Anina Anyway. Una vida en constante movimiento

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Anina Anyway
Anina Anyway / Foto: Alicia Petrashova
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Dice de sí misma que es una especie de nómada digital, escritora y viajera que va viviendo al día haciendo lo que le gusta. La asturiana Anina Anyway ha publicado dos libros “Expedición Cabo Norte” y “Las siempre y cuatro”, el tercero está ya empezando a tomar forma.

Le encantan las historias y la suya no tiene desperdicio. Le diagnosticaron un cáncer a los veinte años, esa fue la primera señal que le regaló la vida y a la que le debe una consciencia del presente y del futuro muy diferente a la que se estaba forjando. A través de la filosofía contactó con gente con la que compartir visiones y formas de pensar, y eso le hizo entender que no era tan rara como creía. Los viajes le abrieron los ojos a una forma de vida en movimiento que la enfrentó a sus miedos y le enseñó el valor de la confianza. La escritura fue la pieza que completó el puzle y que le hizo ser lo que es hoy en día. ¿El futuro? Un libro en blanco en el que escribir nuevas historias.

-¿Quién es Anina Anyway?
-El momento en el que se empezó a formar lo que soy ahora fue cuando estaba en la universidad estudiando Filosofía. Tenía veinte años, me había independizado y vivía con unas compañeras de la facultad. Estaba empezando la vida adulta y elegida y me detectaron un linfoma. Fue un punto de inflexión que para mí tuvo mucha importancia. De pronto me di cuenta de que somos pequeños y que proyectamos nuestra vida hacia delante porque lo lógico es construir un proyecto, pero empecé a pensar que tal vez las cosas iban a ser un poco diferentes para mí. Esto me puso muy en contacto con la consciencia de la mortalidad y determinó mucho mi personalidad, mi manera de tomar las decisiones y de ver la vida. Terminé licenciándome en Filosofía, aunque sabía que era una carrera a través de la cual no iba a obtener ningún trabajo, pero era algo que me atraía y me apetecía aprender. Al final también ha tenido muchas consecuencias en quién he acabado siendo y en cómo pienso actualmente.

“A los veinte años me detectaron un linfoma. De pronto me di cuenta de que somos pequeños y que proyectamos nuestra vida hacia delante, pero empecé a pensar que tal vez las cosas iban a ser un poco diferentes para mí”

En el momento en el que termino la carrera, se abre ese vacío existencial de preguntarme por dónde tiro o qué quiero hacer. En este contexto empezó el contacto con los viajes a escala grande. Descubrí que había algo que me encantaba y nunca había experimentado que era vivir en movimiento, en el camino. Me enganché a los viajes, pero en modo de autosuficiencia, de supervivencia, pasando mucho tiempo en la carretera o en la montaña. Con lo cual ya tenía mi conciencia sobre la mortalidad, mi vena filosófica y la viajera y todo esto permeado por la escritura, que siempre fue lo que se me daba bien de manera intuitiva o natural.

Al final terminé dedicándome a algo que no tiene nada que ver con la filosofía que es el copywriting, escritura persuasiva para webs y medios online. A estas alturas y con dos libros publicados, puedo decir que me dedico a escribir y que es mi forma de vida. Estos cuatro pilares son los que definen lo que soy ahora: una especie de nómada digital, escritora, viajera que va viviendo al día, haciendo lo que le gusta de una manera siempre precaria porque obviamente no tengo un trabajo de ocho horas al día y la estabilidad o inestabilidad me la marco yo en la medida que quiero.

Expedicion Cabo Norte. Anina Anyway, Pablo Calvo y Hippie (Bikecanine)
Expedición Cabo Norte. Izda., Foto: Bikecanine; dcha., Anina Anyway, Pablo Calvo y Hippie en Magerøya (Noruega) / Foto cedida por A.Anyway

