Romper mentiras

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La Espada, por MAK
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El momento más importante y más duro en la vida de una persona, es aquel en el que descubre que es una gran mentira, que lo que hasta ese momento consideraba como bueno, como útil, como válido, es tan sólo una imagen creada y fortalecida por el propio autoconvencimiento y también por el temor a quedarse desnudo y sin nada en que apoyarse.

La Espada: Romper mentiras
Ilustración: arabesko.blogspot.com

Pero a este descubrimiento sólo llegan aquellos que son inconformistas, rebeldes, buscadores de la verdad, porque los demás no sólo se conforman con su imagen, sino que la alimentan y la refuerzan día a día hasta convertirla en una fortaleza inexpugnable para los demás y en una cárcel para sí mismos, cárcel que les esclavizará y les exigirá un alto precio en su libertad y en su dignidad.

Así, cuando una persona, en su búsqueda, llega ante el encuentro con sus mentiras y con sus verdades, está en la encrucijada de una decisión que marcará definitivamente su futuro, porque de ella depende que pase a otros niveles más profundos de consciencia o que, por el contrario, se pierda cada vez más en la oscuridad de la mentira consentida y defendida.

Hace falta tener el valor suficiente para mirarte en el espejo de tu propia conciencia y acometer el cambio que se supone necesitas dar ya.

Por ello, hace falta, en primer lugar, tener muy claras las ideas, con una visión muy real de lo que es tu vida, de lo que son tus valores, de la calidad de tus actos. Luego, hace falta tener el valor suficiente para mirarte en el espejo de tu propia conciencia y acometer el cambio que se supone necesitas dar ya, porque una prueba evidente de que estás necesitando un cambio es el hecho de haber visto tus mentiras. Quien no ve sus mentiras tampoco experimenta necesidad de cambiarlas.

Y una vez puesto el valor necesario para enfrentarte a la situación, hace falta disciplina, mucha disciplina, para transformar lo viejo en nuevo, lo falso en real, la mentira en verdad.

Pero, con todo, lo más importante es la comprensión de que todos, absolutamente todos los seres humanos, se tienen que enfrentar un día u otro a su gran mentira autocreada, suma de muchas mentiras admitidas, consentidas, toleradas y tapadas a conciencia.

Si nos dijeran que la mejor imagen que tenemos de nosotros mismos es una absoluta mentira, tal vez nos escandalizaríamos, pero es la mayor verdad que nos podrían decir.

La vida es evolución en sí misma, nadie se escapa de ese hecho. Por tanto, estamos obligados a cambiar, a renovarnos, a desprendernos de las caretas e imágenes falsas que temporalmente admitimos y a crearnos nuevos caminos, nuevos valores, nuevas imágenes, para no estancarnos y detenernos, con lo que estaríamos alejándonos cada vez más de lo real y construyendo nuestra propia burbuja en la que nos creeríamos intocables, inmutables y sabios.

Y ese sería el último y definitivo error, la última gran mentira.
Si nos dijeran que la mejor imagen que tenemos de nosotros mismos es una absoluta mentira, tal vez nos escandalizaríamos, pero es la mayor verdad que nos podrían decir, y se necesita mucha humildad para reconocerlo y mucho amor para agradecerlo, pero sería también una puerta abierta hacia un renacer, hacia una dimensión distinta de la vida de cada uno.

Todos los días mueren millones de células y nacen otras nuevas, siempre existe renovación.

Y si hay pocos que se atrevan a enfrentarse a esta realidad es porque existe mucho miedo y el miedo es el arma preferida de los que no quieren que nada cambie, de los que trabajan para conservar lo que siempre fue «bueno», sin comprender que lo bueno de ayer es lo malo de hoy, que lo que un día te impulsó hoy te puede retener, que el pasado difícilmente puede convivir con el futuro, y que mientras tú te aferras a las imágenes, a los valores y a lo que ayer te sirvió, en ti, en tu propio cuerpo, todos los días mueren millones de células y nacen otras nuevas, siempre existe renovación.
Así que atrévete, rompe tu máscara, destruye tu imagen, renuévate y descúbrete detrás de lo que crees que eres, porque, en realidad, no tienes ni idea de quién eres, de tu potencial, de tu naturaleza y de tu capacidad.

Decídete, mantén tu cárcel viva o comienza a volar hacia tu libertad.

Pero si optas por mantener tu mentira, por cerrar los ojos y los oídos a la urgencia de tu transformación, ten presente que tan sólo estás retrasando lo inevitable, porque un día se te caerán todos los esquemas y te sentirás tan solo y perdido que entonces lamentarás haberte engañado tanto tiempo.