Beyond the Glacier. Más allá de lo evidente (2ª parte)

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David Rodríguez en la cordillera Tian Shan
David Rodríguez en la cordillera Tian Shan / Foto: David Rodríguez
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Finaliza la entrevista a David Rodríguez, director de cine, con esta segunda parte. A lo largo de los dieciocho minutos que dura el corto Beyond the Glacier, se aborda el conflicto del agua que actualmente viven en Asia Central y que afecta principalmente a dos países: Kirguistán y Kazajistán.

El cortometraje, preseleccionado para participar en los Goya 2021, recorre lugares de la estepa y muestra cómo la sobre explotación a la que estamos sometiendo al planeta, pone en peligro la supervivencia de un territorio en el que lo salvaje todavía es posible.

-En la presentación de vuestra empresa decís que sois “una productora especializada en hacer lo que no se espera que ocurra. En romper con las reglas para lograr creaciones poco convencionales. Para los documentalistas, demasiado gamberros. Para los cineastas, demasiado realistas”. ¿De dónde salís?
-Haber encontrado a Álex Galán ha sido una pasada. Al final somos como dos mosqueteros que, sin darnos cuenta, creo que nos estábamos buscando y a partir de hacer Beyond the Glacier ha nacido una colaboración que cada vez va a más. Los dos somos lo suficientemente gamberros como para entendernos bien y sacar proyectos que, a priori, son auténticas salvajadas. Mucha gente me pregunta si costó muchísimo el documental y la verdad es que se hizo con muy poco dinero. Somos personas que tiramos para delante con lo que tenemos y no hay uno de los dos que esté frenando al otro, mutuamente echamos carbón a la caldera y vamos hasta el final. En la batidora metemos todas las ideas y cuanto más locas sean, normalmente, más puntos tienen. Discutimos mucho sobre cine para poder apartarlo luego y ser libres a la hora de crear. Cuando surge la duda de: ¿seremos capaces de hacerlo? La respuesta siempre es: a que sí. Somos muy concienciudos y hasta que no tenemos un proyecto muy bien cerrado, las imágenes que necesitamos y el montaje como a nosotros nos gusta, no tiramos para delante.

Carátulas de The River (2015), documental sobre la topografía del río Nalón; Refugiados (2018), documental sobre el centro de rescate de primates Rainfer y Beyond the Glacier (2020), documental sobre la crisis del agua en Asia Central y la tragedia del mar del Aral realizados por el director de cine David Rodríguez
Carátulas de ‘The River’ (2015), documental sobre la topografía del río Nalón; ‘Refugiados’ (2018), documental sobre el centro de rescate de primates Rainfer y ‘Beyond the Glacier’ (2020), documental sobre la crisis del agua en Asia Central y la tragedia del mar del Aral.

-¿Recuerdas cuál fue tu primer paso fuera del camino?
-Siempre cuento una anécdota y es que de pequeño le decía a mi madre que quería ser oceanógrafo, hasta que un día me cuenta que era porque me encantaba Tiburón. Con cuatro o cinco años entendí que no quería ser oceanógrafo, sino director de cine. Tal vez esta haya sido la primera vez que me salí del camino de baldosas amarillas, porque ahora tengo 38 años y esto me ha marcado hasta hoy. No me arrepiento en absoluto, pero ahora me doy cuenta de que me hubiese gustado diversificar más. Me he volcado en el cine con todas las dificultades que ello conlleva, pero me gusta mucho la psicología y tal vez hubiese estudiado algo en esta línea. El cine me ha hecho estar feliz y satisfecho con mi vida.

-¿Entiendes que mantener esas ideas es la forma más apasionante de vivir?
-En mi caso creo que sí. Es lo que me ha dado un camino a seguir y creo que todos lo necesitamos. Necesitamos disfrutar y profundizar en aquello que nos emociona y nos gusta. Ponernos pequeños retos, sortear los problemas, conocer bien el entorno y no disgustarnos. El hecho de ponerse metas no quiere decir que si no las consigues tengas que venirte abajo. En mi caso me ha venido muy bien tener un camino con un farolillo al fondo al que seguir. Me ha dado una razón para continuar adelante, para luchar, compartir con los demás y no meter la cabeza en la tierra como un avestruz.