-¿Encontrarte con esos cuatro pilares te han convertido en una persona diferente a la que hubieras sido?
-Desde luego. Estoy segura de que, si no hubiese tenido la experiencia del cáncer tan pronto, yo viviría pensando en la jubilación. Hay mucha gente que proyecta su vida hacia el futuro y eso está bien, pero a mí me pasó eso con veinte años y también que mi padre con cincuenta y seis murió de cáncer, con lo cual mi conciencia del futuro es mucho más corta. Lógicamente esas experiencias determinan un cambio en mí y en la manera de decidir. Yo siempre me había sentido un poco bicho raro, pero cuando entré en contacto con la filosofía me encontré con personas que eran más afines a mí. También empiezas a vivir fuera de casa y esto cambia tu manera de pensar, porque te hace tener una mente más abierta y crítica respecto a todo, con lo cual hay un crecimiento exponencial. Con los viajes sucede lo mismo, en mi familia no éramos personas excesivamente viajeras, íbamos al pueblo en verano y nada más. El primer golpe de luz lo tuve al hacer el Camino de Santiago en 2011. Ahí descubrí que no sabía que podía vivir una quincena en un camino, avanzando todos los días hacia a algún lugar. La culminación de este descubrimiento sucede en 2015 con el viaje a Cabo Norte que dura cinco meses y en el que recorro con mi pareja de entonces más de diez mil kilómetros en bici. Entrar en contacto con esa posibilidad de encontrar otra forma de vivir en movimiento constante, hizo que mi cabeza volase. Desde entonces siempre necesito unos meses para volver a esa forma de vida. En cuando estás ahí, eres otra persona. Eres tú pensando y haciendo cosas que creías que no podías hacer.

-¿Cómo por ejemplo?
-Siempre había querido escribir un libro, era un sueño, pero lo que te dices y lo que te dicen, es que es muy difícil, con lo cual siempre lo dejas de lado. A raíz de todas estas experiencias surgió la oportunidad de escribirlo y toda la gente que seguía el viaje apoyó la idea y lo financió con una campaña de crowdfunding. Más tarde lo compró una editorial y lo publicaron en Desnivel y ese sueño que yo tenía desde niña se cumplió. Ese fue otro clic mental brutal. Después publiqué mi segundo libro, “Las siempre y cuatro”, y ahora estoy trabajando en el siguiente, con lo cual entiendo que lo que me quede de vida siempre voy a estar escribiendo algo y esto ha sido muy liberador. También es verdad que siempre ha ido apareciendo la circunstancia correcta, la persona, la influencia apropiada para ir alimentando todo este movimiento. Esto se suma a que siempre he estado rodeada de personas que en vez de echarme hacia atrás en esos sueños o en esas formas de vida un poco locas, me empujaban y me animaban para que tirase hacia delante.

Anina Anyway en la Casa del Libro de Gijón
Anina Anyway en la Casa del Libro de Gijón / Foto: machbel

-Con cada pedalada o paso que das, ¿coges cosas o las dejas atrás?
-Siempre que eliges un camino estás renunciando a otro. Si vas en una dirección quiere decir que dejas de lado las demás, pero así es la vida. Todos los días, sin darte cuenta, estás tomando un montón de decisiones que implican una serie de renuncias, pero no puedes estar todo el rato pensando en eso porque te volverías loca y nunca harías nada.

-¿Qué ingrediente tiene caminar o andar en bici para que te haga sentir tan viva?
-Yo creo que en nuestro día a día estamos muy distraídos, hay muchos estímulos, demasiadas cosas a las que prestar atención y parece que siempre estamos fuera de nosotros. Esta es una de las cosas que más cambia cuando estás en este tipo de viajes en el que tienes que preocuparte por qué vas a comer, dónde vas a dormir o conseguir agua. Tienes que volver a tus necesidades más básicas y toda logística de estímulos, preocupaciones, noticias o necesidades de otros, se simplifican al máximo. En ese momento, tú tienes que preocuparte de cuidar tu cuerpo y de lo más básico que es: comida, agua y refugio. Esto hace que reorganices tus prioridades, que replantees muchos problemas que de pronto se desinflan y te das cuenta de que no son tan importantes. Otra cosa es la fortaleza que descubres en ti, te das cuenta de que eres capaz de hacer cosas que no pensabas que podías hacer tanto a nivel físico como mental. Pasarte un mes sola en la montaña te da confianza en ti misma y una sensación de poder impresionante. Te das cuenta de que, si puedes hacer eso, puedes hacer cualquier cosa. Dentro del día a día consigues hacer un marco de silencio muy bestia en el que tienes de nuevo cierta claridad.

