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miércoles 28, febrero 2024

El árbol sagrado

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Símbolo de esperanza y representante natural de la unión entre lo divino y lo mundano

A lo largo de la Historia, el ser humano se ha sentido atraído por estos magníficos seres, rodeados de misticismo, leyendas y también de propiedades medicinales.

Comenzando por el Árbol de la Vida (Crann Bethadh en la mitología celta), representa la conexión de todos los elementos en el mundo. Las raíces descienden hacia el mundo de los muertos conectando con los antepasados; el tronco representa el plano terrenal, el presente; y las ramas y hojas se elevan hacia el plano divino y espiritual.

Para los budistas, la higuera se convirtió en un árbol de culto. En la mitología hindú, es el árbol que cumple los deseos. Y también era una higuera el famoso árbol de Bodhi, bajo el que se sentó Buda durante siete días consecutivos para alcanzar la iluminación.

El Olmo también es conocido en diferentes culturas como el árbol del amor. Existe un árbol en la actualidad, situado en San Saba (Texas), donde cuentan que los Nativos Americanos celebraban bodas y ritos de unión. También en la mitología griega, Orfeo rescató a Eurídice del submundo tocando una melodía con su lira, y así provocó también el nacimiento de un majestuoso Olmo.

Y, volviendo a la cultura celta, los árboles eran protectores y poseían propiedades mágicas. Los druidas (los sacerdotes de los poblados celtas) diseñaron un calendario sobre la base de veintiuna especies arbóreas.

Para la cultura celta, los árboles eran protectores y poseían propiedades mágicas. Los druidas (los sacerdotes de los poblados celtas) diseñaron un calendario sobre la base de veintiuna especies arbóreas.

En Asturias conservamos gran parte de esas leyendas y creencias. Existen varios árboles sagrados en la mitología astur, pero hoy hablaremos de los cuatro más conocidos:

El Tejo o Texu: podemos encontrarlos en lugares sagrados, como ermitas y cementerios. Esto nos demuestra su simbología religiosa, pues representa la conexión con la divinidad. Pero también se consideraba como el árbol de la oscuridad y la muerte. Se cuenta que, en la antigüedad, los guerreros astures se suicidaban con veneno de Tejo para evitar caer en la esclavitud si preveían una derrota. Podría decirse pues, que el Tejo es un árbol que representa un portal al otro mundo, el paso entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Sus hojas representan la eternidad, pues son perennes, pero sus frutos venenosos anuncian la muerte.

El Roble o Carbayu: Simbolizaba la justicia y la realeza. Además, existe una leyenda sobre este árbol, el famoso Carbayón de Oviedo, que narra la historia de una moza vestida de negro que salía del Campo de San Francisco por la noche, se abrazaba al árbol y tras varias convulsiones, caía rendida al suelo desapareciendo de la faz de la Tierra.

El Acebo: Se consideraba árbol protector y símbolo de buena suerte, por lo que era tradición plantarlos cerca de las casas para ahuyentar a la mala suerte y a los malos espíritus. También se convirtió en símbolo de Yule, tradición que más tarde se convertiría en la Navidad cristiana.

El Laurel o Lloreu: Otro árbol protector contra el mal de ojo, la mala suerte y la desdicha. Se decía que donde hubiera un laurel plantado, no caería jamás un rayo del cielo. Por lo que protegía también de las tormentas. Y se decía que, además, atraía la fortuna. Cuentan las almas antiguas que, cuando un vecino terminaba de construir su casa, colocaba en lo alto del tejado un ramo de laurel para este cometido. De ahí también que el famoso ramo de laurel bendecido en Domingo de Ramos, se utilizase después como protección para el hogar y el ganado.

Y, por cierto… ¿Sabíais que el Carbayu también era un árbol mágico que podría compararse al actual árbol de Navidad?
En tiempos antiguos, se quemaba un tronco de roble en la chimenea durante los días de Navidad, y debía mantenerse ardiendo hasta Año Nuevo. Después, se debían esparcir sus cenizas por los campos y las cuadras para proteger el ganado, atraer la suerte y las buenas cosechas. Estamos hablando del Nataliegu, una tradición astur muy similar al tronco de Yule, para los celtas.

Ojalá algún día el mundo entero vuelva a reconectar con estos seres magníficos que, además de brindarnos un aire más limpio, nos enseñan a detenernos, respirar hondo y vivir el instante sin prisa ni prejuicios.

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