Mauricio Blanco y el Maratón Popular de Madrid

Primera edición de la Maratón Popular de Madrid (1978)
Primera edición de la Maratón Popular de Madrid (1978) / Fotos cedidas por Alejandro de Ancos
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No me canso de repetir, a quien quiere oírme, que debo todo mi aprendizaje sobre el mundo de las carreras a varias personas y a varias ciudades con Maratón. Nos reuníamos una vez al año y el anfitrión pagaba la comida de hermandad, así de simple y así de complejo para que, en Asturias, nunca tuviéramos una asociación de organizadores. Solo beneficios, pero aquí la inquina es un poco mayor que por otros pagos. Hablábamos y compartíamos experiencias, teléfonos y patrocinadores incluso, bases y fechas de las carreras, publicidad, etc. Todo bondades.

Con dos de esas personas: Mauricio Blanco en Maratón Madrid y Toni Lastra en Valencia llegué a tener un cariño especial (aunque sería desagradecido el no recordar a Adolf Torruella, a Fernando Borges o a Gaspar Esnaola, entre otros), pero con Toni (RIP) y con Mauricio surgió lo que se llama AMISTAD, con mayúsculas, donde abundaron comidas pantagruélicas, llantos en el hombro y complicidades.

Mauricio Blanco y Alejandro de Ancos en una comida en San Vicente de la Barquera
Mauricio Blanco y Alejandro de Ancos en una comida en San Vicente de la Barquera

Los tres veníamos del mundo del atletismo, con más o menos fortuna deportiva, con ese sentir anímico de haber participado, de haber sudado en las pistas y en las carreteras, de los entrenamientos agónicos. Y un buen día nos planteamos aquello de poder devolver al deporte lo que el deporte nos había proporcionado: organizar una carrera y ahí estamos, más de cuarenta años después.

Un buen día de junio del 2001, semana arriba o abajo, durante un viaje familiar a Madrid, nos organizamos un poco y pospusimos la visita a MAPOMA para después de la comida del medio día. Pero estando en la Plaza de España recibo una llamada en el celular (ésta es una bonita palabra ¿no?) con Mauri nerviosísimo anunciándome lo que podría ser un desastre. Le comento que nos vemos más tarde, que estamos esperando a tal persona, pero él que no, que rápido los tres a la sede del maratón y que comeríamos juntos.

Lo hicimos en La Pota de Oro con la directiva de MAPOMA. Todos nerviosos, Pedro, un poco más sereno echaba rayos por los ojos, y Mauricio, más sentimental sudaba como un pez loco, Gabi fuera de sí y nosotros no sabíamos que hacer. Los problemas desde fuera se ven de otro modo; tratábamos de calmarnos unos a otros, pero carecíamos de los elementos de juicio de los que ellos disponían y es que se acaba de anunciar lo que Mauri denominó el Recojón Maratón: el Maratón Milenium.

Estaba patrocinado por una Agencia de publicidad catalana, una inmobiliaria y una revista ahora desaparecida y sus buenas gentes (odiadores por orden) estaban en el meollo. Colapsarían la ciudad con un recorrido teóricamente llano (imposible en Madrid) y una colección de atletas impresionante; retirada de Fiz y Antón como reclamo, dinero a espuertas para los manager y demás, y con la idea de empezar con 15.000 y llegar a los 30.000 corredores a la vuelta de un par de años, como en Berlín, Londres o New York. MAPOMA, el mayor de España, sacaba en aquella época unos 10.000 corredores de los que en meta entraban alrededor de 8.500.

No faltaron los que aseguraron que algún que otro político municipal se implicó porque pretendía sustituir MAPOMA por el Milenium con grandes intereses comerciales ocultos, aunque, lógicamente, eso no se pudo demostrar sobre todo después del fiasco.

Era la carrera más ambiciosa organizada en España desde siempre, dinero abundante y merecido para Martín y para Abel cuando ya estaban en la segunda fila, el ayuntamiento a las órdenes de la organización -cosa de lo más extraña- y unas medidas de seguridad envidia de Berlín, entre otras minucias. Todo era extraño. ¿Cómo es que Madrid, con un maratón constituido, se permitía aquella ensoñación? Se hizo una promoción -con dinero fresco y abundante- por los cielos y hasta se llegó a la retransmisión televisiva en directo. Inaudito en España.

Al final “solo” 4.000 atletas y la ciudad patas arriba y nadie pagó por ello. Con quince extranjeros en cabeza, gana Maldini por debajo de las 2 horas 10 minutos y Fátuma Roba por debajo de las 2 horas 30 minutos; Fiz con 2 horas y 17 minutos (diez menos que Abel) puso fin a su participación como élite del maratón por el mundo. Sigue siendo un gran atleta, por supuesto, pero la edad es la edad y esa no perdona, es la enfermedad más dulce que padecemos y al final acaba con todos nosotros, queramos o no.

El resto humo. Alguien engañó al ayuntamiento con una película que se deshizo como los azucarillos en agua caliente. Siempre hay iluminados prestos a murmurar bondades en oídos receptores y luego si te vi ni me acuerdo, y como son políticos no pagan ni se desgastan porque la memoria es muy selectiva y olvidadiza.

Tampoco faltaron los que aseguraron que algún que otro político municipal se implicó porque pretendía sustituir MAPOMA por el Milenium con grandes intereses comerciales ocultos, aunque, lógicamente, eso no se pudo demostrar sobre todo después del fiasco.

Reunión de la Asociación Española de Maratones (1998)
Reunión de la Asociación Española de Maratones (1998)

Ejemplos similares, no hay muchos, los hubo y los hay en España. Pero a las buenas gentes de MAPOMA les hizo pasar unos meses en vilo sin merecerlo. Tanto Mauricio Blanco como Pedro, amaban la carrera; habían sido el alma que día a día y noches de insomnio, bregaron, sufrieron, disfrutaron y nos reímos, lloramos y festejaron con las noticias buenas y las malas. Del MAPOMA fue su padre, su segunda piel y sus anhelos y, Mauricio tuvo hipotecada su casa, el domicilio particular, en el año 97 para poder sacar la edición adelante y mantener los salarios de una quincena de trabajadores. Los bancos son así. NO FIAN.

De Mauricio aún soy amigo, casi nada después de treinta años, y jamás vi borrarse la sonrisa de los labios. Solo una vez que no viene al caso.

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