“Entrar en contacto con la posibilidad de vivir en movimiento constante, hizo que mi cabeza volase. Desde entonces siempre necesito unos meses para volver a esa forma de vida”

-¿Necesitamos todo lo que tenemos para vivir?
-Yo creo que no necesitamos muchas de las cosas que tenemos para estar bien o ser felices. La pirámide de Maslow escenifica que, cuando tienes tus necesidades básicas cubiertas, van surgiendo otra serie de ellas, y a la vez que cumples esas van surgiendo otras. Pero actualmente no son cosas reales, sino que son más bien producto del aburrimiento. Una cosa muy curiosa que me pasa en la montaña es que como mucho menos habiendo un desgaste físico mayor. En mi día a día ya está organizado que a esta hora toca desayunar, luego comer, cenar, ahora estoy aburrida o trabajando y me entra la gula, o me voy a tomar un café… Yo creo que esto puede ser representativo del resto de cosas. Buscamos elementos constantemente para estar entretenidos o no entrar en contacto con ciertos pensamientos que te llevan a pensar en si estás viviendo la vida que quieres, y esto acojona mucho. Prefieres llenarlo de otros estímulos que te distraigan de ese pensamiento.

Anina Anyway en los Cárpatos
Montes Cárpatos / Foto: María Herrero

-¿Viaje en modo supervivencia?
-Entiendo que no hace falta ser radical y que te vayas en modo supervivencia al 100% porque es algo que no vale para todo el mundo. Te tiene que gustar y tienes que aguantar, pero hay opciones más sencillas como entrar en contacto con la naturaleza, retirarte un poco del ruido o irte al medio de un bosque. Lo único es que tienes que hacerlo de forma consciente para no acabar dependiendo del móvil, ni pasarte el día haciendo lo mismo que harías en casa. Deberíamos buscar el contacto con esos lugares de silencio donde te das cuenta de que el mundo es grande, maravilloso y que lo miramos muy poco. Vivir momentos de estos te pueden ayudar y no tienes que hacer nada radical. Pero tienes que querer hacerlo, tiene que ser una decisión consciente de cada uno. Por lo menos pregúntate si lo necesitas y si para ti está todo bien, pues continua y sino, párate.

“Pasarte un mes sola en la montaña te da confianza en ti misma y una sensación de poder impresionante. Te das cuenta de que, si puedes hacer eso, puedes hacer cualquier cosa”

-De estos viajes ¿vuelve alguien más consciente de todo?
-Yo sí, pero no sé si puedo aplicar mi caso a todo el mundo. Vuelves a revalorizar los pequeños detalles, las cosas que das por sentadas vuelven a coger la importancia que realmente tienen y por ejemplo una ducha se vuelve algo muy especial. Por otra parte, también vuelves más consciente de ti misma en el sentido de que, cuando haces un viaje en solitario, y estás las veinticuatro horas sin distracciones, te das cuenta de lo que tienes dentro y empiezas a ser consciente de los pensamientos que se repiten y en qué dirección van. En ese silencio te das cuenta de lo que está constantemente sonando dentro de tu cabeza y no puedes escapar de ello. Estar sola, sin nadie más alrededor, te enfrenta a quien eres tú.

-¿Te llevas bien contigo misma?
-Unas veces sí y otras no. Me cabreo, me caigo pesada y otras estoy contenta y orgullosa de mi. Pero ahí está lo interesante de aprender a relacionarte contigo y darte cuenta de lo que sale de ti cuando estás sola y sin estímulos. ¿Sabes cómo eres cuando no te está viendo nadie o no tienes distracciones a las que recurrir? Normalmente no. En general me llevo bien, hablo mucho conmigo y lo mejor es que cuando estás sola y lo haces, no pareces una loca.

Anina Anyway
Foto: Alicia Petrashova

-¿Necesitas certezas o te viene bien la incertidumbre?
-Me viene bien la incertidumbre. Ahora tengo treinta y seis años, buena salud, energía, ganas, curiosidad y ese no saber cómo van a ser las cosas dentro de un año me gusta. Puedo vivir con la certeza porque tampoco estoy tan desequilibrada, pero en este momento de mi vida me gusta más sentir que todas las posibilidades están abiertas, que puedo vivir cualquier cosa y que en cualquier momento puedo cambiar la dirección. Asumo que puede que llegue un momento en mi vida que cambie de idea y busque otra cosa.

