Toña Is, seleccionadora nacional de fútbol de la Sub-17 femenina. Campeona para la historia

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Toña Is, seleccionadora nacional de fútbol de la Sub-17 femenina.
Toña con la medalla de oro y la copa tras conseguir el Mundial / Foto cedida por Toña Is
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Su trabajo le lleva a estar más de 200 días al año fuera de casa, pero la entrega merece la pena cuando ves un sueño cumplido. Eso es lo que está demostrando Toña Is, una mujer que dejó su uniforme de policía local en Oviedo para hacer historia con la selección nacional femenina Sub-17.

La entrenadora ovetense conoce el fútbol femenino desde dentro debido a su etapa de jugadora. Su pasión por este deporte la llevó a convertirse en entrenadora, consiguiendo un logro inédito en España: el primer Campeonato del Mundo de una selección nacional femenina.
El mérito de estas jóvenes deportistas no solo ha sido conseguir tan preciado galardón, sino el de conquistar a toda una nación que estuvo pendiente de ellas hasta el final. Y fueron muchas las muestras de asombro y sorpresa ante el despliegue de buen fútbol. Solo hacía falta un poco más de visibilidad para comprobarlo.

-En octubre de 2015 dejaste tu trabajo como policía local y empezaste a trabajar como entrenadora de la Sub-17.
¿Cuánto ha cambiado la Toña de entonces a la de ahora?
-Bueno, un poco (se ríe). Sobre todo me ha cambiado la vida. Ahora estoy mucho tiempo fuera de casa y la verdad es que estoy haciendo algo que me gusta. La profesión que tenía antes me apasionaba, pero esto es algo que he querido toda mi vida.
-Si retrocedemos todavía más a tu etapa de jugadora ¿cómo han mejorado las condiciones de las mujeres futbolistas?
-Pues todo, afortunadamente. Yo, con permiso de muchas que han estado antes, me siento pionera, sobre todo aquí en Asturias. Nosotras teníamos muchos problemas para poder jugar al fútbol, a la gente no le gustaba, teníamos que aguantar insultos groseros, lo pasábamos mal entrenando para conseguir un campo y poder hacer lo que nos gustaba.

«A las mujeres nos cuesta todo un poquito más, tenemos que sacrificarnos mucho para poder llegar a lo que hemos conseguido y eso nos hace más fuertes»

