Orígenes

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La Espada
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En el principio el hombre era uno con la madre tierra. De ella se alimentaba, de ella dependía, con ella experimentaba, crecía, evolucionaba.
En el principio el niño es uno con su madre. De ella se alimenta, de ella depende, con ella juega y desarrolla sus facultades.
La madre sabe lo que su hijo necesita y se lo da, aunque el hijo sea inconsciente y no valore lo que recibe.

OrígenesEl niño crece y poco a poco se vuelve independiente, pero puede seguir siendo uno con su madre, aunque ya no dependa de ella, o puede romper sus vínculos y desligarse, con lo cual perderá progresivamente su conexión con el Origen, su Origen.
Pero el Origen es la fuente de alimentación de la vida y no existe nada que pueda vivir sin estar conectado a él.

El hombre, en su inconsciencia, se cree el centro de la creación, piensa que es el principio y fin de todo, cuando en realidad es sólo un eslabón de una inmensa cadena que partiendo del Origen se dirige hacia un fin, que no es otro que la manifestación del Origen en el punto más alejado.
Con ello se cierra el círculo y principio y fin son uno solo, una misma idea, un mismo proyecto.

El Origen es la fuente de alimentación de la vida y no existe nada que pueda vivir sin estar conectado a él.

Así como el río recorre grandes distancias hasta fundirse en el mar, alimentando a su paso a infinidad de vidas, regando y produciendo vida, uniendo a los pueblos, y todo ello lo hace siendo permanentemente alimentado desde su Origen, desde sus fuentes, así el hombre debe recorrer la senda de su existencia sabiendo que su energía vital parte de su fuente interna, que no es otra que su misma esencia, la energía eléctrica que circula por su interior y que está unida al Origen, de la que es parte, y que es electricidad pura.
No se puede caminar en línea recta si no se conoce el Origen y no se sabe hacia donde se camina.

Pero el objetivo, el fin, está escrito en el Origen, sólo hay que saber leerlo, que saber distinguirlo en medio de toda la maraña de pensamientos, sentimientos, ilusiones y formas cotidianas que conforman el vivir de cada hombre.

El Origen es a su vez sagrado, porque todo lo que contiene es vital para la vida, es esencial.

El hombre actual, en su loca carrera hacia ninguna parte, perdió las referencias de lo esencial, por eso se creó nuevos valores, nuevos ídolos de oro, nuevos dioses a quienes adorar, seguir o imitar.
Pero todo ello sólo le conduce a separarse cada vez más del Origen, de lo auténtico, de lo que no pasa porque no depende del tiempo ni del espacio, tampoco de las modas ni de los gustos, y mucho menos de la soberbia, el orgullo o la ignorancia del hombre.

El Origen es a su vez sagrado, porque todo lo que contiene es vital para la vida, es esencial.

El Origen es el principio, el océano de donde salieron todas las gotas-vidas, miles de millones de gotas, que componen la humanidad, la nuestra y otras muchas.

El Origen existe fuera del tiempo, crea fuera del tiempo y coloca su creación dentro del tiempo para que experimente, evolucione, aprenda.

El Origen tiene sus propias e inmutables leyes, y no es afectado o alterado por nada, porque en él sólo existe poder, ese poder que el hombre conoce en su interior y que busca equivocadamente en las cosas materiales, ese poder sólo reservado a quienes descubren la senda de luz y sacrificio que les conduce al Uno, ese poder que está más allá del bien y del mal, fuera del tiempo y del espacio.

Desde el Origen el Uno cuida de todo y de todos, vela por la vida, vigila amorosamente la espiral de la evolución para que nada altere definitivamente su recorrido.

El Origen existe fuera del tiempo, crea fuera del tiempo y coloca su creación dentro del tiempo para que experimente, evolucione, aprenda.

Desde el Origen el Uno respira y sus latidos marcan el compás de la creación, el sonido de las esferas, la música de los círculos.

Desde el Origen el Uno espera porque sabe que todo volverá, que existe un regreso como un día existió una proyección, porque esa es la Ley, su Ley, y nadie escapa a ella.

Todas las criaturas son alimentadas desde las fuentes eternas del Origen y, aunque de momento sean inconscientes, torpes, rebeldes, ignorantes e, incluso, se crean superiores al Uno, todas, absolutamente todas, están “condenadas” a ser libres, a ser verdad, a fundirse en el Uno.

Todo es cuestión de tiempo y, a lo mejor, lo que para el hombre es futuro, en el Origen ya sucedió.

Sólo el Uno lo sabe.

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