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domingo 21, abril 2024

Arkuos, el proyecto de innovación socioeducativa pionero en España

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Arkuos es un espacio muy especial que da rienda suelta a la creatividad de niños y jóvenes para que puedan imaginar y soñar el futuro que desean explorando aquello que más les guste: robótica, moda, música, cocina, teatro, tecnología, comunicación. Se encuentra en Langreo y está gestionado por la Fundación La Cruz de los Ángeles. Su directora, Teresa Estrada, nos comenta con detalle esta enriquecedora experiencia.

Teresa Estrada, directora de la Fundación La Cruz de los Ángeles
Teresa Estrada, directora de la Fundación La Cruz de los Ángeles

-¿Cómo me definiría el proyecto Arkuos, pionero en España?
-La pandemia marcó un antes y un después en la manera en que todos vimos la vida. De la noche a la mañana pasamos del blanco al negro y eso tuvimos que asimilarlo, pero especialmente los más jóvenes a los que de repente encerramos y les prohibimos salir. Justo en la etapa de la adolescencia que es cuando empiezan a explorar, a conocer… De repente se les quitó un año de vida. Había que volver a socializar, quitar esos miedos, creer en un futuro lleno de posibilidades y crearlo. La idea nos rondaba hace años, pero esta circunstancia nos empujó a ponerla en marcha en 2021.
Arkuos es un espacio concebido para incentivar la creatividad, innovación y talento de niños y jóvenes -desde 7 años a universitarios-. Cada uno puede explorar y ver hasta dónde su imaginación y capacidades le lleven. Siempre decimos que a nosotros cuando éramos jóvenes nos faltaron recursos, medios. Aquí no se depende de la situación económica que tengan sus padres para que puedan acceder a recursos, todo es gratis. No se han escatimado medios materiales, también se cuenta con mentores jóvenes y adultos con experiencia que ayudan a dar salida a las inquietudes de cada niño. Tienen todo a su alcance para llegar donde quiera.

“Arkuos es un espacio concebido para incentivar la creatividad, innovación y talento de niños y jóvenes desde 7 años a universitarios”

-¿Por qué eligen La Felguera para desarrollar esta iniciativa?
-Nos llamaron del Ayuntamiento de Langreo para reunirnos con varias personas del entorno educativo de la zona. En aquel encuentro nos comentaron que estaban notando que las generaciones que tenían entre 17 y 18 años no tenían gran interés en seguir con los estudios, en formarse, querían tirar la toalla porque todo lo veían negativo. Nos pedían ayuda a la Fundación porque veían que los jóvenes con los que nosotros trabajábamos en los distintos proyectos estaban estimulados. Salí del Ayuntamiento, me senté en los bancos que hay delante y me dije “esto no puede ser verdad. Si muchos de nuestros jóvenes se van y otros quieren tirar la toalla, perderemos a estas generaciones”. En concreto en Asturias, que tenemos poca población y además envejecida. Aquello me dejó impactada. Además, tenía mucho interés por la cuenca porque como Fundación llevábamos muchos años trabajando allí. Así que pensé que había que intentar poner en marcha algo diferente en el lugar donde más difícil era.
Muchos me dicen que este proyecto en Madrid o Barcelona hubiera sido la bomba, pero siempre respondo que eso es lo fácil y hay que hacer las cosas donde más se necesitan. No buscamos nunca la notoriedad. Los jóvenes aquí necesitaban creer en sí mismos y nosotros les facilitamos las herramientas para que averigüen qué más hay, puedan desde aquí ir a cualquier parte del mundo donde su imaginación y ganas les lleven.

-¿Qué experiencias se pueden vivir aquí?
-Es un proyecto que nace ligado al territorio, está cerca de su historia -en este caso de la cuenca minera-, su vida y su pasado. Aquí se encuentran muchos recursos de futuro, pero también hay cosas que ligan con esta cultura de la cuenca y con el arraigo. La idea es decirles “¡vuela, tus raíces están aquí, ojalá puedas volver y aportar a tu comunidad todo lo que antes de ha dado a ti”. Si el arraigo no se enseña desde pequeños, el desarraigo va a ser mucho mayor.
Hemos reproducido varios distritos donde está representada la parte social, técnica, artística. Hay salas de robótica, informática, un estudio de radio, cocina, un rocódromo, laboratorio 3D, espacios de lectura, creativos, puntos de encuentro, huertos… espacios donde pueda fluir el niño, explorar, y que vea dónde quiere pararse luego, con quién se quiere aliar y hacer algún proyecto en común, a quién quiere preguntar. Eso nunca se había hecho antes.