-¿Cómo se llevaba en tu entorno familiar que «la niña» quisiera ser futbolista?
-Pues la verdad es que tuve mucha suerte. Mis padres entendieron a la perfección que yo quería hacer este deporte y que iba a ser complicado. Incluso me ayudaron a que pudiera ir a entrenar porque, claro, yo era una chica joven y aún no tenía carné de conducir, así que mi padre me llevaba a todos los lados. Al final se acabó metiendo en el club, imagínate.
Ahora, que tengo la suerte de estar entrenando donde lo estoy haciendo pero también en otras etapas anteriores que entrené tanto a chicas del Oviedo Moderno como a niños de equipos mixtos en La Corredoria, en el club de mi barrio, en la Selección Asturiana, etc…, en todo momento les hago ver que el fútbol para las mujeres no siempre ha sido así, que nosotras hemos tenido que pasar muchas dificultades para que ahora ellas estén disfrutando de la manera que lo están haciendo.
Estoy en la obligación de decir que hay muchas mujeres como yo que han empezado en esto y ahora les hace tanta ilusión como a mí el ver cómo está el fútbol femenino.
-En la Eurocopa de 1997 conseguisteis el bronce. En ese momento resaltaste que la piña creada entre las jugadoras era una parte fundamental, que incluso estaba por encima de la técnica. Imagino que será algo que tienes muy en cuenta en tu día a día como entrenadora.
-Muy en cuenta no, para mí es de lo más importante. A la hora de escoger futbolistas siempre digo que tengo que escoger a las adecuadas aunque las adecuadas no siempre son las mejores. ¿Por qué digo esto? Porque yo lo he vivido allí, sé lo importante que es ser una piña para que un equipo llegue a lo más alto en un campeonato. Ahora cuando las convoco tengo muy en cuenta esas cosas, elijo jugadoras que sumen, que lo den todo por el equipo. Entiendo que por aquel entonces ese equipo funcionó porque éramos una piña, sin infravalorar al cuerpo técnico que estuvo allí porque todos somos parte de esa victoria. Éramos un grupo de súper amigas, y eso se notó. Igual que en mi Europeo en Lituania, que cuando terminó dije «este es el grupo de niñas que yo quiero llevarme conmigo a donde sea» porque eran un equipo de verdad.
-¿Hasta dónde se amplía el trabajo del entrenador?, porque parece que a veces también incluye cierta psicología y hasta ejercer de madre.
-Sí, sobre todo yo que entreno en categorías inferiores. Son campeonatos muy largos y las niñas están fuera de casa mucho tiempo, necesitan el cariño de una madre que no tienen a su lado. Hay que apoyarlas anímicamente en muchos momentos de bajón, tienes que hacer un poco de todo: entrenadora-psicóloga-madre.
Ahora, desde hace poco tenemos con nosotras a Javier Vallejo, un psicólogo que a su vez es entrenador de porteros y que nos ayuda mucho a todos para saber gestionar mejor estas cosas.
-¿Cómo se consigue un equipo ganador?
-Pues siendo un equipo, tú lo has dicho. Siendo un equipo desde la primera hasta la última persona que está trabajando. Muchos compañeros de la policía que me encuentro ahora por la calle me dicen: «Se ve que tenéis tan buen rollo entre todos cuando metéis un gol, cuando acaba el partido, entre las jugadoras, jugadoras con los técnicos, los técnicos entre ellos…». En realidad es lo que pretendo y creo que al final es un poco lo que funciona.
Como seleccionadora tienes que tener detrás gente que te sea fiel, que esté atenta a que no se nos escape nada, porque un seleccionador tiene que gestionar muchas cosas y si no tienes detrás a gente así, al final no vale de mucho. Afortunadamente yo tengo a mi lado personas que hacen todo esto a la perfección y que me ayudan, al igual que hago yo cuando voy de segunda entrenadora con Pedro López o con Jorge Vila. Intentas ayudarles en todo lo que puedes, ya no solo en los partidos, si no también a la hora de valorar al rival, a las jugadoras, lo haces lo mejor posible para que no falte de nada.

Celebración del Mundial de Fútbol Femenino Sub-17 en Uruguay
Celebración del Mundial de Fútbol Femenino Sub-17 en Uruguay / Foto cedida por Toña Is