-¿La libertad va de la mano de la soledad?
-No necesariamente, pero a veces sí. Cuando hice el viaje a Cabo Norte lo hice en pareja. Fue algo que vivimos juntos durante esos cinco meses y había una libertad compartida, pero esa relación, después del viaje, en el proceso de escribir el libro, se rompió porque yo estaba más centrada en el tema de trabajar y él quería ya empezar a moverse y viajar. Esas necesidades diferentes nos llevaron a separarnos. Las relaciones que estableces son diferentes. Soy una persona que no piensa en tener familia, no tengo el sueño de tener hijos y esto me pone en otro lugar desde el que puedo manejar esa incertidumbre que yo quiero, porque nadie depende directamente de mí. Mi familia siempre está igual que los amigos de verdad, también vas conociendo gente por el camino, aunque sabes que muchas veces son un paso fugaz. Para establecer una relación de pareja es complicado porque o estás con una persona que tiene el mismo deseo que tú o, si es alguien que no tiene ese mismo impulso, tiene que comprender que, de vez en cuando, te vas a largar un tiempo.

Anina Anyway en Los Dolomitas (Italia)
Los Dolomitas (Italia). Izda., foto cedida por Anina Anyway; dcha., foto: Eckhard Schlöder

-A ti a nivel personal, ¿qué te ha enseñado la soledad?
-Antes le tenía mucho miedo en el sentido de que siempre estaba con una pareja, tenía que estar con alguien y vivía cierta dependencia de las relaciones sociales, me gusta mucho el contacto con la gente, hablar… Lo primero que me enseñó la soledad es que no muerde y que te da la oportunidad de desarrollar hilos de pensamiento completos sin tener que establecer conversación o ponerte de acuerdo con nadie. También me asustaba el no ser capaz de estar sola por el miedo a que me pasase algo, a perderme, a no ser capaz, a cansarme y en esa soledad es donde precisamente se dio un encuentro con mis auténticas capacidades. Me ha enseñado la confianza en mí misma, me ha mostrado que soy completamente capaz de desenvolverme sola, de cuidarme y de dirigirme. Y sobre todo el sentirme poderosa en el sentido de saber que puedo hacer lo que me proponga. Si lo hago acompañada será maravilloso, pero si lo hago sola también puedo.

-¿Sabes de lo que eres capaz o te sorprendes?
-Me he sorprendido mucho y siempre tengo la esperanza de que haya algo un poco más allá. Cuando parece que ya has visto todo, que lo has sentido o incluso que ya no puedes seguir, siempre hay un poco más y llegar hasta ahí te desbloquea el siguiente tramo. Sinceramente espero seguir sorprendiéndome a mí misma con las cosas de las que soy capaz.

“Saber que somos nosotros los que escribimos nuestra propia historia, me reconforta mucho más que pensar que lo tengo todo trazado”

-Y en ese camino, ¿el destino existe como algo inexorable o tú te lo vas forjando?
-Te lo forjas tú quieras o no. Yo creo que cada día tomas decisiones y hasta las más pequeñas tienen relevancia e influyen en el resultado final. Creer que tú estás destinado a llevar una determinada vida y tener un determinado final es una idea que da un poco de miedo, porque hagas lo que hagas ya alguien lo ha decidido todo por ti y la verdad es que eso es una mierda. Por otra parte, te quita todo el control sobre tu vida y hace que te acomodes porque hagas lo que hagas ya tienes escrito tu destino.

-Entonces ¿tienes el poder de crear tu realidad?
-Sí, totalmente. Además, tienes el poder de ser la creadora principal. Es obvio que siempre va a haber co-creadores porque vives en un contexto, con una circunstancia, con personas alrededor, te influye el lugar en el que estás o la cultura que tienes. A su vez también da miedo porque puedes entrar en bucles y acabar pensando que cada decisión es tan importante que te bloquee y al final no decidas nada. Saber que somos nosotros los que escribimos nuestra propia historia, me reconforta mucho más que pensar que lo tengo todo trazado y no puedo hacer más.

“Buscamos elementos constantemente para estar entretenidos o no entrar en contacto con ciertos pensamientos que te llevan a pensar en si estás viviendo la vida que quieres, y esto acojona mucho”

-Si el sueño es lo suficientemente grande, ¿asumir los riesgos merece la pena?
-Sí, y te lo digo yo que, aunque te conteste de una manera muy tajante, soy muy indecisa. La imagen que doy de decidida es la consecuencia de pasar por encima de mis indecisiones y pelearme con ellas para que no me dominen y ser yo la que controla. Evalúo mucho los riesgos, lo que puede pasar, intento hacerlo siempre en términos de lo que voy a ganar y no en términos de lo que quiero evitar, pero le doy muchas vueltas a las cosas. Todo implica un riesgo, incluso cuando no haces nada y decides quedarte donde estás asumes el riesgo de arrepentirte por perder una oportunidad. Lo que pasa es que siempre hay una parte que parece más arriesgada que la otra, pero, al final, siempre suelen ser igual de radicales, pero en sentidos opuestos. Si te quedas en casa, puede que llegue el momento de estirar la pata y te pille sin haber hecho nada por no haber asumido ningún riesgo.