“Ahora que parece que todo lo que se dice de los jóvenes es negativo, nosotros pensamos en qué parte de responsabilidad teníamos en todo ello los adultos y dijimos ‘vamos a ponerles medios y vemos qué pasa’”

Izda.: Zona Picos de Europa donde realizar talleres que motiven progresión fisica y de pensamiento.
Dcha.: Área de sostenibilidad

Arkuos. Zona Picos de Europa. Rocódromo
Zona Picos de Europa. Rocódromo

-Cuando lo pusieron en marcha, ¿pensaron en algún momento el éxito y reconocimiento que iba a cosechar?
-Fue una moneda que tiramos al aire que podía caer cara o cruz. Lo que sí queríamos era intentarlo. Muchas de las cosas que hemos conseguido como Fundación es porque nos lanzamos un día a hacerlas. Y aquí he de agradecer que a pesar de lo innovador de nuestro proyecto que se salía de lo establecido, nunca se nos dijo que no y eso es algo estimulante.
Ahora que parece que todo lo que se dice de los jóvenes es negativo, nosotros pensamos en qué parte de responsabilidad teníamos en todo ello los adultos y dijimos “vamos a ponerles medios y vemos qué pasa”. Como Fundación llevamos toda la vida dedicados a la infancia, juventud y familia, así que decidimos que quienes íbamos a dar ese paso al frente seríamos nosotros y que fuera lo que dios quisiera. Todo se hizo con mucho mimo, esfuerzo, cariño.

-¿Cómo puede uno inscribirse en este centro? ¿Son como una especie de actividades extraescolares?
-No, todo es totalmente libre. Hay tres maneras de llegar al centro. Por la tarde llegan los niños que en su tiempo libre deciden emplearlo aquí. No es ninguna actividad extraescolar, no hay una rutina a seguir, son ellos los que deciden. Vienen y marchan cuando quieren. Es un espacio de convivencia de niños, adolescentes y jóvenes universitarios. Todos se relacionan y nosotros los acompañamos.
Nos hemos tenido que ganar a los padres que lógicamente querían saber dónde iban a venir sus hijos -para ello concertamos visitas por las mañanas-, les explicamos que el aprendizaje tiene muchas vías y en todas las situaciones siempre se aprende algo. Aquí pueden traer trabajos de clase y hacerlos en conjunto, o también desarrollar otros proyectos con sus compañeros.
Estamos también desarrollando proyectos europeos con jóvenes de otros países para que sea algo dinámico y conecte a la gente de la cuenca, o del resto de Asturias (por aquí pasa gente de toda la región) con España y el mundo.
Hemos creado también itinerarios experienciales a lo largo del año para centros escolares que se realizan por las mañanas. Cada vez colaboramos con más colegios, estamos presentes en todas las etapas.

“Aquí no se depende de la situación económica que tengan sus padres para que puedan acceder a recursos, todo es gratis”

-¿Cuántos niños han pasado por aquí desde que Arkuos abrió sus puertas en 2021?
-No tengo ahora la cifra exacta, creo recordar que unos 5.000. En estos momentos tenemos inscritos a unos 1.400 niños. Este proyecto está siempre en continua evolución, es como la vida, te exige no estancarte, innovar, y eso los chavales lo tienen más integrado que nosotros, los adultos.

-Este tipo de educación nada tiene que ver con la que luego se encuentra el niño en su centro de estudios…
-Creo que somos el complemento perfecto. Las dos cosas están bien. Cuando oyes eso de que Google nació en una reunión de cuatro amigos en un garaje, me parece fantástico. Aquí no tenemos un garaje sino 1.200 metros cuadrados. Lo socioeducativo tiene que ir de la mano, hacer proyectos en común; mientras eso no se haga, la educación cojeará. Hay aspectos en los que el profesor no puede llegar. Mientras explica matemáticas a lo mejor no se da cuenta de si un niño tiene problemas con otro, o en su casa, o es tímido. Aquí cuando los ves moverse de otra manera, libres, es cuando te das cuenta de la interacción que hay entre ellos, detectas el rechazo si lo hay. En Arkuos se aprende a respetar al otro con independencia de sus circunstancias o de la edad. Al principio costó, pero ahora lo ven como algo natural y lo llevan a la vida. El que quiere hacer una turbina pide colaboración a otro que se le da genial soldar; uno es bueno con el piano y busca a otro que toca el cajón para componer algo juntos; el que quiere montar una obra de teatro busca a una diseñadora de vestuario o maquilladora para llevarla a cabo. Cada vez desarrollan proyectos con más enjundia. A lo mejor técnicamente no son tan buenos, pero sí como diseño: son el futuro.