-Ahora que ya ha pasado un tiempo y habéis podido interiorizar lo vivido, ¿qué se siente al saber que habéis hecho historia?
-Ya, la verdad es que lo sigues pensando y sigues diciéndote «¡somos Campeonas del Mundo, la primera vez!». Nunca se había conseguido un campeonato del mundo en el fútbol femenino y cuesta asimilarlo pero te vas dando cuenta poco a poco por la repercusión que ha tenido. Hay mucha gente interesada en cómo se consigue esto, en hablar con nosotros, y ahí es cuando ves lo importante que ha sido. También por todos los reconocimientos que hemos recibido y todavía nos quedan más, por eso te digo que al final nos estamos dando cuenta ahora, con más tiempo, de lo que hemos hecho en realidad.
-En el caso de las chicas ¿llegar a lo más alto tan jóvenes puede ser difícil de digerir?
-Ojalá no. Todas las chicas que pasan por esta selección tienen la cabeza muy bien amueblada, saben lo que quieren y son muy maduras para la edad que tienen. Creo que son más maduras que los chicos de su edad porque a las mujeres nos cuesta todo un poquito más, tenemos que sacrificarnos mucho para poder llegar a lo que hemos conseguido y eso nos hace más fuertes.
-El fútbol femenino español ya era un referente internacional pero ahora lo es más. ¿Habéis creado un modelo a seguir?
-Sí, toda Europa y todos los países quieren venir aquí a vernos entrenar, a que les enseñemos lo que hacemos con las niñas. A mí me preguntaban que cuántos meses había tenido de preparación y yo les decía «¿meses?». En España es impensable estar con las niñas dos o tres meses concentradas, tienen sus estudios, tienen su casa… En los países asiáticos, por ejemplo, pueden estar concentrados tres meses antes, y los hemos eliminado a todos. Al final nosotros, con cinco días de preparación en España y otros nueve o diez que hemos tenido en Uruguay, ganamos un Mundial. Se están haciendo bien las cosas: en los clubs y en las territoriales cada vez se trabaja mejor, las niñas vienen con los conceptos mucho más aprendidos. Al final, esto es el trabajo de mucha gente.
-Este año el fútbol femenino ha dado un paso importante en visibilidad, ¿cómo debería continuar?
-Enseñándolo a la gente a través de los medios de comunicación. La televisión es importante para nosotros, que el fútbol femenino llegue a las casas y que la gente lo vea. Lamentablemente todavía hay quien piensa que el fútbol femenino son mujeres corriendo detrás de un balón, pero cuando lo ven les engancha.
Muchos hombres que estaban acostumbrados a ver solo fútbol masculino y que no habían visto un partido de fútbol femenino en su vida, me decían «Toña, me ha enganchado. He visto por primera vez partidos de fútbol femenino y he quedado asustado. ¡Cómo juegan las niñas!» Pues sí, pero tenéis que saberlo y la única forma es llevándolo a las casas, dándole esta visibilidad que se merece.
-¿Debería haber más mujeres entrenadoras?
-Ojalá se animen muchas más jugadoras que van dejando el fútbol, cada vez hay más que están en activo y están sacando el título. Es bueno para el fútbol femenino y para ellas, porque cuando lo dejen tendrán algo que les puede llenar. El fútbol es su vida y es una forma de seguir vinculada a este deporte, como me ocurrió a mí. Espero que veamos a muchas más mujeres en los banquillos.

«Muchos hombres que no habían visto un partido de fútbol femenino en su vida me decían ‘Toña, me ha enganchado y he quedado asustado. ¡Cómo juegan las niñas!'»

-¿Alguna vez el fútbol femenino llegará a equipararse con el masculino, que ya de por sí es un deporte ‘extraterrestre’ con respecto a otras prácticas?
-Me da rabia decirlo pero es complicado llegar a igualarse. No sé si lo veré yo, pero que esa balanza se va a equilibrar un poquito más estoy segura. Al final se pondrá al fútbol femenino donde se merece.
-Tu hija también está en la selección, imagino que poder compartir este logro con ella habrá sido muy especial.
-Desde luego, pero para mí ella allí es una más. Cualquier niña te lo puede decir porque allí la trato hasta con más indiferencia incluso que a las otras. A lo mejor no está bien hecho, pero si no se conoce, nadie puede saber por el trato que es mi hija. Yo la entrené desde pequeña en diferentes equipos y ella como las demás me llama Toña. Sabe diferenciar, igual que yo, que el papel de madre es para cuando estamos en casa y fuera de aquí solo soy su entrenadora y a veces soy más exigente con ella que con ninguna. Ella lo tiene asumido y sabe lo que hay. Cualquier jugadora que sea buena puede ir a la selección, sea hija de quien sea. El día que no lo haga bien, o que haya otras mejores no estará en el equipo.
-¿Qué retos te marcas personalmente?
-Quiero seguir donde estoy. En principio estaré hasta que la Federación quiera pero soy una persona que no me conformo y siempre quiero más, ojalá pueda ir subiendo de categorías en las selecciones. Es un objetivo a largo plazo, porque ahora hay compañeros que lo están haciendo bien, pero me gustaría verme algún día entrenando a la selección absoluta. Soy una persona ambiciosa, si te digo lo contrario mentiría. Y voy a seguir trabajando para ayudar al fútbol femenino a ponerlo donde se merece y luego poder crecer yo misma como seleccionadora.

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