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miércoles 19, junio 2024

La cara más humanitaria del Montepío

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Ante un momento de crisis migratoria como el que se está viviendo actualmente con la llegada masiva de refugiados a España, el Montepío de la Minería Asturiana ha puesto sobre la mesa su carácter social y solidario, acogiendo en sus instalaciones de Los Alcázares (Murcia) a 160 migrantes en situación de vulnerabilidad.

Solidaridad es una palabra que la minería asturiana entiende muy bien. Forma parte de su carácter. Es la pieza que da sentido a todo lo demás. Sin ella, el Montepío nunca hubiese nacido y el día a día de muchas familias de las cuencas sería más duro de lo que fue.

XX galardón otorgado al Montepío por la Fundación Emilio Barbón
XX galardón otorgado al Montepío por la Fundación Emilio Barbón / Foto cedida por Montepío

Armando Fernández Natal “Mandi” es el actual presidente de la Mutualidad. Dice sentirse orgulloso de la entidad a la que representa y defiende que, dada la situación actual, no es momento de ponerse de perfil y dejar que los problemas pasen de largo. A finales de noviembre, coincidiendo con la recogida del XX galardón otorgado por la Fundación Emilio Barbón, el Montepío, a través de la obra social de su Fundación, abría las puertas de su residencia en Los Alcázares para acoger a refugiados llegados a las costas canarias. Se inicia a través de esta acción una labor que refuerza las bases y el espíritu de la familia mutualista.

-¿Cómo surgió esta iniciativa?
-En el año 2018 constituimos la Fundación Obra Social del Montepío y uno de sus objetivos fundamentales era poder realizar actividades sociales con una mayor capacidad de acción. En ningún momento nos podemos olvidar de que el nacimiento del Montepío se debe a una cuestión social y solidaria. Su inicio se basó en una aportación de cada trabajador para compensar o complementar con ayudas a la orfandad, viudedad o complementos de pensiones ya que mucha gente se quedaba sin cobertura. Nosotros queríamos dar continuidad a todas estas actividades, pero no solo pensando en nuestros mutualistas sino también en el conjunto de la sociedad. Dentro de las actuaciones que estamos llevando a cabo desde la Fundación, surgió la posibilidad de colaborar con las administraciones central, autonómica y local con la acogida de refugiados en un momento de crisis migratoria. Se pusieron en contacto con nosotros varias ONGs, aunque principalmente fue Cruz Roja la que gestionó todo, y nos preguntaron qué posibilidades teníamos nosotros de acoger.

“Dentro de las actuaciones que estamos llevando a cabo desde la Fundación Obra Social del Montepío, surgió la posibilidad de colaborar con las administraciones central, autonómica y local con la acogida de refugiados en un momento de crisis migratoria”

-¿De qué manera se gestiona y cómo se combina la acción con los mutualistas que pasan allí sus periodos de descanso?
-Dependiendo del momento, en el sur, nosotros tenemos bastantes posibilidades de ofrecer acogimiento. Desde un primer momento les dijimos que, respetando los compromisos adquiridos con los mutualistas, que más o menos van desde mediados de mayo a septiembre (es cuando tenemos demanda ocupacional), podíamos colaborar con ellos sin problemas. Estudiamos de manera conjunta sus necesidades y nuestras posibilidades, mantuvimos muchas conversaciones pero todo se hizo en una semana porque las necesidades humanitarias que había en aquel momento eran, y todavía siguen siendo, grandes. Pusimos a su disposición entre 150 y 160 plazas. Lo que sí les pedimos en todo momento es que las personas que atienden directamente las necesidades de esta gente, estuvieran allí de manera permanente porque nosotros no tenemos personal cualificado para poder hacerlo. En estos casos no vale solamente la buena voluntad, hacen falta personas con formación, conocimientos específicos y con una sensibilidad especial.

Inmigrantes en el mar

-En la actualidad, ¿cuánta gente está atendiendo a estos refugiados?
-En un principio contábamos con que teniendo allí a una o dos personas de las ONG para atenderlos llegaría. Actualmente, hay treinta y dos. En momentos como estos es cuando te das cuenta del desconocimiento tan absoluto que tienes a la hora de saber gestionar este tipo de cosas. Por eso valoramos como muy importante hacer este trabajo en comunicación constante con los profesionales de las asociaciones que son los que realmente conocen el tipo de ayuda que necesitan. Cada persona está un tiempo límite que varía en función de los criterios que ellos marcan en base a las necesidades que tienen. Los hay que llegan buscando a familiares que ya residen en la Península, otros que vienen para encontrar un futuro mejor… Los voluntarios al cargo los acogen y les buscan alternativas para que puedan emprender un camino.