Arkuos

-¿Qué importancia han dado al diseño de este espacio que han encargado a la arquitecta holandesa Rosan Bosch, referente mundial en diseño escolar?
-Mucho, porque los espacios sí importan. Un lugar donde entres, te encuentres a gusto, cómoda, te transmita paz, alegría, hace mucho. Quisimos que cuando entrases aquí te sintieras trasladada a otro lugar. En una ocasión preguntamos a los chavales si se quedarían aquí en la cuenca en caso de salirles trabajo. Nos respondieron que no. ¿Por qué? “Porque el entorno no nos atrae”, comentaron. En el caso de Langreo echaban de menos las buenas comunicaciones para poder ir a cualquier sitio, poder salir a pasear y ver un entorno bonito, no medio derruido. Tenemos que fijar población y Asturias tiene muchas cosas que ofrecer. Yo creo que en la próxima década vamos a poder atraer a jóvenes cambiando ciertas cosas que les haga atractivo vivir aquí, una de ellas es la movilidad.

“Este es un espacio de convivencia de niños, adolescentes y jóvenes universitarios. Todos se relacionan y nosotros los acompañamos”

-Antes me hablaba de los mentores, ¿cuál es su tarea?
-Tienen la labor de acompañar. Asesoran cuando el niño les pregunta ¿cómo harías tú esto? Hay mentores adultos que son profesionales destacados en sus respectivas áreas: ingenieros, arquitectos, pilotos, informáticos… hay de todo. Y mentores junior, jóvenes que van a compartir sus experiencias en lo que son buenos y en un lenguaje más cercano.

-Recientemente les han concedido el Premio Innova al Servicio Social y a la Ciudadanía, ¿qué supuso para ustedes este galardón?
-Pues mucha emoción, la verdad. Es muy difícil que en lo social te den un premio de este tipo. Te dan premios al voluntariado, pero no a la innovación, como en el caso de Arkuos. Toda mi vida he luchado por esto, en posicionarnos aquí, así que me causó una particular emoción. Las empresas, las industrias, al final se nutren de personas, de lo social, ¿cómo es posible que vayan por caminos separados? El mundo educativo, lo social, la empresa, más que nunca han de ir de la mano, tiene que haber vasos comunicantes.

“Siempre hemos querido que Arkuos esté ligado al territorio, que tenga en cuenta las peculiaridades de cada zona. No será lo mismo un Arkuos industrial, como en Langreo, a un Arkuos naval o rural. Son todos distintos, pero se retroalimentan unos con otros”

-La experiencia de Arkuos ha sido tan positiva que han querido aplicarla a Centros de Día de Infancia que gestiona el Principado. Señal de que van ustedes por buen camino.
-Sí, en este sentido la consejería va a sacar ahora un concierto. Siempre hemos querido que Arkuos esté ligado al territorio, que tenga en cuenta las peculiaridades de cada zona. No será lo mismo un Arkuos industrial, como en Langreo, a un Arkuos naval o rural. Son todos distintos, pero se retroalimentan unos con otros, eso es como yo vería esa red. En unos días haremos una conexión con un colegio privado de Boston para hablar sobre cómo mejorar la salud y los estilos de vida a través de la cocina. Participarán jóvenes de Arkuos y de Taramundi, además de Estrellas Michelín. Compartirán experiencias en sesiones online bilingües. Empezamos a tener mezcla de cosas que nunca se habían dado, estamos exportando conocimiento.

-Además de Arkuos, la Fundación gestiona varios centros dedicados a la infancia en Asturias. ¿Qué labor realizan?
-En Asturias estamos desarrollando unos dieciocho proyectos distintos. Por un lado, está el sistema de protección de menores, trabajamos la participación con los planes de infancia y luego todo lo relacionado con los jóvenes. Tenemos en estudio algún proyecto más.

“Después de ver de cerca el sufrimiento, el desarraigo, la impotencia u otras situaciones extremas, seguimos creyendo en las personas, pero sobre todo en la capacidad que tienen los niños de salir adelante”

-También ayudan a las familias. ¿Cuál es la problemática más habitual a la que se están enfrentando?
-Trabajamos con familias que no están bajo el sistema de protección, pero sí tienen problemas o dificultades a la hora de la convivencia o educación de sus hijos sobre todo en ciertas etapas de la vida. Un padre o madre pide ayuda para no dejar que las cosas vayan más allá y degenere en una situación violenta o de ruptura familiar. Son programas más dirigidos a la prevención y están abiertos a todas las familias que lo soliciten.

