José Luis Capitán. Atleta. La vida, la carrera más dura

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José Luis Capitán. Atleta
Foto: carreraangliru.blogspot.com
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Familia, amigos, personalidades del mundo del deporte y el Ayuntamiento de Riosa quisieron hacer un homenaje el pasado 29 de junio a José Luis Capitán, el atleta que más rápido ha subido a la cima del Angliru. El deportista, ahora con una enfermedad degenerativa, tiene por delante la ‘carrera más importante de su vida’. Esta es la historia de un guerrero.

El ‘Rey del Angliru’

José Luis Capitán es madrileño de nacimiento y podríamos decir que asturiano de adopción. Comenzó en el atletismo cuando era solo un chaval siguiendo los pasos de su hermano mayor Vicente. Los hermanos Capitán son atletas de élite. Su centro de operaciones estaba en Madrid pero comenzó a venir a entrenar a Asturias los fines de semana, donde organizaba grupos involucrando a jóvenes y adultos en potentes entrenamientos, dejando aflorar por aquel entonces sus dotes de líder y promotor de eventos deportivos. En 2012 organizó un Campeonato de España de carreras de montaña, pionero en aquella época, por tierras de Tineo para promocionar el concejo donde nació su mujer, Teresa. Aquello fue todo un éxito.

“Mi día a día me lo tomo como un entrenamiento continuo, me digo a mí mismo que tengo una lesión que dura más de la cuenta”

Era rápido en pista, buen corredor en el asfalto, experto en campo a través y carreras de montaña, lo que le lleva a conseguir varias medallas nacionales y campeonatos de Asturias pero por lo que es más reconocido es por poseer el récord, hasta ahora imbatible, de la subida al Angliru en 01:00:36 en 2005. “Aquel verano en vez de descansar en el pueblo como era habitual, lo pasé entrenando porque tenía un Campeonato de España en octubre. Como me costaban mucho los entrenamientos fuertes decidí sustituirlos por apuntarme a competiciones potentes que se hacían en distintos lugares de la geografía española. Gané ocho o nueve carreras, así que cuando llegué al Angliru tenía un pico de forma envidiable. Recuerdo que además hacía mucho calor, cosa que a los atletas asturianos les afecta mucho, pero a mí que estaba acostumbrado a entrenar bajo los calores de Madrid, me vino muy bien.

José Luis consiguiendo el récord de la subida al Angliru en 2005
José Luis consiguiendo el récord de la subida al Angliru en 2005 / Foto: Ochobre

Recuerdo retazos de aquel paisaje espectacular que apenas pude contemplar y también la dureza de aquellos trece kilómetros de subida donde no miraba más que al asfalto porque en los tramos empinados no ves otra cosa debido a la inclinación, mi respiración casi agónica. Hubo un momento donde no podía llevarme el agua a la boca y la eché sobre los cuádriceps porque los tenía tan tensos y doloridos que pensé que me iban a romper. Conseguí llegar el primero y desde entonces me quedé con el apodo del ‘Rey del Angliru’, todo el mundo me recuerda por aquello sin ser la carrera más importante de mi vida”. Aquel año había un bote de dos mil euros para el ganador y eso sirvió de reclamo para que se dieran cita en esta prueba atletas de renombre a nivel nacional. Pero el elegido por el coloso fue solo uno, José Luis Capitán, que consigue un récord que aún se mantiene.

La mítica prueba se sigue celebrando algún año más y cuando empieza a entrar en declive, Capitán asume su organización y surge de entre las cenizas: “Angliru, Corriendo al Infierno”, una fiesta del deporte que consigue implicar a familias, corredores y vecinos del concejo de Riosa en torno a esta prueba. Y es que José Luis, además de buen corredor es un excepcional speaker.

