Travesía en Globo Picos de Europa 2020. El Urriellu desde 5000 metros

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Travesía en Globo Picos de Europa 2020
Foto: Muel de Dios
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Cielos despejados y vientos favorables, así amaneció el día escogido para celebrar la Travesía en Globo Picos de Europa 2020, que partió de Benia de Onís para aterrizar en la meseta palentina. Estuvo organizada por la empresa Volar en Asturias y en ella participaron diez globos con pilotos venidos desde Madrid, Sevilla, Castilla León o Cataluña.

Fotos: Muel de Dios

La pasión de Jorge Iglesias por volar es genética. Su padre, Pedro, perteneció a la primera generación de pilotos de globo que hubo en Asturias y en España. Esto lógicamente, marca. Raro sería que, habiéndose criado entre barquillas, quemadores y las botellas de propano que los alimentan, el niño no hubiese salido piloto de globos. Hace treinta años padre e hijo se embarcaron en una aventura especial para ambos: sobrevolar Picos de Europa en Globo. Corría el año 92, Jorge tenía 12 años y una mezcla de ilusión y nervios que casi no le dejaban respirar. “Ese tipo de cosas te quedan grabadas –comenta Jorge-. Desde que la hice con esos años quería repetirla, pero pilotando yo. Cuando la realicé con mi padre lo que más me impresionaba era la altura. Estar a casi 5000 metros para mí era alucinante porque, aunque estaba acostumbrado al globo, eran vuelos por encima de ciudades a 200 o 300 metros. De pronto te encuentras a esa altura, con el mundo a tus pies y te quedas sin aliento. Hoy estamos acostumbrados a ver imágenes en Google Maps, pero en el 92 las ortofotos o las vistas por satélite no estaban al alcance de todo el mundo. Recuerdo esa sensación de manera brutal. Picos de Europa y el Urriellu siempre tuvieron esa magia que te atrae para volver”. Ese sueño de la infancia fue creciendo al mismo tiempo que lo hacía aquel chaval de 12 años. Tras pasar por varios trabajos, fundó la empresa Volar en Asturias y lo que era su pasión lo convirtió en su medio de vida. Aunque pasaban los años y se sucedían los vuelos de trabajo, las competiciones y las cosas propias de la vida, la idea de volver a repetir la travesía nunca perdió fuerza. Hasta que, en el último Campeonato de España de Globos, en una cena, se inició una conversación sobre este tema y todo se fue animando. Varios pilotos de diversos puntos de España dijeron que se sumaban a la iniciativa y ese fue el empujón definitivo para que Jorge y su mujer se pusieran en marcha. Se pidieron las autorizaciones a los organismos competentes y todo fue avanzando hasta que el tema se convirtió en un evento de dimensiones importantes. Como el vuelo era tan atractivo y al mismo tiempo muy técnico, hubo que delimitar las condiciones que se exigían a cada piloto participante. “Para la selección se hizo una inscripción abierta con unas restricciones más que nada para evitar posibles complicaciones e intentar minimizar los riesgos. Los pilotos tenían que tener un mínimo de 350 horas de vuelo y también pusimos un tamaño mínimo de globo para disponer de autonomía suficiente. Al final hubo pilotos que venían con otros y en muchos de los globos iban hasta cuatro pilotos de varias comunidades autónomas. Fueron 10 equipos, pero igual en aire había cerca de treinta pilotos”. Nadie se lo quería perder.

“Localizar el Urriellu fue un momento de euforia, saltamos dentro del globo, empezamos a sacarle fotos y a grabar vídeos. Todo el mundo bajó enamorado del paisaje y esa experiencia nos va a quedar grabada para siempre”

El 19 de febrero amaneció un día espectacular. Las isobaras se alinearon para producir la presión perfecta y tanto los vientos como los cielos fueron benévolos. Los diez globos despegaron de Benia de Onís a las nueve de la mañana y pronto cogieron altura. La aventura prometía y no defraudó. Cuando a Jorge le preguntas qué fue lo más emocionante del vuelo no duda en hablar de dos momentos. El primero cuando el resto de pilotos a través de la radio, le agradecieron haber organizado la travesía y reconocieron que estaba siendo el mejor vuelo que habían hecho en su vida. El segundo, localizar el Urriellu. “Era el punto mágico para todos. Mira que tiene una silueta muy característica, pero desde el aire cuesta mucho identificarlo. A 5000 metros tienes una diagonal de 45 grados visual y ya no tiene esa forma. Estuvimos un cuarto de hora buscándolo y en un momento determinado que bajé un poco, porque teníamos margen para bajar hasta 4000 metros, lo vimos. Fue un momento de euforia, saltamos dentro del globo, empezamos a sacarle fotos y a grabar vídeos. Todo el mundo bajó enamorado del paisaje y esa experiencia nos va a quedar grabada para siempre. Fíjate que ya me están pidiendo que repita y todos los días me están llamando pilotos que no pudieron venir y que quieren participar el año que viene en caso de que se vuelva a hacer. Lo normal es que después de un vuelo de estos cada uno se vaya a su casa y se olvide del tema, pero esta vez no ha pasado esto”.

