El tiempo es vida

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El tiempo es vida
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Microsoft aumentó la productividad de su planta en Japón en un 40% después de reducir la semana laboral a cuatro días. Estudiaron dónde se estaba escapando el tiempo y fueron introduciendo cambios como compactar los trabajos, comunicarse a través de chat -vieron que era más rápido que por correo-, poner reuniones como mucho de media hora, de pie y limitadas a pequeños grupos… El tiempo se perdía precisamente en las pequeñas cosas. Con estos cambios en marcha vieron que los trabajadores estaban más a gusto, equilibrados, comprometidos y producían más en menos tiempo. Aunque parezca una contradicción la reducción de la jornada no disminuyó la productividad por hora de trabajo, sino que la incrementó. Las cifras lo demostraron.

El Gobierno central y Más Madrid trabajan junto al Ministerio de Industria para poner en marcha esta iniciativa en España. Se ha puesto en marcha un proyecto piloto que cuenta con una financiación de cincuenta millones de euros a repartir entre las empresas que adopten esta medida de reducción laboral. “Un proyecto como este no se ha emprendido en ningún lugar del mundo”, asegura Iñigo Errejón de Más Madrid.

Pilar Saiz y Jin Thomson, propietarios del Hotel Torrecerredo en Arenas de Cabrales, han decidido unirse a dicha iniciativa convencidos del éxito de esta. En su negocio que tiene nueve trabajadores, ya está implantada la jornada de cuarenta horas y dos días de descanso seguidos, pero ahora quieren dar un paso más. Su objetivo es crear un entorno agradable donde la gente se encuentre a gusto, trabaje contenta y además puedan ganar dinero que no están los tiempos para bromas. Por el momento, aseguran que todos sus trabajadores están encantados con la idea. También han calculado que para que se mantengan los turnos, tendrán que contratar a dos personas más, pago que podrían realizar gracias a la ayuda de este programa piloto. La solicitud está hecha, ahora solo toca esperar.

De implantarse esta iniciativa podríamos decir definitivamente adiós a las largas jornadas de trabajo partidas por dos y tres horas de pausa para comer. Adiós al presentismo absurdo en la era de la flexibilidad y el teletrabajo. Por fin sería más fácil conciliar, tendríamos horarios laborales decentes, también de comidas, de televisión, de ocio. Esta no sería solo una muy buena idea sino también una manera de contribuir a un cambio importante que podría ayudar a mejorar mucho las cosas.

Menos tiempo para trabajar y más para vivir, qué bien suena eso. Solo falta que nuestras mentes sepan adaptarse a este nuevo giro y sepamos aprovechar ese tiempo para recargarnos con otras cosas que nos ayuden a desconectar y cargar pilas; a crear espacios de serenidad para vivir y digerir la vida.

Recuerdo la reflexión que recoge Fernando Trías de Bes en su libro El vendedor de tiempo: El caso de un tipo corriente que solo vivía para trabajar, para hacer frente a la hipoteca que tenía firmada. No tenía tiempo para nada más. Era tal el grado de insatisfacción y hartazgo que tenía que un día se le ocurre hacer un balance de su vida. Apuntó por un lado los bienes que tenía y por otro lo que debía. La terrible conclusión a la que llegó es que casi sin darse cuenta, había hipotecado su vida. “Había vendido su tiempo al sistema -los 35 años que tardaría en pagar la hipoteca-, y en cambio el sistema no le debía nada a él. ¡Ay, si fuera dueño de mi propio tiempo!… exclamó”.

No está de más pensar que, ya que el tiempo es vida, vale la pena que nos planteemos en qué queremos utilizarlo.

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