Una lesión que dura demasiado

Desde hace cinco años Capitán es víctima de una enfermedad que no tiene horarios. Dura las veinticuatro horas del día, oculta su nombre y va paralizando su cuerpo poco a poco. Empezó con la parálisis de un dedo de la mano. “Cuando el brazo izquierdo empezó a quedarse inmóvil me compré un aparato en la ortopedia que lo sostenía y me permitía seguir corriendo, montar en bici o ir a la cancha. Ahora estoy en una silla de ruedas con brazos y piernas inmovilizados y dependiendo de los demás para hacer las cosas más esenciales como levantarme de la cama, comer o ir al baño. El estudio genético que han hecho de mis padres, hermanos y yo, ha determinado que los genes típicos del ELA no están alterados y tampoco coincide con ninguna variante conocida de esta enfermedad. El investigador Carlos López Otín que se ha interesado por mi caso ha cruzado información con investigadores de todo el mundo -tienen una especie de banco de información- , y no existe ningún caso como el mío. Como él dice -comenta en tono de ironía-, se puede tratar de una nueva enfermedad rara o del Síndrome José Luis Capitán”.

“Firmo donde sea para que me utilicen como cobaya por si se da con alguna respuesta. Nunca me he rendido y no lo voy a hacer ahora”

Las cualidades que en estos años ha desarrollado como atleta -resistencia, capacidad de sacrificio, mentalidad ganadora, -son ahora la columna vertebral de su día a día. “Dejé de correr, pero vi que podía hacer bicicleta elíptica en casa con los brazos atados para no perder el equilibrio, moviendo solo las piernas pero ese nivel de agotamiento no era conveniente. Lo dejé y cuando estaba sentado viendo la tele me levantaba cada diez minutos, subía y bajaba las escaleras de casa y antes de sentarme aprovechaba para hacer sentadillas. Mi día a día me lo tomo como un entrenamiento continuo, me digo a mí mismo que tengo una lesión que dura más de la cuenta. Ahora estoy hablando y aprovecho para contraer el músculo de los brazos o me imagino que cojo una grabadora y la traigo hasta aquí para que el cerebro no olvide esos circuitos neuronales. Creo que eso me ayuda en las veinticuatro horas que me paso sentado. Salgo poco porque dependo de la gente y aunque todos están dispuestos a ayudarme, no quiero estar molestando”.

José Luis Capitán en el homenaje en el Angliru, acompañado de sus hijos, la alcaldesa de Riosa y el concejal de Deporte
José Luis Capitán en el homenaje en el Angliru, acompañado de sus hijos, la alcaldesa de Riosa y el concejal de Deportes / Foto: José Luis Cabo Sariego

Aquel ser inquieto, tenaz y entusiasta que no paraba de hacer cosas ahora vive centrado en un pensamiento permanente: encontrar respuestas a esta enfermedad que se ha cruzado en su camino y para ello está dispuesto a abrir todas las puertas. “Acabo de venir de ponerme un tratamiento que llevo haciendo varias semanas. Al principio tenía que ir a Madrid todos los jueves, pero he conseguido convencer al médico para que me lo pongan en un hospital de aquí. Con la primera y segunda sesión noté respuestas positivas, con las siguientes ha sido al contrario. Pero hay que seguir. Este tratamiento se encuentra dentro de lo que se denomina medicina integrativa que parece que está dando buenos resultados con las enfermedades autoinmunes, a pesar de que la medicina tradicional sea reacia a aceptarlo. No entienden que nosotros, en las condiciones en las que estamos, necesitamos hacer cosas. A mí en el hospital me dicen que vuelva dentro de cinco meses y yo les pregunto, ¿y mientras qué hacemos? Así que he buscado alternativas. Les he dicho que firmo donde sea para que me utilicen como cobaya porque a lo mejor se da con alguna respuesta. Me da igual que sea medicina tradicional o alternativa, no le pongo nombres. Nunca me he rendido y no lo voy a hacer ahora”.

No corre solo

José Luis no pudo contener la emoción en el homenaje que le hicieron el pasado 29 de junio en el alto del Angliru. Con lágrimas en los ojos dijo que esperaba que hubiese más momentos buenos como este, rodeado de toda su gente porque sabía que también los iba a haber malos. “La solución a esto no va a llegar mañana, probablemente evolucione a peor por eso espero seguir teniendo a todos cerca porque me dan mucho apoyo. Uno es fuerte pero cuando se ve arropado desarrolla más fuerza cada día. Hace un año y medio me hicieron otro homenaje en Madrid en la carrera de Canillejas y asistieron alumnos míos que hace tiempo que no veía, compañeros de universidad, gente del barrio donde vivía, familia… fue muy emotivo”.