-¿Qué es lo que mantiene viva tu curiosidad?
-Me rodeo de gente que es curiosa y me gusta tener la influencia de personas que saben lo que yo no sé, que me cuentan cosas que me estimulan y me interesan. Salir al mundo también mantiene muy viva la curiosidad porque te enfrentas a situaciones en las que nunca habías estado o te cruzas con personas que tienen otra forma de vida y de pensar. El movimiento estimula mucho mantener viva la curiosidad, la lectura también es un pilar básico. Luego está la conciencia de ir ampliando ese límite que tenemos cada uno, que haya otros horizontes, que sepas que siempre te queda algo por descubrir, por vivir, porque te sorprenda. Tengo esa idea muy clara y quiero moverme hacia ese punto para poder ver el siguiente. Cuanto más conozca o vea, más consciente seré de todo lo que todavía no sé.

“La imagen que doy de decidida es la consecuencia de pasar por encima de mis indecisiones y pelearme con ellas para que no me dominen y ser yo la que controla”

-Y una vez que tienes claro a dónde te quieres dirigir, ¿dar el primer paso es lo que más cuesta?
-Son difíciles las dos cosas, pero para mí lo que más me cuesta es tenerlo claro precisamente por esa indecisión. Saber qué es lo que quiero y una vez que lo sé, también me cuesta dar el primer paso porque ya tengo que plantearme toda la logística de la realización y da igual si estamos hablando de hacer un viaje o escribir un libro. Tengo claro qué libro quiero escribir y sé que es a lo que quiero dedicar ahora gran parte de mi energía, pero existe ese momento en el que abres un documento en blanco y pueden pasar días que no sabes cómo empezar o en qué dirección hacerlo. Puede pasar un mes y todavía no haber empezado. A lo mejor hiciste cosas aledañas como hacer un borrador, un guión, pero no tienen nada que ver con ponerte a escribir y es solo porque te acojona dar ese primer paso. Con un viaje pasa lo mismo. Para mí las dos cosas tienen un componente de dificultad, pero en lo que más energía invierto posiblemente es en intentar tener claro qué es lo que quiero. Y para dar el primer paso hay que vencer el miedo y la pereza que te entra.

Anina Anyway
Foto: Bikecanine

-¿Podrías decir que dentro y fuera eres la misma persona?
-Diría que no. Este libro que tengo ahora entre manos me gustaría que se llamase “La mujer montaña”. Y a la mujer montaña la distingo de la otra que está dentro, que escribe y que es más recogida y que sería como la mujer caverna. Ambas tenemos un soporte común y que obviamente esto no se trata de esquizofrenia ni nada por el estilo, la que está fuera desarrolla y potencia una serie de habilidades y fortalezas con las que es consecuente y la que está dentro hace lo mismo, pero con otra serie de características. Evidentemente no se pueden dar a la vez. Yo no puedo estar en “plan comodidad”, me tapo con una mantita en mi sofá a leer un libro que en modo “estoy en el monte”, está lloviendo, tengo que encontrar un refugio porque me va a pillar la tormenta. Son dos realidades muy distintas y te hacen estar en un modo diferente.

-¿En qué persona te gustaría convertirte?
-Vamos a retomar la respuesta de la incertidumbre. Me gustaría no tener ni idea de hacia qué persona voy. Por supuesto que hay ciertas cosas que sé que quiero y otras que no. Sé que quiero mantener las cosas que son importantes en mi vida como la escritura, los viajes, la reflexión y el vivir el momento. Quiero que se sigan desarrollando y siendo una constante en mi vida, pero que se vayan alimentando de otras cosas nuevas que me vaya encontrando en el camino. No sé qué persona sería, pero sí una versión mejor en el sentido de más sabia, más experimentada o perfecta dentro de la imperfección de mí misma. Me gusta la idea de pensar en mí dentro de diez años y no tener una visión clara. Pero en cualquier caso espero que sea mejor.