“En estos casos no vale solamente la buena voluntad, hace falta personal con formación, conocimientos específicos y con una sensibilidad especial”

-¿Qué pone la Entidad al servicio de toda esta gente?
-Nosotros les ofrecemos habitabilidad y pensión alimenticia. Todo lo que es atención a las personas, necesidades vitales de otro tipo, saber cuándo llegan, cuándo tienen que salir y acudir a otras ubicaciones, esto lo hace la ONG que lleva la atención concreta a los refugiados. Nosotros procuramos darles todo el servicio como si fueran cualquier otra persona que solicitase un hospedaje con pensión completa en nuestras instalaciones. En todo lo demás, no entramos ni tan siquiera a opinar porque tenemos un desconocimiento total de la gestión. Estamos a su disposición en cuanto a necesidades que surjan como tener espacios para realizar reuniones o entrevistas. Procuramos facilitarles todo.

-La labor social y solidaria, ¿forma parte del ADN del Montepío?
-Siempre digo que la mutualidad aporta una cuota y, parte de ella, es consustancial a nuestra forma de ser. El día que la perdamos, tendremos que cerrar. Tenemos que aportar ese carácter solidario que nos acompaña desde nuestro nacimiento y adaptarlo a las necesidades que la sociedad va teniendo. No podemos tener un discurso a favor de los que necesitan ayuda y, después, cuando nos toca a nosotros asumir responsabilidades, ponernos de perfil. Cuando se nos planteó esta idea, yo recordaba que cuando cogías la carretera para ir a Villablino parabas en cualquier pueblo y el 90% de la población era gente de fuera que venía a trabajar en la mina. Sin ir más lejos, en nuestras cuencas hay muy poca gente que tenga en su árbol genealógico seis apellidos asturianos. El que no tiene un abuelo de Castilla, lo tiene de Andalucía, Galicia o Extremadura. El nuestro es un país de acogida y no podemos obviar esta obligación. El movimiento de gente buscando sobrevivir o encontrar mejores condiciones de vida para ellos o sus familias tiene que verse como algo natural. Además, seguro que nos pueden aportar muchas cosas que nosotros desconocemos.

“Valoramos como muy importante hacer este trabajo en comunicación constante con los profesionales de las asociaciones que son los que realmente conocen el tipo de ayuda que necesitan”

-¿Qué opiniones habéis recibido por parte de los mutualistas?
-Dentro de una mutualidad formada por 8.000 personas, seguramente habrá quien no lo entienda o no lo comparta, pero saber explicarlo correctamente forma parte de nuestra responsabilidad. Lo que nos gustaría transmitirles a todos ellos es que hacer esto es una obligación moral, más todavía para todos aquellos que tengan alguna creencia religiosa, porque entra dentro de la labor de servir a los demás. Esta es nuestra apuesta y va a seguir siéndolo ahora y en el futuro. La gente tiene que tener claro que este carácter de acogida forma parte de la Mutualidad y de las cuencas mineras. Desde el momento en el que alguien le plantee al Montepío un problema social que entre dentro de las posibilidades que nosotros tenemos, no tenemos más que una respuesta posible: sí. No es posible dar otra y, si lo hiciéramos, dejaríamos de ser lo que somos. Yo estuve viendo algún programa de la televisión de Murcia y me prestó ver a más de un mutualista de los que están allí brindando por la iniciativa y diciendo que a ellos les encantaba.

-¿Y por parte de las instituciones?
-A nosotros nos exigió una gestión importante porque hablamos con todas las administraciones y hay que agradecerles a todas ellas la buena acogida que tuvieron de la iniciativa. Por ejemplo, el alcalde de Los Alcázares dijo, desde un primer momento, que a las personas había que atenderlas en toda su dimensión y se puso a nuestra total disposición. La verdad es que en este camino nos estamos encontrando con gente que sabe ver las necesidades y se compromete con ello. Todo esto te facilita mucho todo el trabajo porque muchas veces, lo más difícil, es explicar las cosas más naturales.

