Carreras con alma o Alma de las carreras

Chema Valdés recogiendo el Premio Delfos 2008
Chema Valdés recogiendo el Premio Delfos 2008 / Foto cedida por Alejandro de Ancos
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En este caso, alma del deporte, vamos a la pequeña historia de una persona que, desde siempre, estuvo involucrada en la vida social de Sama y por extensión de Langreo: Chema Valdés.

Siendo él presidente de Festejos de Santiago (Sama), un buen día en las inmediaciones del Kiosko de la música del parque Dorado se me acerca y me comenta la posibilidad de incluir una carrera en las fiestas de los Huevos Pintos, ¿qué si nosotros le ayudaríamos?

Estaba recién creado el club Kilómetro Cero, pienso que la conversación ocurrió en al año 90, y habíamos organizado ya el primer maratón del Nalón, pero antes de la Olimpiada de Barcelona porque habían colaborado con nosotros varios “Voluntarios de B92”.

Las carreras de aquella época eran un poco “aquí te pillo, aquí te mato”. Se necesitaban cuatro cosas: unos trofeos, unos voluntarios, hacer dorsales y ver si apañabas algún regalo para sortear entre los participantes.

Las carreras de aquella época eran un poco “aquí te pillo, aquí te mato”. Se necesitaban cuatro cosas: unos trofeos, unos voluntarios, hacer dorsales y ver si apañabas algún regalo para sortear entre los participantes; nada de seguros individuales ni colectivos, nada de Protección Civil o Policías locales (eso sí, avisarles unos días antes), nada de señalizaciones de cruces ni similares, ni carteles ni folletos anunciadores, nada de internet y, eso sí, mucho correo ordinario, fotocopias y teléfono (en mi caso gratis para el club porque HUNOSA pagaba), una raya en el suelo de la salida y meta, que solían coincidir, y gente corriendo por entre ellas.

Chema Valdés
Chema Valdés

Le comento que, al menos, que la Sociedad de Festejos, -poderosa de aquella y ahora desaparecida-, nos aportase los trofeos; un total de veinticinco a treinta para los tres primeros clasificados de cada categoría tanto hombres como mujeres, -escasas-, y para los vencedores absolutos. Me quedé corto en la petición porque la respuesta automática fue: ¡Cuenta con ellos, esos los saco pidiendo por teléfono! Un organizador pocas veces sabe hasta dónde puede pedir sin pasarse.

Salió la carrera -los más antiguos se acordarán- del mismo Kiosko de la música dirección puente del Miramar, cruzar hacia las vías de FEVE -atascadas desde hace años por el soterramiento- y tomar la carretera que paralela a las vías del tren se dirige al “Ponticu”, girar hacia el actual paseo de los Llerones y por el puente de la maquinilla bajar por Manfer de la Llera y de nuevo al parque, dos vueltas. Poco más de tres kilómetros y unos cincuenta participantes que, como siempre, integrábamos varios atletas del Km0 que además de organizar también participábamos.

Pero a Chema, del que guardo muchos y buenos recuerdos, se le conocía en los ámbitos deportivos por su afición al piragüismo, su amistad con Dionisio Huerta, la creación del primer club de piragüismo de Langreo: Los Waldos (donde militó mi hermano, que sigue con la afición) y muchos otros chavales de Sama y, sobre todo, sobre todo, por la organización del Descenso en Piraguas del Nalón: desde la Chalana a la Pasarela de Sama.

Club de piragüismo de Langreo creado por Chema Valdés
Club de piragüismo de Langreo / Foto cedida por Alejandro de Ancos

En los años setenta y ochenta, en plan popular más o menos y que nadie se ofenda, en Langreo había dos pruebas: El Descenso en Piraguas y la Subida a Santo Emiliano, a las que se añadió en los noventa, (1989 más concretamente), el Maratón del Nalón. Entre las tres pruebas pusieron el nombre de Langreo en España -fuera de la minería, claro- en ámbitos deportivos.

El piragüismo asturiano dedicó a Chema una placa de bronce, colocada en la actualidad en uno de los pilares de la misma Pasarela, en un sitio invisible a todas luces.

Colocación de la placa conmemorativa del piragüismo asturiano a Chema Valdés
Colocación de la placa conmemorativa del piragüismo asturiano a Chema Valdés / Foto cedida por Alejandro de Ancos

Aquel descenso solía coincidir con las fiestas de Santiago y desde el Sanatorio Adaro hasta la Pasarela no podía entrar más gente apiñándose en ambas orillas y a nivel del río, la Pasarela peligraba de hundirse, hasta el punto que un año la policía local impidió que los espectadores permaneciéramos en ella; cantidad de piragüistas venidos de toda España, público de todas Asturias y sin duda el acontecimiento “social” de las fiestas. Hasta que un buen día acudió Chema al Ayuntamiento, -palabra de un concejal amigo-, a pedir una subvención de ciento cincuenta mil pesetas. Un concejal se las negó (dicen que por diferencias ideológicas) y la prueba entró en declive hasta su desaparición. De cómo desapareció el Maratón escribiré otro día.

El piragüismo asturiano le dedicó una placa de bronce, colocada en la actualidad en uno de los pilares de la misma Pasarela, en un sitio invisible a todas luces, placa que tal vez pudiera llevarse a la roca donde se homenajea a los Entibadores y así, al menos, se haría visible tanto para la gente que lo sabemos cómo también para los caminantes que no saben del deporte ni de lo que personas como él han hecho por Langreo.
Es una idea y no una petición, que a mí no me corresponde, porque seguro que nadie me haría caso.

Chema, por desgracia, se murió hace poco más de dos años.

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