Huertas colaborativas, agricultura sostenible

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Antonio Reyes, Huertas colaborativas en Bimenes
Antonio Reyes / Foto cedida por H. Colaborativas
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Después de hacer unos cursillos sobre agricultura ecológica, y posteriormente quedarse en paro, Antonio Reyes decide poner en marcha el proyecto Bimenes Huertas Colaborativas. Hoy junto con Ángel, su socio, han conseguido hacer de esta idea una forma de ganarse la vida.

-¿Cómo surge esta iniciativa?
-La idea fue mía a partir de la creación de un banco de semillas colaborativo. A través de amigos me fui haciendo con semillas orgánicas. Llegó un momento que tenía tal cantidad de botes que pensé que si plantaba todo aquello necesitaba siete vidas. Así que se me ocurrió ponerlas a disposición de personas que trabajasen la tierra para uso particular. Ellos me traían unas y yo les daba otras. Al cabo de dos años empecé a pensar en la agricultura ecológica como forma de subsistencia, me hice autónomo y ahora vivo de ello.
-¿Cómo fueron esos comienzos?
-No tenía suficiente tierra en propiedad para producir lo que equivaldría a un sueldo, así que hablé con los vecinos y me ofrecieron huertas que tenían paradas desde hacía años. Como me sabe mal no dar nada a cambio, me gusta intercambiar servicios, ideas, productos… pues les propuse que podía limpiar las veredas o darles parte de la producción, algo simbólico, y aceptaron. Tengo vecinos que son como mi familia. En la actualidad dispongo de cinco huertas y cada una está especializada en una serie de productos concretos, dependiendo del tipo de tierra que tenga. En conjunto, soy autosuficiente porque tengo la variedad necesaria para una cesta completa. Todos los productos que ofrecemos son de temporada, hay una cesta de primavera, otra de verano, de otoño e invierno.
-¿Cómo venden sus productos?
-He creado redes de consumo donde nadie está obligado a comprar nada. Cada semana envío un correo con la cesta semanal que llega a unas quinientas personas. Luego recibo las peticiones, acordamos un punto de entrega -domicilio, lugar de trabajo, colegio de los niños- y se lo llevo. Siempre tengo más demanda que oferta porque calculo que la producción esté un diez o quince por ciento por debajo. En la huerta cuando hay un excedente de oferta son pérdidas. Mis clientes están satisfechos y mi socio y yo tenemos unos sueldos que nos permiten vivir.
-¿Qué papel juega en todo esto la innovación?
-Fundamental. Es necesario estudiar qué quiere el público, qué productos están de moda, no plantar sin más. Para ello es preciso hacer planes de viabilidad. Ahora por ejemplo, tenemos desde una variedad de acelga asiática pasando por hierbas japonesas o tailandesas, productos semitropicales que conseguimos que se den en invernaderos, variedades mexicanas, brasileñas. Estamos en continuo movimiento. Nuestros clientes saben que nuestras verduras tienen garantía biosanitaria, no les echamos ningún producto químico.
-Además de negocio esto es una filosofía de vida…
-Creo que hemos creado un nuevo zócalo desde el que se puede ver la microagricultura orgánica de forma individual y sostenible, me refiero a económicamente hablando. Esta filosofía diverge mucho de otros proyectos de agricultura ecológica que hay por ahí. Con el añadido de la relación que hemos creado con las personas, especialmente con los vecinos. Todo eso es muy enriquecedor.

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