“El nuestro es un país de acogida y no podemos obviar esta obligación”

-Asumís este reto en un momento en el que hay una parte de la sociedad que aboga por el acogimiento y otra que fomenta un discurso anti migratorio. ¿Es una decisión valiente?
-Hay una cosa que debemos tener clara y es que gente buena, mala y peor, la hay en todos los ámbitos y lugares. Nadie merece ser demonizado por buscar una vida digna. Lo más terrible que se dice es que se les da todo a los que llegan y no se les da nada a los que están aquí y esto es absolutamente falso. Incluso hay quien ha dicho que llegan y se les aloja en hoteles de cuatro estrellas con todos los gastos pagados. Frente a estos discursos, sólo hay que analizar la realidad: son personas que se meten en una patera, hacinados, para atravesar el Mediterráneo con la incertidumbre de no saber si van a llegar o no. Yo creo que esos discursos de odio y xenofobia los hubo siempre pero tal vez ahora tengan un mayor altavoz. Tal vez haya gente que se acobarde, pero yo lo que creo es que hay que mantenerse. No hay que crecerse ni tampoco encogerse, sino mantener la postura que siempre se tuvo y atender a la gente como se merece. Ni más ni menos. Que nadie nos diga que lo hagamos mejor ni tampoco peor porque no sabríamos. Están hospedados en nuestras instalaciones y nosotros no somos nadie para juzgarlos.

-¿Las soluciones deben llegar de manera conjunta?
-Tenemos que ir avanzando en estas cuestiones porque estamos en el sur de Europa y el norte de África y nos van a tocar muchas cuestiones de este tipo. Me da igual que hablemos de un ayuntamiento pequeño de España o de la Unión Europea, si las afrontamos todos juntos seguro que vamos a tener una solución mejor que si lo hacemos de manera individual. Si nos instalamos permanentemente en la bronca o el desprestigio hacia los que llegan o los que los cuidan, nunca vamos a poder encontrar una solución para todos. Estas situaciones hay que cogerlas de frente, no tenemos por qué mirar para otro lado. ¿Quieres ayudar? Eres bien recibido y con el que no lo sienta así, no vamos a discutir.

“Nadie merece ser demonizado por buscar una vida digna”

-Recientemente habéis sido galardonados con el XX Premio Emilio Barbón por “representar la opción de respuesta comunitaria digna, sin depender de terceros, sino cambiando la propia realidad desde el compromiso directo”. ¿Qué significa para vosotros recibir este premio?
-Para nosotros es muy importante y tenemos que agradecer que venga de una fundación como ellos que reconocen las labores sociales de organismos e instituciones. El tiempo tiene sus casualidades y esta vez coincidió que, aunque a nosotros nos lo comunicaron en junio, la entrega del galardón fue el 2 de noviembre y coincidió que justo el día antes fue cuando cerramos la fecha de entrada de todos los refugiados en Los Alcázares. Me sorprendió y al mismo tiempo me reafirmó en la decisión de que nosotros también tenemos que estar ahí, no solo con palabras sino con hechos. Es un reconocimiento al cual estaremos siempre muy agradecidos, y viniendo de una Fundación nacida en el corazón de la cuenca minera, para nosotros tiene un significado mayor que si viniese de cualquier otro sitio. Estamos orgullosos de poder participar con ellos en todas estas acciones y de que se hayan acordado de nosotros.

De izquierda a derecha, la presidenta del jurado del premio de la fundación, María Pilar García Cuetos; el presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón; el presidente del Montepío y Mutualidad de la Minería Asturiana, Armando Fernández Natal; el presidente de la Fundación Emilio Barbón, José Vicente Barbón y el alcalde de Laviana, Julio García Rodríguez / Foto cedida por Montepío
De izquierda a derecha, la presidenta del jurado del premio de la fundación, María Pilar García Cuetos; el presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón; el presidente del Montepío y Mutualidad de la Minería Asturiana, Armando Fernández Natal; el presidente de la Fundación Emilio Barbón, José Vicente Barbón y el alcalde de Laviana, Julio García Rodríguez / Foto cedida por Montepío

“Para nosotros, el premio de la Fundación Emilio Barbón es muy importante y tenemos que agradecer que venga de una fundación como ellos que reconocen las labores sociales de organismos e instituciones”