-Qué experiencias tan distintas son las relacionadas con la protección o la ayuda a las familias, y la del proyecto creativo Arkuos.
-Te diría que Arkuos hoy es una realidad gracias al resto de experiencias que hemos tenido en estos ámbitos que me comentas. Es un viaje que hemos realizado desde abajo. Después de ver de cerca el sufrimiento, el desarraigo, la impotencia u otras situaciones extremas, seguimos creyendo en las personas, pero sobre todo en la capacidad que tienen los niños de salir adelante. A mí eso me emociona. Se habla de las mujeres maltratadas pero muy poco de los niños maltratados que ven o han sufrido esa situación y tienen una vida por delante en la que no tienen que reproducir lo vivido y tienen que curarse de ese trauma. Esa capacidad que tienen de resiliencia está poco valorada. Por eso me duele cuando profesores, alumnos o periodistas señalan en el colegio a los niños de protección, son niños y punto, no han hecho nada malo y no tienen ningún problema.

“Nos quejamos de que hay mucha depresión entre los jóvenes. ¿Cómo no va a haberla si desde pequeños les estamos metiendo el miedo en el cuerpo y creándoles problemas donde aún no los hay?”

-Tantos años trabajando con niños y adolescentes, ¿cuál ha sido la situación más potente que ha vivido a nivel personal?
-He vivido muertes violentas, suicidios, abandonos… situaciones muy fuertes. Creo que una de las cosas que más me han marcado, sobre todo antes porque ahora las cosas han cambiado mucho, es cuando tenías que sacar a un niño de una casa porque los padres lo entregaban, cómo estiraban aquellos brazos. Los que trabajamos en los social hemos intentado mejorar todo esto, explicar las cosas bien, que los padres los acompañen. Antes llegaba una orden y había que ejecutarla y aquello no solo traumatizaba al niño sino también a nosotros. Velamos porque respeten a los padres, hayan hecho lo que hayan hecho, porque siguen siendo sus padres. No es bueno que se críen con el odio o la venganza. Les decimos, “te ha pasado esto, pero te vamos a ayudar a salir adelante”. Siempre con positivismo para continuar.

-Sus palabras van envueltas de energía y pasión, se ve que disfruta con lo que hace.
-¡Muchísimo! Pesimismo ya hay bastante en la vida. Me entristece cuando los chavales comentan que sus padres les repiten eso de “no merece la pena”, “eso no vale para nada”, “no va a depender de ti” … y luego nos quejamos de que hay mucha depresión entre los jóvenes. ¿Cómo no va a haberla si desde bien pequeños les estamos metiendo el miedo en el cuerpo y creándoles problemas donde aún no los hay? Les procuro plantear la vida con realismo, si quieren conseguir cosas hay que lucharlas, nada es gratis; la vida es una carrera de obstáculos, pero nunca les diré que no salten porque se van a dar un tortazo y tendrán que ir al hospital. Los animo a creer que hay un prometedor futuro para ellos y que pueden contribuir a crearlo.

“Muchas veces somos los adultos quienes obstaculizamos su camino con tanto pesimismo o con una educación donde les estamos dando todo masticado para que les resulte más fácil la vida (…). ¿Qué personas estamos educando?”

-Le motivan las dificultades…
-Me han ayudado a crecer como persona. Por favor, quédate con una frase: Creo firmemente en los jóvenes y en su capacidad. Muchas veces somos los adultos quienes obstaculizamos su camino con tanto pesimismo o con una educación donde les estamos dando todo masticado para que les resulte más fácil la vida: subir en ascensor mejor que por escalera; si tengo un problema en el cole vienen rápidamente mis padres a solucionarlo; si en el deporte no soy el mejor o no me ponen de titular van mis padres a decir tal o cual. ¿Qué persona estamos educando? Luego llega la adolescencia y encajan mal el primer no, el segundo no lo aceptan y al tercero vienen los gritos y la exigencia. Tenemos que repensar nuestra labor como padres y educadores.

-Cuánto trabajo ‘silencioso’ realizan desde la Fundación.
-Nuestra Fundación es más bien discreta, no solemos salir mucho en los medios, pero sí nos gusta hacer cosas, romper moldes y trabajar desde atrás sin que se note en exceso.
Nos sentimos genial haciendo cosas y más aún cuando salen adelante. Salir en los medios no es más que un titular. Es muy importante para nosotros que, si decimos que queremos hacer algo, confíen y nos digan que adelante, que a nivel técnico nos reconozcan. Eso nos estimula más que mil premios.

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