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He de confesar que, por lo general, suelo grabar los programas de televisión que me interesan para verlos cuando puedo y evitar de paso los grandes bloques de publicidad que a veces te hacen, casi, perder la trama de lo que estás viendo. Pero cuando por circunstancias los veo en directo, acostumbro a fijarme en la publicidad porque creo que muestra en cierta forma el pulso de nuestra sociedad y sus preocupaciones.

El Observatorio de Contenidos Audiovisuales de la Universidad de Salamanca analizó cerca de doscientos mil anuncios emitidos antes, durante y después del confinamiento en España. El resultado habla de la difícil situación que se vivió en esos días donde no se podía salir de casa y durante los cuales, además, se batieron récords de consumo televisivo.

Pues bien, los anuncios que más se emitieron fueron de somníferos y fármacos relacionados con la falta de sueño. El efecto del encierro, el aislamiento, la angustia, el bombardeo de noticias negativas y el temor a lo desconocido pasaron factura a muchos ciudadanos, y eso se tradujo en un mayor consumo de este tipo de medicamentos. La Cooperativa Farmacéutica Asturiana (Cofas) constató un aumento sustancial de estos fármacos, así como de ansiolíticos y antidepresivos, tanto a nivel de distribución como de venta en el último año.

También ganaron presencia en los espacios publicitarios los complejos vitamínicos. Cambiaron nuestros hábitos alimenticios, se comió mal o a deshora, y las campañas institucionales, y sobre todo privadas, empezaron a concienciar a la población de la importancia de las vitaminas y de una buena alimentación para prevenir el Covid-19.

Termina el confinamiento y el boom publicitario se centra entonces en los anuncios para perder peso. El 44% de ciudadanos había incrementado su peso. ¿La culpa? La falta de ejercicio físico y el consumo de alcohol sumado con el picoteo por la ansiedad hizo estragos en los cuerpos serranos. El problema llegó a preocupar a los especialistas en nutrición que avisaron de que la pandemia de la obesidad podía ser más grave que la del propio coronavirus y había que tomar medidas. En paralelo los anuncios de los diferentes tipos y modelos de mascarillas, guantes, geles, productos desinfectantes nos informan de cómo estar más protegidos frente al Covid-19.

Todo lo relacionado con la salud pasó a ser prioritario dejando en un segundo plano al resto de los productos. Y ahí las marcas tuvieron que adaptarse, no hubo otra. Era más importante comer sano, cuidarse o dormir bien que pedir una hipoteca o comprarse un coche.

Si ahora nos fijamos en la publicidad que recibimos, veremos que el abanico es amplio, es como si todo volviera en cierta forma a la normalidad o al menos lo intentara cuando la realidad es que, aunque empezamos a salir de la tercera ola, los datos de incidencia acumulada y ocupación de las UCIs siguen siendo muy preocupantes.

Se habla de “salvar la Semana Santa”. La ministra de Turismo, Reyes Maroto y la de Sanidad, Carolina Darias, sugieren que, si se dan las condiciones adecuadas, se pueden hacer viajes entre comunidades en esos días. Algo a lo que ha respondido con contundencia el presidente del Principado, Adrián Barbón: “sacrificaremos la Semana Santa -no cometeremos los errores de Navidad- para tratar de evitar la cuarta ola, evitar contagios y salvar vidas. Puede gustar o no, pero las medidas funcionan, las cifras lo demuestran”, ha dicho.

Para qué sirve tener un poco de libertad ‘ficticia’ para luego acabar como en Navidad, inmersos en una pesadilla que estamos pagando muy caro, con miles de contagiados y pérdidas de vidas. No nos lo podemos permitir. Lo que hacen falta ahora son ayudas serias para los sectores afectados, no migajas que creen falsas expectativas y que son pan para hoy y hambre para mañana. Eso, unido a un potente plan de vacunación y estrictas medidas de cuidado, es lo que nos puede ayudar a que podamos salir de esta juntos sin dejar más vidas en el camino.

Espero que cuando veamos un anuncio de viajes, de un evento, de una fiesta… sea porque de verdad el entorno haya cambiado no porque nos quieran vender cantos de sirena. En Reino Unido, por ejemplo, el regulador británico de la publicidad (ASA) ordenó este mes de febrero la retirada de una campaña de Ryanair que animaba a los británicos a reservar un vuelo para Semana Santa y verano una vez que tuviesen la vacuna, mientras mostraba la imagen de jóvenes divirtiéndose. Las quejas se sucedieron porque daba a entender que sería posible viajar sin restricciones en estas fechas cuando “la situación es compleja y está en constante cambio”, argumentó ASA. Podrían tomar nota los políticos irresponsables y los que viven ajenos a la realidad en la que vivimos, son un peligro para el resto.

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