“A todos nos llamó la atención la poca nieve que había para la época del año que es. Se encontraba en las cumbres, pero nada más, lo que confirma que el cambio climático está ahí, aunque mucha gente no lo quiera ver”

Si hubo algo que llamó la atención de todos los que estuvieron en el aire ese día fueron las consecuencias claras del cambio climático. A finales del mes de febrero las cumbres, tanto de Picos como del resto de la cordillera, deberían estar llenas de nieve, y la realidad es que hay muy poca. Cuando diseñaron el plan, tanto Jorge como su mujer decidieron que esta sería la mejor época ya que calcularon que habría mucha nieve y a nivel de imágenes todo sería más impactante, pero la realidad no fue así. “A todos nos llamó la atención la poca nieve que había para la época del año que es. Se encontraba en las cumbres, pero nada más, lo cual confirma que el cambio climático está ahí, aunque mucha gente no lo quiera ver. Otra cosa es el tema de la contaminación. Desde Picos ves mucha montaña y la silueta de alguna ciudad en el horizonte, pero lo que veías claramente y de manera simultánea, era el humo de las chimeneas de la térmica de Aboño, Riaño y Soto de Ribera. Fue un tema de conversación general en los globos, porque aunque estábamos en un espacio protegido que casi no se pisa (seguramente sea el Parque más protegido de toda España) la realidad es que está afectado igualmente”.

Travesía en Globo Picos de Europa 2020
Foto: Muel de Dios

Uno de los escollos con los que se encontró Jorge en la organización de este proyecto fue precisamente con Parques Naturales. Conforme todas las administraciones colaboraron desde el minuto uno con la idea, ellos fueron un poco más restrictivos. La idea de Jorge era hacer un vuelo a baja altura para poder tomar mejores imágenes que promocionasen mejor Asturias a nivel turístico, pero no lo consiguió. “Tuve una reunión con el Presidente de Parques en Asturias, le expuse la idea y le dije claramente que el objetivo era promocionar Asturias y que además un globo es cero emisiones. No conseguí convencerle y eso me frustró bastante. No entendía con qué criterio dejaba entrar al helicóptero de la Vuelta Ciclista a Lagos de Covadonga y a nosotros no nos autorizaban a hacer este vuelo a esa altura. Un helicóptero contamina a nivel medioambiental y a nivel acústico. Desde un punto de vista de protección nosotros somos totalmente inocuos, no dejamos ningún rastro. Tampoco quise enfrentarme. Decidí que lo mejor era hacerlo con esas condiciones, que vieran que todo salía bien y que obteníamos repercusión en los medios. El año que viene pondré todo esto encima de la mesa. ¿Quién puede conseguir imágenes de Picos a 5.000 metros? Estamos distribuyendo las imágenes sin ningún tipo de coste, hemos salido en varias televisiones a nivel nacional, en prensa, radio… El año que viene vuelvo a pelear por ello”.

“Lo normal es que después de un vuelo de estos cada uno se vaya a su casa y se olvide del tema, pero esta vez no ha pasado esto”

La conversación no podía terminar sin hablar con su padre, Pedro, el responsable de que sienta hoy pasión por volar. “Habla con el abuelo -dice entre risas- para que te cuente si lloró o no haciendo la travesía después de treinta años”. El abuelo en cuestión, como cariñosamente lo llama, tiene 68 años y tras volver a sobrevolar los Picos está sopesando sacar de nuevo la licencia de piloto. Dicen que donde hubo, siempre queda y este es un claro ejemplo. En el vuelo del año 92, vivió más tensión no solo por ir pilotando y llevar a un niño de 12 años a bordo, sino porque los globos de aquella época no se parecían en nada a los de ahora a nivel técnico. “Esta vez iba de pasajero con Faustino, un piloto con mucha experiencia y me dediqué a disfrutar, sacar fotos y ver el paisaje”. Reconoce también un hecho claro que evidencia el cambio climático, cuando hizo la travesía hace treinta años pasó mucho frío y esta vez ni se enteró, había la misma temperatura que a nivel de tierra. Afirma también que pasaron por la vertical de Alto Campoo y no vieron nada de nieve. Hechos que confirman la realidad.

Pedro va sobrado de energía y lo único que echó en falta ese día fue pilotar. “Los vuelos clásicos me gustan, pero ya no me atraen tanto. Pero en el de los Picos, después de tantos años, me hubiese encantado poder salir con el globo, seguramente lo hubiese disfrutado más. Voy a ver si renuevo la licencia y el año que viene piloto yo”. Ya se sabe: genio y figura.

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