“Siempre me gustó un montón esta frase: hacer de la caída un paso de baile”

-¿Cuántas veces hay que fracasar para conseguir algo?
-Muchas. Aunque no sé si podría hablar de fracaso… He tenido muchos problemas, también es verdad que hay algunas metas que todavía no he conseguido o que ya he abandonado porque he cambiado de perspectiva. Dicen que a Edison le salió la bombilla después de intentarlo dos mil veces. Todos esos intentos le fueron acercando a su destino. En mi caso yo no creo que haya fracasado, ni tan siquiera que haya triunfado, simplemente estoy en el camino. Siempre me gustó un montón esta frase: hacer de la caída un paso de baile.

-¿Dónde empieza tu verdad?
-Yo no creo que tenga ninguna verdad absoluta, ni creo que nadie la tenga. De alguna manera, el hecho de haberme dedicado al cine me permite compartir estas dudas con los demás y buscar la verdad. Me interesa mucho compartir mis ideas con el público y hablar con ellos. El cine me ha permitido retroalimentarme para buscar una especie de verdad, pero todavía sigo buscándola porque tampoco me interesa adoctrinar a través de las cosas que hago. Por eso digo que Beyond the Glacier es más un trabajo de fotoperiodismo donde se cuentan las situaciones. Me interesa exponer a los otros lo que no pueden ver o lo que no se habían planteado. Si yo he tenido la suerte o la gallardía de ir a ese lugar, me interesa que a través de mis ojos y de lo que he visto, otras personas puedan verlo y, entre todos, obtener una pequeña pista para la verdad. Porque una verdad más absoluta en un mundo con tanto desbarajuste, no sé dónde puede estar y muchas veces me vuelvo pesimista. Si yo fuese un espectador, este documental me hubiese llamado mucho la atención. A veces le pregunto a Álex si a alguien le estarán importando estas cosas. En estos momentos tenemos muchas verdades, todo el mundo sabe lo que está pasando en el mundo, la cuestión y lo que me preocupa realmente, es qué se hace con esa información. Ahora es el momento de decidir si estas cosas nos importan o no y muchas veces tengo la sensación de que todo es una especie de teatrillo en el que nos llevamos las manos a la cabeza y nos lamentamos, pero cuando llegamos a casa, se olvida. Me preocupa si este tipo de proyectos calan en el espectador o simplemente se esfuman como la niebla.

“Tenemos muchas verdades, todo el mundo sabe lo que está pasando en el mundo, la cuestión y lo que me preocupa realmente, es qué se hace con esa información”

-¿Es una responsabilidad mostrarle a la gente lo que tú viste y ellos no?
-Juzgar lo que vi en Kirguistán desde mi posición de europeíto, me cuesta bastante. Hay que profundizar mucho más y zambullirse para dejar de ver solo la superficie de las cosas y llegar al concepto real de la problemática. Tenía la sensación de que tampoco quería pasarme de listo, simplemente quería exponer lo que está pasando porque ya habla por sí mismo. No quería juzgarlo para que cada uno saque sus conclusiones y lo pueda aplicar a su vida. Me gusta que cada uno extraiga la información que le interese.

Fotograma del film Beyond the Glacier, del asturiano David Rodríguez
Fotograma del film Beyond the Glacier / Foto: David Rodríguez

-Ahora que ya hace un tiempo que se ha estrenado, ¿crees que la gente ha entendido lo que querías transmitir?
-Creo que sí. Es tan clara en ese sentido y tan observacional, que no te guía hacia ninguna manera de pensar. Simplemente expone los hechos. Yo creo que hemos conseguido lo que queríamos, que básicamente es reflejar una problemática que ocurre en Asia Central y que se puede aplicar al resto del mundo.

