hablan y la música es un canal de comunicación. Es un lenguaje común y universal. Personas ampliamente separadas por el idioma y la cultura, pueden llegar a estremecerse con una misma canción. La música ayuda a sacar lo mejor de uno mismo, es un lenguaje positivo, es inspirador. Lo considero una herramienta poderosísima.

-¿Cómo ve Silvia Joyanes el mundo cuando tiene una guitarra en la mano?
-Unos escriben libros y yo canciones. Es mi forma de comunicarme con la gente, de expresar lo que siento, lo que pienso, lo que quiero denunciar. Es mi manera de interpretar el mundo y proyectarlo a los demás de forma sincera.

“Me llaman Mary Poppins porque me visualizan viajando con una maleta de la que empiezan a salir cosas sin parar. Viajo con mi paraguas de un sitio a otro, y lo mismo hago un taller, que preparo un Sky Room, compongo una canción…”

-Lo mismo se te puede ver en un despacho, que haciendo talleres con grupos o cantando en un local con tu guitarra… ¿todas ellas eres tú?
-Sí, por eso me llaman Mary Poppins porque me visualizan viajando con una maleta de la que empiezan a salir cosas sin parar. Viajo con mi paraguas de un sitio a otro, y lo mismo hago un taller, que preparo un Sky Room, compongo una canción o canto una de Víctor Manuel o Bonnie Tyler. En mis conciertos, por ejemplo, no sé lo que voy a cantar hasta que la gente lo decide. Llevo un menú donde incluyo temas de los ’80, vintages, rockeros, rumbas, asturianos, y a partir de ahí la gente elige lo que quieren que cante. Los protagonistas son ellos y los conciertos siempre son una aventura.

-¿Cuándo te diste cuenta de que lo que estabas haciendo dejaba huella en los demás?
-Cuando la gente me lo empezó a decir. A veces no te das cuenta de lo que proyectas hasta que te paras o la gente te lo dice. Cuando son muchas las personas que coinciden en lo mismo, sin tener un interés especial en ello, todo cobra veracidad y acabas reconociéndolo en ti.

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