Riosa. La anfitriona en L’Angliru

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Ciclistas cerca de La Cuesta Les Cabanes
Ciclistas cerca de La Cuesta Les Cabanes / Foto: Fusión Asturias
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¡Y ya van seis! La historia de la Vuelta Ciclista a España tiene capítulos míticos desde que incluyó en su recorrido la que ya es una etapa cargada de leyenda: la subida al alto de L’Angliru, con su famosa rampa del 23%. Una marea humana asistió a la victoria del francés Kenny Elissonde, que engrosa la lista de campeones que han conquistado uno de los puertos más duros de Europa.


La Vuelta Ciclista a España decidió incluir L’Angliru este año en su ruta, después de mantenerlo en barbecho durante la edición anterior. La organización sabe bien que como esta etapa no hay dos, y que conviene reservarla como postre, como guinda del pastel. La potencia mediática de esta cima y su capacidad para convocar público han sido un balón de oxigeno para el ciclismo, una comunión con los aficionados y una forma de llevar este deporte a toda la sociedad. Porque ese día las laderas del Aramo se llenan tanto de seguidores incondicionales como de aficionados de un día, que descubren sobre la marcha la excitación de esperar al pelotón y jalear el paso de los deportistas como si les fuera la vida en ello.

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Kenny Elissonde en el podium / Foto: Fusión Asturias
Y el fenómeno se ha producido un año más, como era esperado. La 68 edición de la Vuelta congregó en L’Angliru, final de la vigésima etapa, a miles de aficionados, y más de dos millones de espectadores no quisieron perderse la gesta a través de su pantalla de televisor. Y mereció la pena. El jovencísimo Elissonde se llevó la gloria de alcanzar el primero la meta, demostrando una gran fortaleza, pero sin duda el espectáculo estuvo en un duelo con dos protagonistas indiscutibles: Horner y Nibali, el valeroso italiano que intentó lo que ningún ciclista, atacando hasta cinco veces en L’Angliru, tanteando incluso en la temida Cueña. Demostró raza el «Tiburón» siciliano pero fue insuficiente ante la fortaleza del «Abuelo», como es conocido el estadounidense Chris Horner por su veteranía de casi 42 años. Éste no sólo no se doblegó, sino que a dos kilómetros de meta inició la escapada, acercándose bastante a Elissonde. El duelo hizo rugir de emoción las gargantas de los miles de aficionados que se agolpaban en las rampas.

El francés Kenny Elissonde forma parte ahora del selecto club de ganadores que han conseguido la etapa de L’Angliru.

En las horas previas a la subida, el día de cielos despejados y buenas temperaturas parecía prometer que en esta ocasión la sierra se mostraría al mundo sin tapujos, pero en pocos minutos, haciendo gala del clima imprevisible de la zona, apareció un manto de niebla. Tan densa que proporcionó una subida de épica desbordada y difícil visión, por eso hubo momentos en las rampas del puerto en que las radios y dispositivos móviles se hicieron protagonistas para seguir la evolución de la carrera.
Finalmente, el Alto de L’Angliru desveló los nombres que hicieron historia: el del joven galo del equipo Française de Jeu, que nunca había soñado con coronar este puerto y atravesó la meta llorando entre la niebla; y el del hombre maduro de Radioshack que a punto estuvo de dejar el ciclismo y se agarró al sillín porque su hijo de once años le preguntó «¿Papá, vas a seguir?».

El protagonista es el puerto

Y son los ciclistas quienes luchan por compartir con él un poco de gloria. La historia de este puerto de montaña con el ciclismo tiene un capítulo excepcional en el año 1999, primera vez que la Vuelta lo elige como parte de su recorrido, y una de las carreras más emocionantes, que los aficionados recuerdan con nitidez. Fue un 12 de septiembre, cuando la lucha entre José María Jiménez «El Chava» y el ruso Pavel Tonkov tuvo tintes épicos. En las márgenes de la carretera, endemoniadamente estrecha y empinada, centenares de aficionados fueron testigos de la batalla bajo la lluvia y la niebla de Asturias. Muchos más había tras los televisores, en un seguimiento mediático que nunca antes había tenido una etapa de la Vuelta. Todos queriendo ver un puerto que se empecinó en no

Kenny Elissonde y Paolo Tiralongo, en las primeras rampas de la subida a L’Angliru.
Kenny Elissonde y Paolo Tiralongo, en las primeras rampas de la subida a L’Angliru / Foto: Fusión Asturias

mostrarse, envuelto en nubes, en un día peor que malo, que no importó a los aficionados y que aumentó la leyenda de la subida. Frío, lluvia, niebla y asfalto deslizante. No se habría podido pensar nada peor. Ese día, cuando ya Pavel Tonkov se veía en el escalón alto del podio, fue superado en la última curva por un Chava de pedalada de acero que apareció entre la bruma cimera, para robar la corona en un visto y no visto. Nada mejor que una jornada inaugural de las que hacen historia, para que el puerto quede en el imaginario colectivo como un titán contra el que todo ciclista debe medirse, cada cual según sus posibilidades.
Todavía hoy los aficionados recuerdan aquel día, y escriben el nombre del Chava en el asfalto para recibir a los nuevos ciclistas. A partir de ahí, otros nombres se han sumado a la lista: Gilberto Simoni en 2000, Roberto Heras en 2002, Alberto Contador en 2008 y Juanjo Cobo en 2011. Todos forman parte de un selecto club de ganadores que tienen entre sus trofeos más preciados la corona de reyes de L’Angliru.

