Basta con mirar

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El Rincón de Teobaldo
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Estamos ante el 8M y vuelven los de siempre a traernos las polémicas sobre las manifestaciones. La mayoría de las organizaciones de mujeres han dicho que su voluntad es seguir moviéndose (¡falta hace!), si bien pondrán por delante las recomendaciones sanitarias. Los cavernícolas desempolvan la acusación del año anterior, conforme a la cual fueron ellas quienes aceleraron la pandemia.

Nada nuevo bajo el sol. Hubo en aquellas fechas muchos más espectadores en el fútbol, el baloncesto, las discotecas o las misas, pero eso no propagó el virus, al parecer. ¿Inmunidad de rebaño? Son las señoras en marcha, esas brujas modernas, portadoras de todo mal. En la Edad Media eran propagadoras de la peste.

Pero no sólo en esa época; resulta curioso que un iconoclasta como John Milton (1608-1674) que según uno de sus traductores modernos andaba “enzarzado de pluma y panfleto y tratado contra la monarquía, la opresión y la iglesia papista, anglicana o presbiteriana”, es capaz de escribir en Paradise Lost (El Paraíso perdido), una escena en la que el arcángel Miguel muestra a Adán todos los males que Eva traerá a los hombres (what miserie th’inabstinence of Eve shall bring on men): “Convulsiones, epilepsias, catarros fieros, piedra intestinal y úlceras, cólicos, demoniaco frenesí, melancolía destructora, lunática locura…” (No sigo con el catálogo porque esta página exige brevedad; puede leerse en el Libro XI de la obra).

Cada día vemos ejemplos de la poco inteligente idea de encerrar a las mujeres en las cocinas, aunque sea con el título de reinas del hogar. Necesitamos sus habilidades en el trabajo, en la ciencia, en cada acto social.

Y así hasta hoy. Una de las barbaridades que difunden los trogloditas políticos es que no existe la violencia de género como problema, que hay muchas denuncias falsas. Picaresca hay en todas las facetas de la vida, yo he tenido compañeros de trabajo capaces de ponerse de acuerdo para dar un parte falso al seguro, con el que uno de ellos podría reparar la chapa averiada; hace unos días el Seprona descubrió una trama de ganaderos que compraban potros baratos para hacerlos aparecer como víctimas de los lobos y cobrar indemnizaciones. Ni todos los pecuarios ni todos los conductores somos delincuentes. Me parece.

Para el caso de las presuntas denuncias falsas basta con mirar. El Poder Judicial rinde cuentas una vez al año de los índices de delincuencia, con la mala noticia de que, de nuevo, ha aumentado la violencia contra las mujeres. Un redactor de la SER nos ahorra la tarea y hace la comparación: Durante 2020 se han presentado, en números redondos 168.000 denuncias por malos tratos, de ellas resultaron sentenciadas como falsas, ¡siete! O sea, el 99’99% eran ciertas, y un número muy parecido a cero, el 0’004%, eran inventadas.

Hay mucho que avanzar aún. Tarea cotidiana de todas cuantas personas estimamos que la mitad de la población debe mejorar su situación. Cada día vemos ejemplos de la poco inteligente idea de encerrar a las mujeres en las cocinas, aunque sea con el título de reinas del hogar. Necesitamos sus habilidades en el trabajo, en la ciencia, en cada acto social. Un ejemplo. Basta con mirar:

accidentes de la mujerFoto tomada en un escaparate de una aseguradora en Valladolid, pero pudiera ser en cualquier ciudad de España. “Accidentes de la mujer”. La Primera impresión pudiera ser que el accidente es el niño que aparece en primer plano. Demasiado tosco, sería el mensaje; es más fino: los tropiezos caseros son propios de las mujeres, pues ése es su ámbito natural. Cualquiera de nosotros podría escribir a continuación una larga lista de roturas, inundaciones o incendios de grueso calibre originados por varones incapaces de freír un huevo sin demandar la presencia de los bomberos. Ya decía el Mariano de Forges: “Hoy cocino yo, ¿dónde está la cocina?” Inutilidad varonil lograda por considerar impropias las tareas más elementales.

¿quién lava mejor?El segundo ejemplo describe mucho más claramente qué piensan los cerebros económicos del reparto de tareas domésticas. Una multinacional hace una encuesta sobre el uso de un producto químico habitual. Basta con mirar. (Conscientemente he recortado de la imagen alguna respuesta abrupta de señoras que están hasta el moño de tonterías).

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