-¿Qué significa para ti haber asumido la presidencia del Montepío?
-Lo primero, para mí es una responsabilidad que espero poder desarrollar con eficacia pero, sobre todo, con dignidad. Yo creo que esto es lo principal y lo que se le debe pedir a cualquier presidente del Montepío, que sea merecedor de la responsabilidad que se le otorga. Me gustaría dejar de legado para el siguiente una estabilidad. En la parte económica avanzamos de manera adecuada, pero me gustaría dejar todo en una situación que permitiese a los próximos responsables realizar actuaciones e inversiones que pusieran a las instalaciones y al mutualismo en los puestos de cabeza, tanto de las ofertas de turismo de salud como de atención de mayores, etc. No tengo duda de que esto llegará y hay que agradecer el trabajo de la parte más importante del Montepío que son sus trabajadores. Sin ellos todo esto no saldría adelante y creo que han asumido esta responsabilidad y están comprometidos. Esto nos va a permitir, en unos años, estar en condiciones de asumir nuevos retos.

-¿Diálogo y colaboración como el camino a seguir?
-Lo que procuramos es buscar sinergias con todo el mundo. Intentamos colaborar con instituciones, organismos o empresas porque, si lo hacemos, ellas también lo van a hacer con nosotros y todos nos vamos a ver beneficiados. Buscamos siempre los nexos de unión con todos aquellos que nos permitan avanzar y mejorar a la hora de dar servicios de mayor calidad que beneficien a la ciudadanía en general. Después de estos últimos años, sobre todo del 19 y el 20, el 90% de las empresas que sobrevivimos lo hicimos por los vínculos creados entre unos y otros. También hay que reconocer los apoyos que hubo desde la administración y la legislación que se aplicó, entre ellos los ERTES y las ayudas empresariales, que fueron fundamentales.

“Cuando entré en la minería, en octubre del 83, me apunté al Montepío y desde entonces me siento una parte de él”

-¿Te sientes orgulloso de la entidad a la que representas?
-Sí, desde siempre. Cuando entré en la minería, en octubre del 83, me apunté al Montepío y desde entonces me siento una parte de él. Es algo que te inculcaban como algo necesario y solidario y así lo entendías. Después todo se amplió y pudimos disfrutar de lugares de descanso a precios muy buenos, pero lo realmente importante era la parte social. Desde que se creó en el año 70, siempre fue una referencia y tiene que sobrevivir a los presidentes.

-¿Hacia dónde debe orientarse el crecimiento de los centros que posee el Montepío?
-Aunque lo que más estamos reforzando es la parte social, no tenemos que perder de vista que, en nuestras instalaciones de turismo activo y cuidado de mayores, tenemos que dar siempre algo más para diferenciarnos. No podemos ser simplemente una residencia que cuide a nuestra gente, tenemos que tener excelencia en esa atención. Las distintas zonas residenciales, no debemos entenderlas simplemente como un lugar de vacaciones, sino que, por ejemplo, en el caso del Balneario de Ledesma, hay que entenderlo como un centro de salud. Actualmente estamos abriéndonos a otro tipo de acciones como las noches termales. Abrimos durante el día y también de las ocho hasta las once o doce para que la gente pueda hacerse algún tratamiento y cenar allí. Se trata de modernizarnos y explorar nuevas formas de turismo, de estancias y de vacaciones saludables. En el sur nos gustaría potenciar muchas de las actividades deportivas que se pueden hacer en la zona. Si conseguimos avanzar en estos aspectos, creo que es un momento oportuno para seguir aumentando mutualistas. Tenemos un abanico de crecimiento y posibilidades muy importantes y creo que si la gente ve que hacemos cosas positivas para la sociedad, seguro que les vamos a atraer porque van a ver que les podemos aportar cuestiones importantes para el desarrollo de su vida personal.

-En la Residencia de Felechosa, ¿hacia dónde hay que dirigir el foco?
-Vamos a seguir potenciando todo el trabajo de la Fundación en todos los ámbitos y, uno que nos interesa especialmente es el de la conciliación de la vida laboral y familiar en el ámbito generacional. Estamos viendo la interrelación entre las personas mayores y la infancia en Felechosa. Durante los dos meses de verano, convertimos la residencia en un lugar de encuentro y, a título personal, te diré que quedé muy gratamente sorprendido al ver lo que influyen los niños de manera positiva en los residentes. Rejuvenecen. También de cara a los más pequeños lo vemos muy interesante ya que conocen otras cosas, aprenden cómo era la vida antes y, sobre todo, se relajan. Empezamos a hacerlo este año y, de cara al siguiente, queremos mantenerlo y mejorarlo.

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