Kenny Elissonde, ganador de la etapa, encarando la Cueña Les Cabres.
Kenny Elissonde, ganador de la etapa, encarando la Cueña Les Cabres. / Foto: Fusión Asturias

El 23%. La rampa endemoniada

La primera vez que la subida a L’Angliru se incluyó en la Vuelta y acaparó la atención de los medios, la mayoría de los aficionados no se lo podía creer: el pelotón no avanzaba rodando, sino escalando por unas cuestas imposibles, asfalto resbaladizo y curvas de infarto. La cifra más temida, la del veintitrés. Como no se asimilaba había que repetirlo: veintitrés por ciento. Es la cifra que describe a la rampa de la Cueña les Cabres, una tortura para las piernas, pero a la vez generadora de un espectáculo deportivo como hacía tiempo que no se veía.

La etapa más popular

La combinación de deporte y fiesta ha marcado esta etapa desde un principio. Y eso es bueno para la Vuelta, un evento con personalidad propia que ha agradecido una etapa con baño de multitudes, donde se produce esa mística deportiva que une al que se deja las piernas en los pedales y al que desde la orilla jalea, anima, se desgañita o simplemente se deja asombrar ante el esfuerzo supremo de los corredores.
En L’Angliru el espectáculo se extiende por toda la ladera, se desparrama por la montaña, acampa en los prados y abarrota las márgenes de la carretera al puerto. Comienza mucho antes de que lleguen los profesionales con las gestas personales de los aficionados que desean emular a sus ídolos. Muchos de ellos vienen con su bicicleta, dispuestos a dejar su sello en el Alto de L’Angliru; y como si fueran profesionales reciben el aliento de los que allí esperan, a sabiendas que no es nada fácil superar la subida.
En L’Angliru el público forma parte del día. Un público que, al igual que en todas las ediciones anteriores, ha sido ejemplo del «saber estar» de los aficionados. Por eso Javier Guillén, director de la Vuelta Ciclista a España también tuvo palabras de agradecimiento para ellos: «Ha sido una etapa bellísima en lo deportivo, llena de gente, con un comportamiento magnífico por parte de los espectadores a los cuales hay que agradecer su apoyo, su presencia y el ánimo que infunden a los corredores. Creo que hemos hecho la mejor etapa de la Vuelta y una de las mejores de la historia de la Vuelta».
Como bien sabe la organización, es posiblemente la etapa con mayores dificultades logísticas de esta prueba, por la complicada orografía del terreno, que proporciona un único camino de entrada y salida al puerto, muy estrecho y atestado de gente. Coches, motos, autocares y tráilers forman una caravana que asciende despacio, forzando los motores y prestando especial atención a la seguridad. Por tanto, la colaboración de los aficionados es vital para evitar problemas, y que L’Angliru siga siendo la referencia.

Samuel Sanchez en uno de los tramos de la subida a L'Angliru
Samuel Sanchez en uno de los tramos de la subida / Foto: Fusión Asturias
Una vez más la niebla hizo acto de presencia proporcionando una subida de épica desbordada. A pesar de la escasa visibilidad, la etapa entre Avilés y L’Angliru fue la más vista de toda la Vuelta a España, registrando al final de la etapa una audiencia millonaria. El duelo entre Horner y Nibali conquistó a casi 2,9 millones de espectadores.

Chris Horner. Ganador de la Vuelta Ciclista a España 2013

«Una escalada impresionante. Ha sido tan, tan duro… Cada etapa de la Vuelta me ha requerido dar lo mejor de mí mismo, pero ésta me ha hecho muchísimo daño. He tenido que sacar fuerzas de muy adentro. Es una cima impresionante y no me imagino otra manera de conseguir una victoria tan grande y tan bonita como ésta».

José Antonio MuñIz. Alcalde de Riosa

«Ha sido un acierto total de los organizadores de la Vuelta a España colocar esta etapa en penúltimo lugar, todo el país y medio mundo ha estado pendiente de ella. Los miles de aficionados que se hallaban al pie de la montaña han mostrado un comportamiento excepcional. Lo que L’Angliru ofrece al ciclismo es un diamante en bruto, y hoy Riosa ha vuelto a escribir una página nueva en los anales del ciclismo».

Ana González. Consejera de Educación, Cultura y Deporte

«Hay que destacar el numeroso público que ha arropado la carrera. Ver a toda la gente extendida a lo largo de toda la subida con una actitud de respeto, de esfuerzo, de animar y arropar en estas terribles pendientes, ha sido maravilloso. El tiempo ha estado fantástico aunque al final se nos ha metido la niebla, pero la montaña también es esto, y la niebla de alguna forma acompaña el esfuerzo manteniendo un cierto misterio. Los ciclistas son auténticos titanes».Pinche aquí para ver más reportajes de este concejo

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