-En el rodaje, ¿algún momento especialmente duro?
-Uno de los grandes shocks fue cuando vi el Mar de Aral. Íbamos en un Jeep y cuando dejamos la estepa y entramos en el mar, no nos dimos cuenta. Ahora mismo ese mar es un desierto de sal porque ha dejado de llegarle agua. Yo no me daba cuenta de dónde estábamos, mi cerebro no lo podía asimilar y entrevistando a uno de los pescadores dijo: “ahora mismo estamos en el fondo del mar y cuando yo vine a vivir aquí esto todavía era un océano. Igual tendríamos veinte o treinta metros de agua encima”. En ese momento fue cuando asocié las ideas y tuve un conflicto total. No me lo podía creer porque parecía como de ciencia ficción. Además, había ocurrido hacía cuarenta años nada más. Cuando después pude ver imágenes de archivo de ese mar con grandes buques moviendo mercancías, me di cuenta de la magnitud de la tragedia, que está considerada una de las mayores de la humanidad.

Mar de Aral. Imagen del film Beyond the Glacier, del asturiano David Rodríguez
Mar de Aral. Imagen del film / Foto: David Rodríguez

-¿Qué te hace pensar conocer este tipo de cosas?
-Ver esas cosas te da pie a pensar que si hemos sido capaces de hacer eso hace tan solo cuarenta años, qué nos quedará por hacer. Lo ideal sería apelar al sentido común, pero eso es muy difícil en los tiempos que corren. Parece que nos quieren alejar de los problemas reales y crearnos otros conflictos que ahora mismo no necesitamos tener. Deberíamos centrarnos en lo importante y entre todos remar como en un barco romano. Sin embargo, cada uno va a lo suyo y eso es en parte problema de los políticos y en parte nuestro como individuos. Muchas veces parece que no hemos evolucionado nada y que este ha sido el siglo de la pantomima. Hay momentos en los que no sé en qué época estoy viviendo porque es tan desnaturalizado que todo se junta, se mezcla y al final se vomita porque no se puede asimilar.

“Deberíamos centrarnos en lo importante y entre todos remar como en un barco romano. Sin embargo, cada uno va a lo suyo y eso es en parte problema de los políticos y en parte nuestro como individuos”

-¿Quién te guía el corazón o la razón?
-Trabajo más con el corazón que con la razón. Cuando preparo un proyecto, no me gusta darle muchas vueltas e intento que salga esa parte más salvaje que, desde dentro, me pide contar algo. Es verdad que la producción de una obra cinematográfica pasa por muchas etapas. Igual la de la filmación para mí es el corazón y la del montaje es la razón. El montaje es un proceso que abro y se lo enseño a compañeros en los que confío para que me digan cómo lo están viendo, cómo va de ritmo, etc. Ahí es cuando mi cabeza se pone a maquinar sobre lo que ellos me están diciendo porque a través de su visión, yo también estoy pensando en el espectador y en el proceso final de la película. Lo dividiría así por meter el oficio entre medias. Muchas veces es un problema que entre la razón, porque ya no puedes repetir las tomas…

-¿Hay algún proyecto con el que sueñes?
-Estoy bastante enamorado de un proyecto que estuve a punto de sacar adelante que es rodar en Tuvalu. Está en Polinesia y es la isla más pegada al nivel del mar y, por tanto, es la primera en desaparecer con la subida del nivel de las aguas. Me obsesioné con que este es mi siguiente proyecto. Después de venir de filmar la desaparición de un mar, ahora tengo la posibilidad de filmar la desaparición de la tierra bajo el mar. Creo que soy el director perfecto para hacerlo y que este proyecto es para mí, así que sigo luchando por él. Lo considero mi pequeña Atlántida. También tengo otro de una historia que está vinculada con el agua. Tal vez sea por mi herencia de familia marinera y por haber vivido siempre cerca del mar. Por eso creo que mis películas son bastante líquidas.

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