“Tengo la seguridad total de que tengo lo que necesito y si algo me falta puedo conseguirlo o crearlo”

-En tu vida ¿tienes todo lo que necesitas para avanzar?
-Creo que sí lo tengo pero que no siempre lo veo o lo utilizo. En este sentido sí tengo mucha confianza en mí misma en el sentido de que todas las herramientas que necesito para valerme por mi misma, para sostenerme y avanzar, sé que las tengo. No es que tenga una autoestima de hierro o que no viva problemas o bajones, pero sí tengo la seguridad total de que tengo lo que necesito y si algo me falta puedo conseguirlo o crearlo.

-Dices que estás empeñada en ser feliz sin necesidad de ser tonta. ¿Me lo explicas?
-Existe esa idea muy extendida de que la ignorancia da felicidad, pero cuantas más cosas conoces y sabes del mundo o de la especie humana, más te das cuenta del desastre que somos y de que la estamos cagando por todas partes. Cuanto más consciente eres de las cosas, más problemáticas tienes que afrontar y más tienes que trabajar contigo para aceptar realmente lo que hay ahí fuera, pero creo que merece la pena. Con ser tonta me refiero a no enterarte de nada, entrar en el carril y tirar millas hasta donde llegues. La cuestión está en ser consciente de lo que pasa a tu alrededor, entender que una vida consciente es más difícil porque no vas en piloto automático. Implica que te responsabilices de cada cosa que haces o cada decisión que tomas, pero es una felicidad más plena porque la consigues a través de superar tus inseguridades o tus malestares. Una forma de ser feliz siendo un poco tonta sería pensar que a mí no me pasan cosas y que son los demás los que las sufren, culpabilizarlos de lo que me pasa o de cómo me siento. Parte de mi felicidad es que asumo mis defectos o mis movidas, las afronto, las soluciono y eso requiere un trabajo. Al final consigues esa otra felicidad que es más satisfactoria.

Anina Anyway Islas Lofoten (Noruega)
Islas Lofoten (Noruega) / Foto: Bikecanine

“Cuanto más consciente eres de las cosas, más problemáticas tienes que afrontar y más tienes que trabajar contigo para aceptar realmente lo que hay ahí fuera, pero creo que merece la pena”

-¿El esfuerzo como parte de la vida?
-Yo creo que sí. Me gusta mucho la tranquilidad, tener mi calma y mi paz, pero gracias a todos estos momentos de esfuerzo, tanto cuando estás haciendo un viaje personal como cuando haces un viaje físico por la montaña, realmente tengo un avance que me lleva a otros lugares. Si estás constantemente viviendo en una tranquilidad en la que no hay esfuerzo en ninguna dirección no te conduce a nada. Si yo no hubiera pasado noches y días horribles en los viajes que hice, no tendría luego todo lo bueno. Si no hubiese estado días y días sentada delante del ordenador escribiendo, pelándome contra mí misma, no tendría un libro. El esfuerzo es lo que te hace llegar hasta el final. No sé si hay personas que sean más iluminadas y que tengan otra naturaleza que les permita hacer cosas sin esfuerzo, pero yo siempre que quiero implicarme en algo significativo sé que tengo que esforzarme y lo hago porque al final todo encaja.

Anina Anyway
Foto: Alicia Petrashova

-De los viajes ¿vuelves entera o hay partes de ti que quedan por ahí?
-Hay una parte que se queda escondida y esperando. Te traes el recuerdo, la consciencia, la vivencia, pero esa actitud o ese impulso vital que vives en esos momentos se queda allí. Cuando llegas de nuevo a casa te queda un resto de ese recuerdo, pero sabes que va a ir bajando. La buena noticia es que cuando vuelves te está esperando en el mismo sitio dándote la bienvenida.

-¿Te has reencontrado con partes que habías dejado?
-Sí. Me pasa que cuando estoy en esa fase de “mujer caverna” empiezo a sentirme debilitada. Las cosas van perdiendo intensidad, me voy acomodando, pierdo esa capacidad de sentirme muy eufórica o, todo lo contrario. Eso que vivo en un momento determinado del viaje, cuando vuelvo de nuevo a ese punto, me lo encuentro otra vez y la verdad es que me gusta porque me doy cuenta de que hacía tiempo que no me sentía así. Todo es mucho más intenso, siento que tengo mucho poder y fuerza. Ese sentimiento espartano está en estos lugares.

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