“Una cosa que me motivaría ‘la de Dios’ es curarme e ir a todos esos neurólogos que han dicho ELA y han tirado la toalla para decirles que es posible. Hay diagnósticos erróneos y gente a la que se está haciendo mucho daño”

A su casa, un adosado a las afueras de Oviedo, no para de llegar gente mientras tiene lugar esta entrevista. Se respira muy buen ambiente, todo el mundo es bienvenido: amigos que vienen a traerle cosas, otros han de esperar pacientemente a que terminemos la entrevista para poder charlar con él, llegan sus hijos con varios amigos que se quedan jugando fuera… se nota el cariño y sobre todo que es José Luis el imán en torno al cual se mueve toda esta energía.

“Mis hijos me tienen descolocado”

“Son conscientes de que a papá le tienen que traer un vaso de agua, levantar los pies de la cama, acercar la silla al baño y lo ven como una rutina más de su vida. No sé cómo verán ellos la evolución. Bruno que tiene diez años creo que aún me recuerde sano, pero el resto no. Pablo, el mediano, bromea y dice que le tiemblan las manos como a mí. Y Julia, la pequeña, se acomoda y dice que quiere que le laven los dientes como a papá. Me da pena no poder hacer actividades con ellos. Esperas a que sean mayores para poder ir en bici, jugar al fútbol o correr y ahora les digo que no puedo hacer nada hasta que llegue mamá y eso me fastidia. Ojalá den con la tecla adecuada y salga de esta”.

La vida de Capitán ha cambiado mucho en estos años, así como su escala de valores. “Lo que tiene más importancia para mí ahora es ver crecer a mis hijos, me da igual lo que ocurra alrededor. Muchas veces le digo a mi mujer cuando la veo desbordada por su trabajo, los niños, la casa… que hay cosas que no tienen importancia. Nos agobiamos y las cosas son de otra forma, descubres otra escala de valores. Creo que lo vivido en estos cinco años me ha ayudado a mejorar mucho como persona, veo las cosas de otra manera”.

Mirando hacia el futuro

La falta de movimiento de su cuerpo se suple con la energía que contagian sus palabras, siempre acompañadas del brillo de sus ojos. Unos ojos que miran al futuro. “No puedo teclear un ordenador, apenas puedo coger el móvil, me cuesta leer porque tengo que pasar las páginas del libro electrónico con la nariz pero utilizo el altavoz, llamo a Siri para hablar por teléfono o poner música. El mejor entretenimiento llega el fin de semana que puedo salir a comer con amigos, sentarme en una terracita a tomar una cerveza… solo me fastidia que me tienen que llevar al baño.

Tengo también una empresa de organización de eventos deportivos y cronometraje con gran presencia en Asturias. Estamos en muchas carreras, lo que pasa es que yo he tenido que decir no a muchas cosas porque iba de speaker, algo que siempre me ha gustado mucho. Acabas conociendo a mucha gente y ellos a ti, así que cuando van llegando a meta los llamas por su nombre o su apodo y tienes unas palabras de cariño y ánimo para cada uno. Ahora he perdido musculatura en pectorales y abdomen y cuando llegan los primeros y tienes que levantar la voz, noto que me falta algo de fuelle. Pero busco fórmulas para no salirme del mundillo. No puedo correr, pero en la medida de mis posibilidades sigo yendo a las carreras, viendo a amigos y compañeros”.

“Nos agobiamos y las cosas son de otra forma. Lo vivido me ha ayudado a mejorar mucho como persona, veo las cosas de otra manera”

Carlos López Otín forma parte de su presente pero también de su futuro. “Como persona es un diez. Se ha encariñado conmigo como si formara parte de su familia. Está investigando mi caso y está muy motivado. A lo mejor tengo una variante del ELA pero me puedo curar… eso contrasta cuando voy al neurólogo y salgo con la sensación de que no hay nada que hacer”.

“Una cosa que me motivaría ‘la de Dios’ es curarme e ir a todos esos neurólogos que han dicho ELA y han tirado la toalla para decirles que es posible. Hay diagnósticos erróneos y gente a la que se está haciendo mucho daño. López Otín dice que en este mundo hay muy poca curiosidad por ir más allá y saber más. Ahora estoy viviendo esta aventura pero no la estoy disfrutando, más bien la estoy sufriendo. Me gustaría disfrutarla, pero sigo con esperanza”.

Gracias José Luis por abrirnos tu corazón.

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